Ficha bibliográfica
Titulo:
Vespucio en el Cabo de la Vela: 23 de agosto de 1499, el primer explorador en la Costa Atlántica colombiana
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Gustavo Vargas Martínez

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN  81-  OCTUBRE 1996




VESPUCIO EN EL CABO DE LA VELA: 23 DE AGOSTO DE 1499,
el primer explorador en la Costa Atlántica colombiana
Por: Gustavo Vargas Martínez

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 82
Octubre de 1996

 

 
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Esfera armillar del siglo XVI



 

  El primer europeo que pisó tierra hoy colombiana fue Américo Vespucio. Existe también la respetable opinión de otros investigadores que creen que quien primero lo hizo fue Cristóbal Colón, cuando recorrió en su cuarto viaje la costa panameña y llegó a Punta Marmórea. Pero no hay seguridad de que así haya sido, porque no existe testimonio documental, cartográfico o topónimo usual que de alguna manera lo confirme. En cambio, en el caso de Vespucio, está confirmado de antiguo que fue él quien en su condición de cosmógrafo y piloto mayor de la expedición de Alonso de Ojeda, nominó hasta siete lugares de la península de la Guajira, sobreviviendo el de Cabo de la Vela. De esta manera se puede demostrar no sólo que el florentino pisó tierra de Colombia en 1499, sino algo más importante: que durante los 47 días de su permanencia en ese lugar hizo investigaciones astronómicas, siendo la medición del meridiano del Cabo de la Vela la primera que se realizó en el hemisferio occidental. Y esa circunstancias un aporte a la geografía universal que se llevó a término en Colombia.

  Cuando Vespucio salió de Cádiz el 11 de mayo de 1499 para cumplir -con la expedición de Ojeda- su segundo periplo por tierras americanas, recorrió primero parte del noreste brasileño, entre los cabos de San Roque y San Agustín, pero retomó sobre sí mismo para cruzar de nuevo la línea equinoccial y bojear la costa de Paria. En ese recorrido por la costa septentrional de América del Sur llegó a la península de Coquibacoa. Casi todos los autores creen que el navegante, que ahora viajaba con solo dos de las cuatro carabelas con las que había salido, permaneció todo el tiempo en la Guajira; pero ahora tenemos serios indicios de que también recorrió costa nuestra hasta cerca de la Sierra Nevada de Santa Marta. La principal base para esta conjetura se funda en los nombres que puso a los lugares visitados, pues muchos de ellos coinciden con las características geográficas del lugar. Finalmente, el 8 de septiembre de 1500 regresó a España.

  Vale la pena recordar esos nombres que Vespucio dio a los accidentes geográficos que encontró durante el recorrido por la costa, a saber: Cabo de la Espera (tal vez Punta Espada, en la Guajira); Almadraba, que es un lugar para la pesca de atunes; Lago, lugar de aguas tranquilas que bien puede ser la bahía de Pórtete o Bahía Honda; Aguada, donde por causa de la broma o teredo, el terrible gusano destructor de la madera de las embarcaciones, las carabelas hicieron agua; el Cabo de la Vela, lugar de vigilia, donde Vespucio pasó casi siete semanas haciendo mediciones astronómicas, seguramente porque lo consideró -y así se pensó durante dos siglos por lo menos- como el punto más septentrional de la Tierra Firme; Soto de Ciervos, de "Sierbos" o incluso "Soto de Verbos", dato aún impreciso, alusión a un sitio donde por las dificultades encontradas los marineros escupían palabrotas, y finalmente. Monte de Santa Eufemia, cuya festividad es el 16 de septiembre del año cristiano, lógica denominación para una serranía avistada de lejos que no puede ser otra que la de Santa Marta.

 

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Américo Vespucio midiendo la posición, de la Cruz del Sur (en el Cabo de la Vela, el 23 de agosto de 1994) y recuadro con la efigie del Dante y sus versos profetices del Canto I del
"Purgatorio". Grabado al buril de Giuseppe Menabuoni, en "Vita e lettere di Amerigo Vespucci,
de Angelo María Bandini, 1745.




