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AGUSTIN CODAZZI Y LA GEOGRAFIA
EN EL SIGLO XIX
Por: Efraín
Sánchez Cabra
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 42
Junio de 1993
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Una placa colocada en 1876 en la fachada de la casa natal de Agustín Codazzi en la
antigua Vía Brozzi de Lugo, Italia, lo recuerda como un personaje: "CONOCIDO EN
AMBOS MUNDOS / POR SU VALOR MILITAR, SUS VIAJES CIENTIFICOS / Y SUS OBRAS UTILES / COMO EL
ATLAS DE VENEZUELA / Y SU BIEN RECIBIDO CONCEPTO / ACERCA DE LA APERTURA DEL ISTMO DE
PANAMA".
Sus obras geográficas
sobre Venezuela y sus exploraciones de los istmos del Darién y Panamá fueron, en efecto,
las contribuciones sobre las cuales se fundamentó el prestigio internacional de Codazzi
entre los geógrafos del siglo XIX. Como ilustración de lo anterior, el autor de la
reseña del Resumen de la Geografía de Venezuela, publicada en 1843 en The Journal of the
Royal Geographical Society de Londres, escribió que la obra "nos ofrece una visión
más completa y sistemática de la que poseíamos antes sobre el territorio de Venezuela,
o sobre cualquier otro territorio ocupado por la raza española en el Nuevo Mundo".
El barón Alexander von Humboldt calificó los trabajos geográficos de Codazzi en
Venezuela como "hitos en la historia de la ciencia", y respaldó el parecer de
J.B. Boussingault, F. Arago, E. de Beaumont y J.M. Savary, miembros del Instituto de
Francia, quienes manifestaron en su informe que dichos trabajos "deben considerarse
como documentos preciosos para la historia política de América y para la historia
natural de la tierra".
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División
política de Colombia en 1824 (Gran Colombia). Mapa del "Atlas geográfico e
histórico de la República de Colombia"» de Agustín Codazzi, con cartografía de
Manuel María Paz. París, A. Lahure.1889.
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A pesar de haber
constituido una empresa de mucha mayor envergadura y complejidad, la Geografía de la
Nueva Granada no fue objeto de tanta publicidad como la de Venezuela. Codazzi murió sin
concluir los trabajos de campo y, aparte de los informes de la Comisión Corográfíca
publicados en la Gaceta Oficial y una edición inconclusa de la Geografía física y
política de las provincias de la Nueva Granada, correspondió a sus asistentes y
seguidores completar y publicar los mapas de la República. La muerte también evitó que
las contribuciones de Codazzi a la geografía se expandieran más al sur del continente.
Se afirma que, poco después de conocerse en Bogotá la noticia de su fallecimiento, en
febrero de 1859, llegó a la capital una carta del presidente del Perú, Ramón Castilla,
con un contrato para que Codazzi iniciara la exploración y descripción de ese país.
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Agustín Codazzi
y colaboradores en el campamento de Yarumito (Santander).
Acuarela de Carmelo Fernández, ca 1850. Biblioteca Nacional, Bogotá
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En el plano local de
Colombia y Venezuela, Codazzi ha pasado a la historia no sólo como el geógrafo y
explorador más distinguido de ambos países, sino como una de sus figuras nacionales más
conspicuas. En el plano mundial, su contribución a la ciencia se percibe mejor al
ubicarla dentro del contexto del desarrollo internacional de la geografía. La vida de
Codazzi transcurrió en una época considerada como la edad clásica de la geografía
científica, la exploración continental y los mapas nacionales. Por una curiosa
coincidencia, el fin de esa edad clásica se ha fijado en el mismo año de su muerte,
1859, cuando también murieron Alexander von Humboldt y Kari Ritter, a quienes se ha
honrado, "por aclamación nacional", según escribió R.E. Dickinson, como los
fundadores de la geografía moderna.
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Agustín
Codazzi. Grabado de su biografía por Domingo Magnani,
traducida por Constanza Codazzi, Bogotá, 1881.
