Ficha bibliográfica
Titulo:
Cien años del gobierno de los cinco días, un designado reemplaza al vicepresidente
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Mario Aguilera Peña

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN  81-  OCTUBRE 1996





CIEN AÑOS DEL GOBIERNO DE LOS CINCO DIAS,
un designado reemplaza al vicepresidente
Por: Mario Aguilera Peña

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 82
Octubre de 1996

 

 

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Guillermo Quintero Calderón. Dibujo de Alberto Urdaneta,
mayo 15 de 1884. Biblioteca Nacional, Bogotá.)




  El 12 de marzo de 1896, el designado Guillermo Quintero Calderón asumió la primera magistratura del país debido a la licencia que le concedió el Congreso de la República a Miguel Antonio Caro, quien estaba encargado del poder ejecutivo como vicepresidente desde su posesión en 1892, en razón del
marginamiento político del presidente Rafael Núñez y por su fallecimiento en 1894. La administración de Quintero fue una de las más cortas en la historia del país, pues Caro reasumió el mando cuando apenas habían transcurrido cinco días de la posesión del general Quintero.

  El episodio es un eslabón del conflicto generado por la imposición, durante el período de la Regeneración, de una política exclusivista e intolerante que recortó los derechos civiles y reprimió toda manifestación crítica o que se sospechara contraria a los postulados católicos y conservadores. En el rechazo a esa posición política extrema estuvo primero el liberalismo y posteriormente un grupo disidente conservador que se separó formalmente de los conservadores nacionalistas en el poder, a partir del manifiesto titulado "Motivos de la Disidencia» también conocido como el «Manifiesto de los 21", por el número de sus principales suscriptores.

 

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Guillermo Quintero Calderón y Miguel Antonio Caro, como senadores, en 1903.




La Crisis de la Regeneración

  La oposición conservadora a los métodos y medidas políticas de la Regeneración se halla ligada al santandereano Carlos Martínez Silva y al antioqueño Marceliano Vélez. Ambos coincidieron en iniciar su distanciamiento del partido de gobierno realizando fuertes críticas a las disposiciones económicas, el primero hacia los años ochenta al oponerse a la creación del Banco Nacional y el segundo a comienzos de la década del noventa al mostrarse contrario a la implantación del papel moneda. La disidencia conservadora comenzó a cuajar en 1891 con el lanzamiento de Vélez como candidato presidencial respaldado por algunos sectores conservadores encabezados por dirigentes antioqueños, que de esta manera mostraron su desacuerdo con la lista oficial, a la postre victoriosa, de Rafael Núñez.

  Posteriormente, la oposición conservadora continuó ganando terreno, alimentándose de los errores del gobiemo y de los análisis de Martínez Silva, quien escribía en El Correo Nacional, uno de los periódicos más prestigiosos de la época. En junto de 1893, Marceliano Vélez volvería al ataque al lanzar un manifiesto en el que coincidió en gran parte con el programa político liberal:


libertad de prensa, pureza del sufragio, independencia del poder judicial, reducción del ejercito, supresión del curso forzoso del papel moneda, fiscalización de la rentas públicas descentralización fiscal y administrativa, derogación de las facultades extraordinarias del gobierno en tiempos de paz y reglamentación de los mecanismos para reformas la Constitución.

 

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Guillermo Quintero Calderón. Oleo de Silvano Cuellar, 1904. Museo Nacional de Colombia, Bogotá.


 

  En enero de 1896, a un año de la guerra civil del 95, en la que los liberales trataron de ganar infructuosamente de ganar el apoyo de la disidencia conservadora, se formalizo la separación definitiva del conservatismo disidente al publicarse el documento "Motivos de la Disidencia", suscrito por Carlos Martínez Silva y otras figuras conservadoras. En el texto, que luego fue firmado por Marceliano Vélez, se evaluó la obra de gobierno de la Regeneración y se hicieron razonadas crítica entre otros aspectos, a la organización política administrativa, al excesivo poder presidencial, al régimen del papel moneda, al sistema electoral, a la sistemática exclusión del partido liberal, al uso permanente del estado de sitio, al atraso de la educación pública y a la censura de prensa. El documento, aparte de condenar la manera arbitraria y personalista con que se dirigía al partido conservador, concluía llamando a promover la reforma de la Constitución y a renovar la dirigencia de ese partido.

