La Crisis de la Regeneración
La oposición conservadora a los métodos
y medidas políticas de la Regeneración se halla ligada al santandereano Carlos Martínez
Silva y al antioqueño Marceliano Vélez. Ambos coincidieron en iniciar su distanciamiento
del partido de gobierno realizando fuertes críticas a las disposiciones económicas, el
primero hacia los años ochenta al oponerse a la creación del Banco Nacional y el segundo
a comienzos de la década del noventa al mostrarse contrario a la implantación del papel
moneda. La disidencia conservadora comenzó a cuajar en 1891 con el lanzamiento de Vélez
como candidato presidencial respaldado por algunos sectores conservadores encabezados por
dirigentes antioqueños, que de esta manera mostraron su desacuerdo con la lista oficial,
a la postre victoriosa, de Rafael Núñez.
Posteriormente,
la oposición conservadora continuó ganando terreno, alimentándose de los errores del
gobiemo y de los análisis de Martínez Silva, quien escribía en El Correo Nacional, uno
de los periódicos más prestigiosos de la época. En junto de 1893, Marceliano Vélez
volvería al ataque al lanzar un manifiesto en el que coincidió en gran parte con el
programa político liberal:
libertad de prensa, pureza del sufragio, independencia del poder judicial, reducción del
ejercito, supresión del curso forzoso del papel moneda, fiscalización de la rentas
públicas descentralización fiscal y administrativa, derogación de las facultades
extraordinarias del gobierno en tiempos de paz y reglamentación de los mecanismos para
reformas la Constitución.
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Guillermo
Quintero Calderón. Oleo de Silvano Cuellar, 1904. Museo Nacional de Colombia,
Bogotá.
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En enero de
1896, a un año de la guerra civil del 95, en la que los liberales trataron de ganar
infructuosamente de ganar el apoyo de la disidencia conservadora, se formalizo la
separación definitiva del conservatismo disidente al publicarse el documento
"Motivos de la Disidencia", suscrito por Carlos Martínez Silva y otras figuras
conservadoras. En el texto, que luego fue firmado por Marceliano Vélez, se evaluó la
obra de gobierno de la Regeneración y se hicieron razonadas crítica entre otros
aspectos, a la organización política administrativa, al excesivo poder presidencial, al
régimen del papel moneda, al sistema electoral, a la sistemática exclusión del partido
liberal, al uso permanente del estado de sitio, al atraso de la educación pública y a la
censura de prensa. El documento, aparte de condenar la manera arbitraria y personalista
con que se dirigía al partido conservador, concluía llamando a promover la reforma de la
Constitución y a renovar la dirigencia de ese partido.
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Miguel Antonio
Caro. Oleo de Eugenio Zerda. Museo Nacional de Colombia, Bogotá
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Administración de los cinco días
Caro pidió licencia para separarse del cargo por tiempo indefinido. La razón
nunca fue precisada, pero se habló de la necesidad de un descanso y de los quebrantos de
salud que afectaban a su esposa Ana De Narváez de Caro, aunque también se especuló
sobre los ocultos planes del vicepresidente para buscar la reelección por un nuevo
período.
La persona que
por mandato constitucional tenia que suceder a Caro era el general Guillermo Quintero
Calderón, elegido designado por el Congreso el 1 ° de agosto 1894, cuando se
desempeñaba como comandante general del Ejercito. Quintero Calderón (1832-1919) había
nacido en Puerto Nacional, en el Magdalena. Su carrera militar se inició a órdenes del
general Tomás Cipriano de Mosquera combatiendo la dictadura del general José María
Melo. Tras participar en varias guerras civiles, fue nombrado (1886) gobernador de
Santander y posteriormente fue elegido representante y senador.
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Circular de
Miguel Antonio Caro reasumiendo el poder ejecutivo,
Sopo, marzo 17 de 1896, publicada por "El Espectador", en Medellin.
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El designado
tomo, pues, posesión ante la Corte Suprema de Justicia, el 12 de marzo, a la 1 p.m.,
acompañado del vicepresidente y del gobernador de Cundinamarca. El discurso de posesión
fue bien recibido por el partido de gobierno y la prensa de las distintas vertientes
políticas, pues a pesar de lo breve y sobrio pareció dirigido a congraciarse con amplios
sectores políticos y sociales. Tranquilizaba a las mayorías "nacionalistas" al
subrayar que cumpliría con el deber constitucional de hacer respetar la religión
católica como «esencial elemento del orden social»; sobre esa base adelantaría la
educación y las demás gestiones de la administración pública. A los liberales y
particularmente a los conservadores disidentes los animaba con el anuncio de una política
de acercamiento y conciliación. Pero, por otro lado, reconfortaba a una amplia gama de
sectores sociales y políticos inconformes con las políticas económicas del régimen de
Caro al ofrecer la posibilidad de estudiar el problema fiscal, de organizar las rentas, de
restablecer la circulación de moneda metálica, de prescindir de monopolios y
contribuciones y de limitar los gastos del Estado.
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Guillermo
Quintero Calderon, en traje civil y con uniforme militar.
