El 24 de mayo de 2012, la ciudad de Neiva, capital del Departamento del Huila, celebrará los 400 años de su fundación. En este largo recorrido por la historia, ha experimentado grades vicisitudes, pero también una extensa etapa de quietud colonial. Ahora pugna por dejar atrás para siempre el letargo pastoril y ponerse al ritmo de los nuevos tiempos.
TRAUMÁTICOS COMIENZOS
Cuando los conquistadores españoles irrumpieron en el valle del Alto Magdalena, la región que hoy conforman los departamentos del Huila y el sur del Tolima estaba habitada por pueblos indígenas de las etnias pijao, paez, yacón y andakí, junto con otras comunidades de menor prestancia. Hallazgos arqueológicos recientes indican que en el entorno de la actual ciudad florecieron comunidades de una cultura funeraria refinada. Así se desprende de los hipogeos o tumbas descubiertos en Fortalecillas y otros lugares, en las dos márgenes del río. En el interior de estos recintos mortuorios son visibles inscripciones ideográficas bastantes elaboradas.
Los primeros españoles que exploraron el Valle de Neiva, fueron los de la expedición enviada por el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, desde la reciente fundada Santa Fe de Bogotá. Y poco tiempo después lo hizo Sebastián de Belalcázar que partió de la recién establecida Popayán. Neiva fue objeto de tres fundaciones. La primera, ocurrió en 1539 cuando el capitán Juan Cabrera, en cumplimiento de órdenes de Belalcázar, y acompañado de un contingente de tropa, estableció un fuerte en el sitio que hoy se conoce con el nombre de Las Tapias, cerca del actual río Neiva, unos cinco kilómetros al sur de donde ahora se encuentra el perímetro urbano del municipio de Campoalegre. Parece que este asentamiento fue destruido por lo belicoso indios pijaos que reaccionaron ante los abusos de los extranjeros. El 18 de agosto de 1550, el capitán Juan Alonso intentó la segunda fundación de la ciudad, con el nombre de San Juan de Neiva, en el lugar donde hoy se encuentra la población de Villavieja, en territorio de los indios totoyoes. Pero en 1569, esta segunda Neiva fue también destruida por los pijaos.
En el territorio de la que es hoy es el Huila y sur del Tolima, el proceso de la conquista prácticamente se prolongó durante un siglo, pues los valerosos pijaos que se negaron a someterse a los invasores, resistieron hasta su casi completa aniquilación en 1610, por parte del capitán Diego de Ospina y Medinilla que para tal empresa recibió todo el apoyo del presidente colonial don Juan de Borja, con asiento en Santa Fe de Bogotá. Una vez vencida la resistencia de los indígenas pijaos y consolidada la colonia en el valle del alto Magdalena, pudo don Diego de Ospina dar cumplimiento al encargo de fundar de manera definitiva la ciudad, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Valle de Neiva, como punto intermedio en la ruta entre Santa Fe y Popayán. El nuevo asentamiento quedó localizado en la margen derecha del río Magdalena, y entre los ríos de Leiva (hoy Las Ceibas) y del Oro.
DE LA MINERÍA A LA GANADERÍA
De las fuentes históricas se desprende que Neiva fue establecida como cabeza de un ambicioso proyecto minero, por cuanto se hablaba de ricos yacimientos auríferos en el territorio. De ahí el nombre de “río del Oro” para identificar a una de las corrientes hídricas adyacentes a la población. Pocos meses antes de que Neiva fuera oficialmente fundada Don Diego de Ospina había establecido el Real de Minas de Fortalecillas, pocos kilómetros al norte. En el acta de fundación de este asentamiento, figuran los nombres de los esclavos africanos - hombres y mujeres- traídos para trabajar en la extracción de oro. Sin embargo, la empresa minera no arrojó los resultados previstos, toda vez que si bien existía cierta cantidad del precioso metal, no lo había en la cantidad suficiente que hiciera rentable la labor de explotación.
