NO
HA PERMANECIDO Colombia
ajena a nuevas visiones sobre el proceso
separatista que se inició pronto
hará doscientos años. En conjunto
con historiadores del ámbito internacional1 ya se han celebrado en nuestro territorio
el segundo y el quinto de los llamados "La
Independencia de los Países Andinos.
Nuevas Perspectivas”2 . Y la Universidad Externado de Colombia
ha realizado dos encuentros: El primero
un coloquio sobre las Revoluciones en el
Mundo Atlántico: Una Perspectiva
Comparada, Bogotá, Octubre 2004 y
otro en noviembre de 20063 . En estas dos ocasiones se han reunido
grupos de investigadores para analizar,
con magnífica oportunidad de hacer
historia comparada, las llamadas 'Revoluciones
Atlánticas', que se iniciaron con
la separación de las provincias norteamericanas,
continuaron con la gloriosa 'Revolución
Francesa', luego, así estén
algo lejos del Atlántico, no hay
que olvidar las cinco repúblicas
italianas de los años 1796 a 1799
y el derrocamiento de un rey y adopción
de nueva constitución que abolió
toda clase de censura, incluida la eclesiástica,
en Suecia en 1809, y concluyeron con los
procesos separatistas que dieron lugar a
las repúblicas hispanoamericanas.
El estudio comparativo de esos procesos
está aportando interpretaciones que
superan a las historias aisladas, en el
vacío4 y por consiguiente vulgares, llamadas historias
patrias, pero, ¿por qué surgieron
esos procesos, por qué esas patrias?
¿por qué, si la España
americana era una extensión de Castilla5 y Castilla era propiedad del rey, se separaron
de España y no de Castilla? ¿De
cuál España se independizaron
los virreinatos?, ¿de la roja o de
la negra6?,
¿y por qué entre los líderes
separatistas estuvieron los españolísimos
primos Caldas y Torres? ¿Y por qué
ellos cambiaron sus opiniones referentes
a España en apenas unos cuantos meses?
¿Qué recónditas desarmonías
reventaron en esa coyuntura?, ¿qué
comunes empeños de peninsulares y
criollos para desalojar a los indígenas
de sus tierras oculta la historia de la
cultura del lugar común? Estas notas
intentarán dar luces sobre asuntos
tan complejos que deben ser entendidos,
no simplemente narrados, exaltados o justificados...
¿y por qué historia justificativa?
¿No será ello la patentización
del complejo de culpa de los españolísimos
criollos de la nobleza blanca o cuasi blanca
y de los historiadores de la patria muchas
veces sus descendientes directos? Todo ello
debe ser repensado, replanteado, dejando
a un lado imaginarios independentistas de
delirante gloria inmarcesible que automáticamente
llevan a una horrible noche tanto inventada
como ocultada.
La
empresa conquistadora se inició con
aventureros, geniales o no, que, pactaron
capitulaciones previas con la Corona que
regulaban las condiciones de cada empresa
que se iba a iniciar. Más tarde,
en épocas del emperador Carlos V
de Alemania y rey Carlos I de España,
la empresa conquistadora y pobladora pasó
a ser un empeño de la Corona de Castilla
y vinieron a la América a poner orden
los primeros funcionarios de la Corona que
acababa de declarar a la América
como una extensión de Castilla. Así
nació la España americana
como propiedad de esa Corona que poseía
a Castilla, pero no a otros reinos como
Galicia, Extremadura, Cataluña o
Navarra, pero sí a la recién
conquistada Andalucía, y esa distinción
es importante. En esas circunstancias lo
que ocurrió en América fue
determinado por el rey; la relación
de América fue con la Corona de Castilla;
poco tuvo que ver el resto de España
con América. Los primeros conquistadores
recibieron la posesión de tierras
como recompensa por haberlas conquistado
para el rey; el monarca las concedía
con expresa indicación de que había
que tratar bien a los indígenas,
no robarles sus propiedades y no abusar
de ellos y esas órdenes se reiteraban
en cada capitulación o contrato para
iniciar un poblamiento o fundación
o para otorgar nueva merced de posesión
de tierras. Pronto en los asentamientos
de los conquistadores y primeros pobladores
se generaron familias criollas que se fueron
arraigando en las nuevas tierras, usurpadas
y que continuaron usurpando a los aborígenes:
fueron apareciendo las familias blancas
o cuasi blancas de los criollos, dueños
de las tierras usurpadas a nombre del rey
y por éste concedidas como merced.
Estos nacidos en América eran entonces
también españoles reconocidos
como hijos patrimoniales de una extensión
de Castilla. Muchos descendían de
las olas de conquistadores que siguieron
a los aventureros y que en tiempos de los
primeros austrias procedían de la
nobleza peninsular, no los mayorazgos que
se quedaban con los feudos, pero sí
sus hijos y hermanos; así comenzó
a aparecer una nobleza americana, la de
esas familias blancas o cuasi blancas de
rancia prosapia, orgullosas de sus ancestros
y sus blasones, cuyos antepasados habían
dado su sangre por conquistar esas tierras
a nombre del rey y prontas a recalcar esa
deuda con la familia cuando buscaban nuevas
gracias o mercedes que, eran atendidas pues
la Corona necesitaba que se reprodujeran
en la América los estratos impermeables
que constituían la sociedad del llamado
'Antiguo Régimen' 7.