  Las pruebas de esta interpretación del viaje de Vespucio por Colombia son, por lo menos, cuatro hasta ahora: el mapa de Juan de la Cosa, fechado en 1500, aunque no son pocos los que creen que fue adulterado con información posterior, pero eso es irrelevante para este caso; la carta de Vespucio a los Medici del 18 de julio de 1500, a la que haremos referencia más adelante; las capitulaciones de los reyes Católicos con Vicente Yáñez Pinzón del 5 de septiembre de 1501, donde se advierte un conocimiento previo del lugar; y la "'Lettera" de Vespucio, del 4 de septiembre de 1504, dirigida a Piero Soderini.

  Además del mapa de Juan de la Cosa, donde el Cabo de la Vela está explícitamente señalado al centro de la Guajira, está el que incluyó Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia de 1535, con lo cual se amplía al occidente el espacio recorrido por Vespucio. Y si, como se sabe, de la Guajira salió el navegante hacia la isla de Haití el 19 de septiembre, es porque empleó más días en el cabotaje frente a las costas colombianas. Alberto Magnaghi ha opinado que Vespucio, después de bautizar el mar de Santa Eufemia, frente a la Sierra, volvió al Cabo de la Vela para observar la conjunción de la Luna y Marte

  Otro eminente investigador. Rolando A. Laguarda Trías, en El hallazgo del Río de la Plata por Américo Vespucci en 1502, (Montevideo, 1982, Pg. 198), afirma: «No se conoce exactamente el lugar en que Vespucci realizó sus observaciones. Como por otras fuentes -Las Casas-, se sabe que la expedición de Ojeda, en la que iba Vespucci, partió del cabo de la Vela, en la península de Coquibacoa, y llegó al puerto de Yáquimo, en la isla española, el 5 de septiembre de 1499, es fácil inferir que el 23 de agosto anterior debió encontrarse la armada de Ojeda en la península de Coquibacoa. Verosímilmente las observaciones de Vespucci se realizaron en el Cabo de la Vela (longitud 72° 9’ 47" W; latitud 12° 12’ 34" N.) cuyo nombre le fue impuesto por las muchas horas de vela que pasó el florentino observando el firmamento...»

 

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Américo Vespucio. Grabado en la parte superior del mapa "Cosmographiae universalis secundum Phtolomei traditionem et Americi Vespucci aliorumque lustrationes", publicado por Martín Waldseemüller en su "Cosmographiae itroductio", Saint Dié, 1507. Biblioteca de los Príncipes de Wadburg-Wofegg.



   Una muy famosa litografía trazada por Juan de Stradamus a fines del siglo XVI, muestra precisamente esa escena, acompañada por una oportuna cita del poeta Dante Alighieri, con la acotación de que él había descrito cuatro estrellas en el Antártico en 1300, en dos estrofas del Purgatorio, Canto I, vv. 22-27:

I' mi volsi a man destra, e posi mente
a I' altro polo, e vidi quattro stelle
non viste mai fuor ch 'a a la prima gente.

Goder pareva U del di lor fiamelle:
Oh settentrinal vedovo sito
Poi che privato se' di mirar quelle!

 

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Portada dé "Vita e lettere di Amerigo Vespucci", del abate Angelo Maria Bandini.
Florencia, Stamperia all’ Insegna di Apollo, 1745.



  Giovanni Bertini y Nicolás González Ruiz traducen estas dos tercetas (Madrid, BAC, 1965), así: «Me volví a la derecha, reparando en el otro polo, y vi cuatro estrellas nunca vistas desde los primeros humanos. Gozar parecía el cielo con sus resplandores. ˇOh septentrión [norte], qué triste lugar eres, pues que te ves privado de mirarlas!»

  Al fondo dos carabelas esperan la continuación del viaje. Una serranía en el horizonte podría ser la Sierra Nevada. Varios marineros duermen, mientras Vespucio, sextante en mano, mide la distancia de la Cruz del Sur y de las cuatro estrellas que la circundan. Sólo él está en vela en ese momento que después será memorable. Otra litografía similar publicó en 1745 Angelo María Bandini cuando publicó su Vita a lettere di Amerigo Vespucci en Florencia, pero quitando los barcos y la cita en latín del gran Dante.

