El
misterio de la fecha
Muchas cábalas
se han hecho los expertos sobre la primera vez que se jugó
en Colombia un partido de Fútbol y sobre quiénes
fueron los iniciadores en nuestro país de ese deporte que,
como en el resto del mundo, provocó en el siglo XX una
pasión individual y a la vez multitudinaria. Por aquello
del orgullo regional, muy plausible, los barranquilleros aseguran
que las primeras patadas al balón en Colombia se dieron
en Barranquilla en 1904. Otros más sitúan esta fecha
histórica en Pasto en 1909, y así corren otras dos
o tres versiones sobre los comienzos del balompié colombiano.
La página web de la Federación Colombiana de Fútbol
(http://www.futbol.org/federacion/historia.htm) es tajante al
afirmar que “La historia no registra una fecha precisa sobre
la llegada del fútbol a Colombia. Algunos hablan de 1900,
otros de 1906, unos más de 1909… En fin, a principios
de siglo”.
Pero la fecha existe y no es ninguna de las anteriores. El fútbol
llegó a Colombia en 1892, por iniciativa del entonces director
de la Escuela Militar, el coronel Estadounidense Henry Rown Lemly,
quien lo instituyó allí y estableció un reglamento
de acuerdo con los que regían el deporte del football en
Inglaterra (ver recuadro). El 22 de junio de aquel año,
tras la difusión del reglamento en el diario bogotano El
Telegrama, se jugó la primera partida de fútbol
entre dos equipos de la Escuela Militar organizados por el coronel
Lemly, con asistencia del Presidente de la República, Miguel
Antonio Caro, y de un público no muy numeroso, en una cancha
improvisada en uno de las patios de la Escuela, entonces ubicada
en San Agustín, en la sede del antiguo convento de los
padres agustinos.
Diez
años después
De modo que sí.
Aunque el dato podría no agradar a los barranquilleros,
ni a los pastusos, que reclaman para sus ciudades el honor, el
fútbol colombiano se jugó por primera vez en Bogotá,
y también por segunda vez.
Escaso fue el entusiasmo del público, así en Bogotá
como en el resto del país, por la propuesta futbolera del
coronel Lemly. El deporte en general no era un asunto de interés
para los colombianos, que tenían inquietudes intelectuales,
artísticas, musicales, y en ningún caso deportivas.
Los entretenimientos favoritos de nuestro público finisecular
eran el teatro, la ópera, la lectura, los conciertos, y
en ocasiones el ciclismo. El fútbol fue objeto de un desdén
soberbio. Sin embargo los muchachos de la Escuela Militar lo siguieron
practicando con asiduidad y como parte de sus ejercicios de entrenamiento,
hasta que vino la guerra del 99 y tuvieron que dejar las patadas
al balón para empuñar sus fusiles e irse a matar
compatriotas, o a ser muertos por ellos, gracias a la insensatez
homicida de nuestras capas dirigentes.
A mediados de 1902, y agonizante la terrible guerra de los Mil
Días, un grupo de bogotanos conscientes de que el conflicto
agonizaba, y de que era indispensable crear hechos de paz, tomaron
la iniciativa de organizar el Polo Club de Bogotá. Eran
sus promotores don Alvaro Uribe y los hermanos Joaquín
y Tomás Samper Brush, personas a quienes Colombia les debe
no solo el haber puesto en marcha el deporte nacional, sino otros
muchos aportes que le ayudaron al país a vivir en paz y
a conectarse con el siglo XX. Habían terminado sus estudios
ese año en Inglaterra, y estaban de regreso en Bogotá,
los hermanos José María y Carlos Obregón,
que se unieron con entusiasmo a la empresa deportiva de Uribe
y los Samper, propusieron que el fútbol fuera uno de los
sports auspiciado por el Polo Club, y se pusieron a la tarea de
organizar los primeros equipos y el primer match en público.
El 20 de junio de 1902 El Nuevo Tiempo publicó un reglamento
de Fútbol elaborado por José María Obregón,
más específico y detallado que el del coronel Lemly
en 1892.