Todo
ello debe ser repensado, replanteado, dejando
a un lado imaginarios independentistas de
delirante gloria inmarcesible que automáticamente
llevan a una horrible noche tanto inventada
como ocultada.
La
continua llegada de nuevos peninsulares
a la América desde el inicio comenzó
a crear una marcada división entre
las nacidos en la América, los criollos
y los advenedizos recién llegados,
los chapetones. Los esclarecidos marinos
y veraces sabios, don Antonio de Ulloa y
don Jorge Juan y Santacilia en su informe
secreto al rey nos pintan ese enfrentamiento8.
De un lado indolentes y engreídos
criollos, apegados a sus alcurnias y acaparando
tierras en sus haciendas de frontera ampliando
siempre la finca a costa de vecinos aborígenes.
Del otro, advenedizos peninsulares de medio
pelo, pues en la decadencia de los austrias
ya no se enviaban funcionarios y gobernadores
de alcurnia como en los días del
gran emperador, dedicados al comercio, empleados
en la burocracia oficial o en las milicias.
Esos
chapetones, unos "recién llegados",
vinieron ansiosos de riquezas y dispuestos
a hacer la América. Poco, o nunca,
atendían las recomendaciones reales
y a la par con los criollos obedecían
pero no cumplían. A pesar del encono
latente entre los dos grupos varias cosas
los unían, primero que todo, el rey,
que era el rey de ambos grupos, luego la
complicidad en el saqueo a los aborígenes,
en el abuso a sus personas, y también
los lazos familiares pues acababan muchos
de esos chapetones casándose con
las hijas de los criollos notables, fundando
nuevos troncos criollos. Era un doble beneficio:
las familias blancas renovaban la pureza
de su blancura o casi blancura al casar
a sus herederas con europeos y los chapetones
se casaban mejor en América que lo
que hubieran podido hacer en la península.
Así vemos cómo en la genealogía
de Caldas que abarca desde los inicios de
la conquista, el 85% de los antepasados
varones es de origen peninsular, son chapetones
casados con criollas del abolengo payanés,
hijas en igual proporción de chapetón
y criolla linajuda, ella a su vez hija de
europeo y criolla, pero, por los primeros
padres conquistadores, su linaje lo lleva
a ser descendiente de un Duque de Alba,
de un duque de Frías, de un marqués
de Basto y hasta posiblemente de un rey
de Navarra. Esos son los españolísimos
Caldas y su primo Camilo Torres, el primero
que firma muchas de sus cartas con el apodo
de 'el gallego', por la proveniencia de
su padre y el otro que se ufana de ser de
los mismos de don Pelayo, ambos certificando
su condición de españolísimos
blancos, apartados de la 'barbarie' de los
indios y mestizos que los rodea y repudiando
a los chapetones por su afición a
generar mestizaje y dañar la 'raza'.
Para esos criollos la patria ya es el terruño
americano o mejor la España americana,
que se va conformando como un grupo de naciones
dentro de la monarquía9,
a cuya nobleza se dicen pertenecer, bajo
el dulce monarca al que se alegran de servir
o el glorioso virreinato del señor
Amar y Borbón, según expresa
Caldas, el vocero de esos patricios criollos
blancos y cuasi blancos10.
De repente irrumpe Napoleón Bonaparte
en España. Secuestra a los reyes.
Promulga una constitución que por
primera vez unifica a España11.
Todos los españoles en la península
y nacidos en la América, son iguales.
¿Cómo así, los blancos
iguales a los pardos? La España americana
apoya resueltamente el rechazo nacional
al francés intruso; de hecho, con
sus contribuciones y colectas nutre los
fondos que costean la reacción contra
el invasor12.
En ausencia del rey legítimo se retoma
la idea de queja soberanía debe recaer
en los pueblos. Se fomentan las Juntas y
éstas dan paso a una Regencia, que
convoca a Cortes Generales que inician sus
labores declarando que la Nación
es la reunión de todos los españoles
nacidos en ambos hemisferios y que en ella
reside la soberanía. ¿Y el
rey?, a jurar la constitución cuando
regrese. Mientras tanto la Regencia ha fomentado
en América la creación de
juntas autónomas para sustituir las
autoridades indecisas con respecto al buen
rey José, el intruso13.
Una medida arriesgada pero que manifiesta
la confianza que con respecto a la América
se tenía en la Península.
