Ficha bibliográfica
Titulo:
América: tres civilizaciones y numerosas sociedades intermedias
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Felipe Cárdenas Arroyo

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 34 - OCTUBRE 1992

 





AMERICA:
TRES CIVILIZACIONES Y NUMEROSAS SOCIEDADES INTERMEDIAS
Por: Felipe Cárdenas Arroyo

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 34
Octubre de 1992


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Cuando los españoles llegaron a las Américas los grupos aborígenes que habitaban el continente habían alcanzado variados niveles de desarrollo. Generalmente se oye hablar de los incas, mayas, aztecas, y se tiende a pensar que esas civilizaciones ejemplifican el mundo aborigen del siglo XV. Sin duda, fueron sociedades cuya cultura material nunca dejará de asombramos, y las muchas crónicas que nos dejaron los conquistadores suministran una interesante relación histórica de sus costumbres religiosas, organización política y actividades de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando Colón y sus aventureros desembarcaron en las Antillas, este continente llevaba más de 15 mil años de estar ocupado por grupos humanos desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, y del Pacífico hasta el Atlántico; es decir, prácticamente todos los ambientes naturales y su inagotable variedad biológica ya eran conocidos y explotados por los indígenas: los áridos desiertos de las costas peruana y chilena, los desiertos del suroccidente de los Estados Unidos, las grandes planicies de Norteamérica y las interminables pampas argentinas; la monumental cordillera de los Andes y las montañas rocosas, las selvas de Yucatán, Darién y Amazonas y las heladas tierras del norte del Canadá y el extremo sur de América.

Así como la naturaleza ofrecía una ecología variada, el hombre desarrolló culturas disímiles, con sistemas adaptativos adecuados a los sitios donde se iba instalando, generando respuestas particulares ante los retos del medio ambiente. Al estudiar a nuestros lejanos antepasados hemos de recordar que, en gran medida, su desarrollo fue dado por la relación entre el hombre y su entorno. Lo que más llama la atención es que las grandes civilizaciones de América se desarrollaron en sitios muy difíciles: mayas, en las húmedas y poco productivas selvas del Yucatán; aztecas, en una isla en medio de un lago rodeado de enemigos; y los incas, en tierras muy elevadas y de productividad agrícola relativamente baja.


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Actividades de la vida diaria en Mesoamérica, antes de 1492.


 

En términos de desarrollo sociopolítico y socioeconómico, las tres grandes civilizaciones del continente americano se clasifican como Estados, con presencia de gobiernos políticamente centralizados, ejércitos grandes y poderosos y diversas jerarquías políticas y sociales Pero no todas fueron así. Hoy los arqueólogos saben que a la llegada de los españoles las Américas estaban pobladas por miles de sociedades aborígenes que se hallaban en etapas intermedias de complejización que cubrían la inmensa mayoría del territorio. Estas sociedades se conocen como cacicazgos, o sociedades cacicales.

En el desierto del suroeste de Norteamérica florecieron culturas que alcanzaron un alto grado de desarrollo tecnológico. Mediante el riego artificial, los indígenas conocidos con el nombre de hohokam convirtieron en verdes sembradíos los áridos suelos donde en condiciones naturales no se habría podido mantener una población estable y numerosa.

Según los indios pima, hohokam significa "aquello que ha desaparecido". Así designan a los antiguos habitantes que escogieron ese inhóspito territorio para vivir hace 2300 años. La antigua "cultura del desierto" dio origen a varios grupos humanos. Dos de ellos, mogollón y hohokam, se establecieron al sur de Nuevo México y Arizona, los primeros en las tierras altas y los segundos en las bajas y llanas. Hacia el norte, incluyendo zonas de Utah y Colorado, se asentaron diversos grupos más tardíos, que se conocen con el nombre genérico de anasazi y en el cual existen varias subdivisiones. Así, los cuatro grandes grupos de agricultores prehistóricos del desierto fueron los mogollones, los anasazi, los hohokam y los patayanes.

Lo que lograron estos indígenas en arquitectura e ingeniería es sorprendente. Los hohokam concentraron su esfuerzo en el riego artificial. Vivían en las inmediaciones del río Gila, del que tomaban agua para sus siembras y la conducían por canales de casi 5 km de longitud hasta Skoaquik ("lugar de las serpientes"), el asentamiento arqueológico más conocido, al sureste de la actual ciudad de Phoenix, en el estado de Arizona. Para que el sol no evaporara rápidamente las aguas sin que las plantas alcanzaran a aprovecharla, inundaban los campos cultivados (lo que un agrónomo moderno llamaría "riego por sumersión"). Fabricaban grandes esteras de fibras vegetales que servían como barreras para contener las aguas. Con ellas detenían el flujo de un canal y cambiaban el curso de otros para regar diferentes campos, mediante este ingenioso sistema produjeron diversos cultivos, principalmente de maíz. Naturalmente, tales obras de ingeniería requerían el trabajo colectivo de muchas personas para proveer a la subsistencia del grupo en un ambiente difícil, y debieron ser cuidadosamente planificadas, lo cual supone cierto grado de organización y gobierno.

