Ficha bibliográfica
Titulo:
La religión en Medellín, 1850- 1950, La vida devota y su proyección popular
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Patricia Londoño Vélez

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 70 - OCTUBRE 1995



 

LA RELIGION EN MEDELLIN, 1850- 1950, La vida devota y su proyección popular
Por: Patricia Londoño Vélez

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 70
Octubre de 1995

 


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Manuel José Caycedo, Arzobispo de Medellín, 1906-1934




Hasta hace poco los antioqueños tenían fama de ser un pueblo muy religioso, y esto ha llevado a pensar que siempre fueron así. Pero en realidad, durante la época colonial, la Iglesia en Antioquia no fue importante como institución en el sentido tradicional para América Latina. En vez de abundar allí las órdenes religiosas, encontramos un disperso clero secular que no era próspero ni poderoso, y el único convento de monjas era el de las Carmelitas Descalzas, fundado en Medellín en 1791. Apenas alrededor de mediados del siglo pasado empezó a aumentar el número de parroquias, sacerdotes y comunidades religiosas. Al comenzar el siglo XX, la región ya llevaba la delantera en casi todos estos indicadores respecto al resto del país, y «exportaba» curas y monjas a los demás departamentos. En este período se hicieron usuales comentarios como el expresado por J.M. Torres Caicedo en su viaje de 1857: «El pueblo de Medellín, como en general el del Estado de Antioquia, es esencialmente religioso, y prefiere las ceremonias religiosas a los bailes y los espectáculos». Un siglo más tarde, Virginia Gutiérrez de Pineda emprendió el estudio comparativo de algunos complejos culturales en Colombia y encontró que en Antioquia todavía «...el sacerdote controlaba hasta el límite más estricto de la vida de cada uno [...] con activa eficacia».

Los ataques contra los privilegios de la Iglesia emprendidos por el gobierno central en el marco de las reformas Liberales adelantadas entre los decenios de 1850 y 1880 tuvieron atenuantes en Antioquia. Allí el clero recibió apoyo aun de parte de algunos liberales, tal vez porque el tipo de institución eclesiástica desarrollada en la región no había generado sentimientos anticlericales y porque muchos tenían parientes religiosos y consideraban la persecución a los sacerdotes como un ataque a sus intereses familiares. Además, durante una parte del período radical, la Iglesia antioqueña contó con la protección del gobierno local del conservador Pedro Justo Berrío.

En cuanto a la administración eclesiástica, desde 1804 Medellín perteneció a la diócesis de Antioquia, con asiento en Santa Fe. En 1868, ésta se trasladó a Medellín con el nombre de Medellín y Antioquia, pero en 1873 se tuvo que reestablecer la diócesis de Antioquia, así que el territorio del Estado fue repartido entre ambas Jurisdicciones. En 1902, Medellín fue elevada a arquidiócesis, y ese mismo año se le suprimió un grupo de parroquias al sur para crear la diócesis de Manizales. En 1915, varias parroquias del suroeste pasaron a la nueva diócesis de Jericó, y en 1917 otras del norte entraron a conformar la diócesis de Santa Rosa de Osos. A pesar de estas subdivisiones, en 1930 la arquidiócesis de Medellín seguía siendo muy extensa -15.000 kilómetros cuadrados- y abarcaba parroquias tan apartadas como Titiribí, Sonsón, Puerto Berrío y Yolombó. En el área de Medellín funcionaban las parroquias de la Candelaria, San José, La Veracruz, Nuestra Señora del Sufragio y el Corazón de Jesús (Buenos Aires). En los alrededores estaban las de La Estrella. Envigado, Bello y Belén.

La ciudad contaba con varios otros templos aparte de las iglesias parroquiales, como los del Carmen, San Ignacio, San Juan de Dios, San Antonio, de Loreto, Sagrado Corazón de Jesús (Guayaquil), La Inmaculada, Cristo Rey, Jesús Nazareno y La América. Mención especial merece la actual catedral, iniciada en 1875 (con planos originales del italiano Felipe Crosti, los cuales resultaron una estafa y fueron repetidos por el francés Charles Carré hacia 1886) y terminada en 1931. En este año había además cerca de treinta capillas privadas, ubicadas en colegios, cárceles, establecimientos de beneficencia y sedes de las comunidades religiosas.

