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Patio en la
Casa de Huéspedes Ilustres.
fotografía de Germán Téllez,
Sociedad Colombiana de Arquitectos / Escala, 1996.
Rogelio Salmona,
fotografía de Ricardo Rivadeneira.
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El
proyecto de la Casa del Fuerte del Manzanillo, conocida también como Casa de Huéspedes
Ilustres, realizada entre 1978 y 1981, se ubica en un momento especial dentro de la obra
de Rogelio Salmona. En él se consolidan ideas esbozadas en obras anteriores y se definen
líneas de trabajo que serán desarrolladas en obras posteriores. El patio como tema de
composición de la casa es quizá lo que más atrae a primera vista, pero existen otros
intereses espaciales expresados previamente por Salmona en sus escritos y conferencias. Su
interés por la arquitectura prehispánica, por la arquitectura mudéjar y por el
urbanismo y la arquitectura de la Colonia, se advierte claramente en este proyecto, sin
ningún tipo de referencia directa o de sentido imitativo.
La casa, distinguida con el
Premio Nacional de Arquitectura en 1986 y el Premio Taller América otorgado en la VII
Bienal de Arquitectura de Chile a la mejor obra de arquitectura latinoamericana, forma un
conjunto con el Fuerte de Manzanillo, una de las fortificaciones que protegieron la bahía
de Cartagena durante el régimen colonial, la cual fué restaurada por el arquitecto
Germán Téllez Castañeda. El trazado de la Casa se basa en un sistema de ejes de
circulación y patios, cada uno de ellos dotado de un carácter especial. Dos de esos
patios, especialmente importantes, están rodeados por las principales dependencias. Otros
de menor tamaño rematan los ejes de circulación y complementan algunos de los espacios
privados. La disposición funcional es sencilla y responde claramente a las demandas de
una vivienda que puede alojar muchas personas a la vez, sin perder el carácter y la
escala doméstica de los espacios.
En este proyecto, más que
en cualquiera de los anteriores, desarrolla Salmona secuencias espaciales de recorridos y
visuales sutilmente entretejidos. A la traza ortogonal de la planta se superpone un red de
diagonales originadas en la ruptura de las esquinas de los patios y efectivas como líneas
de visión que atraviesan distintos espacios. La combinación de las largas perspectivas
de los corredores --que rematan en la vista a la bahía y la ciudad --y las perspectivas
diagonales, hace parte de la multiplicidad de percepciones espaciales, matizadas con la
textura y la sombra de la vegetación y con la tenue sonoridad de los hilos de agua que
recorren los patios.
La arquitectura de la casa
es de especial sobriedad: muros en sólida mampostería de piedra coralina, cubiertas
abovedadas y pisos en ladrillo. La casa no tiene una imagen exterior y se fusiona con el
lugar, al punto de casi desaparecer. Su mundo es interior, a la vez apacible y
emocionante. Salmona confía plenamente en la luz y maneja diestramente las penumbras y
los acentos luminosos que enriquecen las texturas de los muros y avivan los colores de la
vegetación. Lo previsible y lo circunstancial se reúnen aquí en momentos de feliz
coincidencia.
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