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ASIA: "CENTRO DEL MUNDO CONOCIDO"
Por: Juan
Carlos Eastman Arango
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 34
Octubre de 1992
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Las descripciones e
imágenes traídas por la familia Polo a fines del siglo XIII animaron la conciencia de
algunos navegantes, comerciantes, religiosos y aventureros. Hacia el Oriente, y más allá
de donde estaba apuntalado el poder del Islam, había ricos pueblos, grandes ciudades,
milenarias tradiciones. Desde la era grecolatina clásica, las rutas entre Oriente y
Occidente habían estado abiertas por varios siglos, interrumpidas durante otros, pero
nunca habían estado realmente aislados unos de otros. De hecho los árabes habían
continuado como intermediarios privilegiados entre ambos y, más recientemente, los
mongoles, con su famosa "Pax mongólica", que unió el Pacífico (Asia Oriental)
con el Mediterráneo, aseguraron su continua apertura.
Pero durante el siglo
XV, aquel "centro del universo conocido" quedó marginado de las relaciones
seculares con el mundo cristiano del Mediterráneo, debido a la inestabilidad política en
Asia Central, la reanudación de nuevas oleadas migratorias e invasiones sobre el extremo
occidente y sur de Asia, y por la expansión de los turcos sobre el Mediterráneo Oriental
y sobre los últimos vestigios del Imperio Bizantino. Hacia mediados del siglo XV
encontramos una serie de transformaciones políticas y económicas que marcarían el
devenir del continente asiático.
La región de Asia
Occidental ó Medio Oriente pasaba por el ascenso del dominio turco otomano y por la
reestructuración del poder islámico en Persia. Más al sur, en el subcontinente
Indostánico, el sultanato de Delhi vivía sus últimos momentos de poder frente a la
resistencia política hindú tradicional y a las presiones de nuevas migraciones
provenientes de Afganistán. En Asia Oriental, la transición política agobiaba al
archipiélago japonés, sumido en la guerra feudal, mientras en la parte continental, la
China Ming disfrutaba uno de sus momentos más gloriosos y poderosos, desplegando una
influencia que alcanzaba hasta las aguas del Indico y cada vez más hacia el oeste y el
sur del continente.
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Guerrero de la
"Senda de los espíritus",
de las tumbas de los Ming, en Ho-pei, China. Siglo XV.
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Por su parte, Malasia e
Indonesia vivían pujantes momentos políticos y económicos alrededor de sus reinos
costeros y comerciales y de sus poderosas ciudades mercantiles. El Islam terminaba por
imponerse sobre el Hinduísmo y el Budismo, y por proveer a las familias y gobernantes un
nuevo marco para sus proyectos políticos y económicos. Finalmente, Indochina veía la
reducción del espacio de los reinos camboyanos (Khmer) a manos de la expansión de los
Thai.
Los turcos, que venían
recorriendo las tierras del Asia Central desde los montes Altai hacia el oeste, se fueron
estableciendo en las fronteras del Imperio Bizantino; progresivamente, y en medio de las
luchas políticas que debilitaban a los herederos de las glorias romanas en Oriente, los
otomanos fueron conquistando tierras y relaciones a su favor. Su más importante amenaza
provino de los mongoles dirigidos por Timur Lenk (Tamerlán), quien los derrotó en 1402.
Pero entre 1413 y 1451, la recuperación otomana los llevó sobre tierras balcánicas y de
la península de Anatolia al cerco de Constantinopla.
Fue Mohamed II,
"El Conquistador", quien sentó las bases políticas y territoriales del Imperio
Otomano a partir de la toma de Constantinopla en 1453. Los cristianos perdieron sus
últimos enclaves en el Mar Negro y en Grecia, el kanato de Crimea perdió su costa, y los
reinos balcánicos cayeron bajo su irresistible ascenso: Serbia, Bosnia, Herzegovina,
Albania, Bulgaria, Macedonia y Montenegro. Hacia 1461, los otomanos fijaron sus fronteras
a lo largo del Danubio y sobre el Mar Negro.
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Perspectiva del
templo de Kandariya Mahadeo,
siglo XI. Khajuraho, India.
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En el sur de la India
se afirmó la principal experiencia política del siglo XV: el reino de Vijayanagar,
construido sobre una política expansionista tanto contra hindúes como musulmanes, y
sobre relaciones tributarias, dándole al reino un carácter militar. Su ejército estable
y permanente garantizaba la dominación y tributación por su eficiencia y fortaleza desde
el centro hacia sus provincias y jefes locales. Reino de ciudades, su capital fue una de
las más grandes e influyentes del siglo XV, caracterizada por sus variadas actividades
comerciales y festivas, por su complejidad urbanística y sus obras públicas. Como reino
comercial, sus puertos adquirieron gran importancia en los intercambios este-oeste que se
desarrollaban en el Indico. Vijayanagar fue visitado en 1420 por el veneciano Niccoló del
Conti en su viaje a los archipiélagos asiáticos surorientales.