El repique de las campanas constituía una referencia importante en la rutina diaria de los medellinenses, pues todos los días a la misma hora llamaban a misa y anunciaban el ángelus, el trisagio y los servicios religiosos; en ocasiones especiales podían expresar otros mensajes:

luto en caso de muerte, alarma en caso de calamidad o aun alguna intervención en política. Relata Luis Latorre Mendoza que el 27 de enero de 1879 el jefe militar liberal Julián Trujillo se presentó a caballo, ataviado con su uniforme, en el atrio de la catedral para llamar a las armas a sus copartidarios, pues los conservadores de poblaciones vecinas habían amanecido en campamentos alrededor de la ciudad. Cuando empezó su perorata, el sacristán echó al vuelo las campanas impidiendo que se le escuchara.

Entre los pastores de la Iglesia, sobresale el bogotano Manuel José Caycedo, arzobispo de Medellín entre 1906 y 1934, quien dejó huella en la vida religiosa, política y cultural de la ciudad. Apoyó las congregaciones devotas, las obras sociales tales como la Sopa Escolar y la Gota de Leche, y la llegada de varias comunidades religiosas. Pero se le recuerda sobre todo por el celo con que defendió la ortodoxia de la doctrina católica y por su ataque a los peligros de modernismo. Censuró varias publicaciones, entre ellas la revista Panida, la tesis Notas feministas, de Ricardo Uribe Escobar,y los libros Colombia constitucional, publicado en 1915 por Antonio José Cano, y Una tesis, de Fernando Gonzáles. Se distinguió por su porte y por la energía de su oratoria. A Tomás Carrasquilla lo impresionó: «Si Su Ilustrísima el Señor Caycedo les habla a las almas complicadas como le habló aquí al alma de la montaña [...] tiene el don y el palito. [...] ¡qué voz, qué nobleza y sobre todo qué facilidad tan difícil y qué cuerpo de doctrina! [...] Es mucho trozo de Arzobispo!». Su entierro en 1937 fue multitudinario, como puede apreciarse en las fotografías de Jorge Obando. Mientas desfilaban colegios, escuelas, autoridades civiles, eclesiásticas y militares, un avión de Scadta arrojaba flores sobre el cortejo.

Una parte significativa de la presencia de la Tplesia en Medellín. en los años que nos ocupan, se debió a las comunidades religiosas, en su mayoría provenientes de España, Italia y Francia, llegadas al país después de la firma del Concordato (1887) para trabajar en establecimientos educativos y en obras de asistencia social. Los Jesuítas fueron los mas activos e influyentes de los religiosos radicados en la ciudad. Regresaron al país en 1844, y Mariano Ospina Rodríguez los trajo a Antioquia. En Medellín fueron recibidos con júbilo: el comercio cerró y la gente hizo cola para confesarse. Fueron expulsados de nuevo en 1850, pero regresaron en 1885, esta vez para quedarse. Inicialmente se encargaron de la iglesia de San Francisco, y después de la de San José; primero del Colegio Académico, después del de San José, y desde 1886 del de San Ignacio. Además fundaron y respaldaron una serie de asociaciones piadosas y fomentaron el culto al Sagrado Corazón de Jesús por medio de la práctica de los ejercicios espirituales, de los primeros viernes y de una solemne procesión anual, costumbres que conservaron su fuerza hasta el decenio de 1960. A comienzos de siglo, la Compañía de Jesús fue pionera en ejercer el apostolado entre la nueva clase obrera. Aparte de los Jesuítas, en el último cuarto del siglo XIX llegaron los Hermanos Cristianos (Francia) y regresaron los Franciscanos (Italia), que ya habían estado acá antes de la Independencia. En el decenio de 1910 vinieron de España los Carmelitas Descalzos y los Claretianos, y de Italia los Salesianos y también de este país, en los años veinte, los Agustinos Recoletos.

 

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Iglesia de la America. Acuarela de Humberto Chaves. "Humberto Chaves,
el pintor de la raza, 1891-1971’', Medellín, 1995


 

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La antioqueña Emma Herrán (Sor María, de la Santa Cruz) en el noviciado del
Buen Pastor en Brooklyn. Nueva York, ca. 1900


 

De las monjas se destacan las Hermanas de la Caridad o Dominicas de la Presentación, comunidad francesa que se hizo cargo del Hospital San Juan de Dios, del Manicomio, de la Casa de Mendigos, del Orfelinato de San José, del Patronato de Medellín y de varias otras entidades de beneficencia; además fundaron el Colegio de la Presentación para jovencitas de sectores acomodados. Otras dos comunidades que vinieron de Francia en el decenio de 1890 fueron las Hermanas del Buen Pastor y las religiosas de la Compañía de María o de La Enseñanza. En 1903, María de Jesús Upegui Moreno, tía de la célebre misionera antioqueña conocida como la Madre Laura, fundó en Medellín la Congregación de Siervas del Santísimo y de la Caridad con fines caritativos. En los primeros años del siglo XX llegaron las Salesianas (Italia) y en el decenio de 1910, las Capuchinas (España), las Hermanitas de los Pobres (Francia), y en los años veinte otras tres congregaciones francesas: las Hijas de la Sabiduría, las Vicentinas, y las Madres del Sagrado Corazón de Jesús.

