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El primer
europeo que pisó tierra hoy colombiana fue Américo Vespucio. Existe también la
respetable opinión de otros investigadores que creen que quien primero lo hizo fue
Cristóbal Colón, cuando recorrió en su cuarto viaje la costa panameña y llegó a Punta
Marmórea. Pero no hay seguridad de que así haya sido, porque no existe testimonio
documental, cartográfico o topónimo usual que de alguna manera lo confirme. En cambio,
en el caso de Vespucio, está confirmado de antiguo que fue él quien en su condición de
cosmógrafo y piloto mayor de la expedición de Alonso de Ojeda, nominó hasta siete
lugares de la península de la Guajira, sobreviviendo el de Cabo de la Vela. De esta
manera se puede demostrar no sólo que el florentino pisó tierra de Colombia en 1499,
sino algo más importante: que durante los 47 días de su permanencia en ese lugar hizo
investigaciones astronómicas, siendo la medición del meridiano del Cabo de la Vela la
primera que se realizó en el hemisferio occidental. Y esa circunstancias un aporte a la
geografía universal que se llevó a término en Colombia.
Cuando Vespucio
salió de Cádiz el 11 de mayo de 1499 para cumplir -con la expedición de Ojeda- su
segundo periplo por tierras americanas, recorrió primero parte del noreste brasileño,
entre los cabos de San Roque y San Agustín, pero retomó sobre sí mismo para cruzar de
nuevo la línea equinoccial y bojear la costa de Paria. En ese recorrido por la costa
septentrional de América del Sur llegó a la península de Coquibacoa. Casi todos los
autores creen que el navegante, que ahora viajaba con solo dos de las cuatro carabelas con
las que había salido, permaneció todo el tiempo en la Guajira; pero ahora tenemos serios
indicios de que también recorrió costa nuestra hasta cerca de la Sierra Nevada de Santa
Marta. La principal base para esta conjetura se funda en los nombres que puso a los
lugares visitados, pues muchos de ellos coinciden con las características geográficas
del lugar. Finalmente, el 8 de septiembre de 1500 regresó a España.
Vale la pena
recordar esos nombres que Vespucio dio a los accidentes geográficos que encontró durante
el recorrido por la costa, a saber: Cabo de la Espera (tal vez Punta Espada, en la
Guajira); Almadraba, que es un lugar para la pesca de atunes; Lago, lugar de aguas
tranquilas que bien puede ser la bahía de Pórtete o Bahía Honda; Aguada, donde por
causa de la broma o teredo, el terrible gusano destructor de la madera de las
embarcaciones, las carabelas hicieron agua; el Cabo de la Vela, lugar de vigilia, donde
Vespucio pasó casi siete semanas haciendo mediciones astronómicas, seguramente porque lo
consideró -y así se pensó durante dos siglos por lo menos- como el punto más
septentrional de la Tierra Firme; Soto de Ciervos, de "Sierbos" o incluso
"Soto de Verbos", dato aún impreciso, alusión a un sitio donde por las
dificultades encontradas los marineros escupían palabrotas, y finalmente. Monte de Santa
Eufemia, cuya festividad es el 16 de septiembre del año cristiano, lógica denominación
para una serranía avistada de lejos que no puede ser otra que la de Santa Marta.
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Las pruebas de esta
interpretación del viaje de Vespucio por Colombia son, por lo menos, cuatro hasta ahora:
el mapa de Juan de la Cosa, fechado en 1500, aunque no son pocos los que creen que fue
adulterado con información posterior, pero eso es irrelevante para este caso; la carta de
Vespucio a los Medici del 18 de julio de 1500, a la que haremos referencia más adelante;
las capitulaciones de los reyes Católicos con Vicente Yáñez Pinzón del 5 de septiembre
de 1501, donde se advierte un conocimiento previo del lugar; y la "'Lettera" de
Vespucio, del 4 de septiembre de 1504, dirigida a Piero Soderini.
