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AMERICA: TRES CIVILIZACIONES Y NUMEROSAS SOCIEDADES INTERMEDIAS
Por: Felipe
Cárdenas Arroyo
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 34
Octubre de 1992
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Cuando los españoles llegaron a las Américas los grupos aborígenes que habitaban el
continente habían alcanzado variados niveles de desarrollo. Generalmente se oye hablar de
los incas, mayas, aztecas, y se tiende a pensar que esas civilizaciones ejemplifican el
mundo aborigen del siglo XV. Sin duda, fueron sociedades cuya cultura material nunca
dejará de asombramos, y las muchas crónicas que nos dejaron los conquistadores
suministran una interesante relación histórica de sus costumbres religiosas,
organización política y actividades de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando Colón y
sus aventureros desembarcaron en las Antillas, este continente llevaba más de 15 mil
años de estar ocupado por grupos humanos desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, y del
Pacífico hasta el Atlántico; es decir, prácticamente todos los ambientes naturales y su
inagotable variedad biológica ya eran conocidos y explotados por los indígenas: los
áridos desiertos de las costas peruana y chilena, los desiertos del suroccidente de los
Estados Unidos, las grandes planicies de Norteamérica y las interminables pampas
argentinas; la monumental cordillera de los Andes y las montañas rocosas, las selvas de
Yucatán, Darién y Amazonas y las heladas tierras del norte del Canadá y el extremo sur
de América.
Así como la naturaleza
ofrecía una ecología variada, el hombre desarrolló culturas disímiles, con sistemas
adaptativos adecuados a los sitios donde se iba instalando, generando respuestas
particulares ante los retos del medio ambiente. Al estudiar a nuestros lejanos antepasados
hemos de recordar que, en gran medida, su desarrollo fue dado por la relación entre el
hombre y su entorno. Lo que más llama la atención es que las grandes civilizaciones de
América se desarrollaron en sitios muy difíciles: mayas, en las húmedas y poco
productivas selvas del Yucatán; aztecas, en una isla en medio de un lago rodeado de
enemigos; y los incas, en tierras muy elevadas y de productividad agrícola relativamente
baja.
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Actividades de
la vida diaria en Mesoamérica, antes de 1492.
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En términos de
desarrollo sociopolítico y socioeconómico, las tres grandes civilizaciones del
continente americano se clasifican como Estados, con presencia de gobiernos políticamente
centralizados, ejércitos grandes y poderosos y diversas jerarquías políticas y sociales
Pero no todas fueron así. Hoy los arqueólogos saben que a la llegada de los españoles
las Américas estaban pobladas por miles de sociedades aborígenes que se hallaban en
etapas intermedias de complejización que cubrían la inmensa mayoría del territorio.
Estas sociedades se conocen como cacicazgos, o sociedades cacicales.
En el desierto del
suroeste de Norteamérica florecieron culturas que alcanzaron un alto grado de desarrollo
tecnológico. Mediante el riego artificial, los indígenas conocidos con el nombre de
hohokam convirtieron en verdes sembradíos los áridos suelos donde en condiciones
naturales no se habría podido mantener una población estable y numerosa.
Según los indios pima,
hohokam significa "aquello que ha desaparecido". Así designan a los antiguos
habitantes que escogieron ese inhóspito territorio para vivir hace 2300 años. La antigua
"cultura del desierto" dio origen a varios grupos humanos. Dos de ellos,
mogollón y hohokam, se establecieron al sur de Nuevo México y Arizona, los primeros en
las tierras altas y los segundos en las bajas y llanas. Hacia el norte, incluyendo zonas
de Utah y Colorado, se asentaron diversos grupos más tardíos, que se conocen con el
nombre genérico de anasazi y en el cual existen varias subdivisiones. Así, los cuatro
grandes grupos de agricultores prehistóricos del desierto fueron los mogollones, los
anasazi, los hohokam y los patayanes.
Lo que lograron estos
indígenas en arquitectura e ingeniería es sorprendente. Los hohokam concentraron su
esfuerzo en el riego artificial. Vivían en las inmediaciones del río Gila, del que
tomaban agua para sus siembras y la conducían por canales de casi 5 km de longitud hasta
Skoaquik ("lugar de las serpientes"), el asentamiento arqueológico más
conocido, al sureste de la actual ciudad de Phoenix, en el estado de Arizona. Para que el
sol no evaporara rápidamente las aguas sin que las plantas alcanzaran a aprovecharla,
inundaban los campos cultivados (lo que un agrónomo moderno llamaría "riego por
sumersión"). Fabricaban grandes esteras de fibras vegetales que servían como
barreras para contener las aguas. Con ellas detenían el flujo de un canal y cambiaban el
curso de otros para regar diferentes campos, mediante este ingenioso sistema produjeron
diversos cultivos, principalmente de maíz. Naturalmente, tales obras de ingeniería
requerían el trabajo colectivo de muchas personas para proveer a la subsistencia del
grupo en un ambiente difícil, y debieron ser cuidadosamente planificadas, lo cual supone
cierto grado de organización y gobierno.
