Aunque en la Real Academia de
Ciencias de París había consenso respecto a la elipticidad del planeta, no lo había
respecto a si el achatamiento o el abultamiento estaban en los polos o en el ecuador.
Mientras algunos académicos le daban la razón a Jacques Cassini (Traite de la
grandeur et de la figure de la Torre), que sostenía que el planeta estaba abultado en
los polos y achatado en el ecuador, otros seguían la opinión de Newton (Principios
matemáticos de la filosofía de la naturaleza), que sostenía lo contrario. Para
dirimir el asunto solicitaron al rey Luis XV que ordenara enviar dos expediciones para
medir el arco de un grado de meridiano, la una a la provincia de Quito, a la latitud cero,
y la otra a Laponia, al círculo polar ártico. La primera fue encabezada por La Condamine
y la segunda por Maupertius. Y deseando el rey francés apoyo para la comisión que había
de venir a América y con el argumento de que España debía estar asociada oficialmente a
tal empresa, solicitó su cooperación a Felipe V, su tío. Este dio su aquiecencia y
además incorporó a la expedición a dos marinos distinguidos: Jorge Juan y Antonio de
Ulloa, quienes a la sazón eran sólo dos jóvenes de 21 y 19 años, respectivamente. El
26 de mayo de 1735 partieron los comisionados españoles del puerto de Cádis en los
navíos de guerra Conquistador e Incendio. El 5 de junio avistaron la Sierra
Nevada de Santa Marta y el 9 del mismo mes desembarcaron en Cartagena de Indias. Quedaron
a la espera de los franceses y mientras tanto, con instrumentos prestados, pues los
propios aún no llegaban, determinaron las coordenadas geográficas y otras
características físicas de la plaza. Escribió Ulloa: «Las mareas no guardan
regularidad en la bahía de la ciudad, y a corta distancia se puede asentar lo mismo de
toda la Costa: suele expensarse que tiene el movimiento de subir todo un día entero, y
después bajar en cuatro o cinco horas; y es la mayor mutación que se advierte en su
altura, de dos pies o dos y medio; pero en otras ocasiones es menos sensible, y sólo se
percibe en el curso que lleva el agua; por esta razón son malas las varadas aun dentro de
la serenidad continua que se experimenta allí...»
|
|
FLORA Y FAUNA DE
LA COSTA ATLÁNTICA.
Grabado de Moreno. Relación histórica del viaje a la América Meridional",
1748.
|
De esos mismo días es la
descripción magnífica que hace Ulloa de los alrededores de Cartagena: «Es tan común y
permanente la fertilidad de las campañas [sic] de todo aquel país cercano a Cartagena,
que causa admiración ver la frondosidad con que lo adornan las varias plantas que se
crían en él, y que nunca lleguen s perder éstas aquellos lozanos bríos con que la
tierra los produjo: y siendo constante el verdor y tan vario según la diversidad de
tantas hojas con que se visten los árboles y esmaltan los prados y las selvas, goza la
vista en ellos el recreo de extenderse siempre sobre la perpetua primavera de aquel clima
[...] Las ramazones y brotes de los árboles en aquellos espaciosos ámbitos forman con
sus entretejidos lazos espesas nubes de hojas, que no permiten a los rayos del sol el
penetrarlos, y dar luz ni calor a las selvas que componen entre si.»
El 15 de junio llegaron los
franceses, once en total, y de inmediato se dispuso proseguir a Portobelo, en Panamá.
Allí hicieron observaciones de la latitud, del peso del aire y de la variación
magnética de la aguja. A lomo de muía cruzaron el istmo y después de una larga espera,
la fragata San Cristóbal los condujo al puerto de Manta, en Ecuador. Era el año de 1736.
Dice un autor que «vencidas muchas dificultades, comenzaron en junio del mismo año las
operaciones geodésicas, en las que Ulloa se distinguió sobremanera; su labor excedió a
todo elogio y ponderación». Es de anotar que al comienzo los franceses se extrañaron de
que se hubiese nombrado a marinos tan jóvenes para que les ayudaran en asunto tan arduo y
científico, pensando que fuese cosa de broma; pero pronto apreciaron los méritos de sus
compañeros españoles. «Si al principio los tomaron por pigmeos, pronto tuvieron que
confesar que eran verdaderos gigantes», escribió un biógrafo.
|
|
PLANO DE
CARTAGENA, 1735. Grabado de Vargas y Casanova. "Relación
histórica...", 1748.
