Ficha bibliográfica
Titulo:
Joseph Conrad.
Edición original: 2005-06-02
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-02
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Malcom Deas

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 35 - NOVIEMBRE 1992

 





JOSEPH CONRAD

"Nostromo" y Colombia
Por: Malcom Deas

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 35
Noviembre de 1992



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Conrad en 1863 (cinco años). Dibujo de Juan David Giraldo.
Santa Marta. Acuarela de Edward Mark, hacia 1843-46.
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.




En 1875 o 1876 -cuando viejo y famoso nunca fue muy preciso sobre la fecha visitaba la costa atlántica colombiana un joven marinero polaco, grumete del velero francés Saint Antoine, barco pequeño que hacía un lento viaje de cabotaje, y tal vez de tráfico de armas, por islas del Caribe, y las costas de Venezuela y Colombia. Costas bien dreary (tristonas), recordaba después, y una que otra "baja costa pestilencial de manglares". Puso pie en tierra en Santa Marta. En las afueras del puerto, le tocó huir de un "hombre casi fiera", que lo amenazó cuando intentó comprar una limonada.

 

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Conrad en 1863 (cinco años)


 

El joven marinero, de unos dieciocho años entonces, era Joseph Teodor Konrad Nadecz Korzeniowski, mejor conocido por la versión inglesa de su apellido: Conrad. Su viaje, aun con el riesgo de haber sido atracado por querer calmar la sed, no fue en sí memorable.

Un cuarto de siglo después, cuando hacía el esfuerzo de transformar las pequeñas irritaciones de su memoria en una visión de "toda una época en la América del Sur", el novelista Conrad se quejaba de lo poco que recordaba: "Mis contactos con la tierra fueron breves e interrumpidos [...] si mencioné doce horas, eso se relacionaba con Puerto Cabello [...] Eso hace ya tanto tiempo [...] Unicamente una pequeña mirada, hace veinticinco años".

Sin embargo, esa "pequeña mirada" tuvo un resultado literario monumental: su novela Nostromo, de 1904. Nostromo es, sin duda alguna, la mejor novela en la lengua inglesa con tema y escenario de América Latina, y una de las pocas novelas en cualquier lengua que maneja con éxito grandes temas políticos: orden y anarquía, revolución e imperialismo, capital, libertad, democracia, demagogia...

El inglés fue la tercera lengua, o incluso la cuarta, de su autor, después de su polonés materno, algo de ruso y francés. Pero su nacimiento polonés y católico le ayudaba. No compartía la arrogancia anglosajona del siglo pasado frente a las destartaladas repúblicas del trópico, ni el rechazo protestante de las sociedades católicas, especialmente de las sociedades católicas latinas.


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Por lo menos sus escasas memorias de juventud guardaban cierta nostálgica intensidad: "Todo era fresco, tan sorprendente, tan venturoso, tan interesante; pedacitos de costa extraña bajo las estrellas, las sombras de las montañas, pasión humana al atardecer; chismes medio olvidados, caras ya casi ensombrecidas por el olvido..." Sirvieron mucho en su evocación de la geografía y del ambiente físico de su imaginaria república de Costaguana, y de su provincia progresista y separatista de Sulaco, puerto sobre el golfo Plácido, al pie de la montaña de Higuerota, cuyas nieves perpetuas, vistas desde mar adentro, flotan como nubes inmóviles en el azul cielo tropical...

Costaguana es sin duda una república heredera de la Gran Colombia. Jorge Luis Borges confirma este hecho en su cuento Guayaquil, en el que hace figurar a Costaguana, el mismo país imaginario del ilustre novelista polaco-inglés, y hace este sutil homenaje a otro gran maestro del lenguaje: "Acaso no se pueda hablar de aquella república del Caribe sin reflejar, siquiera de lejos, el estilo monumental de su historiador más famoso, el capitán Joseph Korseniowski". Borges reconoce la esencial naturaleza caribeña de Tierra Firme, del país imaginado, y no se deja engañar por otros elementos más accidentales de la novela. Para reforzar sus recuerdos, Conrad se puso a leer libros de viajeros -confesaba que sufría bastante con esta lectura- e inyectaba en su propio libro detalles folclóricos, apellidos, episodios de otras partes: del Río de la Plata, del Paraguay... Disfrazaba deliberadamente sus recuerdos reales de 1875 o 1876.

Tal vez sea por eso que la novela no haya tenido más lectores en Colombia, aunque existen buenas traducciones al castellano, y a pesar de que el libro está ligado a la historia del país con nexos más intelectuales que el tedioso viaje de su autor, entonces joven e inconsciente, o que su poca satisfactoria visita a Santa Marta.


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Joseph Conrad en 1874 (16 años),
poco antes de su viaje a Colombia.