  Así describió el propio Vespucio su periplo: «... Navegamos tanto hacia la parte del mediodía que nos alejamos por el rumbo de la latitud de la ciudad de Cádiz 60 grados y medio, porque sobre la ciudad de Cádiz alza el polo 35 grados y medio, nosotros nos encontramos que habíamos pasado la línea equinoccial 6 grados. Esto baste en cuanto a latitud. En cuanto a longitud, que para conocerla encontré tanta dificultad que tuve grandísimo trabajo en hallar con seguridad el camino que había recorrido siguiendo la línea de la longitud, y tanto trabajé que al fin no encontré mejor cosa que observar y ver de noche la oposición de un planeta con otro, y el movimiento de la luna con otros planetas, porque el planeta de la luna es más rápido en su curso que ningún otro, y lo comprobaba con el Almanaque de Juan de Monteregio que fue compuesto según el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordando con los cálculos de las tablas del rey don Alfonso. Y después de muchas noches que estuve en observación, una noche entre otras estando a 23 de agosto de 1499 en que hubo conjunción de la Luna con Marte [encontré] que a la media noche se hallaba más al oriente 15 grados y medio, poco más o menos, de modo que hecha la proporción, si 24 horas me valen 82 grados y medio, y tan distante me hallaba en longitud del meridiano de la ciudad de Cádiz, que asignando a cada grado 16 leguas, me encontraba a 1.366 dos tercios más al occidente que la ciudad de Cádiz, que son 15.466 dos tercios».



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Américo Vespucio. Grabado del siglo XVIII.



  Muchas glosas se han escrito sobre este párrafo señalando los errores del cálculo. Parece evidente un error de transcripción, por cuanto entonces era bien conocida la latitud 35 y medio de Cádiz y porque en seguida se menciona haber pasado la equinoccial en 6 grados. Además, en cuanto a las dos medidas al final del párrafo transcrito, debe leerse 5.5. en vez de 15.5 y 5.466 2/3, ya que el 1 inicial corresponde en realidad a una perpendicular en los originales manuscritos de Vespucio, uso extendido en la época antes de escribir una cantidad aritmética. Pero lo que nos importa es la fecha del 23 de agosto de 1499 que, independientemente de la corrección al calendario ordenada en 1585, sigue siendo la efemérides que indica el suceso. Al respecto, Frederick J. Pohl, en su conocida biografía Américo Vespucio, Piloto Mayor (Buenos Aires, Hachette, 1947, p. 100), señala: "Américo dio como base de sus cálculos los datos observados el 23 de agosto de 1499 a su patrón porque esa era la primera vez que usaba el método de distancia lunar y esos detalles eran memorables. Pero la latitud de esa noche no podía interesarle directamente a su patrón, mientras que la longitud del punto más occidental de la costa de la tierra recién explorada constituía un hecho geográfico de interés e importancia para todos los mercaderes, futuros exploradores y cartógrafos".

 

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Península de la Guajira con los topónimos de Américo vespucio
y Embarcación italiana del siglo XVI.


 

  Al resolver el problema de la medición de la longitud del Cabo de la Vela, Vespucio dio un paso adelante en la historia de la geografía al usar por vez primera el método de distancia lunar, hecho que debe considerarse una hazaña lograda por el hombre. El mismo Pohl nos recuerda que el método de Vespucio fue utilizado sin mayores reparos durante trescientos años.

  Este hecho significó entonces la primera medición desde Tierra Firme y el verdadero nacimiento del Nuevo Mundo, abandonando la idea preconcebida por los nautas desde hacia siete o más años, de hallarse en el extremo de Asia, cerca de Catayo y del Ganges, idea que el propio Vespucio había compartido. No tiene nada de extraño que desde ese 23 de agosto, el florentino haya madurado la formulación que hizo en 1501 y 1503, en sus cartas llamadas Lettera y Mundus novus, de que se hallaba frente a un continente desconocido antes, enorme y habitado por una multitud de gente como nadie había imaginado antes.

  No hace mucho, el maestro Germán Arciniegas propuso, en la ponencia que presentó en el IV Congreso de Academias Iberoamericanas de Historia, celebrado en Lisboa en 1994, que se consagrara el año 2003 a celebrar el comienzo del Nuevo Mundo, cuando se cumple también el quinto centenario de la redacción de la Mundus Novus. Sin embargo, pienso que Colombia podría adelantar la fecha, para celebrar los quinientos años de un acontecimiento científico que modificó desde entonces casi todo lo que se sabía del mundo: ese 23 de agosto de 1499.