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FREDERIC CHURCH
Gran pintor del trópico
Por: Santiago
Samper Trainer
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 35
Noviembre de 1992
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F.E. Church.
Oleo de Charles Elliot, 1886.
Olana, New York State
"Corazón de Los Andes", 1859. Oleo, 168 x 302.
Metropolitan Museum of Art, New York.
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Entre abril y agosto de
1853 pasó por la República de la Nueva Granada Frederic Edwin Church, quien llegaría a
ser el pintor más famoso y reconocido de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo
XIX. Nacido en la próspera ciudad de Hartford, Estado de Connecticut, el 4 de mayo de
1826, en una familia acomodada y de larga tradición puritana, recibió la más esmerada
educación disponible en su época. Desde muy joven mostró una imaginación desbordante
que llevó a que, a regañadientes, sus padres aceptaran que su único hijo varón
estudiara pintura, profesión no bien vista por ellos. En 1844 inicia sus estudios con
Thomas Cole, el artista más importante de la época, quien aceptó recibirlo como su
único discípulo. En sólo dos años Church había aprendido tanto, que hay quienes
afirman que su talento y habilidad sobrepasaban a los del profesor.
En Estados Unidos a
mediados del siglo XIX florecían movimientos artísticos e ideológicos muy diferentes,
pero casi todos orientados hacia un marcado nacionalismo, y se daba la evolución de un
pensamiento trascendentalista y una firme creencia en que el estadounidense tenía un
destino manifiesto en el transcurrir de la historia. Por ello, no es de extrañar que un
joven aventurero, inquieto y culto tuviera influencia de estas corrientes. Las primeras
obras importantes de Church tienen la clara impronta de Thomas Cole, y de alguna manera
también la tendrían, aunque en menor grado, las obras maestras que produciría en más
de medio siglo de trabajo: la grandeza del Creador representada en espectaculares paisajes
de diversos lugares del mundo, y la pequeñez del hombre ante tal magnificencia. Una de
las influencias decisivas en la vida de Church fue su conocimiento de la obra de Alexander
von Humboldt, a quien su generación de artistas e intelectuales admiraba. Por ello, en
1853, decidió realizar parcialmente el viaje que había emprendido Humboldt medio siglo
antes, intentando visitar los mismos lugares por donde pasó el sabio.
Acompañado por su
amigo y patrocinador Cyrus W. Fieid, quien sería más tarde el promotor del tendido del
cable transatlántico, partió de Nueva York el 8 de abril de 1853, cargado de cartas de
presentación para las autoridades neogranadinas, los agentes diplomáticos y
personalidades influyentes. Llegaron a Sabanilla, puerto marítimo de Barranquilla, el 28
de abril. En esta localidad tuvieron que esperar varios días a que estuviera disponible
un barco de vapor que los subiera por el río Magdalena. Desde su llegada, se dedicó a
conocer los alrededores de Barranquilla y a dibujar cuanto le parecía curioso y de
importancia. Allí escribió las primeras de trece cartas dirigidas a su familia, empezó
un pequeño diario escrito en un castellano incipiente e inventado; luego redactaría otro
diario, en inglés, que recoge las impresiones de su paso por la República de Ecuador, y
comenzó a realizar más de un centenar de dibujos y bocetos. Desafortunadamente, su
diario en inglés del trayecto por la Nueva Granada y algunos bocetos y datos que había
reunido se perdieron en Túquerres, ya terminando su viaje por Colombia. Sin embargo, las
cartas que envió a la familia son bastante detalladas y permiten conocer sus impresiones
acerca de la Nueva Granada, de su paisaje, de sus costumbres y de sus gentes.
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"Vista del
Cotopaxi", 1857, Oleo, 62.2 x 92.7.
Art Institute of Chicago.
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Cuatro de las cartas
son enviadas desde Barranquilla. Describe las costumbres, la comida, la vivienda y la
flora de la región. Entre las cosas que le impresionan particularmente está la pequeña
estatura de los burros y la forma exagerada en que son aprovechados como bestias de carga:
"Eramos seis pasajeros, el capitán y un guía, requiriendo ocho caballos y un burro
como del tamaño de un perro grande para cargar unas pocas piezas de nuestro equipaje
[...] No hay carreteras en este país, solamente caminos de herradura. Vimos mucha gente
-hombres, mujeres y niños- montados en pequeños burros completamente sepultados bajo
canastos y bultos. A veces se ve llegar trotando a uno de estos pequeñines, siendo
visibles solamente sus orejas y sus patas, con dos gigantescos bultos -uno a cada lado-
llenos de naranjas, y una corpulenta señora suspendida encima en forma inexplicable.