Fue así como de empresa minera, Neiva se convirtió en cabeza de un proyecto pecuario que permitiera el abastecimiento de ganado bovino para las plazas de Santa Fe, Tunja, Popayán y otros lugares de los territorios coloniales; así mismo, de ganado caballar y mular, tan importante como medio de transporte en aquellos tiempos.
La tierra fue dividida en grandes porciones entregadas a los españoles encomenderos, a cada uno de los cuales les era adjudicada cierta cantidad de indígenas para la explotación por parte de los nuevos amos. En forma paralela, la iglesia católica adelantaba el proceso de evangelización tendiente a la aculturación de las comunidades nativas, toda vez que los colonizadores blancos no reconocían valor alguno a las culturas de los naturales. Los consideraban primitivos, salvajes e idólatras.
LA ERA PASTORIL
El sistema de las encomiendas dio lugar al surgimiento de las grandes haciendas ganaderas que durante siglos fueron la base de la economía regional, así como el escenario en que fue conformándose una sociedad mestiza, arraigada en una cultura pastoril. Tal ambiente bucólico fue delineando la personalidad de un pueblo apacible y despreocupado, sin mayores expectativas frente a su porvenir. Todo en la gran hacienda giraba en torno del gran señor de quien dependían para todo, no solo los miembros de su familia sino todos los que componían el conjunto social: el servicio doméstico, los peones, los capataces, los aparceros, los indígenas, los esclavos. El índice de analfabetismo era cercano al ciento por ciento, no solo entre la clase baja, pues con frecuencia los señores que ostentaban pomposos apellidos, eran analfabetos. En aquel medio pastoril la educación no era asunto que preocupara ni al Estado ni a los particulares. Podría decirse que la única preocupación hacia el futuro era la vida eterna, preconizada por la Iglesia. El carácter rural de la región, con la mayor parte de la población asentada en las haciendas, no favorecía el desarrollo urbano de Neiva que experimentó largos periodos de estancamiento. Cronistas de la época la describen como una población pequeña, con unas cuantas casas de tapia pisada, techumbre de teja de arcilla y pisos de ladrillo. Pero la mayoría de las viviendas era de techo pajizo, paredes de bahareque y pisos de tierra apisonada. Los censos realizados durante la colonia muestran una población escasa, con muy poco incremento en su demografía. Pero la actividad ganadera generaba consumo e ingreso, y por tanto era el comercio el que, después de la ganadería, constituía el segundo renglón de la economía de la ciudad y la región.
EL DESPERTAR COMUNERO
No obstante el ambiente de quietud, en forma soterrada se expresaba un sentimiento de inconformidad frente al régimen colonial autoritario que agobiaba a la población con obligaciones y tributos. Los estancos, mediante los cuales el gobierno español mantenía el monopolio del aguardiente y el tabaco, eran vistos por el pueblo como la representación odiosa del régimen opresor. Para el pueblo, los españoles seguían siendo vistos como extranjeros invasores.
Juan Ascencio Perdomo un líder popular o de “la plebe” encabezó en 1767 un conato de rebeldía contra las autoridades españolas, lo cual sirvió de inspiración para que estallara años adelante una gran revuelta comunera mediante la cual fueron atacados los estancos de varias localidades, con destrucción de las botijas de aguardiente y el saqueo del tabaco almacenado. Esto ocurrió inclusive en Neiva donde resultó muerto el gobernador Policarpo Fernández. Protagonistas de la revuelta fueron, entre otros, el arriero Pedro León Perdomo, Gerardo Cardozo y Toribio Zapata. Podría decirse que este brote de rebeldía fue indicio de la informidad creciente, que más adelante daría lugar a la revolución de independencia.
NEIVA EN LA INDEPENDENCIA
Neiva aportó una cuota grande de patriotismo, de lucha y de mártires a la causa de la independencia. En cuanto se tuvo noticia de la revuelta ocurrida el 20 de julio de 1810 en Santa Fe, los neivanos no permanecieron quietos. Al contrario, se pusieron en movimiento en procura de sumarse a la revolución emancipadora. El corregidor Ladrón de Guevara fue depuesto del cargo, y el cabildo se dispuso a seguir las orientaciones impartidas por la Junta de Gobierno, desde la capital neogranadina.