José María y Carlos Obregón fundaron a continuación
el Football Club de Bogotá, pusieron su empeño en
adecuar una cancha (o ground) en Teusaquillo, y el domingo 7 de
septiembre una multitud de doscientas personas, integrada por
damas y caballeros de la sociedad bogotana, presenciaron el reñido
encuentro entre los dos primeros clubes de fútbol que actuaron
en Colombia, el partido Rojo y el partido Blanco. Por el Rojo
alinearon Eduardo Franco en la portería (goal keeper);
Eugenio Duffo (francés) y Alfonso Uricoechea en la defensa
(fold backs); Jorge Mason (inglés) y Pantaleón Gaitán
en el medio campo (half backs); y Arturo González, Vespasiano
Jaramillo, Ernesto Ponce y Jorge González en la delantera
(forwards); Por el Blanco, Carlos Jaramillo en la portería;
Fulgencio Roa y Gabriel Martin (colombo inglés) en la defensa;
Santiago Vargas, Alberto Patiño y Hernando Patiño
en el medio campo; y Ramón Lozano, Angel María Uricoechea,
Luis Patiño, Carlos Navarro y Alberto Reyes en la delantera.
Como se ve el equipo Rojo apenas pudo completar nueve jugadores,
mientras que el Blanco salió a la cancha de Teusaquillo
con los once de la alineación reglamentaria y en el esquema
del 1-2-3-5. Como árbitro actuó el señor
Gustavo Parra. Directores técnicos: José María
Obregón por los blancos y Carlos Obregón por los
Rojos. Capitanes: por los blancos Angel María Uricoechea;
por los rojos Jorge González. Teller, el primer redactor
deportivo que tuvo Colombia, hizo en El Nuevo Tiempo un breve
relato del primer partido de fútbol en Colombia ante el
público, del cual se deduce que el tiempo total del encuentro
se acordaba entre los contendientes antes de comenzar, y que para
el caso del de Rojos versus Blancos se fijó en dos tiempos
(o partidas, o chicos) de treinta y cinco minutos cada uno, con
descanso de quince entre uno y otro. Para ganar el match un equipo
debía vencer en ambos tiempos. Si había empate se
convocaría a un segundo partido y si persistía el
empate, a un tercer partido y sucesivamente hasta que uno de los
bandos derrotara al rival y se proclamara campeón.
Rojos
contra Blancos
Así cuenta
Teller cómo se desarrolló el primer partido de fútbol
en Colombia: “Lanzado que fue el ball por el capitán
de los blancos, y después de gran número de ataques
y defensas, el forward José María Uricoechea hizo
el primer goal a las 10 y 5 a. m. Inmediatamente después
se tocó descanso de quince minutos. Terminado se dio principio
a la segunda partida, la cual duró hasta las once menos
cinco, sin que ninguno de los dos partidos [equipos] la decidiera,
quedando por lo tanto aplazada hasta el domingo próximo,
en que se jugarán las dos partidas que faltan para terminar
el match”. La Junta Directiva del Football Club citó
para el domingo siguiente, 14 de septiembre, a las 8.30 de la
mañana en el ground de Teusaquillo y encareció a
los socios la puntual asistencia a la hora indicada. El cronista
Teller cedió la palabra a Sportmens, quien narra los incidentes
del segundo encuentro: “Cuando llegamos al ground ya los
jugadores estaban colocados en los sitios que a cada cual le correspondían;
los blancos, con su capitán Angel María Uricoechea,
ocupaban el lado sur, y los rojos con el suyo, señor Jorge
A. González, el lado norte, y prontos a disputarse con
ardor la victoria. Después de más de media hora
de lucha, en que demostraron los dos partidos contendores su agilidad
y destreza, el capitán de los rojos, señor Jorge
A. González, hizo dos goals, ganando estos por tal hecho
dos juegos. Enseguida se les dio un descanso de 30 minutos y volvieron
a la lucha, pero esta vez sin resultado alguno. Ya cerca de las
once a. m. el juez dio la señal de terminada la partida,
quedando los rojos desafiados por los blancos para el domingo
próximo a las ocho y media a. m.”.
