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JOSEPH CONRAD
"Nostromo" y Colombia
Por: Malcom
Deas
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 35
Noviembre de 1992
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Conrad en 1863
(cinco años). Dibujo de Juan David Giraldo.
Santa Marta. Acuarela de Edward Mark, hacia 1843-46.
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.
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En 1875 o 1876 -cuando viejo y famoso nunca fue muy preciso sobre la fecha visitaba la
costa atlántica colombiana un joven marinero polaco, grumete del velero francés Saint
Antoine, barco pequeño que hacía un lento viaje de cabotaje, y tal
vez de
tráfico de armas, por islas del Caribe, y las costas de Venezuela y Colombia. Costas bien
dreary (tristonas), recordaba después, y una que otra "baja costa
pestilencial de manglares". Puso pie en tierra en Santa Marta. En las afueras del
puerto, le tocó huir de un "hombre casi fiera", que lo amenazó cuando intentó
comprar una limonada.
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Conrad en 1863
(cinco años)
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El joven marinero, de
unos dieciocho años entonces, era Joseph Teodor Konrad Nadecz Korzeniowski, mejor
conocido por la versión inglesa de su apellido: Conrad. Su viaje, aun con el riesgo de
haber sido atracado por querer calmar la sed, no fue en sí memorable.
Un cuarto de siglo
después, cuando hacía el esfuerzo de transformar las pequeñas irritaciones de su
memoria en una visión de "toda una época en la América del Sur", el novelista
Conrad se quejaba de lo poco que recordaba: "Mis contactos con la tierra fueron
breves e interrumpidos [...] si mencioné doce horas, eso se relacionaba con Puerto
Cabello [...] Eso hace ya tanto tiempo [...] Unicamente una pequeña mirada, hace
veinticinco años".
Sin embargo, esa
"pequeña mirada" tuvo un resultado literario monumental: su novela Nostromo,
de 1904. Nostromo es, sin duda alguna, la mejor novela en la lengua inglesa con
tema y escenario de América Latina, y una de las pocas novelas en cualquier lengua que
maneja con éxito grandes temas políticos: orden y anarquía, revolución e imperialismo,
capital, libertad, democracia, demagogia...
El inglés fue la
tercera lengua, o incluso la cuarta, de su autor, después de su polonés materno, algo de
ruso y francés. Pero su nacimiento polonés y católico le ayudaba. No compartía la
arrogancia anglosajona del siglo pasado frente a las destartaladas repúblicas del
trópico, ni el rechazo protestante de las sociedades católicas, especialmente de las
sociedades católicas latinas.
Por lo menos sus
escasas memorias de juventud guardaban cierta nostálgica intensidad: "Todo era
fresco, tan sorprendente, tan venturoso, tan interesante; pedacitos de costa extraña bajo
las estrellas, las sombras de las montañas, pasión humana al atardecer; chismes medio
olvidados, caras ya casi ensombrecidas por el olvido..." Sirvieron mucho en su
evocación de la geografía y del ambiente físico de su imaginaria república de
Costaguana, y de su provincia progresista y separatista de Sulaco, puerto sobre el golfo
Plácido, al pie de la montaña de Higuerota, cuyas nieves perpetuas, vistas desde mar
adentro, flotan como nubes inmóviles en el azul cielo tropical...
Costaguana es sin duda
una república heredera de la Gran Colombia. Jorge Luis Borges confirma este hecho en su
cuento Guayaquil, en el que hace figurar a Costaguana, el mismo país imaginario
del ilustre novelista polaco-inglés, y hace este sutil homenaje a otro gran maestro del
lenguaje: "Acaso no se pueda hablar de aquella república del Caribe sin reflejar,
siquiera de lejos, el estilo monumental de su historiador más famoso, el capitán Joseph
Korseniowski". Borges reconoce la esencial naturaleza caribeña de Tierra Firme, del
país imaginado, y no se deja engañar por otros elementos más accidentales de la novela.
Para reforzar sus recuerdos, Conrad se puso a leer libros de viajeros -confesaba que
sufría bastante con esta lectura- e inyectaba en su propio libro detalles folclóricos,
apellidos, episodios de otras partes: del Río de la Plata, del Paraguay... Disfrazaba
deliberadamente sus recuerdos reales de 1875 o 1876.
Tal vez sea por eso que
la novela no haya tenido más lectores en Colombia, aunque existen buenas traducciones al
castellano, y a pesar de que el libro está ligado a la historia del país con nexos más
intelectuales que el tedioso viaje de su autor, entonces joven e inconsciente, o que su
poca satisfactoria visita a Santa Marta.
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Joseph Conrad en
1874 (16 años),
poco antes de su viaje a Colombia.
