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Pharmacos.
Instalación
de Rodrigo Facundo, 1999.
Museo de Arte Moderno de Bogotá.
El Palacio de Justicia.
Oleo y esmalte de Ethel Gilmour, 1986.
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La definición
del terrorismo es un tema de disputa, pero por lo general significa la comisión, con
fines políticos, de actos de violencia indiscriminada, que infunden terror en la
población. Hay definiciones en los códigos penales colombianos. Por su parte, también
en el curso del siglo el narcotráfico ha recibido definiciones legales: el cultivo,
proceso y comercio de sustancias sucesivamente prohibidas.
Aunque el siglo comienza en medio de una guerra civil, el terrorismo político como queda
definido arriba no fue una característica de las luchas colombianas del primer siglo de
la república: ni el discutido caso del Dr. Russi, ni los muy contados anarquistas,
nativos o extranjeros de paso por el país, dejaron una tradición terrorista, ni los
contados asesinatos políticos cuadran bajo esa definición.
A finales de los años veinte de este siglo, el ministro de Guerra Ignacio Rengifo
pretendía descubrir conspiraciones anarco-bocheviques, pero tuvo poco éxito, y menos
credibilidad -"la misma liberalada de siempre", como uno de sus críticos
calificó sus hallazgos--. Hubo innegables casos de violencia indiscriminada, de
aterrorización de poblaciones enteras en las luchas sectarias de los cuarenta y
cincuenta, como la ha habido en la lucha armada guerrillera y paramilitar después, pero
no cabe bajo la definición convencional de terrorismo, porque su fin no era doblegar al
gobierno. A veces el gobierno fue el culpable.
Tampoco hay muchos rasgos de narcotráfico antes de las últimas cuatro décadas de este
siglo. Al principio, la venta del opio fue legal. En el siglo pasado hay avisos para
promover su venta en las guías comerciales, particularmente de los comerciantes chinos de
Panamá; el periódico El Empresario Boyacense, alrededor de 1870, publicó una serie de
artículos bajo el título "La coca: el cultivo del futuro". Sobre consumidores
de drogas heroicas y menos heroicas, la tradición de la primera mitad de este siglo
señala a uno u otro morfinómano de clase alta, al apóstol de la marihuana Porfirio
Barba-Jacob y un incierto nivel de interés sobre la misma droga en los bajos fondos de la
sociedad. Ni la coca indígena, ni el yagé, ni otros alucinógenos tradicionales eran
incluidos en la misma categoría.
El narcotráfico empieza en serio en los años setenta, y ha abarcado los ciclos de
marihuana -la marimba de la Costa--, la cocaina para usos "ejecutivo", después
para el "crack" y al final la heroína derivada de la amapola. Colombia debe su
posición predominante a una combinación de factores: tradiciones de contrabando y de
empresariado violento -las esmeraldas--, posición geográfica y tipografía, clima,
gobierno débil y corrompible, desaparición previa de la competencia cubana
Ello generó una nueva violencia, y en la conforntación entre el gobierno de Virgilio
Barco y Pablo Escobar y el cartel de Medellín se dio el ciclo más nítido de actos de
terrorismo que el país haya sufrido en su historia. Además de los asesinatos de
políticos prominentes y de muchos agentes del estado, y de toda una serie de secuestros,
algunos fatales, hubo bombas en las calles de Bogotá y Medellín y en un avión de
Avianca, siempre con numerosas víctimas también violentamente. El lector memorioso
tendrá su propio juicio sobre el grado en que lograron sus fines.
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