Se mantenía, pues, el empate. Los blancos habían
ganado el primer match y los rojos el segundo. Sin darse cuenta,
la ciudad se encontró divida entre hinchas de los blancos
e hinchas de los rojos, y para el tercer partido, que sólo
se pudo efectuar quince días después, el 28 de septiembre,
la cancha de Teusaquillo estaba rodeada por casi dos mil espectadores,
y se hicieron presentes desde temprano redactores de los dos diarios
que se publicaban en Bogotá, El Nuevo Tiempo y El Comercio.
Para el tercer partido los rojos se reforzaron con un jugador
más. Leo Kopp (alemán) sustituyó a Pantaleón
Gaitán, entraron Eduardo Pombo y Emilio Samper y quedaron
con diez hombres. Los blancos mantuvieron los once de su alineación
original. “A las 9: 30 –relata El Nuevo Tiempo—se
dio principio a la partida, la cual duró tres cuartos de
hora, sin que ninguno de los dos grupos lograra vencer a su contrario.
Dada que fue la señal de terminar el descanso de 15 minutos,
volvieron a empezar; pero esta vez los rojos al lado sur y los
blancos al norte. ¡Qué espectáculo tan interesante
fue desde ese momento la partida! Los rojos, atacados en su amor
propio, pues eran los desafiados, se lanzaban veloces sobre sus
contrarios, hacían mil estratagemas y grandes esfuerzos
por vencerlos, y los otros, convencidos de su fuerza y destreza,
paraban todos los ataques con una maestría grande. De pronto
hubo un momento en que la defensa era cosa más que imposible;
en tal momento aprovechó la oportunidad el señor
Vespasiano Jaramillo e hizo un goal magnífico, y dio con
éste fin a la partida, la cual ha sido una de las más
interesantes y disputadas que hasta hoy se han jugado”.
El Comercio nos da su versión, que coincide con la de su
colega y la complementa: “A las 9: 30 ante un buen número
de espectadores, se dio principio a la partida. El partido Blanco
–el que lanzó el desafío—ocupando el
lado norte, y el Rojo –el desafiado—el lado sur. Pintoresco,
podemos decirlo, era el golpe de vista que presentaban los jugadores,
todos de uniforme y resueltos ambos a no dejarse vencer de sus
contrarios; las apuestas se cruzaban tanto entre los espectadores
como entre los jovenes de uno y otro partido; en una palabra,
había gran entusiasmo. A una señal del juez lanzó
la pelota el señor Jorge González, capitán
de los rojos, y empezó la lucha, la cual duró tres
cuartos de hora sin resultado alguno. Terminando el descanso empezaron
de nuevo, pero esta vez con más ardor, con mayor entusiasmo,
dando por resultado el que los rojos, con un esfuerzo mayor y
una destreza sin igual, lograran hacer el goal, a pesar de estar
como goal keeper [de los Blancos] el señor Carlos Jaramillo,
uno de los mejores jugadores de football, si no el mejor de todos
ellos, pues sabemos que en Inglaterra practicó bastante
en este juego. Nos complacemos en felicitar de todas veras a los
jóvenes pertenecientes al partido Rojo por este triunfo
tan bien alcanzado”. El resultado final había sido
de dos a uno a favor de los rojos, que se proclamaron campeones.
Las primeras Copas
Prendió
la semilla del entusiasmo por el fútbol y, según
recuento que hace en El Tiempo, casi veinte años luego,
el cronista que firma El Pacífico Deportista, “Don
José María Obregón, el as de los footballistas
colombianos, quien había capitaneado un equipo en su universidad
de Inglaterra, llevaba la batuta. Y varios extranjeros y muchos
nacionales jugaron football cada domingo. Y los pequeños,
al salir del colegio, iban a Marly, a un terreno semipúblico,
y hasta no rendirse de fatiga no interrumpían sus encuentros,
sus prácticas”.