Fotografias de la Coleccion J.J. Herrera, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogota.
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La alocución de Quintero en algo debió de inquietar a Caro por el anuncio de
rectificar aspectos de su política económica. Sin embargo, la sorpresa la recibió en la
noche de aquel día, cuando descansaba en la hacienda Casa Blanca, en el municipio de
Sopo, al conocer los nombres del nuevo gabinete ministerial. De los cinco ministros, tres
eran hombres de la entera confianza de Miguel Antonio Caro: el de Instrucción Pública
José Manuel Marroquín se consideraba como del circulo de sus más íntimos; el segundo,
José María Uricoechea, había ascendido de subsecretario a ministro de Relaciones
Exteriores por recomendación del propio vicepresidente; y el tercero, el ministro de
Guerra Pedro Antonio Molina, aunque conservador independiente respecto del conflicto entre
históricos y nacionalistas, era amigo del vicepresidente y seria el único que recibiría
la ratificación al reasumir el mando. Otro de los nombrados fue Francisco Groot, ministro
del Tesoro, quien era considerado como un leal seguidor de Núñez y, aunque reconocido
enemigo de la política fiscal de Caro, su nombramiento no fue rechazado al menos
publicamente por el vicepresidente, ni por la prensa, ni tampoco por alguna de las
facciones políticas en pugna.
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«¿Política
nueva?» Editorial de «El Derecho», del 13 de marzo de 1896 sobre
la posesión presidencial, el día anterior, del designado Guillermo Quintero Calderón.
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La piedra de
escándalo fue el nombramiento de Abraham Moreno (1835-1914) como ministro de Gobierno, la
principal cartera del gabinete, designación que rechazaron de plano el señor Caro y la
facción nacionalista. ¿A que se debía tanto recelo por ese nombramiento? Sencillamente,
para Caro, Moreno era un representante de la disidencia conservadora, amigo personal de
Marceliano Vélez y firmante de uno de sus manifiestos políticos. Además, no se trataba
de una figura nueva que pudiera pasar inadvertida, sino de un personaje sobresaliente
dentro del conservatismo: su carrera la había iniciado al lado del destacado dirigente
antioqueño Pedro Justo Berrío; durante la época federal había sido representante al
Congreso de la Unión, magistrado del Tribunal del Estado y secretario de Hacienda (1864),
designado del presidente del Estado (1871), tercer suplente de los senadores
plenipotenciarios de Antioquia (1873), diputado suplente a la legislatura del Estado y
representante al Congreso Nacional en las agitadas sesiones de 1876. Luego de caer
derrotado en la guerra de 1876 y de haber participado en la contienda civil de 1885,
Moreno fue primero senador, pero no asistió al Congreso, y posteriormente en 1896, sería
elegido representante a la Cámara.
Atizaron el
clima político las expresiones de beneplácito con la designación de Moreno provenientes
de los círculos liberales que en ese año cumplían precisamente diez años de exclusión
política. Al conocerse su designación, la prensa de ese partido recordaba que Moreno se
había declarado contrario a la suspensión y clausura de periódicos por considerar que
la única manera para corregir las instituciones y sus defectos era permitiendo la
existencia de una prensa libre y responsable que combatiera y criticara los actos de la
administración. Ese criterio hacia optimistas a los liberales, que se atrevían a
predecir que por fin se estaba abriendo el camino para una pronta restauración de la
garantías republicanas.
Al tiempo que
tales comentarios alarmaban a los nacionalistas, Caro recibía numerosas visitas en Sopo y
hacia diplomáticos esfuerzos para que Quintero Calderón revocara el nombramiento. El
intermediario entre Caro y Quintero fue el ministro Marroquín, a quien el vicepresidente
dirigió varias comunicaciones en tan singular episodio; la más expresiva es sin duda la
del 15 de marzo, en la que Caro deja conocer los motivos de su desacuerdo e importantes
rasgos de su personalidad: "Mi única ambición hoy, se lo digo a usted delante de
Dios, es poder vivir tranquilo; pero es preciso que se me permita disfrutar de este
reposo. Lo he buscado y he encontrado mayor intranquilidad, sin culpa mía. Así lo digo
al señor general Quintero. El oleaje de la agitación de Bogotá y del país entero llega
a estas soledades".
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Gabinete
ministerial del 12 de marzo de 1996.
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José
Manuel Marroquín. Instrucción Pública.
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Francisco
Groot.
Tesoro.
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José María Uricochea.
Relaciones Exteriores.
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Pedro
Antonio Molina. Guerra.
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Abraham Moreno.
Gobierno.
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"No creí separarme del gobierno para promover una revolución. Los
gobernantes son administradores de intereses colectivos, políticos y económicos, y así
como no pueden disponer libremente del tesoro, tampoco pueden disponer a su arbitrio de
las influencias políticas. Los partidos son celosos y no consienten en ese taspaso de
herencias [...] Es un gran error creer que se apacigua al enemigo trayéndolo a los
primeros puestos. Se les ensoberbece, y los leales se resienten con Justicia [...] La
armonía de los elementos cristianos no se obtiene nombrando cardenales protestantes [...]
