Ficha bibliográfica
Titulo:
El Colegio del Rosario en el periodo republicano. Vaivenes en la consolidación de la autonomía
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Fernando Mayorga García

 

Revista Credencial Historia

EDICION 167
NOVIEMBRE DE 2003

 

 

EL COLEGIO DEL ROSARIO
EN EL PERÍODO REPUBLICANO

VAIVENES EN LA CONSOLIDACION DE LA AUTONOMIA
Por: FERNANDO MAYORGA GARCÍA

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 167
Noviembre de 2003

 

omo consecuencia de los acontecimientos españoles de 1808, y por invitación de la Regencia española, se formaron en América Juntas de Gobierno que debían guardar los derechos del rey Fernando VII cautivo en Francia.

El Acta de Cabildo extraordinario del 20 de julio de 1810 es un testimonio del hecho jurídico-político por el cual el pueblo granadino reasumió su soberanía ante el vacío de poder motivado por la caída de los Borbones y constituyó un nuevo gobierno. El Colegio Mayor del Rosario recibió con agrado los aires independentistas, que no implicaron cambios estructurales significativos: el establecimiento continuó rigiéndose por sus Constituciones y las autoridades republicanas asumieron el Patronato que, durante el período hispánico, había sido ejercido por la Corona española a través de sus representantes directos, los presidentes de la Audiencia primero y los virreyes después.

Capilla de la Bordadita
en el Colegio Mayor del Rosario.
Fotografia de German Rueda Tirado

 

Tras producirse en la Península la restauración fernandina, se organizó la expedición pacificadora al mando de Pablo Morillo, cuyo objetivo era el sometimiento de Venezuela y Nueva Granada. Un mes había corrido desde que el Colegio fuera convertido en puesto militar, cuando el 11 de junio de 1816 el rector Domingo Tomás de Burgos recibió la orden de ingresar los fondos del Colegio en la Tesorería General de la Real Hacienda.

En enero de 1817 el Rosario estaba convertido en cárcel y, según informaba el gobernador militar y político Juan de Sámano, no había edificio más adecuado para mantener "con la debida seguridad" a los reos procesados por "infidencia al Soberano", extraídos de la cárcel por la peligrosa propagación de una "fiebre carcelera".

Por fin, un auto de la Real Audiencia de 16 de mayo de 1817 ordenó desocupar el Colegio y dejar el edificio y las rentas a disposición de Burgos. La orden de traslado de los presos se cumplió de inmediato: el 5 de junio de 1817 la Gaceta de Santafé pudo anunciar a sus lectores que las cátedras se reabrirían el 18 de octubre. No fue tan rápida, empero, la devolución de bienes y rentas: del monto que reclamaba el rector, sólo logró se le reintegrasen 100 pesos el 1º de diciembre de 1817. Esta había sido la primera agresión contra la autonomía de la cual el Colegio había gozado desde su fundación.

 

Con la independencia definitiva, el gran reto del Estado fue impulsar la idea —de vieja data— de erigir una Universidad pública, proyecto que se materializó con la primera reforma global de la instrucción pública implementada a través del plan santanderino de 1826. Con el establecimiento de la llamada Universidad Central —única institución que podía conferir grados académicos- el Colegio del Rosario conservó únicamente las cátedras de gramática castellana y latina; las demás, junto con las rentas de las que gozaban los catedráticos que las regentaban, quedaron "afectas a la Universidad". Producida la restauración bolivariana, un decreto del Libertador de noviembre de 1828 devolvió al Colegio a su anterior estado.
 

Como es sabido, Santander volvió del exilio en 1832 y durante su gobierno intentó reinstaurar al plan de 1826 que una ley de 1835 restableció "en toda su fuerza y vigor". La norma abrió el camino para una nueva agresión contra la autonomía rosarista: en efecto, tras el establecimiento en 1842 de un nuevo organismo de instrucción pública llamado Universidad Central y Colegio de San Bartolomé, se dispuso que, de acuerdo con el plan santanderino, se incorporaran al establecimiento las cátedras de Jurisprudencia y Medicina del Rosario. Debilitado, pues, por la pérdida de sus cátedras más tradicionales, el Colegio terminará refundido en la Universidad.

Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849) debió ceder a la presión de los liberales, quienes lo obligaron a tomar medidas que torcieron el rumbo de las regulaciones centralistas de neto corte conservador. Una disposición de 1848 declaró libre la enseñanza y abrió el camino a la ley que, en 1850, suprimió las universidades y aplicó sus bienes y rentas a los llamados "colegios nacionales". Se exceptuó, sin embargo, al Colegio del Rosario, que pasó a ser administrado como "establecimiento provincial" y quedó bajo el patronato del gobernador de la Provincia de Bogotá hasta que en 1853 recuperó su autonomía total, pasando a regirse por sus propias instituciones en todo lo que no fueran contrarias a la "Constitución y leyes de la República".

En enero de 1817 el Rosario
estaba convertido en cárcel y,
según informaba el gobernador
militar y político Juan de
Sámano, no habia edificio más
adecuado para mantener "con
la debida seguridad" a los reos
procesados por "infidencia al
Soberano.

Juan Nepomuceno Nuñez Conto.
Óleo de Ricardo Acevedo Bernal, ca. 1930.
194.5 x 93 cm.
Pinacoteca Colegio Mayor del Rosario, Bogotá.

 

En mayo de 1860, el general Mosquera se levantó contra el gobierno de la Confederación. Una de las primeras disposiciones del caudillo vencedor fue la expedición de un decreto por el cual ordenó abrir en Bogotá un Colegio Militar y una Escuela Politécnica que se ubicarían en los edificios de San Bartolomé y del Rosario y se sostendrían, en primer lugar, con las rentas y propiedades de estos colegios. Como consecuencia, el Rosario perdió su institucionalidad

Durante el primer gobierno de Manuel Murillo Toro (1864-1866), el gobernador del Estado de Cundinamarca solicitó la devolución del Colegio dentro del marco de la Constitución de 1863. En consecuencia, la Asamblea Legislativa del Estado Soberano expidió una ley que restableció al Rosario "al estado legal que tenía el 18 de julio de 1861" (es decir, antes de la entrada de Mosquera a Bogotá), y otorgó el derecho de Patronato al presidente del Estado Soberano como suprema autoridad política del sitio de ubicación del Colegio. El Patrono reclamó de inmediato la entrega física del edificio y de las rentas y, entretanto las elecciones pudieran hacerse conforme a las Constituciones, la Asamblea del Estado nombró como rector a José Aguatín Uricoechea, quien había sido presidente provisional de la Unión por pocos días en remplazo del general Mosquera (1863-1864).

Durante los siguientes dieciséis años el establecimiento transitará por la senda del liberalismo radical, de la mano de tres rectores: Francisco Eustaquio Álvarez, Nicolás Esguerra —quien fundará más tarde la Academia Colombiana de Jurisprudencia que presidirá entre 1894 y 1898— y el panameño Gil Colunje. El triunfo del nuñismo implicó un cambio político en el Estado Soberano, cuya Asamblea dictó en 1879 una Ley que habilitaba al gobernador para nombrar rector del Colegio. A juicio de Álvarez y Colunje, la disposición era violatoria de las leyes nacionales que habían devuelto la autonomía al Rosario, por lo cual procedieron a demandarla ante la Corte Suprema Federal, donde no hubo uniformidad de criterios. Por ello, de acuerdo a las disposiciones constitucionales vigentes, correspondió al Senado la resolución final, que se inclinó por la anulación de la Ley.

Esta decisión puso sobre el tapete la cuestión referente a quién correspondía el nombramiento de rector, facultad que recayó en el presidente de la Unión, Rafael Núñez. La elección de Manuel Ezequiel Corrales —muerto en 1896, siendo magistrado de la Corte Suprema de Justicia— fue muy mal recibida por los rosaristas quienes, educados en el radicalismo y acostumbrados a ser un grupo de elite, vieron con recelo y desagrado el nombramiento de un costeño mulato que, entre otras cosas, sancionó disciplinariamente a quien llegaría a ser uno de los grandes caudillos del partido liberal, Rafael Uribe Uribe. Esta situación de descontento abrió a Núñez el camino para plantear la necesidad de reformas en las Constituciones del Colegio de 1664, a fin de adecuarlas a los nuevos tiempos.