No obstante el juego del fútbol no encontró un eco
mediático y la información al respecto se hizo casi
nula, de donde resulta difícil rastrear con que frecuencia
y en qué canchas se jugó en la primera década
del Siglo. Para el primer domingo de febrero de 1903 el Football
Club programó una nueva temporada que habría de
iniciarse ese 1 de febrero con un encuentro entre los dos partidos
del año anterior, Blanco y Rojo, que tendrían en
esta ocasión el aliciente adicional de competir por un
“magnífico premio” obsequiado por la Junta
Directiva del Football Club al equipo vencedor; pero la fecha
de iniciación se aplazó debido a la decisión
del Football Club de pasar su ground de Teusaquillo al ground
del Velódromo, que ofrecía mayores ventajas “tanto
para los jugadores como para las personas que van a este espectáculo,
las cuales tendrán asientos en la tribuna, y vista no solo
para el football sino también para el Polo”. Se anunció
que el domingo 22 de febrero habría una partida especial
para inaugurar el nuevo ground del Football Club, y de ahí
en adelante no sabemos si se cancelaron los proyectos del Football
Club de Bogotá, o los periódicos decidieron omitir
de sus columnas la información sobre fútbol por
creerla sin importancia. De hecho en 1948, al concluir el Primer
Campeonato Profesional de Fútbol Colombiano, el cronista
deportivo de El Tiempo celebra que por fin los periódicos
hubieran abierto de manera amplia y continua sus páginas
al fútbol en un reconocimiento definitivo de que este deporte
formaba parte de la vida nacional desde hacía muchos años.
Siguió funcionando el Football Club de Bogotá, y
en Barranquilla se organizaron varios clubes de fútbol,
si bien nunca fue posible concertar un encuentro entre los equipos
de Bogotá y los de Barranquilla. A partir de 1912 el fútbol
adquirió en Colombia el carácter de deporte espectáculo.
Desde el año anterior en Bogotá el padre Gumersindo
Lizarraga, un educador jesuita que veía en el fútbol
un deporte estimulante para la actividad de los estudiantes, se
propuso impulsarlo, y apenas volvieron de sus vacaciones decembrinas
repartió reglamentos del fútbol no solo a los muchachos
del Colegio de San Bartolomé, sino también a los
jóvenes de otros centros. Se reorganizó entonces
el Football Club de Bogotá, el Polo Club creo su equipo
de fútbol, y los directivos del San Bartolomé invirtieron
una suma fuerte en la adecuación de “la pintoresca
finca de La Merced” como cancha para las prácticas
del equipo bartolino y de los demás equipos que lo solicitaran.
El entusiasmo subió tanto que en septiembre el Presidente
de la República, Carlos E. Restrepo, ofreció una
Copa para ser disputada entre los cuatro equipos que tenían
reconocimiento oficial; Polo Club, Club Bogotá, Escuela
Militar y Club Bartolino. Hasta el 6 de octubre se habían
jugado seis encuentros reñidísimos y la puntuación
estaba así: Polo Club, 5 puntos; Bartolino, 3 puntos; Escuela
Militar, 2 puntos; y Club Bogotá, 2 puntos. El Polo Club,
que era el equipo de los hermanos Obregón, había
derrotado al Bogotá y a la Escuela Militar, y empatado
con el Bartolino; el Bartolino, del colegio de San Bartolomé,
había empatado con el Bogotá, la Escuela Militar
y el Polo Club. Se hicieron apuestas grandes de dinero a favor
del Polo Club o del Bartolino, y en la capital no se hablaba de
otra cosa que del encuentro que definiría al ganador de
la copa Restrepo. Programado para el 20 de octubre, un aguacero
torrencial obligó a posponer el partido, que se efectuó
al fin el 27 de octubre. En La Unidad, periódico del joven
político Laureano Gómez, afecto al San Bartolomé,
encontramos este relato estupendo de la final de la Copa Restrepo:
“A las 3:30 de la tarde [en la Cancha del Polo Club] los
acordes magníficos del Himno Nacional anunciaron la llegada
del excelentísimo señor Presidente. Las marciales
armonías vibraban al unísono con las ardientes palpitaciones
de los que iban a disputarse el triunfo. Momentos después
los jugadores ocuparon sus puestos y a la señal del referee
empieza la lucha. Imposible pintar en pocas palabras todas las
hazañas de los jugadores. El Polo Club, compuesto casi
en su totalidad de caballeros que se han lucido muchas veces en
magníficos juegos de Inglaterra y Estados Unidos, habiendo
sido algunos de ellos condecorados por sus brillantes triunfos,
lucha con el Bartolino, compuesto de jóvenes que apenas
cuentan cuatro meses de ensayos… y sin embargo se diría
que son luchadores envejecidos en el manejo del balón.