|
Ulloa explicó: «La primera
operación que se debía practicar era la medida de un pedazo de terreno que sirviese de
base a toda la obra; la cual quedó terminada en lo que faltaba de este año, como se
relaciona en el libro Observaciones astronómicas y físicas [por Jorge Juan]. La
impertinencia del trabajo que en ella se empleó, no fue poca; pues ni los soles ni
vientos, ni las aguas dejaron de sernos incómodos. El llano que se eligió para esto se
halla más bajo que el suelo de Quito 249 toesas [la medida francesa «toesa» equivale a
1.946 metros]; su situación es al Nordeste de aquella ciudad y distante de ella 4 leguas
[unos 17 km]; dánle el nombre de Yuruquí por hallarse a un lado del pueblo así llamado
[...] A la medida de la base se siguieron las observaciones de los ángulos, así
horizontales como verticales de aquellos primeros triángulos». El mapa de la parte sur
del terreno en que se inició la red de triangulación lo hizo Verguin, miembro de la
expedición, y el de la porción norte lo trazó Fierre Bouguer. La red de triángulos se
cerraría unos cuatro años después en la ciudad de Cuenca. Aplicaban los comisionados el
método de triangulación, el cual había hecho posible la reforma de la cartografía en
Francia desde los dos últimos decenios del siglo XVII.
En las soledades de Manabí la
expedición tuvo dificultades para observar el planeta Júpiter, asunto que les era
necesario, porque mediante los tiempos de ocultamiento de sus cuatro satélites
principales y según las tablas que tiempo atrás había elaborado el astrónomo y
matemático italiano (francés de adopción) Juan Domingo Cassini, era posible determinar
con cierto grado de exactitud las longitudes de los puntos elegidos para la
triangulación.
|
|
JORGE JUAN Y ANTONIO DE ULLOA: "Relación histórica del viaje
a la América Meridional"
(Madrid, 1748) y "Noticias secretas de América" (Londres, R,. Taylor, 1826).
Biblioteca Nacional, Bogotá.
|
Siguiendo las observaciones
astronómicas efectuadas por Juan y UIloa, el cartógrafo ecuatoriano Pedro Vicente
Maldonado Sotomayor, que se había puesto a las órdenes de La Condamine, pudo trazar el
«plan del camino de Quito al río Esmeraldas, y elaborar un importante mapa que abarca
desde Tumaco casi hasta el golfo de Guayaquil, y del océano Pacífico hasta la 'sierra'
ecuatoriana». Maldonado anotó en su carta que ella fue «hecha sobre las observaciones
astronómicas y geográficas de los Académicos Reales de las Ciencias de París y de las
Guardias Marinas de Cádiz; y también de los R.R.P.P. Misioneros de Maynas». Ese mapa no
fue grabado y publicado sino muchísimos años después del fallecimiento de Maldonado.
Antonio de Ulloa fue cuidadoso
observador y anotador de las condiciones metereológicas. A bordo de los navíos en que se
desplazó, anotó, por ejemplo, las temperaturas a horas precisas: 6 am., 2pm., 11 pm.
Así mismo y en forma detallada, las variaciones del viento frente a la costa de Luisiana
y también frente a los litorales del Perú y del Ecuador. En lo referente a observaciones
en la actual Colombia, escribió: «En Cartagena de Indias estaban entabladas las brisas y
con bastante fuerza en el mes de enero de 1765; y desde el día 10 hasta el 14
constantemente el termómetro marcaba a las 6 de la mañana 22 grados; a las 12 del día
24; y a las 2 de la tarde 24 1/2. El año de 35 [1735], el 19 de noviembre, tiempo en que
las brisas no estaban entabladas, el termómetro marcaba de 24 a 26 grados...» Más
adelante y a propósito, compara a Cartagena con Lima y La Habana.
|
|
MONTE CAPIRO,
en la serranía de San Jacinto, perico lijero, Lidida de mulato y tigre. Grabado de
Moreno, "Relación histórica", 1748.
|
Después de cuatro años de
trabajos, cumplidos éstos, se dispersó la expedición. Quedaba medido con gran
exactitud, según los instrumentos de la época, el arco correspondiente a un grado de
latitud en las proximidades de la línea ecuatoriana (las mediciones modernas para el arco
de un grado a la latitud ecuatorial dan 110,510 km y para la latitud polar 111,697 km). La
expedición de Maupertius a Laponia también había tenido éxito en su cometido. Los
resultados totales le dieron la razón a Newton.
Los dos sabios españoles
decidieron regresar en navíos diferentes para poder cubrir la pérdida de sus papeles y
documentos. Antonio de Ulloa se embarcó en El Callao en la fragata Déliverance, que en
1745 fue capturada por los ingleses, con cuya nación Francia estaba otra ves en guerra.