 

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Miguel Antonio Caro. Oleo de Eugenio Zerda. Museo Nacional de Colombia, Bogotá



Administración de los cinco días


  Caro pidió licencia para separarse del cargo por tiempo indefinido. La razón nunca fue precisada, pero se habló de la necesidad de un descanso y de los quebrantos de salud que afectaban a su esposa Ana De Narváez de Caro, aunque también se especuló sobre los ocultos planes del vicepresidente para buscar la reelección por un nuevo período.

  La persona que por mandato constitucional tenia que suceder a Caro era el general Guillermo Quintero Calderón, elegido designado por el Congreso el 1 ° de agosto 1894, cuando se desempeñaba como comandante general del Ejercito. Quintero Calderón (1832-1919) había nacido en Puerto Nacional, en el Magdalena. Su carrera militar se inició a órdenes del general Tomás Cipriano de Mosquera combatiendo la dictadura del general José María Melo. Tras participar en varias guerras civiles, fue nombrado (1886) gobernador de Santander y posteriormente fue elegido representante y senador.

 

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Circular de Miguel Antonio Caro reasumiendo el poder ejecutivo,
Sopo, marzo 17 de 1896, publicada por "El Espectador", en Medellin.


 

  El designado tomo, pues, posesión ante la Corte Suprema de Justicia, el 12 de marzo, a la 1 p.m., acompañado del vicepresidente y del gobernador de Cundinamarca. El discurso de posesión fue bien recibido por el partido de gobierno y la prensa de las distintas vertientes políticas, pues a pesar de lo breve y sobrio pareció dirigido a congraciarse con amplios sectores políticos y sociales. Tranquilizaba a las mayorías "nacionalistas" al subrayar que cumpliría con el deber constitucional de hacer respetar la religión católica como «esencial elemento del orden social»; sobre esa base adelantaría la educación y las demás gestiones de la administración pública. A los liberales y particularmente a los conservadores disidentes los animaba con el anuncio de una política de acercamiento y conciliación. Pero, por otro lado, reconfortaba a una amplia gama de sectores sociales y políticos inconformes con las políticas económicas del régimen de Caro al ofrecer la posibilidad de estudiar el problema fiscal, de organizar las rentas, de restablecer la circulación de moneda metálica, de prescindir de monopolios y contribuciones y de limitar los gastos del Estado.

 

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Guillermo Quintero Calderon, en traje civil y con uniforme militar.
Fotografias de la Coleccion J.J. Herrera, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogota.




  La alocución de Quintero en algo debió de inquietar a Caro por el anuncio de rectificar aspectos de su política económica. Sin embargo, la sorpresa la recibió en la noche de aquel día, cuando descansaba en la hacienda Casa Blanca, en el municipio de Sopo, al conocer los nombres del nuevo gabinete ministerial. De los cinco ministros, tres eran hombres de la entera confianza de Miguel Antonio Caro: el de Instrucción Pública José Manuel Marroquín se consideraba como del circulo de sus más íntimos; el segundo, José María Uricoechea, había ascendido de subsecretario a ministro de Relaciones Exteriores por recomendación del propio vicepresidente; y el tercero, el ministro de Guerra Pedro Antonio Molina, aunque conservador independiente respecto del conflicto entre históricos y nacionalistas, era amigo del vicepresidente y seria el único que recibiría la ratificación al reasumir el mando. Otro de los nombrados fue Francisco Groot, ministro del Tesoro, quien era considerado como un leal seguidor de Núñez y, aunque reconocido enemigo de la política fiscal de Caro, su nombramiento no fue rechazado al menos publicamente por el vicepresidente, ni por la prensa, ni tampoco por alguna de las facciones políticas en pugna.

 

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«¿Política nueva?» Editorial de «El Derecho», del 13 de marzo de 1896 sobre
la posesión presidencial, el día anterior, del designado Guillermo Quintero Calderón.


