1911. Fracaso de la última prueba para volar el Blériot
sobre la Sabana.
Campo del Polo Club. El Gráfico, Biblioteca Nacional
de Colombia
Primeros hangares de la Compañía Colombiana
de Navegación Aérea en
Barranquilla, 1920. Del Libro de la Mula al Avión
El aviador colombiano Luis Enrique Ferro inicia un atrevido
vuelo sobre el volcán Momotombo en Nicaragua.
Ferro es el primer colombiano que vuela en el exterior.
Gil Blas, Biblioteca Nacional de Colombia
1928. Llegada del avión Ricaurte piloteado por el
capitán Benjamín Méndez en vuelo directo desde
Nueva York. El audaz aviadorfue decorado con la Cruz de Boyacá.
Gil Blas. Biblioteca Nacional de Colombia
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Portada del libro de Guillermo Echavarría sobre
la historia de la primera empresa de aviación que se creó
en Colombia
1920. Hidroavión Colombia de la Scadta, en el río
Magdalena, frente a la playa de Peñalisa. El Diario Nacional,
Biblioteca Nacional de Colombia
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1916. Aeroplano de fabricación nacional construido en
Chapinero por el mecánico bogotano Eduardo Padilla. Gaceta
Republicana, Biblioteca Nacional de Colombia
1922. Camilo Daza, pionero de los aviadores colombianos, al inaugurar
los vuelos de la Scadta a Bucaramanga. El Diario Nacional, Biblioteca
Nacional de Colombia
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1) 1921. Knox Martin momentos antes de iniciar
su historico vuelo.
2) El arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera
Restrepo, bendice el biplano Simón Bolívar
de la Compañía Bogotana de Aviación.
3) y 4) Knox Martin pasa sobre la multitud que lo aclama
delirante.
Hangares de la Scadta en Barranquilla
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Rene
Bazin
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Pierre
Frattoni
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Jacques
Jourdanet
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Hellmut
von Krohn
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Hellmuth
Von Krohn, piloto y Guillermo Schnurbush, mecánico técnico
del vuelo de Barranquilla a Cali en seis horas y cuarenta y cinco
minutos.
Capitán Benjamín Méndez con las conderaciones
por su gran vuelo Nueva York-Bogotá. Diciembre 30 de 1928
Capitán Mendez acuatiza en Girardot en el aeroplano
Ricaurte.
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D
omingo
Valencia era el único as del aire que teníamos en
Colombia al finalizar la decimanovena centuria, y el único
que tuvimos hasta mediados de la segunda década del siglo
XX. Después de haber efectuado a comienzos del siglo numerosas
proezas en globo sobre la Plaza de Bolívar, que les ponían
los pelos de punta a los bogotanos cada que el globo se venía
abajo y el aeronauta resultaba ileso de milagro, Domingo Valencia
quiso pasar del globo al avión y se fue a estudiar en la
Escuela de Pilotos de Santiago de Chile. En 1910 sus proezas al
volar en aeroplano sobre Valparaiso le dieron gran renombre, y sobre
todo le permitieron ponerse en contacto con aviadores franceses
de la casa Blériot, e instarlos a que vinieran a establecer
en Colombia una Escuela de Aviación.
El
vuelo a tierra de Cicerón Castillo
Trajeron
en abril de 1911 un aeroplano, exhibido en el Parque de la Independencia
para asombrar a una multitud de bogotanos ansiosos por conocer uno
de esos aparatos que tanto estaban dando de que hablar en el mundo.
La exposición del aeroplano Blériot estuvo a punto
de malograrse por la exigencia del Ministerio de Obras de cobrar
el 15% del producto de las entradas, impuesto que los dueños
del avión rechazaron y que la prensa crítico como
un atentado al progreso “mientras en otros países no
gravan, sino que premian y estimulan a los expositores”.
Se tomó entonces la decisión de volar el Blériot
y se programó el primer vuelo para el 25 de mayo de 1911.
Las pruebas efectuadas el 22 y el 23 de mayo fueron satisfactorias;
pero al emprender el vuelo anunciado el día 25, el motor
se averió. Los mecánicos pusieron manos a la obra.
El 3 de junio la ciudad expectante recibió la noticia de
que “en breve se verificarán los primeros vuelos sobre
Bogotá”. El 24 de junio fracasó la última
prueba. El aeroplano Blériot quedó abandonado en el
campo del Polo Club al Norte de Bogotá, con grandes pérdidas
para la empresa “por haberle resultado el aparato deficiente
y el aviador incapaz en relación con estas alturas”.
El aludido aviador era uno de los personajes más versátiles
de la vida colombiana en la última década del siglo
XIX y las primeras del siglo XX, don José Cicerón
Castillo, industrial, inventor, conspirador, empresario.
Ese primer chasco aéreo no desanimó a nuestro entusiasta
promotor de la aviación. José Cicerón Castillo
dictó varias conferencias en Bogotá, Barranquilla
y Medellín sobre cómo convertir a Colombia en precursora
de la aviación militar en América Latina. No obtuvo
respuesta del Gobierno, ni de los empresarios, que se asustaron
con los costos del proyecto y con las pérdidas que ya habían
sufrido por confiar en Jotacé.