Tampoco en política, para evitar un desastre que se teme, anticiparlo, como quien abre la
fortaleza a los asaltantes por temor a que la tomen por la fuerza. El partido nacional
esta unido y es poderoso. Se ha separado un grupo que reniega públicamente de la
Regeneración y ataca la Constitución del 86. Esos señores pueden venir al gobierno
cuando tengan mayoría para ganar las elecciones o fuerza para ganar batallas [...]"
Caro terminaba su carta señalando que el nombramiento de Abraham Moreno generaría
conflictos en las gobernaciones, dimisiones y cambios, y que era de su responsabilidad
prevenir futuros conflictos, porque su retiro había sido voluntario; por eso anunciaba
que si Quintero se empeñaba en mantener el nombramiento, reasumiría el mando.
El regreso de
Caro
Quintero
Calderón no cedió a la petición de Caro, pero si le fijo límites a la gestión de
Moreno, al indicar que sólo excepcionalmente y para atender las necesidades más urgentes
podía modificar la nomina de empleados del gobierno. En un esfuerzo por tranquilizar los
ánimos, Quintero Calderón planteó por esos días que "la Patria estaba por encima
de los agravios" y que su idea era lograr la reconciliación de "Caro y Vélez,
Reyes y Roldán" y de "todos los amigos de la Constitución".
Caro reasumio el
mando el 17 de marzo, por decreto expedido en Sopo. Inmediatamente, en esa misma
población, posesionó como ministro de Gobierno y encargado del Ministerio de Guerra al
general Manuel Casabianca; ratificó al ministro de Relaciones Exteriores José María
Uricochea y encargo de las otras carteras a los subsecretarios de los despachos
respectivos. Al mismo tiempo recibió facultades para declarar en estado de sitio la
capital de la república en caso de que hubiera reacciones contrarias al cambio de
gobierno. Pese a los rumores callejeros que anunciaban la necesidad de propinar "un
golpe de cuartel para amarrar al designado" y de oponerse cuchillo en mano a la
vuelta al poder del señor Caro, no hubo ninguna alteración del orden público; a ello
seguramente contribuyó la actitud de Caro de retardar hasta el 10 de abril su regreso a
la capital y de trasladar las tareas de gobierno al general Casabianca. De otra parte, el
general Quintero acepto calladamente su derrota, pues tan pronto tuvo conocimiento del
decreto de Caro salió discretamente del palacio presidencial seguido de un solo sirviente
que conducía en un baúl todas sus prendas personales.
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Circular de
beneplácito del Comité Eleccionario del Partido Liberal por la designación de
Abraham Moreno como ministro de Gobierno. «El Republicano», Bogotá, marzo 16
de 1896.
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Caro terminó su
período en medio de la crisis política determinada por la acentuación de la división
entre conservadores nacionalistas e históricos, que se vio agudizada con la campaña para
elegir presidente para el período 1898-1904; los liberales por su parte, aunque
participaron en dicho debate continuaron en 1897 haciendo preparativos para la guerra. Los
asuntos económicos no fueron menos problemáticos: con la caída de los precios del café
se deterioraron las importaciones y el erario público; en consecuencia, se retrasaron los
sueldos, se frenaron las obras públicas y para levantar sus ingresos el gobierno tuvo que
recurrir a medidas impopulares como la monopolización de la producción de cigarrillos y
fósforos.
La lucha de la
oposición contra Caro, la crisis política regeneradora y el episodio del gobierno de los
cinco días mantuvieron a Quintero en el escenario de la política convertido en
prominente figura del conservatismo histórico: durante la campana electoral de 1897, que
eligió presidente a Manuel Antonio Sanclemente (1898-1904), el conservatismo histórico
lo postuló primero como vicepresidente y a Rafael Reyes como candidato a la Presidencia;
posteriormente, y a último momento, lo inscribió como candidato presidencial y a
Marceliano Vélez como vicepresidente. Participo activamente en el golpe contra
Sanclemente el 31 de julio de 1900, que llevo al poder al vicepresidente Marroquín, quien
lo nombró ministro de Gobierno, cargo del que posteriormente presentó renuncia para
protestar por el nombramiento de Aristides Fernández, como ministro de Guerra conocido
por sus posiciones conservadoras extremas. En 1910, Quintero Calderón fue miembro de la
Asamblea Nacional que reformo la Constitución de 1886, y finalmente paso a militar en la
Unión Republicana e hizo parte de su directorio político.
BIBLIOGRAFIA
BERGQUIST, CHARLES. La
guerra de los Mil Dias. Sus antecedentes y consecuencias. Medellín, Faes, 1981.
MARTINEZ DELGADO, LUIS.
A propósito del Dr. Carlos Martínez Silva. Bogotá, Editorial Marconi, 1930.
PALACIO, JULIO H. La
historia de mi vida. Barranquilla, Ediciones Uninorte, 1992.
OSPINA, JOAQUIN.
Diccionario biográfico de Colombia, tomo III, Bogota, Editorial Aguila, 1939,
PERIODICOS: El
Republicano, El Derecho, El Orden (1896)
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