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TORDESILLAS:
NACIMIENTO DE LAS HEGEMONIAS
500 Años del Descubrimiento de América
Por: Gustavo
Vargas Martínez
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 34
Octubre de 1992
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El célebre Tratado de Tordesillas,
firmado por España y Portugal el 7 de junio de 1494 para dirimir sus disputas por la
ocupación de las Indias recientemente descubiertas, bien puede ser considerado como el
inicio de una compleja legislación para afinar el despojo de tierras en América y dar
comienzo a la era de los grandes imperios lusitano y español. Fue, también, la
inauguración de las hegemonías europeas sobre Asia, Africa y América. El historiador
Samuel E. Morison no dudó en afirmar: "Nunca en la historia moderna se ha realizado
una expansión colonial en tan vasta escala con tan pocas fricciones entre países
rivales".
Precedieron cuatro
bulas pontificias al Tratado. Como sabemos, no bien había regresado Cristóbal Colón de
las Antillas, el 3 de mayo de 1493 el papa español Alejandro VI se apresuró a
"donar" las islas a España, mediante la primera bula Inter coetera, documento
preparado de urgencia bajo la dirección de sus consejeros Ludovico Podocatrus y Giovanni
Battista Ferrari. El embajador de Juan II de Portugal protestó, en Barcelona, aduciendo
que las islas les pertenecían, por la evidente razón de hallarse al norte del paralelo
de las Canarias, según el Tratado de Alcácovas. Era cierto. Por eso los Reyes Católicos
acudieron al Papa para que se trazara una nueva línea, ahora vertical, que partiera
tierras y mares entre las dos potencias. Se dice que el pontífice la trazó a 100 leguas
al oeste de las Azores; pero ahora se cree que fue el propio Colón el autor de la línea
de demarcación, como lo había sospechado Humboldt y lo probó hace años Vander Linden.
La segunda Inter coetera se promulgó en junio, pero se predató al 4 de mayo para ocultar
las presiones españolas que buscaban anular cualquier ventaja de Portugal. La tercera
bula, la Eximia devotionis, predatada el 3 de mayo pero escrita en julio, fue, a la
inversa, para hacer concesiones a Portugal que pedía igual trato que España. Fue
imprescindible emitir una cuarta bula, la Dudum siquidem, el 26 de septiembre, encaminada
a favorecer a Castilla en su posible navegación por todos los mares, incluyendo la India
Oriental, que era el nombre precolombino de América.
Como el festín de las
donaciones seguía y las dos potencias iban sacando las cartas marcadas (Portugal había
explorado las tierras de Bacalaos, que son Terranova y Labrador, y conocía las tierras
suramericanas de Brasil, mientras España hacía entender que las Antillas le pertenecían
desde... Ħel Imperio Romano, porque eran las mismas Hespérides!), se hizo necesario
llegar a un entendimiento directo. Así se llegó a la reunión en Tordesillas, donde se
ajustó la línea de demarcación que había trazado el Papa a instancias de Colón, y se
convino en dejarla a 370 leguas al oeste de Cabo Verde; es decir, se corrió la partición
de 21 14 que tenía antes, a 47 37, de manera que España recibió de regalo
casi todo el continente, y Portugal tuvo como premio de consolación una tajada
suramericana, además de sus pretensiones sobre Bacalaos. Por cierto que erróneamente se
dibujaban mucho más al oriente de lo que están: craso error que Portugal debió asimilar
con dificultad.
Casi más importante
que este meridiano por tierras americanas fue el antimeridiano que, trazado a 180, dejaba
a España en el reto de meterse en aventuras asiáticas y señorear lo que ahora llamamos
"cuenca del Pacífico". Como no se conocía bien ni el tamaño de la tierra, ni
la ubicación de la "cuarta península asiática" (América con otro nombre
más), ni se sabía del océano Pacífico, confundido largo tiempo con el Sinus Magnus o
Megas Kolpos de Ptolomeo, el asombro inicial se convirtió en estupor cuando se supo la
tarea por realizar.
La interpretación del
Tratado de Tordesillas fue, para los americanos, una pesada herencia colonial. Muchas
disputas se dieron entre los gobernadores de las dos potencias, en especial en el siglo
XVIII y en tierras guaraníes. Los jesuítas de las reducciones del Paraguay fueron
víctimas de tales malentendidos. Todos los países de la cuenca amazónica se vieron
afectados, incluida Colombia, porque durante la independencia hubo necesidad de trazar en
regiones inhóspitas la conflictiva línea de partición.
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