|
Hoy, los huesos de Albert Millican yacen en el cementerio de Victoria,
Caldas. La tumba no tiene cruz ni señal pero, hace algunos años, todavía
uno que otro anciano del pueblo recordaba vagamente que sí hubo un "míster"
enterrado allá. Encontré en una biblioteca de Bogotá un ejemplar de su
libro, con una nota en lápiz: "A Millican lo mataron en Victoria en
julio de 1899. Le dieron catorce pulgadas de cuchillo por la espalda".
Encontré en el archivo consular en Londres algunos pormenores de su
muerte en una riña de taberna, y el inventario de su equipaje,
debidamente repatriado a su país, Inglaterra.
|
|
Un cargamento de orquídeas recolectado por Louis Forget para la
firma inglesa de
Sander, sale de una pequeña aldea colombiana a finales del siglo
pasado.
|
Fue un orchid hunter, un buscador profesional de orquídeas. Su única
obra escrita, Travels and Adventures of an Orchid Hunter, fue bellamente
editada por Casell & Company de Londres, París y Melbourne, en 1891.
Lleva el siguiente epígrafe: "Este libro lo dedico con todo respeto a R.
Brooman White, esquire de Andarroch, cuya riqueza y amor por la
orquídeas me han animado y apoyado en los viajes aquí descritos, y cuya
bondad ha hecho posible la presente publicación, de su agradecido
servidor y amigo".
Evoca una época y una obsesión que han sido olvidadas. Sus páginas nos
permiten entrar en la "manía de las orquídeas" y nos muestran los
detalles de otro pequeño ciclo de las exploraciones colombianas. Con el
auge actual de la conciencia "verde-ecológica" en el mundo y en el país,
cuando ya no hay municipio sin aficionados dedicados al tema y cuando,
tal vez pronto, el Inderena se convierta en ministerio, es un ciclo que
vale la pena recordar.
El trasfondo histórico es el siguiente: La fiebre botánica hace presa de
los ingleses y otros europeos en el siglo XVIII. Parece que la primera
orquídea que logró florecer en Inglaterra provino de las Bermudas en
1731 y dio flores dos años después. En 1789, año de la Revolución
Francesa, el Jardín Botánico de Kew, en Londres, ya cultivaba quince
variedades, como resultado de los esfuerzos del doctor John Fodergill
dirigidos al Oriente, y de las exploraciones del navegante sin par,
capitán James Cook. Excitaban grandemente el interés de los aficionados,
pero su importación masiva se demoraba a la espera de dos avances
críticos: un más rápido y técnico transporte marítimo y el desarrollo y
la popularización entre la aristocracia y los admirados visitantes de
los invernaderos (glasshouses, o casas de cristal), con calefacción para
el cultivo de plantas exóticas. Con la navegación y con el abaratamiento
del vidrio, tales avances llegaron en los años 40 y 50 del siglo pasado.
Ya hacia 1840 hubo una agencia de remates en Londres especializada en
flora exótica.
|
La Cattleya Mendelii, de la variedad Emperatriz de la India, grabado de
Joseph Mansell
que figura en el frontispicio del libro de Millican "Aventuras de un
cazador de orquídeas", 1891
|
Ricos
coleccionistas, encabezados por el duque de Devonshire, y un corto
número de comerciantes jardineros especializados comenzaron a enviar a
distintas zonas del trópico agentes especialistas en la búsqueda de
orquídeas, al Oriente, a México, a Guatemala, al Brasil y a la Nueva
Granada. En 1837, una revista anotó trescientas nuevas variedades
importadas, aunque la mortalidad fue grande. En 1878, una de las
principales casas, William Bull, de Chelsea, anunció "dos consignaciones
de las más grandes de orquídeas hasta ahora logradas, el número de
plantas estimado en dos millones." Parece que llegaron de Colombia. La
fiebre duró hasta la primera Guerra Mundial, que cambió las modas,
dificultó el transporte e hizo encarecer el carbón, hasta que en 1917 el
duque de Devonshire de la época voló con dinamita la hermosísima casa de
cristal construida para su antepasado por el gran jardinero ingeniero
Sir Joseph Paxton.
|
Ejemplares de
Odontoglossum crispum, codiciada orquídea colombiana durante
el siglo XIX. Grabado de Gustav Guggenheim sobre fotografía de Millican.
|
Albert Millican no fue un pionero. Fue un modesto profesional de la
época de la orquideomanía, al servicio del rico escocés mencionado en la
dedicatoria de su libro. Amante de la naturaleza, competente fotógrafo y
dibujante aficionado, escritor ameno, simpático y sin pretensiones, nos
ha dejado una visión particular de Colombia en 1887, fecha del viaje
descrito en su libro, uno de por lo menos cinco viajes que realizó
cazando orquídeas, la flor más exótica, erótica y exquisita, y la más
cotizada en Europa después de los tulipanes, esa otra manía holandesa
del siglo XVII.