El aprecio y la curiosidad de los medellinenses por las religiosas se nota en la forma como recibieron en 1899 a las primeras monjas de La Enseñanza que venían de Bogotá. En su diario, la hermana Ignacia Bertilda Samper -hija de Soledad Acosta de Samper" relata que, cerca de Barbosa.«... empieza la generosa y hospitalaria acogida que nos brinda la sociedad de Medellín, porque de ese punto en adelante no cesaríamos de encontrar, de trecho en trecho, algún coche lleno de señoras que vienen desde la ciudad a damos la enhorabuena». Entraron a la ciudad a las siete de la noche, acompañadas de una caravana de unos veinte coches que «...producen un estrépito formidable. Toda la población parece estar aglomerada en las puertas y ventanas; y por las calles hormiguea delante, detrás y en tomo de los coches una apiñada multitud de hombres, mujeres y niños...» El ambiente de respeto por la religión que envolvía a algunas familias, el trato frecuente con sacerdotes y monjas y la influencia de los confesores ayudan a entender el auge de las vocaciones religiosas entre las familias de Medellín, sobre todo entre las mujeres. El viajero francés Pierre D'Espagnat, en su visita de 1898, observó: «En la vida retraída, tan fiel, tan poco accesible de la mujer antioqueña, es ese resorte de la ardiente convicción religiosa el aspecto mas fácilmente perceptible. Es este, me parece, mucho más secundario en los hombres, quienes, absorbidos por las preocupaciones de los negocios, descuidan los intereses de otro orden...»

 

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Admisión de María de las Victorias Ospina en uno de los Coros de Doncellas, de las Hijas de María. Medellín, diciembre de 1863. Archivo Ospina Rodríguez, FAES, Medellín.





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La Catedral de Villanueva, en construcción. Fotógrafo anónimo,
Medellín, ca. 1920. Centro de Memoria Visual, FAES, Medellín.




El activo estilo de vida de las comunidades religiosas instaladas en aquel entonces en la ciudad, por lo regular extranjeras y familiarizadas con nuevos métodos pedagógicos y de beneficencia, también debió influir a la hora de elegir la vida religiosa. Ingresar a estas comunidades brindaba la posibilidad de viajar, de aprender otro idioma y abría otros horizontes de vida a aquellos con inquietudes intelectuales o una inclinación al trabajo social.

Las organizaciones voluntarias religiosas creadas con el fin de rendirle culto a un santo e interceder por el descanso eterno de los fallecidos bajo nombres tales como cofradías, congregaciones, co-fraternidades o ligas contribuyeron a divulgar la doctrina católica en la ciudad. Aparte de las indulgencias otorgadas a sus miembros, fomentaron la ayuda mutua entre éstos y socorrieron a los menesterosos. Algunas admitían hombres, otras mujeres, y una cuantas estuvieron abiertas para ambos sexos. Se sostenían con aportes de los socios o con donaciones. Los afiliados recibían una patente o certificado y una banda, o escapulario como distintivos. Participaban en desfiles y procesiones portando sus vistosos emblemas y estandartes. Entre 1850 y 1930, funcionaron en Medellín cerca de cincuenta de estas agrupaciones, entre las que sobresalen Congregación de San José, Asociación Sagrado Corazón de Jesús, Sociedad Católica. Congregación de Hijas de María, Congregación Mariana de la Inmaculada Concepción, Juventud Católica propagación de la Fe, Apostolado Doméstico del Sagrado Corazón de Jesús y la Acción Social Católica. Editaron toda una serie de publicaciones tales como: La Sociedad (1872- 76); La Familia Cristiana (1906-1932) El Mensajero Eucarístico, (desde 1913), Antioquia guía por María (1919-30), La buena Prensa (1920?-?) y El Obrero Católico (1925-60?). Aparte de su labor piadosa y del aporte caritativo que ayudaba a suplir la seguridad social actual asociaciones devotas cumplieron otros fines. Por ejemplo, la Sociedad La Sociedad Católica y la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús se opusieron a la reforma educativa de los radicales. En término generales, dichas expresiones de la sociabilidad contribuyeron a cohesionar la sociedad al servir de puente y crear un vínculo entre los distintos sectores sociales.