 

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Terrazas arquitectónicas en el asentamiento de Buritaca 200,
Ciudad Perdida, Sierra Nevada de Santa Marta.


 

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Cultivo de maíz, por un indígena. Codice Florentino.
Biblioteca Medicea Laurenciana, Florencia.


 


Más al norte, en territorios de los anasazi, se han encontrado restos de arquitectura monumental, tal vez las obras más colosales halladas hasta ahora al norte de Centroamérica. La existencia de estos grupos está documentada por lo menos a partir del año 700 después de Cristo hasta tiempos actuales, pues en este inmenso desierto viven hoy los descendientes de las antiguas culturas. El área está sembrada de lugares arqueológicos, muchos de ellos considerados sagrados por los indígenas actuales. Allí se encuentran aún los restos de construcciones gigantescas. Pueblo Bonito, por ejemplo, rodeado por una gran muralla, con tres pisos de altura, centenares de habitaciones y varios sitios ceremoniales (Kivas) en el centro. En Mesa Verde, los indígenas construyeron sus habitaciones en despeñaderos de roca, formando verdaderas aldeas bajo la protección de inmensos abrigos rocosos. Allí realizaban sus labores diarias viviendo en comunidad.

Dando un gran salto, al norte de Suramérica, encontramos a los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, conocidos genéricamente como taironas. Los restos arqueológicos nos hablan de una cultura bastante desarrollada en campos como la ingeniería y la orfebrería. Son notables los logros alcanzados en la construcción de grandes terrazas de tierra y rocas, cuya función primordial era aumentar el espacio horizontal plano en áreas donde era prácticamente imposible hallar un sitio donde construir una casa; y los taironas no solamente construyeron una o dos casas sino poblaciones enteras con cientos de casas cimentadas sobre roca, sin emplear materiales cohesitivos. Se encuentran puentes monolíticos, grandes plazoletas enlosadas de piedras bien pulidas, sistemas de canalización de las aguas lluvia que evitaban el lavado y erosión de los empinados perfiles montañosos, y hasta el riego artificial en la árida costa aledaña a Santa Marta. Logros de este tipo solamente son posibles en sociedades que los arqueólogos llamamos "complejas", para indicar que han alcanzado niveles generales de manejo de los intereses públicos con algún grado de centralización administrativa y jerarquización de los individuos en el ámbito de lo político.

 

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Perspectiva del complejo ceremonial de Teotihucán, en México,
con las pirámides del Sol y de la Luna.



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Ruinas arqueológicas Pueblo, en Estados Unidos.
Acuarela de Juan Cárdenas, 1992.


 

Estos son apenas dos ejemplos de culturas prehispánicas, cuya dinámica sociopolítica estaba en pleno desarrollo en 1492. Como éstas, había muchas más en América, siguiendo un proceso que, de no ser por la conquista, tal vez hubiese resultado en grandes civilizaciones como la incaica. Debe recordarse que tales sociedades complejas facilitaron la colonización española, pues fue relativamente sencillo establecer la producción agrícola y minera con base en el trabajo de cientos de indígenas, con sólo controlar la cabeza política del cacique. Claro que esto no se cumplió como una ecuación matemática: en algunos lugares, como la Sierra Nevada de Santa Marta, la colonización española de los siglos XV y XVI fue un rotundo fracaso, pues nunca llegó a dominar a los aguerridos taironas, únicos capaces de hacer posible la producción agrícola en terrenos tan ásperos como aquellos del macizo costero.

 

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Guerreros atravesando el mar durante una guerra dinástica en México.


 

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El dios Tezcatlipoca, "otro Júpiter". Codice Florentino.
Biblioteca Medicea Laurenciana, Florencia.


 

Las regiones de selva tropical jamás fueron prósperas en términos de colonización temprana, pues el patrón de asentamiento aislado y el sistema de adaptación aborigen no eran compatibles con el plan colonizador español de poblaciones nucleadas y de una producción intensiva y estable. Las selvas eran -y son aún- áreas de inagotable riqueza, siempre y cuando su explotación fuese racional: esa racionalidad la dan las culturas aborígenes.

 

LECTURAS COMPLEMENTARIAS:

MICHAEL COE, DEAN SNOW Y ELIZABETH BENSON. Atlas of Ancient América. Oxford. Equinox. 1986.

GERARDO REICHEL-DOLMATOFF. "Las bases agrícolas de los cacicazgos subandinos". En: Estudios antropológicos. Bogotá. Colcultura, 1977. pp. 23-48