Además del mapa de Juan de la Cosa,
donde el Cabo de la Vela está explícitamente señalado al centro de la Guajira, está el
que incluyó Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia de 1535, con lo cual se amplía
al occidente el espacio recorrido por Vespucio. Y si, como se sabe, de la Guajira salió
el navegante hacia la isla de Haití el 19 de septiembre, es porque empleó más días en
el cabotaje frente a las costas colombianas. Alberto Magnaghi ha opinado que Vespucio,
después de bautizar el mar de Santa Eufemia, frente a la Sierra, volvió al Cabo de la
Vela para observar la conjunción de la Luna y Marte
Otro eminente
investigador. Rolando A. Laguarda Trías, en El hallazgo del Río de la Plata por Américo
Vespucci en 1502, (Montevideo, 1982, Pg. 198), afirma: «No se conoce exactamente el lugar
en que Vespucci realizó sus observaciones. Como por otras fuentes -Las Casas-, se sabe
que la expedición de Ojeda, en la que iba Vespucci, partió del cabo de la Vela, en la
península de Coquibacoa, y llegó al puerto de Yáquimo, en la isla española, el 5 de
septiembre de 1499, es fácil inferir que el 23 de agosto anterior debió encontrarse la
armada de Ojeda en la península de Coquibacoa. Verosímilmente las observaciones de
Vespucci se realizaron en el Cabo de la Vela (longitud 72° 9 47" W; latitud
12° 12 34" N.) cuyo nombre le fue impuesto por las muchas horas de vela que
pasó el florentino observando el firmamento...»
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Américo
Vespucio. Grabado en la parte superior del mapa "Cosmographiae universalis
secundum Phtolomei traditionem et Americi Vespucci aliorumque lustrationes",
publicado por Martín Waldseemüller en su "Cosmographiae itroductio", Saint
Dié, 1507. Biblioteca de los Príncipes de Wadburg-Wofegg.
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Una muy famosa litografía
trazada por Juan de Stradamus a fines del siglo XVI, muestra precisamente esa escena,
acompañada por una oportuna cita del poeta Dante Alighieri, con la acotación de que él
había descrito cuatro estrellas en el Antártico en 1300, en dos estrofas del Purgatorio,
Canto I, vv. 22-27:
I' mi volsi a man
destra, e posi mente
a I' altro polo, e vidi quattro stelle
non viste mai fuor ch 'a a la prima gente.
Goder pareva U del
di lor fiamelle:
Oh settentrinal vedovo sito
Poi che privato se' di mirar quelle!
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Portada dé
"Vita e lettere di Amerigo Vespucci", del abate Angelo Maria Bandini.
Florencia, Stamperia all Insegna di Apollo, 1745.
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Giovanni Bertini
y Nicolás González Ruiz traducen estas dos tercetas (Madrid, BAC, 1965), así: «Me
volví a la derecha, reparando en el otro polo, y vi cuatro estrellas nunca vistas desde
los primeros humanos. Gozar parecía el cielo con sus resplandores. ˇOh septentrión
[norte], qué triste lugar eres, pues que te ves privado de mirarlas!»
Al fondo dos
carabelas esperan la continuación del viaje. Una serranía en el horizonte podría ser la
Sierra Nevada. Varios marineros duermen, mientras Vespucio, sextante en mano, mide la
distancia de la Cruz del Sur y de las cuatro estrellas que la circundan. Sólo él está
en vela en ese momento que después será memorable. Otra litografía similar publicó en
1745 Angelo María Bandini cuando publicó su Vita a lettere di Amerigo Vespucci en
Florencia, pero quitando los barcos y la cita en latín del gran Dante.