Estoy verdaderamente asombrado con las cargas que estos pequeños animales pueden
llevar..."
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Pitahayas,
Burro e Iglesia de Barranquilla.
Oleo sobre papel, mayo-junio 1853.
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Church se interesa por
todo. Hace pequeñas excursiones para conocer los alrededores, va a la plaza de mercado,
donde regatea con las vendedoras de frutas, visita plantaciones de coco, piña y plátano,
lleva una vida social activa. De la gente de Barranquilla dice: "Han sido muy amables
con nosotros y se han esforzado por mostramos cuanto nos haya podido interesar [...] Los
habitantes haraganean la parte caliente del día y, efectivamente, casi todo el
día..."
El 10 de mayo inicia la
subida por el río Magdalena en el vapor Barranquilla. Durante el viaje dibuja todo lo que
va observando: paisajes, palmeras, poblaciones, enredaderas, frutas...De los veinte días
que duró el viaje quedan muchos dibujos y bocetos que más tarde traduciría en grandes
lienzos magistrales. Cerca de Honda nace uno de sus mejores paisajes: La Magdalena, fruto
de dibujos del lugar sobre el cual escribe: "Las colinas y las montañas alrededor de
Honda son sorprendentes. Algunas se alzan en masas perpendiculares como catedrales; otras
se presentan como corredores, domos y una variedad de formas extrañas y
decorosas..."
A Bogotá llega el 4 de
junio, por el camino de Guaduas. Permanece en la capital hasta el 8 de julio, con algunas
excursiones a sitios cercanos, especialmente al Salto de Tequendama, que visita en varias
oportunidades, y que era al fin y al cabo su único motivo para subir a la meseta:
recorrer los pasos de Humboldt. Realiza bocetos y dibujos del Salto desde todos los
ángulos posibles. En su diario en "español" anota el 30 de junio: "Hoy
efectuamos el hado y tuvimos la satisfacción de haber visto el Salto de un nueva y mejor
vista. Teníamos seis peones que cortaron los árboles de plumón que interceptaban la
vista. Hice dos croquis a lápiz. La vista es admirable". De estas excursiones
resultó su famoso cuadro del Salto de Tequendama, pintado en 1854 y que contiene
elementos de dibujos y bocetos realizados en sus diferentes visitas, incluyendo una
guacamaya que había dibujado en Bogotá.
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"Escena en
los Andes", 1863-67. Oleo, 96.5 x 121.9.
Colección particular, Estados Unidos.
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"Salto de
Tequendama", 1853. Oleo sobre papel,
Museo Cooper-Hewitt, New York.
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Aquí frecuenta a
norteamericanos y a extranjeros residentes. Asiste a varias fiestas y bailes y es atendido
por la sociedad bogotana, siendo testigo del enfrentamiento entre "cachacos" y
"ruanas", revuelta en la que hubo muertos, pero que no le afectó en lo más
mínimo. Siguió adelante con sus planes: "Bogotá tiene alrededor de 50 mil
habitantes y es sin duda el sitio de mayor actividad que hemos visto. Era muy raro,
después de habernos acostumbrado tanto tiempo a ver los sombreros de paja y las alegres
ruanas, o capas nativas del campo, ver a la gente vestida de paño y utilizando sombreros
de copa. Por supuesto, solamente los extranjeros y los ciudadanos más pudientes los
utilizan..."
De Bogotá sale el 9 de
julio hacia Fusagasugá e Ibagué, rumbo a Quito. Sobremonta la cordillera por el paso del
Quindío, a pie, y llega al Valle del Cauca, por Cartago, Buga, El Cerrito y Palmira,
hasta llegar a Cali, donde permanece del 25 al 30 de ese mes y donde se hospeda en casa de
Manuel María Mallarino. En Cali tiene problemas con las autoridades, pues "parece
que un italiano que merodea por el país ha incurrido en el desagrado del gobierno
(probablemente había cometido algún crimen), y éste consecuentemente ha avisado a los
oficiales en las provincias para que estén atentos a la presencia de extranjeros. Y como
los extranjeros acá escasean, nuestro arribo causó alguna agitación entre los
dignatarios..."
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Apunte del Salto
de Tequendama.
Oleo. Junio 1853.
