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Al final de su vida, Nieto Arteta escribió: "Nuestra generación
introdujo en Colombia la filosofía y la cultura contemporáneas". Su
generación era la de los analistas políticos Gerardo Molina y Antonio
García, la de los historiadores Guillermo Hernández Rodríguez, Juan
Friede y Luis Ospina Vásquez, y la de los filósofos Rafael Carrillo y
Cayetano Betancur. Cada uno de ellos estaba empeñado a su manera en la
introducción y recensión crítica del pensamiento moderno: el marxismo,
la fenomenología, la teoría pura del derecho, los estudios indígenas y
la historia económica y social. Deseaban superar el tomismo y la
filosofía católica entronizadas en la universidad y transformar la
historia, valorativamente orientada, de personajes y eventos por una de
mayor rigor analítico. Querían además una reflexión más acabada de la
función y alcance de las normas jurídicas que superara la mera exégesis
de códigos y mandatos constitucionales. Para todo esto era necesario
hacerse a las contribuciones más significativas del pensamiento europeo
de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Con un arrojo y un impulso que no parecían tener límites, Nieto Arteta
se enfrentó a esta tarea. En sus libros y en sus numerosos ensayos
reseñó las bondades y limitaciones de las teorías y de los enfoques
modernos en historia, economía, sociología, derecho y filosofía.
Escribió con pasión sobre Marx y Engels, sobre List y Pareto, sobre
Spengler, Dilthey, Husserl y Heidegger, como sobre Kelsen, Schmitt,
Simmel y Mannheim. Su pluma parecía incansable cuando se trataba de
hablarle a los colombianos de las grandes tradiciones del pensamiento
occidental y de los autores más significativos del momento. Pero al
final abarcó mucho y sus resultados fueron de valor desigual.
Sus primeras publicaciones aparecieron a comienzos de la década del
treinta cuando adelantaba sus estudios de derecho en la Universidad
Nacional. Todas ellas llevaban la huella de las lecturas de los
fundadores del marxismo, de Rosa Luxemburgo, Kautsky, Plejanov, Bujarin,
Lénin y Trotski. Estas lecturas se afirmaron todavía más cuando, al
terminar su educación superior, viajó a Europa en calidad de funcionario
de la Legación colombiana en Madrid. Allí tuvo oportunidad de observar
de cerca las tensiones entre los diversos grupos de izquierda que
apoyaban a la República española. A su regreso al país, a finales de
1936, difundió sus experiencias en una serie de inteligentes artículos
-todavía no compilados en libro- sobre los conflictos políticos que
causaron la caída de la República y el estallido de la cruenta guerra
civil en España.
Su primera producción de algún aliento está asociada con De Lombroso a
Pende, la tesis para optar el grado de doctor en derecho. Como lo
sugiere el título, el trabajo intentaba mostrar la íntima relación que
media entre las teorías de Cesare Lombroso sobre "el criminal nato" y
los resultados ofrecidos por la endocrinología de Nicolás de Pende y sus
discípulos. El libro muestra cierto manejo de la perspectiva marxista y
de la sociología de Enrico Ferri, que el joven autor usaba para criticar
los argumentos naturalistas de la vieja escuela italiana. La
organización de sus materiales no logra escapar, sin embargo, al
ritualismo de los tradicionales trabajos de grado de las facultades de
derecho: extensas glosas y abundantes citas dirigidas a legitimarla
revisión de la literatura en cuestión.
Después de estas aventuras por el mundo de la criminología, Nieto torna
su mirada sobre la historia nacional. A mediados de 1938, cuando
finalizaba el primer gobierno de López Pumarejo, comenzó a redactar
Economía y cultura en la historia de Colombia, su contribución más
notable en el campo de las ciencias sociales. El libro salió al mercado
hace medio siglo, en diciembre de 1941 -cuando Nieto apenas cumplía sus
28 años- y rápidamente fue felicitado en los periódicos bogotanos por su
novedad y alcance interpretativos. En él se estudia la economía desde
finales de la Colonia hasta el período de la Regeneración, con especial
énfasis en las reformas de 1850 y sus consecuencias para el posterior
desarrollo del país. A su juicio, esta fecha constituía "el primer
momento crítico en la historia de la economía nacional". El segundo
momento, que insinuó pero nunca llegó a examinar, era 1925, con la
expansión industrial y el surgimiento de la clase obrera en la escena
social y política de la nación.
Economía y cultura está organizado a partir de la popular relación
marxista entre estructura y superestructura. Los fundamentos materiales
de la sociedad, los modos de producción, conforman la base sobre la cual
se erigen las múltiples dimensiones de la cultura: la ciencia, el
derecho, la filosofía, las artes y las ideologías. Frente al
voluntarismo implícito de la historiografía oficial afincada en la
Academia Colombiana de Historia, que confería demasiado peso a las
acciones de los líderes de la nacionalidad, a las normas y a las
políticas gubernamentales, Nieto quería subrayar el papel de las
estructuras económicas en el desarrollo histórico. Con ello buscaba
sentar las bases para "la creación de una nueva ciencia histórica
nacional".