Así describió
el propio Vespucio su periplo: «... Navegamos tanto hacia la parte del mediodía que nos
alejamos por el rumbo de la latitud de la ciudad de Cádiz 60 grados y medio, porque sobre
la ciudad de Cádiz alza el polo 35 grados y medio, nosotros nos encontramos que habíamos
pasado la línea equinoccial 6 grados. Esto baste en cuanto a latitud. En cuanto a
longitud, que para conocerla encontré tanta dificultad que tuve grandísimo trabajo en
hallar con seguridad el camino que había recorrido siguiendo la línea de la longitud, y
tanto trabajé que al fin no encontré mejor cosa que observar y ver de noche la
oposición de un planeta con otro, y el movimiento de la luna con otros planetas, porque
el planeta de la luna es más rápido en su curso que ningún otro, y lo comprobaba con el
Almanaque de Juan de Monteregio que fue compuesto según el meridiano de la ciudad de
Ferrara, concordando con los cálculos de las tablas del rey don Alfonso. Y después de
muchas noches que estuve en observación, una noche entre otras estando a 23 de agosto de
1499 en que hubo conjunción de la Luna con Marte [encontré] que a la media noche se
hallaba más al oriente 15 grados y medio, poco más o menos, de modo que hecha la
proporción, si 24 horas me valen 82 grados y medio, y tan distante me hallaba en longitud
del meridiano de la ciudad de Cádiz, que asignando a cada grado 16 leguas, me encontraba
a 1.366 dos tercios más al occidente que la ciudad de Cádiz, que son 15.466 dos
tercios».
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Américo
Vespucio. Grabado del siglo XVIII.
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Muchas glosas se
han escrito sobre este párrafo señalando los errores del cálculo. Parece evidente un
error de transcripción, por cuanto entonces era bien conocida la latitud 35 y medio de
Cádiz y porque en seguida se menciona haber pasado la equinoccial en 6 grados. Además,
en cuanto a las dos medidas al final del párrafo transcrito, debe leerse 5.5. en vez de
15.5 y 5.466 2/3, ya que el 1 inicial corresponde en realidad a una perpendicular en los
originales manuscritos de Vespucio, uso extendido en la época antes de escribir una
cantidad aritmética. Pero lo que nos importa es la fecha del 23 de agosto de 1499 que,
independientemente de la corrección al calendario ordenada en 1585, sigue siendo la
efemérides que indica el suceso. Al respecto, Frederick J. Pohl, en su conocida
biografía Américo Vespucio, Piloto Mayor (Buenos Aires, Hachette, 1947, p. 100),
señala: "Américo dio como base de sus cálculos los datos observados el 23 de
agosto de 1499 a su patrón porque esa era la primera vez que usaba el método de
distancia lunar y esos detalles eran memorables. Pero la latitud de esa noche no podía
interesarle directamente a su patrón, mientras que la longitud del punto más occidental
de la costa de la tierra recién explorada constituía un hecho geográfico de interés e
importancia para todos los mercaderes, futuros exploradores y cartógrafos".
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Península de la
Guajira con los topónimos de Américo vespucio
y Embarcación italiana del siglo XVI.
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Al resolver el
problema de la medición de la longitud del Cabo de la Vela, Vespucio dio un paso adelante
en la historia de la geografía al usar por vez primera el método de distancia lunar,
hecho que debe considerarse una hazaña lograda por el hombre. El mismo Pohl nos recuerda
que el método de Vespucio fue utilizado sin mayores reparos durante trescientos años.
Este hecho
significó entonces la primera medición desde Tierra Firme y el verdadero nacimiento del
Nuevo Mundo, abandonando la idea preconcebida por los nautas desde hacia siete o más
años, de hallarse en el extremo de Asia, cerca de Catayo y del Ganges, idea que el propio
Vespucio había compartido. No tiene nada de extraño que desde ese 23 de agosto, el
florentino haya madurado la formulación que hizo en 1501 y 1503, en sus cartas llamadas
Lettera y Mundus novus, de que se hallaba frente a un continente desconocido antes, enorme
y habitado por una multitud de gente como nadie había imaginado antes.
No hace mucho,
el maestro Germán Arciniegas propuso, en la ponencia que presentó en el IV Congreso de
Academias Iberoamericanas de Historia, celebrado en Lisboa en 1994, que se consagrara el
año 2003 a celebrar el comienzo del Nuevo Mundo, cuando se cumple también el quinto
centenario de la redacción de la Mundus Novus. Sin embargo, pienso que Colombia podría
adelantar la fecha, para celebrar los quinientos años de un acontecimiento científico
que modificó desde entonces casi todo lo que se sabía del mundo: ese 23 de agosto de
1499.
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