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En abril y mayo de ]994, campesinos del departamento del Meta reportaron a la
oficina del Instituto Colombiano Agropecuario ICA en Villavicencio la presencia de
langosta saltona en la altillanura. Desde entonces la Oficina de Prevención y Control ha
hecho un seguimiento del desarrollo de la plaga. La langosta no ha podido sobrepasar el
cauce del río Meta, debido a que en sus vegas se halla la mayor presencia de los enemigos
naturales de la plaga, los cuales son el mejor método de control. Se ha identificado a la
garza como la más efectiva, al lado de los garrapateros, los guereré, los alcaravanes
llaneros y los carracos.
Las invasiones de la langosta en el presente siglo tuvieron un efecto devastador
sobre la agricultura colombiana, creando desórdenes económicos, sociales y políticos.
En la región del suroeste de Antioquia existen testimonios orales que dan cuenta de
invasiones en 1906, 1909, 1916, 1918-20, 1926, 1928 y una pasajera en 1936. De ésta se
dice que sólo se escuchó el zumbido característico de la plaga al volar y se vio la
nube de langostas en el firmamento que pasó de largo sin asentarse esta vez.
La llegada de la
langosta implicaba apresurados traslados de ganado en busca de otras tierras donde pudiera
alimentarse, pues la plaga acababa con los pastos. Los alimentos escaseaban, con las
consecuentes hambrunas. «Cómo sería el hambre que mi hermano menor, quien en ese
entonces tenía dos meses, se comió la punta de la suela de una cotiza, y si no es porque
mi mamá lo vio a tiempo, se la come toda», dice Julián Bolívar, informante del
municipio de Betulia. Su relato de la plaga es conmovedor: «yo estaba de unos ocho años.
Iba con mi hermano para la roza cuando menos pensamos escuchamos un zumbido y nos volvimos
para mirar y nos encontramos con un grillerío que venía volando. Sacamos los machetes y
comenzamos a reventarlos en el aire. Estábamos entretenidos matándolos cuando se nos
deja venir la lluvia de esos animales y corrimos asustados para la casa. Mi mamá estaba
arrodillada en el patio rezando. Al otro día todo estaba pelado. Del yucal sólo quedaba
los varejones blancos porque la langosta se había comido hasta la corteza. Era tanto el
animalero que las matas de maíz se doblaban al suelo con ellas. Pasamos mucha hambre».
Las personas
tenían que acudir a la poca vegetación que dejaba la langosta, para subsistir. El
insecto no se comía las mazorcas de maíz que hubieran alcanzado su máximo grado de
madurez, o estuvieran «jechas». Tampoco se comían la rascadera, porque esta planta
produce una leche picante, y sus hojas la aprovechaban las personas como vianda o
«revuelto», al lado de los yuyos de calabacera, para hacer sopas. Para darle substancia
a tal menú, en la mayoría de los casos arrancaban las puertas para quitarles las
bisagras de cuero y echárselas al caldo para que tomara algún gusto. En otros casos,
varias familias se unían y compraban un fémur de res llamado comúnmente «calabombo» o
«cadero» o «hueso de substancia». Tal hueso se lo turnaban por días para darle sazón
a las sopas. Tampoco atacaban los arbustos del café, por el sabor amargo de sus hojas.
Devoraban el maíz tierno, la yuca, el plátano, el fríjol, la caña de azúcar, el
algodón, la pina, la papaya, los naranjos y otros productos básicos de la agricultura.
Los anteriores
testimonios hablan del estado de pobreza que predominaba luego de la invasión de la
langosta. Pero lo que más preocupaba al campesino no era la invasión en sí, sino las
crías que empollaban a los pocos días y se volvían una pesadilla interminable, pues
inhabilitaban toda acción diferente a la de exterminarlas. Ellas comenzaban devorando las
plantas bajas, pero en pocos días eran capaces de trepar a las más altas. Con el
agravante de que su período de madurez podía durar hasta dos meses, dentro de los cuales
era incapaz de volar para irse.
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Langosta migratoria,
marrón, negra y verde.
Alfredo Ortells, «Los insectos», 1984.
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La langosta en Colombia
Resulta
increíble que un insecto que sólo cuenta con seis dientes en cada mandíbula haya
causado y siga causando tanto terror al hombre. Su poder devastador arruinó los mejores
cultivos y no existe garantía de que no vuelva a hacerlo en Colombia. En donde se
asentaba, de un día para otro devoraba los sembrados, fueran extensos o chicos, y sólo
dejaba desolación. La langosta se presenta como un insecto bastante misterioso. Mientras
está en estado aislado, es inofensiva, pero cuando desarrolla su espíritu gregario,
puede ser más destructiva que una guerra.