Nieto logró sin duda su objetivo: después de Economía y cultura la
historia de Colombia no fue la misma. Pero el libro portaba serias
limitaciones. Si bien sus esfuerzos analíticos eran ricos y a veces
brillantes, su organización interna dejaba mucho que desear. Había
saltos entre uno y otro capítulo y las fuentes eran escasas y
repetitivas. Se citaba hasta el cansancio, y a veces sin criterio, las
memorias de los secretarios de Hacienda, y se dejaba en manos de los
sociólogos del siglo XIX -de Camacho Roldán y de los hermanos Miguel y
José María Samper, principalmente- gran parte de las explicaciones de
los cambios económicos. Y, contra lo que cabría esperar por su título,
el volumen ofrecía mucha "economía", pero poca "cultura". Nada o muy
poco se habla en él de arte y literatura, o de ciencia, filosofía y
derecho.
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Luis Eduardo Nieto Arteta, hacia 1946.
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Después de Economía y cultura, los intereses intelectuales de Nieto se
volcaron sobre los problemas filosóficos. Siguiendo a Dilthey y a
Rickert, publicó varios trabajos sobre el estatuto epistemológico de las
ciencias sociales en oposición al de las ciencias naturales, y numerosos
textos jusfilosóficos vinculados con la teoría pura del derecho de Hans
Kelsen, a quien tuvo oportunidad de conocer personalmente en 1945 cuando
viajó a San Francisco (California) como asesor de la delegación
colombiana a la conferencia de las Naciones Unidas. Durante estos años
encontró tiempo, además, para redactar varios ensayos sobre moneda,
comercio internacional y teoría económica, compilados posteriormente en
sus obras selectas. Esta variedad de esfuerzos interdisciplinarios deja
traslucir la profunda vocación intelectual de Nieto y la amplitud de sus
lecturas, pero también sus grandes vacíos formativos. Muchos de estos
escritos son exposiciones redundantes a partir de citas in extenso, en
las cuales es claro que no se domina el contenido de lo que se desea
exponer.
A finales de los años cuarenta Nieto vuelve sobre sus intereses
histórico-sociológicos. Cuando, en 1947, fue nombrado funcionario de la
embajada colombiana en Río de Janeiro por el presidente Ospina Pérez,
llevaba en sus maletas el plan de un libro sobre El café en la sociedad
colombiana. En sus secciones más penetrantes, pues abundan también las
especulativas ajenas a todo control fáctico, mostró que el cultivo del
café había contribuido a desarrollar las comunicaciones, a crear un
mercado interno y a consolidar la frágil y errática industria nacional.
Luis Ospina Vásquez, su silencioso y lejano colega de generación, poco
dado al elogio, lo calificó de "opúsculo de mucho arte y sabor".
Su puesto diplomático no duró, sin embargo, mucho tiempo. En 1952 fue
destituido por el régimen de Laureano Gómez a causa de sus antiguas
"filiaciones marxistas". Su lejano pasado socialista estaba aún fresco
en la mente de los "saneadores" de la burocracia oficial de la época.
Regresó al país con la sensación de haberlo perdido todo y con un
profundo sentimiento de fracaso. Pero el ascenso del general Rojas
Pinilla al poder le dio un respiro, y varios amigos de la rama judicial
lo candidatizaron para ocupar una vacante en el Tribunal Superior de
Barranquilla.
Nieto aceptó el cargo, y al momento se trasladó a la capital del
Atlántico, donde residió hasta el 10 de abril de 1956, fecha en la cual
se quitó la vida. No había cumplido todavía sus cuarenta y tres años.
Había nacido allí el 9 de junio de 1913.
Al mirar su extensa obra -cinco libros y más de un centenar de artículos
y ensayos- lo primero que sorprende es la amplitud de campos: filosofía,
historia, economía, sociología. En todos ellos se ve la impronta de una
mente sensible a los grandes problemas de las ciencias humanas, pero
también las limitaciones del precursor que se adentra en terrenos
desconocidos con más coraje que dominio. Sólo la generación siguiente,
representada por figuras como Jaime Jaramillo Uribe en historia, Danilo
Cruz Vélez en filosofía, Orlando Fals Borda en sociología y los
egresados del Instituto Colombiano de Antropología, cubrirá este vacío
con la suficiente destreza y virtud del experto.
Obras de Nieto Arteta
1938 De Lombroso a Pende (Bogotá: Editorial Optima).
1941 Economía y cultura en la historia de Colombia (Bogotá: Ediciones
Librería Siglo XX).
1944 La interpretación de las normas jurídicas (Buenos Aires: Anales de
la Universidad de La Plata).
1958 El café en la sociedad colombiana (Bogotá: Breviarios de
Orientación Colombiana).
1960 Lógica y ontología (Barranquilla: Ediciones del Cincuentenario del
Atlántico). Folleto con los cuatro primeros capítulos del libro inédito
"Lógica y ontología".
1978 Ensayos históricos y sociológicos (Bogotá: Instituto Colombiano de
Cultura). 1983 Obras selectas (Bogotá: Cámara de Representantes).
Compilación de sus ensayos económicos.
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