El 18 de octubre de 1813 se registró el paso del precursor Antonio Nariño en su campaña al sur, a la cual se sumaron varios dirigentes neivanos y una considerable cantidad de tropa. Una vez conocidos los éxitos de Nariño, los patriotas neivanos se sintieron estimulados y a finales de 1813 convocaron el Consejo Revisor Electoral para elegir al presidente del Estado y romper, en forma definitiva, todo vínculo con la Corona Española.
En un hecho de dimensiones históricas, el 8 de febrero de 1814, fue proclamada la ruptura total y definitiva de la provincia de Neiva con España o cualquiera otra denominación. En el acta, anunciada por medio de bando, se estableció, entre otras cosas, que: “…repite y jura que el Estado de Neiva desconoce por rey a Fernando VII y a cualquier otro que se coloque en el trono de España y a toda autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus apoderados o representantes…”. Tal acto de osadía y valor habrían de costarles a los patriotas neivanos su propia vida, la ruina de sus familias y toda clase de vejaciones. Cuando se produjo la reconquista comandada por el general español Pablo Morillo, fueron fusilados, entre otros, Benito Salas, Fernando Salas, José Díaz, José María y Francisco López, el doctor Luis García, Hermógenes Céspedes, José Miguel Montalvo, Rosaura Rivera, Dolores Salas, Martha Tello, Mercedes Loayza, Antonia Moreno.
NEIVA REPUBLICANA
El paso de la Colonia a la República, con excepción del cambio de régimen político, no significó una transformación notable en la vida de Neiva. Las costumbres de la gente seguían siendo casi idénticas a las de la época colonial. Pero a partir de mediados del siglo las revoluciones liberales abrieron las puertas a nuevas etapas del discurrir histórico. Un acontecimiento relevante fue la creación del Colegio Santa Librada, en 1849.
Otro suceso notable fue la creación del Estado Soberano del Tolima, con Neiva como su capital. El prócer de la Independencia, General José Hilario López fue el primer presidente del nuevo estado, y por ese entonces la ciudad registraba una población de 4.000 habitantes, un perímetro urbano de cuatro barrios con 600 casas la mayoría de las cuales tenía techos de paja.
Su condición de capital del Estado significó para la ciudad el florecimiento de su economía y la dinamización de la vida de la comunidad. Se abrieron fuentes de trabajo, de tal forma que los artesanos no daban abasto para atender la demanda y se pensó en la creación de industrias para la transformación de materias primas, tales como el algodón y el fique producidos en la región.
Se incrementó la producción de ganado para abastecer a Bogotá, y se fortaleció la exportación de cueros. La producción de cacao, tabaco y añil, y la explotación de caucho en los vecinos territorios del Caquetá y el Meta, permitieron el incremento de las exportaciones utilizando como vía el río Magdalena. Los grandes volúmenes de carga que se transportaban a lomo de mula y en champanes hizo pensar a los neivanos en la conveniencia de establecer la navegación de vapor, pero los intentos realizados tuvieron poco éxito, en razón de que las condiciones del Magdalena presentaban muchas dificultades.
La actividad bancaria comenzó en Neiva en 1849, con la creación de una Caja de Ahorros y más adelante, en 1880, fue instalado el Banco del Tolima y, por la misma época, surgió el Banco de Neiva.
El triunfo de la Regeneración liderada por el presidente Rafael Núñez, dio al traste con el sistema federal y significó un duro golpe para Neiva que vio esfumarse su floreciente proceso de desarrollo. El estado Soberano del Tolima pasó a ser el departamento del mismo nombre, y su capital fue trasladada a Ibagué. Neiva entró en una etapa de estancamiento y olvido, hasta cuando en 1905 fue constituido el Departamento del Huila y la ciudad retornó a su condición de capital, pero de un ente territorial más pequeño.