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Continuó viaje hacia
el sur: Popayán, con escalada del Puracé durante una tormenta, y Pasto, después de
cruzar el valle de Patía. Allí escribe el 20 de agosto: "...Pero no te puedes
formar una idea de la casa en que nos tocó dormir. Están completamente inundadas de
gigantescos insectos de diferentes clases [...] En una casa del río Guanambú, las
paredes estaban literalmente cubiertas con ellos..." Demuestra también aquí su
incomodidad con las costumbres de los campesinos: "...Los forasteros son muy escasos
en esta parte del país; y donde quiera que parábamos, hombres y mujeres inundaban la
casa y procedían a miramos descaradamente; así estuviéramos comiendo o haciendo
cualquier otra cosa, no había diferencia. Y como rara vez estas chozas tienen ventanas,
nos molestaban mucho aglomerándose a la puerta. Les parece difícil que no seamos capaces
de entender toda su jerigonza; pues asesinan chocantemente el castellano, y hacen sus
observaciones acerca de nosotros sin reserva. Parecen divertirse particularmente con
nuestra persistencia y temeridad en bañamos las manos y la cara, un acto de ablución que
parecen considerar completamente novedoso y peligroso..."
El 25 de agosto, Church
cruza la frontera de Nueva Granada y Ecuador, allí hace muy buenas amistades, recorre los
pasos de Humboldt (hasta se hospeda en la misma casa de Quito). Al vecino país regresará
en 1857 durante algunos meses para escalar y pintar los nevados y volcanes. A la Nueva
Granada no volverá. Sin embargo, como resultado de su viaje, quedarían algunos de los
paisajes más espectaculares pintados durante el siglo XIX. Exhibía sus cuadros en
grandes espacios donde cobraba la entrada (Corazón de los Andes, 1859). Colocaba el
cuadro en un escenario, rodeado por cortinas oscuras y ocultas luces de gas, y la gente se
sentaba en bancas a mirar con pequeños telescopios los detalles de la exhuberancia del
trópico suramericano. Así se convirtió Church en una de las personalidades más
célebres de su época, y su fama se extendió hasta Europa, donde lo ponderaron
generosamente. Sin embargo, murió en 1900, en el olvido. Las nuevas tendencias
artísticas lo habían enterrado y su obra pasó a ser ignorada hasta bien entrado el
siglo XX. Actualmente es considerado como uno de los más grandes artistas de Occidente en
el siglo XIX.
PASEO AL
TEQUENDAMA
"...He estado dos
veces en el Salto de Tequendama, que es una maravillosa catarata. El río Bogotá
-después de un curso largo, tortuoso y tranquilo por las planicies- se rompe
intempestivamente por una abertura en las montañas y cae en una sola e ininterrumpida
lámina a un gran abismo, 670 pies, y después desciende en una serie de caídas de casi
la misma altitud. En la parte de arriba del Salto está lo que se llama tierrafría, con
las plantas, árboles y frutas de los climas templados; abajo crecen palmeras, naranjas.
etc. Las nubes formadas por la evaporación de las caídas a veces cubren las montañas
por millas, y no permiten la visibilidad del Salto. El descenso al fondo es muy difícil,
pero
Mr. Gooding, un caballero americano de acá, y yo nos dimos a la tarea de hacerlo; y un
caballero neogranadino, el señor Urdaneta, nos consiguió siete peones o guías y nos
acompañó también. Primero descendimos a clima medio y después comenzamos a subir por
la corriente; los peones con sus machetes (o cuchillos largos y pesados) y hachas cortaban
las ramas, las enredaderas, las raíces, etc. que se entretejen tan obstinadamente en un
país tropical. Nuestro curso era uno torcido -debido a la necesidad de escalar los lados
de las montañas para evitar los precipicios- pero a pesar de todas las dificultades
avanzamos rápidamente y llegamos al pie de la cascada. A alguna distancia hice un boceto
en lápiz, y también otro tan cerca como el rocío me dejaba ver. Cerca de la catarata,
abajo, cae una lluvia perpetua y pesada, que origina un gran número de quebraditas que
corren por entre las piedras hasta el río principal. Debido a la enorme evaporación, el
río abajo no es más que la mitad de lo que es arriba. Comimos cerca a las cataratas, y
yo llevé una pequeña máquina francesa e hice una taza de té para Mr. Gooding y para
mí, al lado de la catarata... Gigantescas y vistosas guacamayas y otras aves de plumaje
brillante volaban por los aires, y brillantes arcos iris en la niebla servían para
alegrar la escena... "
Carta a la madre, julio
7 de 1853.
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