Estas liberalidades no las ven bien los
criollos esclavistas. Antes que hacer parte
de una España roja preferible la
independencia y ya las autoridades en la
Nueva Granada, en dos coyunturas, han manifestado
mano dura contra los patriciados criollos:
en los días que siguieron al regicidio
en Francia y en la represión a la
revuelta de la nobleza criolla quiteña
en 1809. Así que a crear un bochinche,
que parezca venir de un peninsular14 y exigir la formación de una junta,
desde luego sin dejar a un lado al rey ni
al virrey en un comienzo; pero pronto, tomando
el poder local aprovecharon una coyuntura
y así se ven hoy como coyunturales
esos procesos y también así
aparecían en su momento para Acevedo
y Gómez; no como algo que se venía
fraguando de antemano como inevitable, sí
que ocurrió por la sola ausencia
del rey legítimo. Pero de esa circunstancia
a creer que ese es el inicio de una nueva
nacionalidad, hay trecho. La idea de patria
es la misma antipática y discriminadora
'patria del criollo’15,
los cabildos de tiempo atrás estaban
en manos criollas y las familias, que se
venían nutriendo en cada generación
con los peninsulares de la 'España
negra', no se alteraron mucho por la independencia.
Después de todo los criollos habían
sido los agentes y beneficiarios del sistema
anterior y los cómplices en la exterminación
del aborigen. La 'España negra',
de la que se dice que se independizó
Colombia 'justificadamente', es una estrategia
que intenta ocultar el papel de los criollos
en ese proceso de tres siglos. Ni Colombia
existía y el virreinato anterior
no era más que una extensión
de una inmensa pero subdesarrollada monarquía,
apenas etapa comercial de intermediación
entre la riqueza americana y el industrioso
trabajo de otras naciones europeas.
.
Referencias:
-
Para una discusión critica de
textos sobre las independencias americanas,
véase la introducción
al interesante libro del historiador
Alfonso Múnera, El fracaso de
la nación, 1998, Bogotá.
-
Tuvieron
lugar en Cartagena, agosto de 2004 y en
Bucaramanga, agosto 2006.
-
Del
primero de ellos ya están publicadas
las memorias: Las Revoluciones del Mundo
Atlántico, coordinadores María
Teresa Calderón y Clement Thibaud,
2006,Universidad Externado de Colombia
y Taurus Historia, 2006, Bogotá.
-
Ver
los primeros párrafos de Juan Friede,
La otra verdad. La independencia americana
vista por los españoles, 1972,
Bogotá: Tercer Mundo
-
Cédula
Real del Emperador Carlos V del 24 de
septiembre de 1519. Véase, Arias
de Greiff, Jorge. "Repensando la
identidad nacional”, en Boletín
de Historia y antigüedades, No.827,
2004.
-
El
término es de Pierre Vilar, Historia
de España, 1978, Barcelona: Editorial
Crítica.
-
Para
esos nobles americanos estaban abiertos
los cargos de gobierno en la península
y se crearon un 'Regimiento de Nobles
Americanos' y una 'Academia de Nobles
Americanos'.
-
El
informe secreto al rey fue publicado como
Noticias Secretas, 1823, Londres, Editor
David Barry.
-
El
patriotismo de Caldas, antes de la coyuntura
del 20 de julio, es en relación
a esa nación dentro de la monarquía,
no necesariamente a una nación
para independizar de la monarquía.
La idea de que nuestra América
era para los criollos una fiel nación
de la monarquía española
es de Chiaramonte Carlos. Véanse
las Memorias citadas en la nota 3.
-
En
los escritos de Caldas anteriores a la
coyuntura napoleónica se encuentran
expresiones de elogio al monarca, al virrey
y a esa "colonia" y a la necesidad
de hacerla prosperar. Véase Obras
de Caldas, 1967 Bogotá, Universidad
Nacional.
-
Francisco
Antonio Lea e Ignacio Sánchez de
Tejada, del virreinato de la Nueva Granada,
fueron constituyentes de Bayona.
-
Una
jura de fidelidad a Fernando VII tuvo
lugar el 11 de septiembre de 1808. En
esa ocasión se recaudaron donativos
de los habitantes para sostener la causa
del rey legítimo. Ver Mario Herrán
Baquero, El virrey don Antonio Amar y
Borbón. La crisis del régimen
colonial en la Nueva Granada, 1988, Bogotá,
Banco de la República.
-
Para
fomentar la organización de tales
juntas la Regencia envió al 'Comisionado
Regio' don Antonio de Villavicencio a
este virreinato.
-
Fue
idea de Camilo Torres crear un incidente
que pareciera iniciado por un chapetón
y así ocurrió. Ver Indalecio
Liévano Aguirre, Los grandes conflictos
sociales y económicos de nuestra
historia, Bogotá, y J.D. Monsalve,
Antonio de Villavicencio, 1920, Bogotá.
-
Severo
Martínez Peláez, La patria
del criollo, Fondo de Cultura Económica,
1988.
|
|
.
Firma del Acta de Independencia. Coriolando
Leudo. Casa del 20 de julio, Bogotá.
Antigua acera occidental de la Plaza de Bolívar,
Bogotá. Papel Periódico Ilustrado.
José Acevedo y Gómez, Papel
Periódico Ilustrado.
|