Otro golpe demoledor para Neiva, al igual que para todo el país fue la Guerra de los Mil Días que trajo ruina y desesperanza para las gentes de la época. Precisamente Neiva fue escenario de la Batalla de Matamundo, que se llevó a cabo en las calles de la población y su desarrollo final se dio en el llano, más allá del río del Oro. Este suceso sangriento tuvo lugar el 15 de marzo de 1900.
VIENTOS DE MODERNIDAD
El siglo XX trajo vientos de esperanza a los neivanos. No solo porque se daba comienzo a una nueva centuria sino también porque la pesadilla cruenta de la guerra de los mil días comenzó a quedar atrás, como un mal recuerdo. También porque, como se señaló, 1905 marcaba el inicio de una nueva etapa histórica al convertirse Neiva en capital de departamento.
Al concluir la primera década del nuevo siglo, el historiador de la época, don Gabino Charry, describía una imagen positiva, un tanto idílica, de la ciudad. Hablaba de una Neiva muy aseada, de calles anchas y rectas, cuyos edificios y casas en gran parte tenían techumbre de teja, con habitaciones cómodas, elegantes y muchas de ellas lujosamente amobladas. Relataba, así mismo, que la plaza principal estaba sombreada por hermosos árboles, adornada de jardines bien cultivados. Se refería, también, a obras de progreso de reciente construcción, tales como el puente de la carrera quinta sobre la quebrada La Toma y el puente Centenario sobre el río Las Ceibas. Hacía un inventario de profesionales en diversas áreas del conocimiento, y sobre diferentes negocios que imprimían movimiento a la ciudad. En su entusiasmo omitía, don Gabino, problemas tan reales como la falta de higiene por carencia de alcantarillado y redes domiciliarias de acueducto.
Pero había razones para el optimismo. En 1913 el líder político y social Reynaldo Matiz, apoyado por otros empresarios, produjo el milagro de la energía eléctrica para la ciudad, mediante la instalación de una planta movida por agua, localizada en el sitio donde hoy se encuentra el monumento a Los Potros. Con la energía fue posible establecer empresas tales como una trilladora, una fábrica de hielo, una sala de cine, una destiladora de licores, una fábrica de chocolate. Ya el telégrafo permitía la comunicación de Neiva con otras ciudades del país, poniendo término al aislamiento centenario; pero el transporte de pasajeros y de carga seguía siendo primitivo, a lomo de mula o en balsas y champanes por el río Magdalena. El ferrocarril era un sueño todavía lejano. En materia de educación, el Colegio Santa Librada se había consolidado y habían sido creados otros establecimientos educativos como los colegios de la Presentación y el Francisco Eustaquio Álvarez. Por iniciativa de Matiz, se habían establecido escuelas nocturnas para adultos, al tiempo que se había constituido la Sociedad de Obreros Libres de Neiva, uno de los primeros sindicatos creados en el país.
LA AVIACIÓN Y EL FERROCARRIL
Un hecho histórico sensacional ocurrió en 1920, con la llegada del primer hidroavión a Neiva, el cual acuatizó en el río Magdalena, en el sitio donde hoy se encuentra el antiguo puente Santander. Durante varios años hubo servicio de transporte aéreo de pasajeros y de correo, sobre todo entre Neiva y Girardot. Pero el ferrocarril seguía siendo anhelo general de los neivanos, expectativa ésta que solo vino a hacerse realidad en 1938, cuando finalmente fue inaugurada la línea férrea y el edificio de la Estación que actualmente es considerado valioso patrimonio arquitectónico de la ciudad. Los neivanos festejaron durante tres días la llegada del tren, con lo cual se inició una nueva era en la historia de Neiva y el Huila.