 

  La piedra de escándalo fue el nombramiento de Abraham Moreno (1835-1914) como ministro de Gobierno, la principal cartera del gabinete, designación que rechazaron de plano el señor Caro y la facción nacionalista. ¿A que se debía tanto recelo por ese nombramiento? Sencillamente, para Caro, Moreno era un representante de la disidencia conservadora, amigo personal de Marceliano Vélez y firmante de uno de sus manifiestos políticos. Además, no se trataba de una figura nueva que pudiera pasar inadvertida, sino de un personaje sobresaliente dentro del conservatismo: su carrera la había iniciado al lado del destacado dirigente antioqueño Pedro Justo Berrío; durante la época federal había sido representante al Congreso de la Unión, magistrado del Tribunal del Estado y secretario de Hacienda (1864), designado del presidente del Estado (1871), tercer suplente de los senadores
plenipotenciarios de Antioquia (1873), diputado suplente a la legislatura del Estado y representante al Congreso Nacional en las agitadas sesiones de 1876. Luego de caer derrotado en la guerra de 1876 y de haber participado en la contienda civil de 1885, Moreno fue primero senador, pero no asistió al Congreso, y posteriormente en 1896, sería elegido representante a la Cámara.

  Atizaron el clima político las expresiones de beneplácito con la designación de Moreno provenientes de los círculos liberales que en ese año cumplían precisamente diez años de exclusión política. Al conocerse su designación, la prensa de ese partido recordaba que Moreno se había declarado contrario a la suspensión y clausura de periódicos por considerar que la única manera para corregir las instituciones y sus defectos era permitiendo la existencia de una prensa libre y responsable que combatiera y criticara los actos de la administración. Ese criterio hacia optimistas a los liberales, que se atrevían a predecir que por fin se estaba abriendo el camino para una pronta restauración de la garantías republicanas.

  Al tiempo que tales comentarios alarmaban a los nacionalistas, Caro recibía numerosas visitas en Sopo y hacia diplomáticos esfuerzos para que Quintero Calderón revocara el nombramiento. El intermediario entre Caro y Quintero fue el ministro Marroquín, a quien el vicepresidente dirigió varias comunicaciones en tan singular episodio; la más expresiva es sin duda la del 15 de marzo, en la que Caro deja conocer los motivos de su desacuerdo e importantes rasgos de su personalidad: "Mi única ambición hoy, se lo digo a usted delante de Dios, es poder vivir tranquilo; pero es preciso que se me permita disfrutar de este reposo. Lo he buscado y he encontrado mayor intranquilidad, sin culpa mía. Así lo digo al señor general Quintero. El oleaje de la agitación de Bogotá y del país entero llega a estas soledades".

 

 

Gabinete ministerial del 12 de marzo de 1996.

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José Manuel Marroquín. Instrucción Pública.

 

Francisco Groot.
Tesoro.

 


José María Uricochea.

Relaciones Exteriores.

Pedro Antonio Molina. Guerra.

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Abraham Moreno.
Gobierno.





  "No creí separarme del gobierno para promover una revolución. Los gobernantes son administradores de intereses colectivos, políticos y económicos, y así como no pueden disponer libremente del tesoro, tampoco pueden disponer a su arbitrio de las influencias políticas. Los partidos son celosos y no consienten en ese taspaso de herencias [...] Es un gran error creer que se apacigua al enemigo trayéndolo a los primeros puestos. Se les ensoberbece, y los leales se resienten con Justicia [...] La armonía de los elementos cristianos no se obtiene nombrando cardenales protestantes [...] Tampoco en política, para evitar un desastre que se teme, anticiparlo, como quien abre la fortaleza a los asaltantes por temor a que la tomen por la fuerza. El partido nacional esta unido y es poderoso. Se ha separado un grupo que reniega públicamente de la Regeneración y ataca la Constitución del 86. Esos señores pueden venir al gobierno cuando tengan mayoría para ganar las elecciones o fuerza para ganar batallas [...]" Caro terminaba su carta señalando que el nombramiento de Abraham Moreno generaría conflictos en las gobernaciones, dimisiones y cambios, y que era de su responsabilidad prevenir futuros conflictos, porque su retiro había sido voluntario; por eso anunciaba que si Quintero se empeñaba en mantener el nombramiento, reasumiría el mando.

