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Como es sabido, Santander volvió del exilio en
1832 y durante su gobierno intentó reinstaurar al plan de 1826 que una ley de 1835
restableció "en toda su fuerza y vigor". La norma abrió el camino para una
nueva agresión contra la autonomía rosarista: en efecto, tras el establecimiento en 1842
de un nuevo organismo de instrucción pública llamado Universidad Central y Colegio de
San Bartolomé, se dispuso que, de acuerdo con el plan santanderino, se incorporaran al
establecimiento las cátedras de Jurisprudencia y Medicina del Rosario. Debilitado, pues,
por la pérdida de sus cátedras más tradicionales, el Colegio terminará refundido en la
Universidad.
Tomás Cipriano de
Mosquera (1845-1849) debió ceder a la presión de los liberales, quienes lo obligaron a
tomar medidas que torcieron el rumbo de las regulaciones centralistas de neto corte
conservador. Una disposición de 1848 declaró libre la enseñanza y abrió el camino a la
ley que, en 1850, suprimió las universidades y aplicó sus bienes y rentas a los llamados
"colegios nacionales". Se exceptuó, sin embargo, al Colegio del Rosario, que
pasó a ser administrado como "establecimiento provincial" y quedó bajo el
patronato del gobernador de la Provincia de Bogotá hasta que en 1853 recuperó su
autonomía total, pasando a regirse por sus propias instituciones en todo lo que no fueran
contrarias a la "Constitución y leyes de la República".
En
enero de 1817 el Rosario
estaba convertido en cárcel y,
según informaba el gobernador
militar y político Juan de
Sámano, no habia edificio más
adecuado para mantener "con
la debida seguridad" a los reos
procesados por "infidencia al
Soberano.
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Juan Nepomuceno
Nuñez Conto.
Óleo de Ricardo Acevedo Bernal, ca. 1930.
194.5 x 93 cm.
Pinacoteca Colegio Mayor del Rosario, Bogotá.
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En mayo de 1860, el
general Mosquera se levantó contra el gobierno de la Confederación. Una de las primeras
disposiciones del caudillo vencedor fue la expedición de un decreto por el cual ordenó
abrir en Bogotá un Colegio Militar y una Escuela Politécnica que se ubicarían en los
edificios de San Bartolomé y del Rosario y se sostendrían, en primer lugar, con las
rentas y propiedades de estos colegios. Como consecuencia, el Rosario perdió su
institucionalidad
Durante el primer
gobierno de Manuel Murillo Toro (1864-1866), el gobernador del Estado de Cundinamarca
solicitó la devolución del Colegio dentro del marco de la Constitución de 1863. En
consecuencia, la Asamblea Legislativa del Estado Soberano expidió una ley que
restableció al Rosario "al estado legal que tenía el 18 de julio de 1861" (es
decir, antes de la entrada de Mosquera a Bogotá), y otorgó el derecho de Patronato al
presidente del Estado Soberano como suprema autoridad política del sitio de ubicación
del Colegio. El Patrono reclamó de inmediato la entrega física del edificio y de las
rentas y, entretanto las elecciones pudieran hacerse conforme a las Constituciones, la
Asamblea del Estado nombró como rector a José Aguatín Uricoechea, quien había sido
presidente provisional de la Unión por pocos días en remplazo del general Mosquera
(1863-1864).
Durante los siguientes dieciséis años
el establecimiento transitará por la senda del liberalismo radical, de la mano de tres
rectores: Francisco Eustaquio Álvarez, Nicolás Esguerra quien fundará más tarde
la Academia Colombiana de Jurisprudencia que presidirá entre 1894 y 1898 y el
panameño Gil Colunje. El triunfo del nuñismo implicó un cambio político en el Estado
Soberano, cuya Asamblea dictó en 1879 una Ley que habilitaba al gobernador para nombrar
rector del Colegio. A juicio de Álvarez y Colunje, la disposición era violatoria de las
leyes nacionales que habían devuelto la autonomía al Rosario, por lo cual procedieron a
demandarla ante la Corte Suprema Federal, donde no hubo uniformidad de criterios. Por
ello, de acuerdo a las disposiciones constitucionales vigentes, correspondió al Senado la
resolución final, que se inclinó por la anulación de la Ley.
Esta decisión puso sobre el tapete la cuestión referente a
quién correspondía el nombramiento de rector, facultad que recayó en el presidente de
la Unión, Rafael Núñez. La elección de Manuel Ezequiel Corrales muerto en 1896,
siendo magistrado de la Corte Suprema de Justicia fue muy mal recibida por los
rosaristas quienes, educados en el radicalismo y acostumbrados a ser un grupo de elite,
vieron con recelo y desagrado el nombramiento de un costeño mulato que, entre otras
cosas, sancionó disciplinariamente a quien llegaría a ser uno de los grandes caudillos
del partido liberal, Rafael Uribe Uribe. Esta situación de descontento abrió a Núñez
el camino para plantear la necesidad de reformas en las Constituciones del Colegio
de 1664, a fin de adecuarlas a los nuevos tiempos.