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Terrazas
arquitectónicas en el asentamiento de Buritaca 200,
Ciudad Perdida, Sierra Nevada de Santa Marta.
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Cultivo de
maíz, por un indígena. Codice Florentino.
Biblioteca Medicea Laurenciana, Florencia.
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Más al norte, en territorios de los anasazi, se han encontrado restos de arquitectura
monumental, tal vez las obras más colosales halladas hasta ahora al norte de
Centroamérica. La existencia de estos grupos está documentada por lo menos a partir del
año 700 después de Cristo hasta tiempos actuales, pues en este inmenso desierto viven
hoy los descendientes de las antiguas culturas. El área está sembrada de lugares
arqueológicos, muchos de ellos considerados sagrados por los indígenas actuales. Allí
se encuentran aún los restos de construcciones gigantescas. Pueblo Bonito, por ejemplo,
rodeado por una gran muralla, con tres pisos de altura, centenares de habitaciones y
varios sitios ceremoniales (Kivas) en el centro. En Mesa Verde, los indígenas
construyeron sus habitaciones en despeñaderos de roca, formando verdaderas aldeas bajo la
protección de inmensos abrigos rocosos. Allí realizaban sus labores diarias viviendo en
comunidad.
Dando un gran salto, al
norte de Suramérica, encontramos a los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en
Colombia, conocidos genéricamente como taironas. Los restos arqueológicos nos hablan de
una cultura bastante desarrollada en campos como la ingeniería y la orfebrería. Son
notables los logros alcanzados en la construcción de grandes terrazas de tierra y rocas,
cuya función primordial era aumentar el espacio horizontal plano en áreas donde era
prácticamente imposible hallar un sitio donde construir una casa; y los taironas no
solamente construyeron una o dos casas sino poblaciones enteras con cientos de casas
cimentadas sobre roca, sin emplear materiales cohesitivos. Se encuentran puentes
monolíticos, grandes plazoletas enlosadas de piedras bien pulidas, sistemas de
canalización de las aguas lluvia que evitaban el lavado y erosión de los empinados
perfiles montañosos, y hasta el riego artificial en la árida costa aledaña a Santa
Marta. Logros de este tipo solamente son posibles en sociedades que los arqueólogos
llamamos "complejas", para indicar que han alcanzado niveles generales de manejo
de los intereses públicos con algún grado de centralización administrativa y
jerarquización de los individuos en el ámbito de lo político.
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Perspectiva del
complejo ceremonial de Teotihucán, en México,
con las pirámides del Sol y de la Luna.
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Ruinas
arqueológicas Pueblo, en Estados Unidos.
Acuarela de Juan Cárdenas, 1992.
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Estos son apenas dos
ejemplos de culturas prehispánicas, cuya dinámica sociopolítica estaba en pleno
desarrollo en 1492. Como éstas, había muchas más en América, siguiendo un proceso que,
de no ser por la conquista, tal vez hubiese resultado en grandes civilizaciones como la
incaica. Debe recordarse que tales sociedades complejas facilitaron la colonización
española, pues fue relativamente sencillo establecer la producción agrícola y minera
con base en el trabajo de cientos de indígenas, con sólo controlar la cabeza política
del cacique. Claro que esto no se cumplió como una ecuación matemática: en algunos
lugares, como la Sierra Nevada de Santa Marta, la colonización española de los siglos XV
y XVI fue un rotundo fracaso, pues nunca llegó a dominar a los aguerridos taironas,
únicos capaces de hacer posible la producción agrícola en terrenos tan ásperos como
aquellos del macizo costero.
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Guerreros
atravesando el mar durante una guerra dinástica en México.
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El dios
Tezcatlipoca, "otro Júpiter". Codice Florentino.
Biblioteca Medicea Laurenciana, Florencia.
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Las regiones de selva
tropical jamás fueron prósperas en términos de colonización temprana, pues el patrón
de asentamiento aislado y el sistema de adaptación aborigen no eran compatibles con el
plan colonizador español de poblaciones nucleadas y de una producción intensiva y
estable. Las selvas eran -y son aún- áreas de inagotable riqueza, siempre y cuando su
explotación fuese racional: esa racionalidad la dan las culturas aborígenes.
LECTURAS
COMPLEMENTARIAS:
MICHAEL COE, DEAN SNOW
Y ELIZABETH BENSON. Atlas of Ancient América. Oxford. Equinox. 1986.
GERARDO
REICHEL-DOLMATOFF. "Las bases agrícolas de los cacicazgos subandinos".
En: Estudios antropológicos. Bogotá. Colcultura, 1977. pp. 23-48
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