También surgieron
otras fuerzas políticas y económicas como los sultanatos de Brahmaní y de Bengala,
entre otros reinos musulmanes que se fueron sustrayendo a la dominación del sultanato de
Delhi desde el siglo XIV. El de Brahmaní, que fue el rival más importante de los
musulmanes de la India y de los reinos hindúes, se erigió como un poder comercial
estableciendo relaciones políticas con El Cairo y el mundo islámico que rodeaba a la
India musulmana. Fue reconocido también por la riqueza y el esplendor de sus ciudades, en
especial Bidar, que fue descrita por el viajero ruso Nikitin, quien hacia 1470 recorrió
las tierras de la India del Sur. Sin embargo, hacia 1490, las provincias en que se había
dividido para su administración conquistaron su autonomía, conduciendo al reino a su
crisis política y económica y a su extinción durante el siglo XVI.
En medio de este
complejo panorama político y militar, en 1498 arribó la primera expedición portuguesa
al mando de Vasco de Gama, quien alcanzó la costa de Malabar y la ciudad de Calicut; los
sultanatos y rajputs verían a estos nuevos protagonistas económicos y militares como
aliados en sus luchas internas e interregionales, y como socios en la lucha por el control
de rutas y puertos en las travesías comerciales entre el este y el oeste, ampliadas a
partir de entonces.
En la vasta región de
Asia suroriental se dieron varios proyectos continentales y marítimos (en las penínsulas
Malaya e Indochina, y en los archipiélagos), y religiosos y políticos (hinduístas,
budistas -en sus dos vehículos-, confúcianos, musulmanes y religiosidades tradicionales
llamadas también animistas); durante la primera mitad del siglo XV, la región era vista
por la dinastía Ming como tributaria del imperio chino, y sus funcionarios, comerciantes
y navegantes fueron activos protagonistas en su vida económica y cultural.
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El poeta y su
musa. Miniatura, de un artista
del sultanato de Delhi, siglo XV.
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En el Asia suroriental,
las principales experiencias estuvieron dirigidas por las denominadas
"Talasocracias" modelos políticos y económicos que combinaron la dominación
continental agrarista con la expansión comercial y marítima de sus poderosas ciudades.
Entre ellas encontramos en el siglo XV la desaparición de Fu-Nan (cuya base se encontraba
del lado continental), la decadencia del reino de Srivijaya (cuya base se encontraba en la
isla de Sumatra), el ascenso del reino de Madjapahit (cuya base estaba en la isla de Java)
y la renovada expansión del Islam, cuyo triunfo más representativo fue la fundación de
la ciudad-puerto de Malaca en 1401, epicentro de la rica y diversa actividad comercial de
esta parte de Asia durante la segunda mitad del siglo, como principal polo de atracción
de los comerciantes provenientes de las costas de Africa Oriental, del Golfo Pérsico y de
la India.
Por su parte, la vida
política, económica y cultural de China y Japón ha estado más cerca de nosotros,
gracias a las tradiciones recopiladas durante los siglos XIV y XV por viajeros europeos y
a su recreación en la cultura occidental. Aun así, sus rasgos más característicos
entre 1400 y 1500 nos son menos familiares, especialmente en cuanto a sus proyecciones
sobre el "mundo conocido", hasta el punto de constituirse en su
"centro". Los exploradores y comerciantes que salieron de Europa, surcando los
"mares desconocidos" para ellos y reclamando "posesiones y
descubrimientos" a su paso, iban en busca de estas tierras y de sus riquezas: Catay y
Cipango.
China vivió dos ritmos
diferentes durante el siglo XV: durante su primera mitad, Asia conoció la fuerza
política y cultural de la dinastía Ming, cuyas riquezas materiales llegaron hasta el
golfo Pérsico, el Cuerno Oriental africano y las costas del actual Mozambique. Los
trastornos político-militares y económicos en Asia Central reorientaron la política
china hacia el sur, a nivel continental y marítimo. La dinastía impulsó un proyecto
marítimo a partir de 1405 por medio de siete expediciones que se extendieron hasta 1433,
adelantando actividades comerciales y diplomáticas y buscando el reconocimiento de su
superioridad por medio de tratados de vasallaje y de lazos tributarios.