Tras la derrota del radicalismo en
1885, Núñez incorporó el Colegio del Rosario a la Universidad nacional, situación en
la que permaneció hasta 1892, en que una nueva ley le devolvió la autonomía y dio lugar
a que el rector en ejercicio, monseñor Rafael María Carrasquilla nombrado en 1890
por el vicepresidente Carlos Holguín Mallarino, redactara en 1893 las
Constituciones nuevas.
Dado que la Facultad de Derecho de la
Universidad Nacional se había retirado del Colegio en 1889, el Rosario estaba convertido,
para ese momento, en un bachillerato. Este hecho movió a Carrasquilla a negociar un
acuerdo con el poder ejecutivo, a cargo del vicepresidente Miguel Antonio Caro, para
restaurar la Facultad de Filosofía y Letras (1895), la cual se reabrió en 1902 tras la
guerra de los Mil Días. En 1906, tras otro acuerdo con el Ejecutivo a cargo de Rafael
Reyes, se restauró la Facultad de Jurisprudencia, de la cual egresaron en este período
el futuro rector (1968-1973) Antonio Rocha, Alberto y Eduardo Zuleta Ángel, quien
presidió la sesión inaugural de la Organización de Naciones Unidas, así como Darío
Echandía, Carlos Lozano y Lozano y José Antonio Montalvo quienes, a nombre de los
partidos políticos tradicionales, llegaron a ocupar la Presidencia de la República como
designados.
En 1930, año de la muerte de Carrasquilla, dos sucesos marcaron
el devenir rosarista: por una parte, el rector volvió a ser nombrado a través de los
procedimientos prescritos por las Constituciones; por otra, dejó de funcionar la Facultad
de Filosofía y Letras, hecho que determinó que entre esta fecha y 1960 sólo funcionara
la Facultad de Jurisprudencia, en la cual estudió el futuro presidente (1974-1978)
Alfonso López Michelsen, e importantes figuras del foro colombiano, entre ellas el decano
y posterior rector (1978-1986) Álvaro Tafur Galvis, hoy magistrado de la Corte
Constitucional, el decano y actual magistrado de la misma Corporación, Marco Gerardo
Monroy, y otros tantos juristas de enorme presencia en la vida nacional.
Tras una elección llena de
vicisitudes, asumió el rectorado monseñor José Vicente Castro Silva, quien será
sucesivamente reelegido hasta su muerte acaecida en 1968. Durante su rectorado, se
inauguró en 1960 la Facultad de Economía y en 1965 se abrió la de Administración de
Empresas y se restauró la de Medicina, que había dejado de funcionar en 1865. En 1968,
en una elección muy controvertida, que incluyó el rechazo de la rectoría por parte de
Alberto Lleras Camargo, llegó a la conducción del Rosario Antonio Rocha, quien la
dejará en 1973, para encargarse de la negociación del Concordato en Roma, año en que se
restauró la Facultad de Filosofía, Letras e Historia,
Hoy, ad portas de cumplir 350
años, el Colegio del Rosario cuenta con nueve facultades: la de Altos Estudios en
Administración y Negocios (con los programas de Administración y Negocios
Internacionales y Administración de Empresas), la de Ciencias Política y Gobierno y
Relaciones Internacionales (con los programas de Ciencia Política y Gobierno y Relaciones
Internacionales), la de Economía (con los programas de Economía y Finanzas y Comercio
Internacional), la Escuela de Ciencias Humanas (con los programas de Sociología,
Filosofía, Estudio de Artes Liberales en Ciencias Sociales, Periodismo y Opinión
Pública y Estudios Profesionales en Ciencias Sociales), la de Jurisprudencia (con el
programa homónimo), la de Medicina (con los programas de Medicina y Estudios
Profesionales con énfasis en Salud), la de Rehabilitación y Desarrollo Humano (con los
programas de Fisioterapia, Fonoaudiología y Terapia Ocupacional), la de Educación
Continuada y la del Medio Universitario.
Nova et Vetera, "siempre
Nuevo y siempre Viejo", el Rosario se prepara para enfrentar el reto educativo del
nuevo milenio "con los pies en el presente y la mente abierta en el porvenir
según las palabras del actual rector Hans Peter Knudsen en su discurso de posesión
el 27 de febrero pasado mediante la conjunción de una mente ilustrada, una voluntad
decidida y una gran claridad en las metas que se quieren lograr", que no son otras
que las que a mediados del siglo XVII visualizó su fundador, el arzobispo de Santafé
fray Cristóbal de Torres.
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