El primer ataque arranca de los bartolinos, y el balón
se avecina al goal contrario… Poco tiempo basta al enemigo
para defenderse y tomar la ofensiva: esta es fuerte, artística,
rápida y bien dirigida y escalonada… Varias veces
llega el balón a las puertas del goal bartolino, varias
veces va rápido y fuerte a penetrar por el goal, pero en
vano, siempre vuelve rechazado por el goal keeper. Siguen luego
numerosas y variadas alternativas del juego, en que no sabe uno
que admirar más, si la oportunidad de los pases, y rapidez
de movimientos de unos y otros, o los quites, defensas y ataques
de ambos contendores. Así pasa media hora… La ansiedad
creciente de los espectadores tiene 10 minutos de tregua y los
jugadores descansan, para emprender de nuevo la lucha con más
brío en el 2do tiempo, ya que en el 1o. ninguno ha podido
lograr el triunfo.
“Pasa el descanso. Cambian de goal los combatientes…
se traba de nuevo la lucha… vuelven las alternativas en
el ataque, y los pases y los quites se suceden con rapidez…
el balón se acerca al goal bartolino llevado por los aguerridos
forwards del Polo… la expectativa aumenta… y revientan
los aplausos al ver pasar el balón por el goal bartolino.
“Pronto se reanuda el combate… nueva expectativa;
los forwards bartolinos ya no atacan con tanto brío como
al principio, parece que el goal perdido los hubiera acobardado…
No obstante, el Polo encuentra una resistencia terrible…
sobre todo el goal keeper bartolino es insuperable…en sus
brazos y en sus piernas perece el ímpetu del balón,
que rechaza siempre con la firmeza de una roca y la serenidad
impasible de un soldado veterano. Termina el match. Polo Club
1, Bartolino 0. La Copa Restrepo es para el Polo Club.
“Al señor Shorman nuestros parabienes por lo bien
que supo desempeñar su cargo de juez o referee; al Polo
nuestra enhorabuena por sus nuevos laureles, y a los bartolinos
nuestro saludo y felicitación por sus adelantos en el football”.
Después de entregar al Capitán del Polo Club, don
José María Obregón, la Primera Copa del fútbol
colombiano, el Presidente Restrepo envió al padre superior
del San Bartolomé, Vicente Leza, el mensaje siguiente:
“La calidad de los vencedores y las condiciones en que los
jóvenes del colegio fueron vencidos da a la derrota honrosos
caracteres, que la aproximan mucho a la victoria”.
Para la segunda Copa Restrepo, en 1913, se inscribieron catorce
clubes: Polo Club, Bartolino, Club Inglés, Club Colombia,
Club Bogotá, Escuela Militar, Tequendama Football Club,
Santander Football Club, Club Chile, Club Liberty, City Club,
Club República, Club América y Club Nariño.
La Copa Restrepo de 1913 comenzó el 12 de octubre y terminó
el 16 de noviembre y se proclamó campeón el Club
Colombia. La tercera y última Copa Restrepo se realizó
en 1914, por cumplirse ese año el período del presidente
Restrepo. Comenzó el 12 de julio. Se inscribieron seis
nuevos clubes: Bolívar, Tarqui, Ricaurte, Sporting, Stard
Club, The Albion, El Rosario, Club Union, y se refundieron en
uno, con el nombre de Bogotá City los antiguos Clubes Bogotá
y City, para un total de veinte aspirantes, entre los cuales fueron
seleccionados los clubes Colombia, Polo, Tequendama, Bogotá
City, Sporting, Bartolinos y Santander. La final se jugó
en un partida apoteósica el 2 de agosto entre el Polo y
el Colombia, ganada por el Polo 1-0. El Polo Club se adjudicó
el campeonato por segunda vez.