A nivel continental,
China se embarcó en una serie de campañas militares y políticas, primero, contra los
pueblos del oeste (nómadas y kanatos), del noroeste y noreste (Mongolia y Manchuria) y,
segundo, contra los pueblos y reinos del sur, birmanos, thais, anamitas; contra éstos
tuvo resultados desiguales, mientras con los primeros logró establecer reconocimiento
político, aunque sufrió una significativa derrota contra el reino de Anam, de donde los
chinos fueron expulsados luego de una larga e intensa resistencia de guerrillas. En el
norte, sus prioridades politico-militares llevaron a la dinastía a consolidar en 2450
Kms. la extensión de la Gran Muralla, y a trasladar la capital imperial de Nankín a
Pekín.
Durante la segunda
mitad del siglo XV, los problemas continentales chinos y costeros llevaron a la dinastía
a revisar su política marítima; desde 1465 se prohibieron las expediciones y se
unificaron los esfuerzos en sus dominios continentales, concentrando la defensa también a
lo largo de las costas, especialmente contra piratas japoneses. Hacia 1450 la política
contra los poderosos oirates en Mongolia fracasó con la derrota militar del emperador,
que fue capturado, hecho que a continuación develó las contradicciones y rivalidades que
se vivían en la administración imperial entre funcionarios provenientes del norte o del
sur, y entre sectores letrados y militares tratando cada cual de influir sobre el
emperador y su descendencia, y formando camarillas a su alrededor.
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Guerrero mongol.
Pintura Ming, siglo XV.
Museo Victoria y Alberto, Londres.
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Castillo de
Hime-ji, prefectura de Hyogo,
Japón siglo XVI.
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Hacia 1500, este
imperio que albergaba 84 millones de habitantes, estaba sacudido por la inestabilidad
institucional y las presiones sociales provocadas por el hambre y los desórdenes que
habían traído las inundaciones y la sequía.
En Japón, el siglo XV
comenzaba con una frágil estabilidad política, marcada por la rivalidad entre la familia
Ashikaga, que ostentaba el shogunato desde el siglo XIV, y sus vasallos; Yoshimitsu,
Yoshinori y Yoshimasa fueron los shogunes que trataron de conservar el ascendiente
político y militar, en medio de la creciente resistencia de los gobernadores militares,
cuyos ingresos y poder económico era extraído de las tierras que administraban.
Japón vivió dos
momentos diferentes durante el siglo XV: el primero se extendió hasta 1467, momento en el
que finalmente las rivalidades entre las casas Hosokawa y Yamana arrastraron al shogún y
a todos los vasallos a una cruenta guerra que duró hasta 1477 y que dejó arruinados y
debilitados a los Ashikaga y a sus principales seguidores. El segundo, a partir de 1477 y
hasta 1500, se caracterizó por las guerras civiles, la inseguridad económica y social y
las transformaciones familiares y militares, que fijarían importantes rasgos en la
cultura japonesa, en especial por el ascenso de los nuevos jefes militares, que
adquirieron nuevos poderes y diseñaron poco a poco una nueva relación entre los
campesinos, los shogunes y el emperador, cada vez más cerca de lo que conocemos como
"sistema feudal".
Durante el siglo XV, la
economía japonesa conoció una actividad destacada, especialmente alrededor del comercio
marítimo y de los intercambios entre las islas; la agricultura y las corporaciones
artesanales ubicadas en las principales ciudades fueron estimuladas al comercio regular y
a sustentarse en el apoyo de las instituciones poderosas y de las familias influyentes y
ricas. Su expansión e impacto sobre la sociedad japonesa condujeron a la introducción
del dinero, que circulaba entre agricultores, artesanos, mercaderes y gobernadores
militares, y que cautivó cada vez más al shogunato.
A fines del siglo XV y
principios del XVI, las relaciones territoriales y políticas internas habían cambiado
sensiblemente; las guerras debilitaron a las familias tradicionales, el shogunato Ashikaga
perdió junto con el emperador cualquier poder efectivo, conservando solamente sus
símbolos en la capital, Kyoto. Aunque la fragmentación territorial siguió al año 1490,
la idea de un Estado con una capital no desapareció. Los poderes y derechos de los nuevos
protagonistas vencedores en las guerras civiles, los daimios, descansaban en un nuevo
concepto y manejo de las tierras, de su explotación y dominio sobre los agricultores,
como derechos y territorios conquistados y defendidos, y no como concesiones. Durante el
siguiente siglo, ellos jugarían un papel fundamental en el diseño de la nueva sociedad
japonesa.
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