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Al concluir la era de
los descubrimientos y los grandes viajes marítimos, que tuvo lugar entre fines del siglo
XV y fines del XVIII, la mayor parte del planeta había sido ya visitada por los europeos
y el mapa del mundo estaba casi completo. No obstante, al comenzar el XIX, el interior
continental de Asia, Africa y América permanecía virtualmente inexplorado. En las cartas
geográficas todavía figuraban accidentes quiméricos de la topografía, como los
inexistentes Montes de la Luna en Africa central, o un presunto gran mar interior en
Australia. En América del Sur, aun cuando la mayor parte de las regiones habían sido ya
visitadas, persistía una gran ignorancia en cuanto a la distribución y características
del relieve y las cuencas hidrográficas. Además, como señaló Tom B. Jones, para los
europeos que habitaban fuera de la Península Ibérica, América del Sur era casi tan
oscura como el continente negro.
A partir de los viajes
de Humboldt por México, el Orinoco y los Andes entre 1799 y 1803, el progreso fue
relativamente rápido. Son notables las exploraciones de J.B. Boussingault en Colombia,
Ecuador, Perú y Venezuela entre 1822 y 1842, A.D. D'Orbigny en el Brasil, Uruguay y
Argentina entre 1826 y 1833, y King y Fitzroy en Argentina y Chile, entre 1826 y 1830. Sin
embargo, como señaló J.N.L. Baker, autor de una de las obras más importantes de este
siglo sobre la historia de los descubrimientos geográficos, el verdadero momento inicial
de la exploración sistemática en Sur América correspondió a la obra de Agustín
Codazzi. Este punto ya lo habían anotado los comisionados del Instituto de Francia en el
acta de la sesión del 15 de marzo de 1841, cuando declararon que "los trabajos del
señor Codazzi están destinados a servir de base a la geografía del interior de la
América Meridional, sobre la cual no se tienen todavía datos positivos, fuera de algunas
determinaciones aisladas hechas por Fidalgo y Humboldt". El propio Humboldt
reconoció la deuda de la ciencia para con el italiano, cuando escribió en carta a
Codazzi: "Lo que yo traté de hacer en un viaje rápido, al recoger algunos datos
sobre las posiciones astronómicas e hipsométricas de Venezuela y la Nueva Granada, ha
encontrado en sus nobles investigaciones. Señor, una confirmación y una ampliación que
superan mis esperanzas".
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Firma autógrafa
de Codazzi en su informe sobre el Colegio Militar en Bogotá,
noviembre de 1849. Archivo General de la Nación, Bogotá.
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La obra de Codazzi
corresponde a las dos facetas más visibles de la evolución de la geografía a partir de
mediados del siglo XIX. Por una parte, a la faceta que T.W. Freeman calificó como la más
fundamental para el desarrollo científico de la disciplina, la adquisición de la
"materia prima" del conocimiento geográfico por parte de viajeros, exploradores
e investigadores de campo. Por otra, la orientación de la geografía hacia fines
utilitarios, es decir, la satisfacción de necesidades prácticas de las sociedades y sus
gobiernos. Codazzi consideraba con modestia que la ciencia era una posesión exclusiva de
"los ilustres hombres de autoridad científica, conocidos aquí y en Europa". En
cuanto a su propio trabajo, lo describió sin pretensiones: "En la situación en que
me encontraba", escribió en 1857, "como encargado de levantar las Cartas
Geográficas de las provincias de la República, y escribir la Geografía particular de
ellas, yo conocí, y debía conocer y estudiar los trabajos de Caldas, Humboldt y Talledo
y las geografías modernas; no por hacer alarde de científico, que nunca lo he sido, ni
menos por darme ínfulas de maestro, porque jamás he pretendido serlo, ni mucho menos por
sostener mis opiniones queriendo aparecer infalible: esas cosas pueden ser propias
solamente de los doctores que enseñan en las cátedras, o de aquellos escritores que se
hacen intérpretes de la opinión pública; y no de aquel que, como yo, se ocupa en un
trabajo positivo, siendo uno de sus deberes situar los puntos con la exactitud que
suministran los instrumentos y los cálculos".