Tras la derrota del radicalismo en 1885, Núñez incorporó el Colegio del Rosario a la Universidad nacional, situación en la que permaneció hasta 1892, en que una nueva ley le devolvió la autonomía y dio lugar a que el rector en ejercicio, monseñor Rafael María Carrasquilla —nombrado en 1890 por el vicepresidente Carlos Holguín Mallarino—, redactara en 1893 las Constituciones nuevas.

Dado que la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional se había retirado del Colegio en 1889, el Rosario estaba convertido, para ese momento, en un bachillerato. Este hecho movió a Carrasquilla a negociar un acuerdo con el poder ejecutivo, a cargo del vicepresidente Miguel Antonio Caro, para restaurar la Facultad de Filosofía y Letras (1895), la cual se reabrió en 1902 tras la guerra de los Mil Días. En 1906, tras otro acuerdo con el Ejecutivo a cargo de Rafael Reyes, se restauró la Facultad de Jurisprudencia, de la cual egresaron en este período el futuro rector (1968-1973) Antonio Rocha, Alberto y Eduardo Zuleta Ángel, quien presidió la sesión inaugural de la Organización de Naciones Unidas, así como Darío Echandía, Carlos Lozano y Lozano y José Antonio Montalvo quienes, a nombre de los partidos políticos tradicionales, llegaron a ocupar la Presidencia de la República como designados.

En 1930, año de la muerte de Carrasquilla, dos sucesos marcaron el devenir rosarista: por una parte, el rector volvió a ser nombrado a través de los procedimientos prescritos por las Constituciones; por otra, dejó de funcionar la Facultad de Filosofía y Letras, hecho que determinó que entre esta fecha y 1960 sólo funcionara la Facultad de Jurisprudencia, en la cual estudió el futuro presidente (1974-1978) Alfonso López Michelsen, e importantes figuras del foro colombiano, entre ellas el decano y posterior rector (1978-1986) Álvaro Tafur Galvis, hoy magistrado de la Corte Constitucional, el decano y actual magistrado de la misma Corporación, Marco Gerardo Monroy, y otros tantos juristas de enorme presencia en la vida nacional.

Tras una elección llena de vicisitudes, asumió el rectorado monseñor José Vicente Castro Silva, quien será sucesivamente reelegido hasta su muerte acaecida en 1968. Durante su rectorado, se inauguró en 1960 la Facultad de Economía y en 1965 se abrió la de Administración de Empresas y se restauró la de Medicina, que había dejado de funcionar en 1865. En 1968, en una elección muy controvertida, que incluyó el rechazo de la rectoría por parte de Alberto Lleras Camargo, llegó a la conducción del Rosario Antonio Rocha, quien la dejará en 1973, para encargarse de la negociación del Concordato en Roma, año en que se restauró la Facultad de Filosofía, Letras e Historia,

Hoy, ad portas de cumplir 350 años, el Colegio del Rosario cuenta con nueve facultades: la de Altos Estudios en Administración y Negocios (con los programas de Administración y Negocios Internacionales y Administración de Empresas), la de Ciencias Política y Gobierno y Relaciones Internacionales (con los programas de Ciencia Política y Gobierno y Relaciones Internacionales), la de Economía (con los programas de Economía y Finanzas y Comercio Internacional), la Escuela de Ciencias Humanas (con los programas de Sociología, Filosofía, Estudio de Artes Liberales en Ciencias Sociales, Periodismo y Opinión Pública y Estudios Profesionales en Ciencias Sociales), la de Jurisprudencia (con el programa homónimo), la de Medicina (con los programas de Medicina y Estudios Profesionales con énfasis en Salud), la de Rehabilitación y Desarrollo Humano (con los programas de Fisioterapia, Fonoaudiología y Terapia Ocupacional), la de Educación Continuada y la del Medio Universitario.

Nova et Vetera, "siempre Nuevo y siempre Viejo", el Rosario se prepara para enfrentar el reto educativo del nuevo milenio "con los pies en el presente y la mente abierta en el porvenir —según las palabras del actual rector Hans Peter Knudsen en su discurso de posesión el 27 de febrero pasado— mediante la conjunción de una mente ilustrada, una voluntad decidida y una gran claridad en las metas que se quieren lograr", que no son otras que las que a mediados del siglo XVII visualizó su fundador, el arzobispo de Santafé fray Cristóbal de Torres.