 

Mientras leía su selección de viajeros -George F. Masterman, Seven Eventful Years in Paraguay (Londres, 1869), Edward B. Eastwick, Venezuela, or Sketches in the life of a South American Republic, with the History of the Loan of 1864, (Londres, 1868)-, se inspiraba de modo más directo en una fuente viva, y además de viva, tan elocuente y singular, que Conrad terminó retratándole de cuerpo entero como uno de los personajes de su novela. Esa fuente fue don Santiago Pérez Triana, a quien fue presentado por su amigo el viajero, literato e historiador Robert Bontine Cunninghame-Graham, quien escribiría más tarde sobre Colombia -Cartagena y las riveras del Sinú, (Londres, 1920)-, pero quien hasta entonces sólo había vagado por Argentina, la Banda Oriental y Paraguay.

Pérez Triana vivía entonces autoexiliado en Londres, enredado en varios negocios y conspiraciones, y se había hecho buena reputación como escritor y publicista. La narración de su fuga de Colombia, De Bogotá al Atlántico, se publicó en inglés en 1902, con prólogo de Cunninghame-Graham y con el título Down the Orinoco in a Canoe. Hijo de Santiago Pérez, ex presidente radical desterrado por Miguel Antonio Caro, fue un crítico persuasivo y persistente de los gobiernos conservadores de ese tiempo. Aun sus enemigos reconocían su encanto y su don de palabra.

 

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Santiago Pérez Triana, modelo del José Avellanos de "Nostromo".
Dibujo de Juan David Giraldo.


 

Conrad confiesa en una carta a Cunninghame-Graham que se ha servido de Pérez Triana como modelo de don José Avellanos, aristócrata de Costaguana, autor de una obra clásica sobre los sufrimientos de la república (Cincuenta años de desgobierno) y antiguo representante de su país en Londres, conversador ameno e incansable. Aunque Conrad trata a este personaje con una dosis de ironía, se pueden detectar en la política de Costaguana-Sulaco ecos de la versión de Pérez Triana sobre la política de Colombia-Panamá: a los que mandan en el interior no les han llegado las luces del progreso, no conocen las costumbres de los negocios civilizados: "Somos un vergüenza y un proverbio entre los poderes del mundo".

 

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R.B, Cunninghame-Graham, otro viajero inglés en Colombia.
Dibujo de William Strang, 1898.


 

Sulaco, con el apoyo de los recursos y conexiones internacionales de una gran mina de plata, la mina de San Tomé, se separa de Costaguana, y muy pronto logra la protección y el reconocimiento de la gran república del norte. Conrad escribió Nostromo mientras Panamá se separaba de Colombia. En su correspondencia con Cunninghame-Graham consta su reacción: "¿Qué piensa Ud. de los Conquistadores Yanquis en Panamá? ¿Bonito, no?"

Nostromo cuenta cómo en aras del progreso material Sulaco se separa de Costaguana, su convulsionada república madre. Cualquier lector colombiano notará los paralelos, y el historiador observará también otras referencias a la historia colombiana -una batalla que suena a la de Garrapata, un periódico que se llama El Porvenir-, a la historia de repúblicas vecinas (el nombre del dictador Guzmán Bento) o lejanas: el mismo dictador Guzmán Bento se parece mucho más a Francisco Solano López del Paraguay, que a Guzmán Blanco de Venezuela.

No todos los críticos, sin embargo, han reconocido la rotunda sutileza de la obra. Hecha raíces en una era de "caudillos bárbaros", y termina, incluso en una fecha tan temprana como 1904, con los agitadores marxistas. Confronta el imperialismo, la fuerza impersonal y transnacional de los intereses materiales, y lo condena como inadecuado. No obstante, su condena no es simple: a la pequeña república de Sulaco, medio bien y medio mal nacida, le falta un proyecto moral. Pero la vieja Costaguana está todavía más lejos de ser un paraíso, a no ser un "paraíso para culebras".

"Insuficientes -pensaba Conrad de sus lejanas memorias de marinero principiante- como para servir de base a toda una novela". Pero con algunos libros de viajes, con unos cuantos encuentros con Santiago Pérez Triana, y con su imaginación genial, bastaba. Imposible en tan corto espacio intentar resumir un libro como Nostromo. Legítimo señalar su actualidad frente a la nueva era nacional del petróleo y de la gran minería.

¿Y el "hombre casi fiera"? Conrad no desperdiciaba nada. Aparece casi veinte años después de la publicación de Nostromo en el escenario lejano-oriental de la novela Victory, como Juan Pedro: "Es un cazador de caimanes -dice su amo-¿Fue una adquisición mía en Colombia, sabes? ¿Conoces a Colombia?" "No", dijo Schonberg muy sorprendido. "¿Un cazador de caimanes? ¡Qué oficio tan curioso! viene de Colombia, entonces?" "Si, pero he estado viniendo hace mucho tiempo".