La lista de
"ilustres hombres de autoridad científica", para Codazzi, estaba encabezada por
el barón Von Humboldt, a quien describió como "el célebre viajero que con sus
obras ilustró el mundo, que fue el primero que dio a conocer estas regiones a la Europa,
y que hoy es todavía la primera ilustración, la más grande notabilidad científica del
universo". Se ha dicho que en todos sus viajes de exploración Codazzi llevaba
consigo una copia de Voyages aux régions équinoxiales du Nouveau Continente, sin duda la
obra más distinguida de Humboldt. Entre sus demás fuentes científicas, para el diseño
del plan general de sus obras descriptivas y para los temas etnográficos, utilizó al
geógrafo italiano Adriano Balbi, cuyo Abrégé de Géographie es uno de los textos
geográficos más populares y difundidos de todos los tiempos. Para el estudio de la fauna
sus referencias principales fueron los naturalistas franceses F.D. Roulin y Sabine
Berthelot, y para la flora el naturalista español Ramón de la Sagra. Entre los
científicos "conocidos aquí", el más eminente para Codazzi era Francisco
José de Caldas, cuyas observaciones, publicadas en el Semanario del Nuevo Reino de
Granada, estimaba como un auténtico modelo para la descripción física del país. En
cuanto a las cartas geográficas, un inventario de los archivos de la Comisión
Corográfica, llevado a cabo por el bibliotecario nacional en 1868, revela la utilización
por parte de Codazzi de más de 200 mapas españoles y republicanos. Particular confianza
depositaba en los mapas de Humboldt, en la Carta Corográfica del Nuevo Reino de Granada
diseñada por el ingeniero militar español Talledo y Rivera, y en las cartas
oceanográficas del brigadier Joaquín Francisco Fidalgo.
El principio
metodológico de Codazzi era el de realizar "observaciones directas, científicas y
repetidas" con la ayuda de instrumentos. En el contrato para el levantamiento de la
carta geográfica de la Nueva Granada, se estipula que el gobierno le suministró "un
sextante, un horizonte artificial, dos barómetros, dos cronómetros, un teodolito, un
nivel de anteojo, dos termómetros, una aguja pequeña, un nivel pequeño y un
higrómetro". Manuel Ancízar, secretario de la Comisión Corográfica en sus
primeras expediciones, describió vividamente las observaciones de campo de Codazzi:
"El continuo estudio profesional y la gran facilidad de aplicación que adquirió
durante los diez años gastados en levantar los mapas de Venezuela, habían hecho de su
cabeza un repertorio de fórmulas tan perfectas, que no había problemas que no resolviera
ni cálculo que no terminara brevemente y como jugando; encontrándose, por otra parte,
tan familiarizado con la naturaleza y los accidentes de estos países caracterizados y
definidos por los Andes, que le bastaba subir a una eminencia y echar una ojeada para
adivinar la dirección y ramificaciones principales de las cordilleras, la forma de sus
rampas invisibles deducidas de las que, opuestas, se presentaban a la vista, la existencia
y hasta el caudal de los riachuelos y ríos a que la configuración y extensión de las
hoyas debía dar lugar y, en suma, gran número de pormenores que para otro observador
habrían sido secretos".
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Alexander von
Humboldt, ante Monserrate y Guadalupe.
Oleo de Inés Acevedo Biester, Observatorio Astronómico, Bogotá.
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El "estudio
profesional" al que se refiere Ancízar tuvo sus orígenes en la formación militar
que recibió Codazzi en Italia entre mediados de 1811 y principios de 1813, cuando se
incorporó como voluntario en los ejércitos napoleónicos. Todos los indicios señalan
que la influencia principal que en sus primeros años de soldado gravitó sobre él, fue
el mayor Pier Damiano Armandi, del Real Regimiento de Artillería a Caballo, superior de
Codazzi al comienzo de la campaña italiana. Destacado alumno de la Escuela Militar de
Artillería e Ingeniería de Módena, la más antigua e importante del reino de Italia,
Armandi era particularmente diestro en matemáticas. Los primeros biógrafos de Codazzi
concuerdan en afirmar que Armandi orientó a su joven protegido hacia la Academia de
Pavía, después de haber permanecido éste algún tiempo en la de Bologna. Dejando aparte
las discusiones que podrían suscitarse en torno a los verdaderos establecimientos donde
Codazzi recibió entrenamiento militar, existe una clara vinculación entre sus
conocimientos y métodos geográficos y el arte militar que se enseñaba en las
mencionadas escuelas. El examen del programa académico de Módena, sobre el cual se
diseñaron los de Bologna y Pavía, y que a su vez seguía los modelos de la Escuela
Politécnica de Francia y la Escuela Práctica de Metz, descubre los fundamentos del
conocimiento técnico del futuro geógrafo de Colombia y Venezuela. La enseñanza se
dividía en dos ramas principales: artillería y fortificación. Esta última se
convertiría en el punto de enlace entre la disciplina militar de Codazzi y la geografía.