Vale la pena mencionar algunas de las rutinas y devociones de la época para formarse una idea del ambiente religioso que se respiraba en la ciudad. Desde el siglo pasado, los chicos aprendían de memoria la Doctrina Cristiana del Padre Gaspar Astete en la escuela o en las sesiones de catecismo dominical, como la que tuvo a su cargo durante cincuenta años la señora Wenceslaa Suárez en la iglesia de la Veracruz, según Lisandro Ochoa, su alumno hacia 1870. El Catecismo Astete, cuya versión original data del siglo XVI, fue la primera publicación de la Tipografía El Comercio de Félix de Bedout (1903). Orar en familia era algo usual en el siglo pasado y principios del presente. En palabras de Carrasquilla, se rezaba el «rosario al acostarse, Alabados al amanecer, amén de jaculatorias a cualquier hora». Cuenta este autor que una tarde iba a visitar a Manuel Uribe Angel en las afueras de Envigado, y de las casas de ricos y de pobres ubicadas al borde del camino «...salía a aquella hora, un murmullo monótono y dulce [...] Como Íbamos andando, a la primera mitad del Ave María que salía de una casa oíamos contestar la segunda parte en la morada siguiente». El culto al Sagrado Corazón de Jesús arraigó en Antioquia, al igual que en el resto del país, y en general el mundo católico, a partir del último cuarto del siglo XIX hasta el decenio de 1940. En noviembre de 1884, la parroquia de Envigado se consagró al Sagrado Corazón. En 1893 lo hizo el municipio de Medellín y Envigado repitió el gesto. El 20 de marzo de 1922 el gobernador de Antioquia Manuel M. Toro expidió el decreto 269 para entronizar en la gobernación la imagen del Sagrado Corazón y el 8 de agosto de ese mismo año, la Asamblea Departamental resolvió consagrarse también.

Lo rutinario de la vida social hacía que las fiestas religiosas tuvieran mucha acogida. Parece que la del Corpus era la más concurrida y vistosa a príncipes de siglo en Medellín. Desde la víspera había mucho ajetreo para levantar altares adornados con flores de papel en las esquinas principales. Se escogían algunas niñas para hacer de ángeles en estos «tronos celestiales». Sofía Ospina de Navarro recuerda que ser escogida para dicho menester era un honor al que todas las chiquillas aspiraban. La Semana Santa también era muy concurrida. Mariano

Ospina Rodríguez, escribió en El Tradicionista en 1875, que en la capital la Semana Santa había perdido lucimiento en los últimos cuarenta años, mientras en Medellín, al contrario, «...se practica con más decoro, solemnidad y recogimiento...»

 

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Novenas. Biblioteca de la Fundación Antioqueña de Estudios Sociales, Medellín.


 

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Familia antioqueña rezando el rosario. Dibujo de Horacio Longos.


 

Entre los eventos religiosos especiales que tuvieron lugar en la ciudad figuran los siguientes: el décimo octavo aniversario de la coronación de León XIII, celebrado el 3 marzo de 1895. En mayo de 1919, el Primer Congreso Mariano Nacional, y en septiembre de 1935, el Segundo Congreso Eucarístico Nacional. Por lo regular, estas ocasiones incluían una misa con Te Deum, y una procesión en la que desfilaban las autoridades, los colegios y escuelas en uniforme de gala, las universidades, corporaciones, institutos y comunidades religiosas, acompañados de carros alegóricos.

Según el censo de 1928, el 99% de los antioqueños eran católicos. Ese año sólo se contabilizaron 1477 personas pertenecientes a otras religiones, de las cuales 454 estaban radicadas en Medellín. En 1956 la ciudad contaba con treinta y cinco templos católicos, uno presbiteriano, uno adventista y una sinagoga. Parece que no era fácil ser diferente en asuntos concernientes a la religión, sobre todo bajo el arzobispo Caycedo, poco amigo de las disidencias. Los presbiterianos, por ejemplo, no olvidan las dificultades enfrentadas para hacer valer sus matrimonios civiles. Si lograban dar con un juez que los casara, el arzobispo lo excomulgaba y la presión social le podía hacer perder el puesto de trabajo.