En la
Universidad Nacional, seccional Medellín, se adelantaron experimentos con langostas
solitarias y luego de algunos días de estar juntas, tomaban la coloración café o gris
oscuro de la gregaria. Otro de los experimentos novedosos consistió en separar de un tajo
con una cuchilla el tronco de la cabeza y colocar junto a ésta hojas tiernas. Para
desconcierto de los presentes, la cabeza mutilada devoró varias hojas.
Desde 1936 no se
registran invasiones de langosta en Colombia y esto constituye otro punto de asombro
alrededor de este insecto, pues las invasiones en el Brasil, Perú y otros países
vecinos, son frecuentes en la actualidad. Según los datos históricos, las invasiones se
daban con mayor frecuencia de sur a norte. Desde esa perspectiva, el país debería estar
sufriendo los rigores de esta plaga.
En Colombia se
identificó como centro de origen la región de Cumbitira, cerca al río Patía, en el
departamento del Cauca. También se le asignó la Laguna del Castigo, localizada en las
vecindades del nacimiento del río Magdalena y el Cauca, y la cual tomó este nombre
porque allí fueron arrojados unos franciscanos que murieron de forma violenta y como
castigo surgió la langosta. Esta historia no está lejos de haber sido influenciada por
el conocido relato bíblico (Exodo, 10, 13-15). Una variante sostiene que la langosta de
la Nueva Granada habitaba el desierto de «El Castigo», ubicado en las márgenes del río
Patía, cerca de la desembocadura en el océano Pacífico. Por lo común salían de allá
cada 6, 8 o 10 años y emigraban unas veces al sur y otras al norte sobre Popayán, y
seguían el curso del río Cauca. De 1814 a 1815 se extendió por todo el Valle del Cauca
hasta la parroquia de San Andrés en la provincia de Antioquia.
Al parecer la
langosta existe desde hace muchos años en Colombia y quizá estuvo confinada al río
Amazonas entre la selva. La primera referencia que se tiene de ella se registra en Pasto
hacia 1619, donde tenían como protector contra la langosta al santo Fray Luis Beltrán. Y
se dice que en 1748 el padre Larre, en Popayán, la conjuró en nombre de San Joaquín.
En 1916 la
langosta invadió 16 secciones del país. En Antioquia se registra además de ésta, otra
en 1909 con igual magnitud. Sin embargo, desde 1878 se denunciaba la expansión de la
plaga en el Boletín del Comercio. Hubo invasiones fuertes en 1906 y 1908,
procedentes del departamento de Bolívar. En Santa Fe de Antioquia llegaron a atacar hasta
los trajes de las lavanderas y la iraca retostada de los techos. Afectó a varios pueblos
del occidente, del suroeste y bajo Cauca de Antioquia entre 1918 y 1920, sobre todo en los
meses secos. Se las denominaba comunmente como chapulinas, paco-pacos y saltones. Son de
cuerpo alto y comprimido, cabeza de igual anchura, surcos transversales y coloración
variada.
El gobierno
nacional promulgó controles legislativos que obligaban a los gobernadores y a los
alcaldes a tomar medidas para exterminar la plaga. El primero fue la Ley 19 del 17 de
octubre de 1911, que en el articulo 15 establecía multas de 2 a 20 pesos para la
negligencia en el exterminio de la langosta. La Ley 65 del 9 de noviembre de 1914
reglamentaba la fumigación del punto de origen de la plaga, o sea la laguna o desierto de
El Castigo. Esta se hizo con una aplicación arsénica en proporción de 200 libras de
arsénico por cada 15 galones de agua hirviendo, cinco galones de agua fría y 40 galones
de miel. Pero en el departamento de Antioquia se encuentran medidas anteriores. Está la
ordenanza 32 de agosto de 1890 y el decreto 145 del 28 de abril de 1906, donde se
impartía la orden a los municipios de combatir a la langosta por todos los medios.
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Langostas en
apareamiento. Centro de Documentación, Departamento de
Entomología, Universidad Nacional, Seccional Medellín.
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Merecen
especial mención las recomendaciones que dio en 1916 el agrónomo Dawe, consejero
entonces del Ministerio de Agricultura. El diseñó una estrategia que consistía en un
sistema de zanjas o fosos (una vara de ancho por una vara de profundidad) a las cuales se
les ponía una tabla para el choque de las langostas y después de caer, se cubrían con
tierra. Valga anotar que fue el sistema más usado por el campesino antioqueño, según se
registra en los testimonios de tradición oral. También se recomendaban las trampas
portátiles con emulsión de petróleo. Y el más común, pero el más lento, matarlas con
ramas de árboles, hojas de maguey o correas de cuero. Fue el método más usado por los
denominados «capturadores» que cobraban por su oficio, pues le vendían a los dueños de
los sembrados la langosta por costalados o bultos.