VIOLENCIA POLÍTICA Y ACELERACIÓN DE LA HISTORIA
La violencia política que el país experimentó en la década de los años 50, afectó gravemente al departamento del Huila, y por ende a su ciudad capital. Fue un lapso terrorífico que produjo estancamiento, a tal punto que actividades populares tan entrañables, como las fiestas de San Juan y San Pedro, se vieron interrumpidas. Pero una vez superado este tramo amargo, Neiva y el Huila no fueron ajenos al fenómeno de aceleración de la Historia, registrado en la segunda mitad del siglo XX. En la segunda mitad de la centuria, se han sucedido en Neiva hechos de tanta trascendencia como la creación de la Universidad Surcolombiana, el establecimiento de la industria petrolera, la construcción de la Central Hidroeléctrica de Betania, la terminación de la Catedral de la Inmaculada, la construcción de la Terminal de Transportes, la construcción del Aeropuerto Benito Salas, construcción de modernos hoteles, edificación del Centro Cultural y de Convenciones José Eustacio Rivera, y muchas otras obras de infraestructura urbano .
EL CRECIMIENTO URBANO
La violencia de los años 50, dio origen al fenómeno social del desplazamiento de población campesina hacia los centros urbanos del país. Tal fenómeno se vio acrecentado como consecuencia de la modernización de las ciudades que se volvieron atractivas para la gente del sector rural, que emigró hacia ellas en busca de mejores condiciones de vida. Neiva, al igual que las demás capitales de departamento, sintió el impacto del desplazamiento y la migración, con la consecuencia de un crecimiento poblacional vertiginoso que demandó la construcción de nuevos barrios y dio lugar al surgimiento de asentamientos subnormales de gran pobreza, con todo lo que ello implica para el manejo de la ciudad. Ahora la capital del Huila tiene una población cercana a los 350.000 habitantes, cantidad lejanamente superior a los 105.501 que residían en el perímetro urbano en 1973.
CIUDAD UNIVERSITARIA Y PRESTADORA DE SERVICIOS
Hoy, Neiva se perfila cono ciudad prestadora de servicios, sobre todo en las áreas de la educación y de la salud. Además de los numerosos planteles de educación primaria y secundaria, existen en la ciudad más de 20 sedes y seccionales de universidades e institutos tecnológicos, con diversidad de oferta de programas académicos. De igual manera, la ciudad dispone de hospitales, clínicas y centros de salud dotados de modernas tecnologías para atender la demanda de servicios del Huila y de otras regiones del país.
LA FUERZA DE LA CULTURA
Durante los largos siglos de la Colonia, la cultura letrada en Neiva fue muy escasa. Quizás ello se debió al marasmo pastoril que embargaba la región, pero surgió desde los comienzos una cultura popular mestiza con elementos traídos por los españoles, otros aportados por las comunidades indígenas, y con algunos rasgos de la cultura africana. Aunque el origen de la música y la danza del bambuco no ha podido ser plenamente establecido, existen indicios de que habría surgido dentro de lo que era el territorio de la antigua provincia de Neiva. Pero lo que si es evidente es que el aire del rajaleña -una de las formas del bambuco- es genuinamente autóctono, como lo es también la forma del bambuco fiestero que surgió dentro de la región.
Las festividades de San Juan y Sampedro llegaron con los españoles y se mestizaron con la cultura aborigen, hasta alcanzar la prestancia de máxima expresión de la cultura popular de la antigua provincia de Neiva, que luego fue repartida entre los actuales departamentos del Huila y el Tolima.
La cultura letrada tomó fuerza a partir de la segunda década del siglo XX con el novelista y poeta José Eustacio Rivera, el humanista Julián Motta Salas, el escritor Ramón Manrique, el obispo Luís Calixto Leiva, entre otros. Parte del despertar cultural en el siglo XX fue la creación de la Academia Huilense de Historia, y el establecimiento de la Imprenta Departamental. De ahí en adelante, sobre todo a partir de la década de 1960, Neiva ha registrado un interesante fenómeno de creación cultural e intelectual en los campos de la literatura las artes plásticas, la música, el periodismo, la historia, las artes escénicas, la pedagogía y la jurisprudencia.
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