Millican llegó a Barranquilla con "un surtido de cuchillos, machetes,
revólveres y algunos rifles, y con un desbordante cargamento de tabaco
de pipa y periódicos". Su relato describe muy bien la sociedad
barranquillera de entonces y, más adelante, las de Bucaramanga y Bogotá;
anota siempre el contraste entre cierto lujo y modernidad de los
interiores con la traza uniforme y colonial de las casas. Describe muy
bien ciertas rutas poco recordadas: La navegación del río Lebrija y los
peligros del Carare, inclusive con un ataque de los indígenas del Opón,
en que murió flechado uno de sus peones; Millican capturó y fotografió a
uno de los atacantes. Tal vez ese retrato, publicado en su libro, sea el
único que tenemos de un miembro de esa cultura extinta.
|
|
|
Cazadores de
orquídeas en los Andes.
|
Damas de
Barranquilla en el carnaval.
|
Indígena del
Opón, tribu extinguida.
|
Pero
su interés principal fueron las orquídeas, la Catlleya Mendelii y la
Odontoglossum crispum. Millican fue un hombre sensible, y observa con
pesar los estragos hechos por antecesores y rivales, que considera más
saqueadores que coleccionistas. El cazador tiene que viajar más y más
lejos de los centros de recolección, Bucaramanga y Pacho, para encontrar
orquídeas en cantidad comercial. Así describe lo que queda de la
abundancia orquideana en los precipicios de la Mesa de los Santos, en el
rico, importante y progresista Estado de Santander: "En los nichos de
esos precipicios, donde hacen sus nidos las águilas y cóndores, la bella
Caltleya Mendelii ha crecido en profusión por tiempos inmemoriales. Pero
estas alturas vertiginosas no ofrecieron obstáculo al afán de botín de
uno de los primeros cazadores de plantas. Con cabuyas bajaron a sus
ayudantes nativos, y con cabuyas subieron las matas, por miles y miles,
y cuando hice mi visita, todo lo que pude ver de su antigua belleza y
riqueza fue uno que otro desarraigado bulbo colgando en el aire de algún
punto solamente accesible para las orquídeas". Millican describe cómo él
mismo contrata a una treintena de nativos de Moripi, los lleva a una
"inmensa selva" en la dirección de Muzo, y en dos meses recolecta diez
mil Odonloglossum crispum, derribando cerca de cuatro mil árboles: "En
estas inmensas selvas, donde unas pocas hectáreas de roza se consideran
un gran beneficio y donde si no se cuida se vuelve otra vez selva en
tres años, tumbar algunos miles de árboles no representa ningún daño
serio".
|
Albert Millican,
en la selva colombiana fotografía retocada por Gustav Guggenheim.
|
|
|
|
Sobralia
violácea, Lind. ex Lindl. Lámina de la "Flora de la Real Expedición
Botánica".
|
Sobralia
dichotoma (Cattleya dichotoma). "Flora de la Real Expedición
Botánica".
|
En
este viaje de 1887, Millican llevó sus miles de plantas, enguacaladas en
Pacho, río Magdalena abajo, tratando de protegerlas del calor de las
calderas. Pasando Puerto Berrio, vio "la tosca cruz de madera, arriba en
la barranca, al borde de la selva", que marcaba la tumba de J. Henry
Chesterton, famoso pionero de la misma cacería de plantas al servicio de
la casa más famosa, James Veitch & Sons. Había muerto, anotó Millican,
"antes del saqueo y exterminio al por mayor de la cacería moderna".
El país encantó a Millican : "Aun el inglés más estoico que haya viajado
acá y visto las bellezas del país no puede sino lamentar que tantos
miles de millas separen este paraíso de nuestra propia y pequeña isla".
La gente dice: "Tal vez para el extranjero de viaje no haya un país en
el mundo donde sea recibido con mayor hospitalidad o más amistosamente".
żY lo de Victoria? Mala suerte.
|