En la tradición
oral del suroeste se encuentran relatos según los cuales por una jornada se pagaba, una
taza de mazamorra y dos centavos. Los animales domésticos se constituyeron en una gran
ayuda para destruir a las langostas. El mas «profesional» en el oficio fue el cerdo:
hozaba incansable en busca de los huevos puestos bajo la tierra y tenía un gran olfato
para localizarlos. Las gallinas colaboraban en la labor, pero el decir de las gentes, su
carne tomaba el sabor desagradable durante los veinte días siguientes. Los perros a su
vez se enflaquecían de manera notable después de comerlas y perdían el pelo
paulatinamente hasta morir. A la batalla también se unían mirlas, turpiales, toches,
sinsontes, ciciríes, arroceros, chamones, cirihuelos, carriquíes, tijeretas, carpinteros
y azulejos.
Características de la langosta
La langosta
pertenece a la clase de los insectos, orden ortópteros, sección saltadores, familia
acridides, género acridios, especie acridium peregrinum, del cual existe la especie Acridio
Colombiano, propia de Colombia, con notables diferencias frente a las de los países
vecinos. Se considera que esta especie apareció hacia fines de 1888. Además de ésta, se
identificaron en las invasiones también otras tres especies comunes en Suramérica: la Schistocerca
Paramensis Migratoria, clasificada por Walk Burm y quizá la más frecuente en
Colombia. La Tropinotus Rosulentus clasificada por Stal, se identificó en la invasión de
1936 registrada en el occidente de Antioquia, como último rezago de lo que fueron las
migraciones. La Bogotensis, clasificada por Scud y la Tropidacris Latre,
clasificada por Illei Perty y conocida también con el apelativo de «burra», llegaba a
medir hasta 15 centímetros de largo. Tiene amarillas las alas y unos tuberculitos blancos
en el tórax.
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Langosta en estado
solitario. Departamento de Entomología,
Universidad Nacional (Medellín).
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La eclosión de la
postura demoraba entre tres y cuatro semanas y desde entonces pasaban por cinco etapas
antes de alcanzar la edad adulta. Las crías nacían ápteras, verdosas y al tercer día
se tornaban negras. A los ocho días mudaban a un color gris, a los doce días les
aparecían las primeras manchas amarillas. A los cincuenta crías las alcanzaban la
madurez de las alas. Y a los tres meses eran visibles las manchas amarillas y rojas sobre
fondo negro. Para alimentarse preferían las gramíneas y podían comer el estiércol
fresco de los equinos. Al volar, las alas producían un zumbido característico.
Se consideraba
que las especies suramericanas tienen una longevidad promedio de 67 días y un ciclo
evolutivo completo de 133 a 200 días, y máximo de un año. Los tamaños varían entre
seis y ocho centímetros de largo. La postura de los huevos entre la tierra comienza
después de diez a quince días de la cópula, y logra entre seis y ocho posturas con
intervalos de diez a quince días. El apareamiento se da entre noviembre y febrero. Las
migraciones son más frecuentes entre abril y mayo hacia el norte y el y noroeste. Y las
invasiones entre septiembre y diciembre. Sus vuelos pueden ser de dos tipos, bien de
dispersión o bien de concentración. Estos últimos son los mas devastadores de los
sembrados. La langosta requiere de clima seco y caluroso, pues requiere el calor del sol
para poder volar, vegetación xerofítica (no gustan de las plantas amargas), terrenos
semiáridos para facilitar la postura de los huevos y lluvias intermitentes para el
empollado de los huevos.
Después de
algunas horas de estar apareada, la hembra perfora la tierra con sus cuernos caudales, sin
desprenderse del macho y coloca los huevos en la cloaca o en el oviscapto perpendicular de
60 mm. de profundidad. La hembra al desovarse pierde sus fuerzas y muere generalmente
pocas horas después y no lejos del lugar donde puso. El macho se separa, revolotea
algunos días en el sitio cercano al desove, permanece fijo generalmente en un sólo
punto, su vuelo es corto y su debilidad extrema. Sus álitos, alas y patas van
desprendiéndose hasta que muere. Como enemigo natural de la langosta se llegó a
identificar al Cocobacillus Acridiorum, clasificado por Herelle. Era un bacilo que
se introducía en su organismo y podía destruirla.
Las personas del
suroeste antioqueño mayores de 80 años que pudieron ser entrevistados entre 1986 y 1989,
al hablar de la langosta hacían la señal de la cruz y decían con algo de temor:
«¡Ojalá no nos toque vivir eso de nuevo!».
Según Uvarov,
el especialista más famoso en acrídidos, «el problema de la langosta migratoria es obra
del hombre mismo, por el mal uso de la tierra que les crea condiciones favorables. El
sobrepastoreo, la sobreexplotación agrícola y las quemas continuas han eliminado en
vastas zonas las formaciones vegetales originales convirtiendo los bosques en terrenos
abiertos donde la langosta ha podido despertarse con gran facilidad y desarrollar
poblaciones peligrosas». Parece que este entomólogo describiera el proceso de
deforestación acelerado que se da en el país.
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