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Mientras leía su
selección de viajeros -George F. Masterman, Seven Eventful Years in Paraguay
(Londres, 1869), Edward B. Eastwick, Venezuela, or Sketches in the life of a South
American Republic, with the History of the Loan of 1864, (Londres, 1868)-, se
inspiraba de modo más directo en una fuente viva, y además de viva, tan elocuente y
singular, que Conrad terminó retratándole de cuerpo entero como uno de los personajes de
su novela. Esa fuente fue don Santiago Pérez Triana, a quien fue presentado por su amigo
el viajero, literato e historiador Robert Bontine Cunninghame-Graham, quien escribiría
más tarde sobre Colombia -Cartagena y las riveras del Sinú, (Londres, 1920)-,
pero quien hasta entonces sólo había vagado por Argentina, la Banda Oriental y Paraguay.
Pérez Triana vivía
entonces autoexiliado en Londres, enredado en varios negocios y conspiraciones, y se
había hecho buena reputación como escritor y publicista. La narración de su fuga de
Colombia, De Bogotá al Atlántico, se publicó en inglés en 1902, con prólogo
de Cunninghame-Graham y con el título Down the Orinoco in a Canoe. Hijo de
Santiago Pérez, ex presidente radical desterrado por Miguel Antonio Caro, fue un crítico
persuasivo y persistente de los gobiernos conservadores de ese tiempo. Aun sus enemigos
reconocían su encanto y su don de palabra.
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Santiago Pérez
Triana, modelo del José Avellanos de "Nostromo".
Dibujo de Juan David Giraldo.
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Conrad confiesa en una
carta a Cunninghame-Graham que se ha servido de Pérez Triana como modelo de don José
Avellanos, aristócrata de Costaguana, autor de una obra clásica sobre los sufrimientos
de la república (Cincuenta años de desgobierno) y antiguo representante de su
país en Londres, conversador ameno e incansable. Aunque Conrad trata a este personaje con
una dosis de ironía, se pueden detectar en la política de Costaguana-Sulaco ecos de la
versión de Pérez Triana sobre la política de Colombia-Panamá: a los que mandan en el
interior no les han llegado las luces del progreso, no conocen las costumbres de los
negocios civilizados: "Somos un vergüenza y un proverbio entre los poderes del
mundo".
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R.B,
Cunninghame-Graham, otro viajero inglés en Colombia.
Dibujo de William Strang, 1898.
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Sulaco, con el apoyo de
los recursos y conexiones internacionales de una gran mina de plata, la mina de San Tomé,
se separa de Costaguana, y muy pronto logra la protección y el reconocimiento de la gran
república del norte. Conrad escribió Nostromo mientras Panamá se separaba de
Colombia. En su correspondencia con Cunninghame-Graham consta su reacción: "¿Qué
piensa Ud. de los Conquistadores Yanquis en Panamá? ¿Bonito, no?"
Nostromo
cuenta cómo en aras del progreso material Sulaco se separa de Costaguana, su
convulsionada república madre. Cualquier lector colombiano notará los paralelos, y el
historiador observará también otras referencias a la historia colombiana -una batalla
que suena a la de Garrapata, un periódico que se llama El Porvenir-, a la
historia de repúblicas vecinas (el nombre del dictador Guzmán Bento) o lejanas: el mismo
dictador Guzmán Bento se parece mucho más a Francisco Solano López del Paraguay, que a
Guzmán Blanco de Venezuela.
No todos los críticos,
sin embargo, han reconocido la rotunda sutileza de la obra. Hecha raíces en una era de
"caudillos bárbaros", y termina, incluso en una fecha tan temprana como 1904,
con los agitadores marxistas. Confronta el imperialismo, la fuerza impersonal y
transnacional de los intereses materiales, y lo condena como inadecuado. No obstante, su
condena no es simple: a la pequeña república de Sulaco, medio bien y medio mal nacida,
le falta un proyecto moral. Pero la vieja Costaguana está todavía más lejos de ser un
paraíso, a no ser un "paraíso para culebras".
"Insuficientes
-pensaba Conrad de sus lejanas memorias de marinero principiante- como para servir de base
a toda una novela". Pero con algunos libros de viajes, con unos cuantos encuentros
con Santiago Pérez Triana, y con su imaginación genial, bastaba. Imposible en tan corto
espacio intentar resumir un libro como Nostromo. Legítimo señalar su actualidad
frente a la nueva era nacional del petróleo y de la gran minería.
¿Y el "hombre
casi fiera"? Conrad no desperdiciaba nada. Aparece casi veinte años después de la
publicación de Nostromo en el escenario lejano-oriental de la novela Victory,
como Juan Pedro: "Es un cazador de caimanes -dice su amo-¿Fue una adquisición mía
en Colombia, sabes? ¿Conoces a Colombia?" "No", dijo Schonberg muy
sorprendido. "¿Un cazador de caimanes? ¡Qué oficio tan curioso! viene de Colombia,
entonces?" "Si, pero he estado viniendo hace mucho tiempo".
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