Para sustituir la Copa Restrepo, el rector del San Bartolomé
ofreció la Copa Mayor Bartolina, que entraron a disputarse
desde el 20 de septiembre de 1914 nueve clubes: Tequendama, Bartolino,
American, London, Internos del Instituto de La Salle, Sporting,
Polo, Colombia, Internos Bartolinos, y Pío X. El domingo
1 de noviembre se jugó la final en la cancha de La Merced,
entre los mismos equipos que habían disputado la primera
Copa Restrepo, lo que le dio caracteres de clásico: El
Polo Club y el Bartolino. La fiebre del fútbol estaba alta
y los partidarios del Bartolino apostaron firme por el desquite
de su brillante equipo, que rasguñaba la posibilidad de
ser campeón. Los periódicos coinciden en que la
final de la Copa Mayor Bartolina entre el Polo Club y el Bartolino
fue “el match más reñido que se haya presenciado
en Bogotá”, y lo ganó… otra vez el Polo
Club, 2-1, con tiempo suplementario, consolidándose como
el mejor equipo del fútbol colombiano hasta antes de la
Primera Guerra Mundial.
La primera salida
Al concluir la
Copa Mayor Bartolina, los muchachos del equipo de San Bartolomé
recibieron una invitación desafío del Club Sporting
de Medellín para participar en la disputa de la Copa Sociedad
de Mejoras Públicas de Medellín. La invitación
fue aceptada por el rector del San Bartolomé y por primera
vez desde 1892 un equipo local salió a jugar en patio ajeno.
La Unidad, como periódico dirigido por un egresado de San
Bartolomé, siguió de cerca el desempeño del
equipo Bartolino como visitante. Los bartolinos llegaron a Medellín
el 27 de noviembre. “Después de haber recorrido la
amena vega del río Medellín, cuyas montañas
bañaban en suave luz una tarde serena y apacible, entraban
en la capital de Antioquia 23 bartolinos que acaban de dar término
al curso escolar”, cuenta el periódico del doctor
Gómez. La primera partida se efectuó el 29 de noviembre
y empezó a las 4: 30. “Fue una lucha reñida
–narra La Unidad—pertinaz, de igual a igual; el temor
y la esperanza se sucedieron continuamente en los corazones de
los partidarios de uno y otro equipo por las repetidas alternativas
del juego. Pasó el primer tiempo: cero por ambos lados;
para el segundo, tras de porfiada lid, el mismo resultado. Glorioso
empate que ponía de manifiesto las relevantes y vigorosas
habilidades de ambos contendores”. El vencedor de la Copa
Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín se definió
el lunes 7 de diciembre, no habiéndose podido jugar el
domingo 6 por causa de la lluvia. “El Sporting se mostró
colosal e invencible. También en este juego acabaron ambos
tiempos en un empate a cero” que habría debido definirse
en un tercer partido, “mas obligados por la proximidad del
regreso de los bartolinos [a Bogotá] a prolongar el partido
aun en el crepúsculo vespertino, en el último minuto
del cuarto de hora concertado para la prórroga, una segurísima
entrada de G. Moreno y un formidable envite de Lassance lograron
lanzar el balón a través de la puerta [del Bartolino,
decidir definitivamente la victoria a su favor [del Sporting]
y determinar la explosión de aplausos que en el momento
estalló en aclamación de ambos dignísimos
competidores”, relata La Unidad, y Gil Blas asegura que
“el honor sportivo de los bogotanos quedó muy mal
en Medellín”, pulla que tenía más una
intención política que deportiva.