 

El regreso de Caro

  Quintero Calderón no cedió a la petición de Caro, pero si le fijo límites a la gestión de Moreno, al indicar que sólo excepcionalmente y para atender las necesidades más urgentes podía modificar la nomina de empleados del gobierno. En un esfuerzo por tranquilizar los ánimos, Quintero Calderón planteó por esos días que "la Patria estaba por encima de los agravios" y que su idea era lograr la reconciliación de "Caro y Vélez, Reyes y Roldán" y de "todos los amigos de la Constitución".

  Caro reasumio el mando el 17 de marzo, por decreto expedido en Sopo. Inmediatamente, en esa misma población, posesionó como ministro de Gobierno y encargado del Ministerio de Guerra al general Manuel Casabianca; ratificó al ministro de Relaciones Exteriores José María Uricochea y encargo de las otras carteras a los subsecretarios de los despachos respectivos. Al mismo tiempo recibió facultades para declarar en estado de sitio la capital de la república en caso de que hubiera reacciones contrarias al cambio de gobierno. Pese a los rumores callejeros que anunciaban la necesidad de propinar "un golpe de cuartel para amarrar al designado" y de oponerse cuchillo en mano a la vuelta al poder del señor Caro, no hubo ninguna alteración del orden público; a ello seguramente contribuyó la actitud de Caro de retardar hasta el 10 de abril su regreso a la capital y de trasladar las tareas de gobierno al general Casabianca. De otra parte, el general Quintero acepto calladamente su derrota, pues tan pronto tuvo conocimiento del decreto de Caro salió discretamente del palacio presidencial seguido de un solo sirviente que conducía en un baúl todas sus prendas personales.

 

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Circular de beneplácito del Comité Eleccionario del Partido Liberal por la designación de
Abraham Moreno como ministro de Gobierno.
«El Republicano», Bogotá, marzo 16 de 1896.


 

  Caro terminó su período en medio de la crisis política determinada por la acentuación de la división entre conservadores nacionalistas e históricos, que se vio agudizada con la campaña para elegir presidente para el período 1898-1904; los liberales por su parte, aunque participaron en dicho debate continuaron en 1897 haciendo preparativos para la guerra. Los asuntos económicos no fueron menos problemáticos: con la caída de los precios del café se deterioraron las importaciones y el erario público; en consecuencia, se retrasaron los sueldos, se frenaron las obras públicas y para levantar sus ingresos el gobierno tuvo que recurrir a medidas impopulares como la monopolización de la producción de cigarrillos y fósforos.

  La lucha de la oposición contra Caro, la crisis política regeneradora y el episodio del gobierno de los cinco días mantuvieron a Quintero en el escenario de la política convertido en prominente figura del conservatismo histórico: durante la campana electoral de 1897, que eligió presidente a Manuel Antonio Sanclemente (1898-1904), el conservatismo histórico lo postuló primero como vicepresidente y a Rafael Reyes como candidato a la Presidencia; posteriormente, y a último momento, lo inscribió como candidato presidencial y a Marceliano Vélez como vicepresidente. Participo activamente en el golpe contra Sanclemente el 31 de julio de 1900, que llevo al poder al vicepresidente Marroquín, quien lo nombró ministro de Gobierno, cargo del que posteriormente presentó renuncia para protestar por el nombramiento de Aristides Fernández, como ministro de Guerra conocido por sus posiciones conservadoras extremas. En 1910, Quintero Calderón fue miembro de la Asamblea Nacional que reformo la Constitución de 1886, y finalmente paso a militar en la Unión Republicana e hizo parte de su directorio político.

 


BIBLIOGRAFIA

BERGQUIST, CHARLES. La guerra de los Mil Dias. Sus antecedentes y consecuencias. Medellín, Faes, 1981.

MARTINEZ DELGADO, LUIS. A propósito del Dr. Carlos Martínez Silva. Bogotá, Editorial Marconi, 1930.

PALACIO, JULIO H. La historia de mi vida. Barranquilla, Ediciones Uninorte, 1992.

OSPINA, JOAQUIN. Diccionario biográfico de Colombia, tomo III, Bogota, Editorial Aguila, 1939,

PERIODICOS: El Republicano, El Derecho, El Orden (1896)