A tiempo que Luis Blériot anunciaba desde París el
ensayo de un nuevo aeroplano con diseño específico
para las condiciones climáticas y geográficas de Colombia,
y que varios aviadores intentaban volar entre Maracaibo y Cúcuta,
llegó a Bogotá el 19 de noviembre del año siguiente
con propuestas aéreas frescas don José Fuentes R.
“un caballero simpático, franco y amable. Da garantías
hasta no más. ¿Que el aeroplano no vuela? ¿Que
los aviadores no sirven? ¿Que el aire no se presta como se
decía característicamente cuando el fracasado intento
de Castillo? Pues bien. No ha habido nada. El señor Fuentes
recoge sus bártulos, le recoge las alas al gran coleóptero
y no cobra nada. ¿Quién pierde? Él, nada más
que él. ¿Que el resultado es magnífico, entusiasmador,
delicioso? ¿Que la enorme mariposa sabe batir el aire, que
sabe acercársele a las nubes de la altiplanicie? Pues a desembolsar
lo convenido. Creemos que más comodidad…” Así
escribe en su diario Comentarios Víctor Martínez Rivas,
y agrega que “el señor Fuentes ha trabajado en otras
partes con motores de sesenta caballos. Aquí traerá
unos de ochenta, y de ciento también. Vendrán pilotos
escogidos. Los aparatos serán de los mejores que hoy se conocen.
Verdaderos triunfos y magníficos resultados auguramos al
que viene a traernos ese poco de civilización. Deseamos sinceramente
que cuanto antes consiga hacer un flamante negocio. El señor
Fuentes va en gira por los países suramericanos. No resulte
que Colombia venga a ser el único, desgraciado, que no logre
conocer esa prodigiosa manifestación de la vida moderna”
Don José Fuentes bregó hasta diciembre para obtener
del municipio de Bogotá un auxilio con destino a establecer
una Escuela de Aviación en la capital de la República.
Tuvo que irse sin haber podido concretar ningún “flamante
negocio” aéreo en Colombia.
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El primer vuelo
Aunque estaba
anunciado que para la segunda quincena de enero de 1913 aterrizaría
en Bogotá el piloto canadiense George Schmitt con un biplano
que volaría sobre la Sabana, Schmitt prefirió estrenar
el espacio aéreo colombiano al volar sobre Barranquilla en
diciembre de 1912. Siguió a Medellín, donde se le
había preparado un campo de aterrizaje en el sitio denominado
La Aguacatala. Allí voló los días 15 y 26 de
enero, con gran sensación por parte de los medellinenses,
que pidieron a Schmitt exhibir su aeroplano en la Plaza de Berrío.
Schmitt regresó a Barranquilla, hizo otras demostraciones
allí, y regresó a Canadá. Bogotá tendría
que esperar seis años para presenciar el movimiento de un
avión en el aire.
Gonzalo
Mejía
Si a alguien debe
adjudicársele el título de precursor y creador de
la aviación en Colombia es al antioqueño Gonzalo Mejía.
Este empresario lanzó en 1912 su primera propuesta de emplear
hidroplanos para el transporte de pasajeros y carga por el río
Magdalena, que podrían reducir a treinta horas el recorrido
de Barranquilla a Girardot en el que los vapores empleaban siete
días. Como es natural las compañías extranjeras
que monopolizaban la navegación por el Magdalena se opusieron
al proyecto de Gonzalo Mejía y el representante de aquellas,
Francisco Pineda López, impugnó el contrato celebrado
por el Gobierno nacional con Mejía para utilizar su hidroplano
en el Magdalena. En defensa de su idea, Mejía apeló
a la prensa, dictó conferencias en Bogotá sobre el
progreso inmenso que significaban los hidroplanos, y en muchas de
ellas tuvo que enfrentar el saboteo de los agentes de Pineda López.
El 10 de septiembre, Mejía dio en la Cámara una explicación
amplia sobre el negocio del hidroplano. La sociedad de Medellín
remitió un memorado al Gobierno nacional en el que le urgía
la necesidad de activar los contratos de hidroplanos con Gonzalo
Mejía, por considerarlos de interés general. El 23
de octubre la Cámara debatió el contrato y el 16 de
diciembre se expidió la ley 96 “por la cual se aprueba
el contrato con Gonzalo Mejía para establecer el servicio
de hidroplanos”. El 23 de enero el Gobierno nacional concedió
a Mejía patente de privilegio para operar sus hidroplanos
en el Magdalena, es decir, que se le autorizó por diez años
el monopolio de este servicio. La batalla de Mejía por los
hidroplanos tuvo reconocimiento internacional cuando el Congreso
Científico Panamericano aplaudió, el 11 de enero de
1916, la tarea adelantada por el colombiano Gonzalo Mejía.
El 31 del mismo mes y año el diseño del hidroplano
Colombia, hecho por Gonzalo Mejía, fue aprobado en Washington.