El hecho sucedió cerca de Terranova. Ulloa fue conducido a Inglaterra como prisionero,
pero pronto el Gobierno y el Almirantazgo se dieron cuenta de su calidad como científico.
El duque de Bedford.jefe del Almirantazgo, interpuso su poder para que Ulloa fuese a
Londres, donde Martín Folkes, presidente de la Royal Society of Sciencies, lo presentó,
habiéndose convertido poco después en socio correspondiente de ella. El sabio español
regresó a su patria en 1746. La Real Academia de Ciencias de París también lo recibió
como miembro correspondiente. Así como La Condamine llevó a Europa el caucho y el
curare, Ulloa hizo conocer el metal que él denominó Platino del Pinto, nombre
inspirado en el río de Colombia en cuyas aguas lo halló.
Antonio de Ulloa nació en Betis
en 1716, de familia sevillana. Cuando tenía 13 años de edad, su padre lo embarcó en el
galeón San Luis, que lo trajo a Cartagena de Indias. En 1732, de vuelta a España,
entró a la Escuela de Guardia-marinas de Cádiz, donde me estudiante de máximas
calificaciones. Fue un hombre de prestigio tan grande que, una vez regresado del Ecuador,
el rey lo comisionó para que recorriera a Europa conociendo y estudiando los adelantos
científicos logrados en los países más avanzados, a fin de adoptarlos en España.
Después de haber concebido y dirigido importantes reformas administrativas en la
Península, volvió al Perú como superintendente de Huancavelica para organizar la
producción del azogue. Fue después gobernador de la Luisiana Meridional y de la Florida.
Escribió varias importantes obras traducidas algunas al alemán, inglés y francés.
Junto con Jorge Juan, tuvo el mérito insigne de «colocar la ciencia española en un
lugar prominente», como escribió uno de sus biógrafos.
BIBLIOGRAFIA
DE ULLOA, ANTONIO. Noticias
americanas - Entretenimientos físicos-históricos sobre la América Meridional y la
Septentrional Oriental... Madrid, Francisco Manuel de Mena, 1722.
DE ULLOA, ANTONIO, Plan del camino de Quito al río Esmeraldas, según las
observaciones astronómicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, 1736-1742. Versión de
Jorge A. Garcés G. Prólogo de Roberto Páez. Quito, Publicaciones del Archivo Municipal,
1942.
JUAN, JORGE y ANTONIO DE ULLOA, Relación
histórica del viaje a la América Meridional, hecho de orden de S, Mag. para medir
algunos ornaos de meridiano terrestre, y venir por ellos en conocimiento de la verdadera
figura y magnitud de la Tierra... Madrid, Antonio Marín, 1748 (4 tomos).
JUAN, JORGE y ANTONIO DE ULLOA, Noticias
secretas de América, sobre el estado naval, militar y político de los Reynos del Perú y
Provincia de Quito, costas de Nueva Granada y Chile; Gobierno y régimen particular de los
pueblos de indios... Londres, R. Taylor, 1826. Edición facsimilar: Bogotá,
Biblioteca del Banco Popular, 1983 (2 tomos).
CORRECCIONES Y AGRADECIMIENTOS
|
|
JOSEPH STALIN,
FRANKLIN D. ROOSVELT Y WINSTON CHURCHILL,
en la conferencia de Yalta,
febrero de 1945.
|
En su columna «Rosario de
perlas», de El Tiempo, Alfredo Iriarte advirtió que la ilustración de portada de
Credencial Historia No 67 corresponde a la conferencia de Teherán, que reunió
a los tres estadistas, en noviembre de 1943, y no a la conferencia de Yalta.
|
|
|
LA PROFESORA ANTONIA PASTRANA CABRERA. Oleo atribuido a Baltasar de Vargas
Figueroa, siglo XVII. 108 x 82 cm. Iglesia Museo Santa Clara, Bogotá.
|
Pilar Jaramillo de
Zúlela, directora del Museo Santa Clara, nos ha enviado los datos correctos de esta
pintura publicada con un pie de ilustración equivocado en Credencial Historia No 68.
ALBERTO LLERAS CAMARGO, Ministro de Relaciones Exteriores, firma en San Francisco
la Carta de Naciones Unidas, acompañado por Jesús María Yepes, Eduardo Zuleta Angel y
Alberto González Fernández. "Cromos", No 1485, julio de 1945.
|
María Cristina Zuleta de
Patiño, Secretaria Ejecutiva del comité Nacional para la Celebración de Cincuentenario
de Naciones Unidas, advirtió que el pié de ilustración publicado en Credencial
Historia No 69 no corresponde a esa fotografía.
|