El Dorado
y el medio siglo siguiente
Para la mayoría
de los colombianos de fines de siglo El Dorado es el nombre del
aeropuerto de internacional de Bogotá; pero todavía
para muchos esas dos palabras evocan una época en que el
fútbol fue en Colombia cosa de magia y de encantamiento
que, como todos los artilugios, suelen ser de corta duración
y en cierto modo inolvidables.
Hasta 1948 el fútbol no había logrado posicionarse
en la prensa como un deporte nacional. Se le daba el tratamiento
de pasatiempo de aficionados, aunque ya en 1924 los distintos
football club del país se organizaron en una Liga Nacional
de Fútbol, que creó un Colegio de Árbitros
en 1934 y fue reconocida por la Fifa en 1936, año en que
se estrenó la primera selección colombiana de Fútbol,
que participó con mucho éxito en los Juegos Atléticos
de Manizales, y en que la Liga de Fútbol se Transformó
en Asociación Colombiana de Fútbol. El 28 de febrero
de 1941 un grupo de estudiantes bachilleres del Gimnasio Moderno
de Bogotá fundó el Club Independiente Santafé,
cuyo primer partido oficial, y con su uniforme tradicional blanco
y rojo, se jugó en el estadio de El Campín contra
el equipo de los Telégrafos. El 18 de junio de 1946, por
iniciativa de Mauro Mórtola y de Alfonso Senior Quevedo
se reorganizó el Club Municipal con el nombre de Club Los
Millonarios.
A principios de 1948 la División Mayor del Fútbol
Colombiano propuso la realización del primer campeonato
de fútbol profesional, para superar la etapa del amateurismo,
pero hubo de posponerse la fecha, programada para abril, como
consecuencia de los trágicos sucesos del día 9.
El arranque del campeonato se postergó hasta agosto del
mismo año y el torneo culminó el 19 de diciembre,
con el Independiente Santa Fe como primer campeón del fútbol
profesional colombiano. Participaron diez equipos y la tabla final
quedó así: Santa Fe (Bogotá) 27 puntos; Junior
(Barranquilla) 23 puntos; Deportes Caldas (Manizales), 20 puntos;
Millonarios (Bogotá), 19 puntos; Atlético Municipal
(Medellín), 18 puntos; América (Cali), 18 puntos;
Medellín (Medellín), 17 puntos; (Deportivo Cali
(Cali) 16 puntos; Once Deportivo (Manizales), 14 puntos; Universidad
(Bogotá), 8 puntos.
El Dorado principió en 1949. Con la crisis del fútbol
en Argentina, y la huelga decretada por los futbolistas de ese
país, Alfonso Senior tuvo el cabezazo de traer para Millonarios
a Adolfo Pedernera, primero, y a renglón seguido a otras
estrellas de similar esplendor, como Alfredo Di Estefano (la saeta
rubia) y Néstor Raúl Rossi, que obtuvieron para
Millonarios el título de Campeón de 1949. En 1950
todos los equipos colombianos se proveyeron de jugadores argentinos,
paraguayos e ingleses, pero los más rutilantes estaban
en Millonarios. Desde 1948 había nacido la gran rivalidad
entre Santa Fe y Millonarios, y entre 1950 y 1954 la altísima
calidad de los clubes colombianos de fútbol mantuvo llenos
los estadios a rebosar, y llenó las arcas de los clubes.
Millonarios, denominado por su juegos indescriptible El Ballet
Azul, llegó a ser el mejor equipo del mundo. El Dorado
terminó cuando empezó el éxodo de las estrellas
argentinas hacia el fútbol europeo y los equipos nacionales
sufrieron una brusca caída de nivel, que se recuperó
en parte entrada la década de los ochenta, a partir de
la cual han dominado en los estadios los equipos de Medellín
y Cali, pero la afluencia semanal de público a las graderías
nunca volvió a ser la misma de los tiempos de El Dorado.
Los estadios vacíos han determinado una grave crisis económica
de los clubes nacionales, más preocupados por negociar
los pases de los jugadores que por brindar el espectáculo
que los hinchas desean y exigen.