Entre las materias del arte de la fortificación se incluían la "matemática
sublime" y la matemática aplicada, aritmética, geometría, trigonometría,
álgebra, física, química, arquitectura civil, construcción de fuertes regulares e
irregulares, ataque y defensa de fortalezas, minado y contraminado. En la formación de
los ingenieros militares se ponía énfasis especial en la exploración, la agrimensura y
la cartografía, que se entendían como aplicaciones especiales de la geometría práctica
y la geometría descriptiva. Estas disciplinas suponían la utilización de instrumentos
de medición, la realización de operaciones geodésicas, el cálculo del área de objetos
sólidos y el dominio de la perspectiva, la gnomótica, el levantamiento de cartas
geográficas y la estereotomía, o talla de la piedra. En las prácticas de campo se
asignaba capital importancia a la exploración, o reconocimiento militar, y a la
cartografía. Al menos uno de los oficiales educados en Módena entre 1811 y 1812 se
convertiría en geógrafo: el teniente Giuseppe Campilanzi, quien iría a servir en el
ejército de Joaquín Murat, rey de Napóles, con el cargo de ingeniero geógrafo, y luego
viajaría a América, donde su rastro desaparece.
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Codazzi en una
estampilla conmemorativa.
Centenario de la Comisión Corográfica, 1950.
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Los primeros trabajos
geográficos de Codazzi en Venezuela son ejemplos genuinos de la aplicación práctica en
América del Sur de la ingeniería militar, con influencia francesa, que se enseñaba en
Módena, Bologna y Pavía. En la hoja de servicios de Codazzi consta que en febrero de
1828 fue comisionado por el general Justo Briceño, comandante general de Zulia, para que
como ingeniero practicara una serie de reconocimientos "para cerciorarse de los pasos
vadeables que tuvieran los expresados ríos y los puntos por donde pudiera penetrar algún
cuerpo de tropas españolas, cuya invasión se temía que tuviese lugar por la
Guajira". En 1829 "fue encargado por el mismo señor general para formar un
itinerario de movilización militar en tiempo de guerra y que comprendiera todo el
expresado departamento de Zulia". Inmediatamente se le comisionó, "como
inteligente artillero e ingeniero, para recorrer toda la barra de la laguna de Maracaibo y
fortificar con baterías opuestas toda la parte accesible a un desembarco del
enemigo".
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Agustín Codazzi
ante la cascada de Guadalupe, en Antioquia.
Acuarela de Henry Price, 1852. Biblioteca Nacional, Bogotá.
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La orientación "utilitaria" de la obra geográfica de Codazzi en Colombia y
Venezuela es patente en los actos legislativos que le dieron origen. El decreto de 14 de
octubre de 1830 del Congreso Constituyente Venezolano, se inicia con el siguiente
considerando: "Que el levantamiento de planos, formación de itinerarios y cuadros
estadísticos del Estado, es una empresa de la primera importancia para Venezuela, cuyos
útiles efectos serán trascendentales a la mejor dirección de las operaciones militares,
al conocimiento de los límites de las provincias, a la exactitud en el establecimiento de
las contribuciones y el fomento de la agricultura, porque facilita la apertura y mejora de
los caminos, el desagüe de los lagos y pantanos y la limpieza y navegación de los
ríos". Motivos similares se exponen en la ley de 15 de mayo de 1839, que autorizó
al poder Ejecutivo de la Nueva Granada a contratar ingenieros geógrafos para que
adelantaran la descripción del país y levantaran las cartas geográficas. La opinión
pública veía también con alborozo la realización de los trabajos, por las ventajas
materiales que se aspiraba reportarían al país. En uno de los primeros comentarios
periodísticos sobre la Comisión Corográfíca de Nueva Granada, El Neogranadino
comentó: "Es preciso, para apreciar el mérito de estos mapas, verlos y compararlos
con las vetustas cartas que poseemos, incompletas, defectuosas y por lo mismo inútiles
para el estadista como para el sabio. En aquellas hallará cuanto desee el político, el
comerciante, el agricultor, el militar; abrazando con una ojeada la división del
territorio, sus vías de comunicación, sus producciones en los tres reinos de la
naturaleza, y las posiciones defensables que debe estudiar el guerrero para sostener un
día la integridad del territorio y la independencia de la patria".
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