Mejía regresó a Colombia el 15 de febrero y el 21
partió en su hidroplano por el Magdalena. Pasó el
22 por El Banco a una velocidad extraordinaria, se detuvo unos días
en Gamarra por un desperfecto del aparato, siguió viaje el
1 de marzo y el 2 el hidroplano piloteado por Mejía, fue
recibido en La Dorada por una multitud que lo aclamó en las
orillas del Magdalena. Siguió a Medellín, donde se
le tributó recepción apoteósica. Descansó
unos días y llegó a Bogotá. La capital lo recibió
como a un héroe. El 12 de junio de 1916 dictó en el
Teatro Municipal una conferencia sobre las experiencias del primer
viaje del hidroplano por el río Magdalena. El 19 de junio
sentó las bases generales para la creación de la Compañía
Nacional de Hidroplanos, que se fusionó en 1919 con la Compañía
Colombiana de Navegación Aérea.
El Club de Aviación
El viaje exitoso
del hidroplano Colombia de Gonzalo Mejía suscitó en
distintos círculos enorme interés por fomentar la
aviación en Colombia. En Chapinero el joven mecánico
Carlos Eduardo Padilla comenzó a construir un aeroplano militar,
con apoyo del Gobierno. El aparato era un monoplano, tipo Morane,
con motor radial de 9 cilindros, 120 H. P., dos puestos, combustible
para cuatro horas de marcha, 50 kilos de peso útil y velocidad
de 90 kilómetros por hora. Padilla concluyó la construcción
de su aeroplano, y aunque voló con éxito sobre la
Sabana, la importación posterior de seis aeroplanos militares
europeos para el Ejército y para la Escuela de Aviación
dejó sin oficio la proyectada fábrica de aviones de
Carlos Eduardo Padilla. Así murió en la cuna la que
hubiera podido ser una buena industria aeronáutica colombiana.
Además de Padilla, varios caballeros bogotanos se preocuparon
por organizar en Bogotá un Club de Aviación. Después
de haber volado Padilla dos veces en su aparato, llevando como copiloto
a su amigo Mario Clopatofski, y habiéndose remontado durante
diez minutos a doscientos metros, Padilla y Clopatofski convocaron
en el Salón de la Sociedad de Agricultores, el 14 de julio
de 1916, “a una reunión de todos los caballeros que
miran con entusiasmo la aviación entre nosotros” para
proponerles que se fundara un Club de Aviación. Asistieron
bastantes y todos manifestaron su decisión de aportar los
fondos para hacer del Club una realidad “con el objeto de
facilitarles recursos a quienes se dediquen a esa manifestación
del progreso universal”. El 16 quedó instalado en Bogotá
el Club Colombiano de Aviación, con los siguientes dignatarios:
Presidente Honorario, doctor José Vicente Concha; Presidente
efectivo, Pedro Jaramillo; primer vicepresidente, Pedro María
Carreño; segundo vicepresidente, Carlos Liévano; secretario,
Francisco Olaya Gaitán; tesorero, Pantaleón Gaitán
Pérez. La Junta Directiva quedó conformada por Alcides
Arzayuz, Nemesio Camacho, Ulpiano Valenzuela, Carlos Cuervo Márquez,
Simón Araújo, Luis Eduardo Nieto Caballero, Felipe
Santiago Escobar, Carlos Eduardo Padilla y Joaquín Campuzano,
como principales; y Alfonso López Pumarejo, Vicente Olarte
Camacho, Nicolás Liévano, Luis Patiño G., Manuel
José Campuzano, Carlos Mercado, Ernesto Ponce, Mario Clopatofski
y Jorge Zornosa, como suplentes.
“El Club se propone fomentar la aviación entre nosotros.
El señor Padilla hará unos vuelos privados, a los
cuales asistirán únicamente los socios de dicho centro
y las personas por ellos invitadas. Firmando los estatutos hay más
de cien caballeros. La cuota inicial es de diez pesos oro, y semestralmente
cada uno de los socios tiene la obligación de dar una cuota
de tres pesos oro. La Junta Directiva abrió una suscripción
nacional con el fin de allegar fondos para la fundación de
escuelas de aviación. Esta suscripción ha sido encabezada
por algunos respetables miembros de la sociedad bogotana. La idea
de la fundación de escuelas ha sido acogida con muchísimo
entusiasmo, de tal manera que ya varias personas hacen sus preparativos
para ingresar como alumnos” (El Diario Nacional, julio 19,
1916)
“Nosotros esperamos que el Congreso sabrá preocuparse
por este importante asunto, aun cuando la negativa dada el año
pasado al proyecto sobre marina mercante nos hace dudar de la buena
acogida que pueda tener la idea lanzada ahora por el Club de Aviación
y apoyada decididamente por la prensa y el pueblo colombianos”
(Gaceta Republicana, julio 31, 1916).
La Escuela de Aviación
Aprovechando
la presencia en Bogotá del aviador estadounidense William
Wilson, que había venido para estudiar nuestras condiciones
atmosféricas, el Club Colombiano de Aviación lo invitó
a que ayudara a organizar una Escuela de Aviación y a que
hiciera un vuelo de prueba para el mes de septiembre. Wilson no
pudo comprometerse en lo de la Escuela por una dificultad insalvable
de momento y era la de que no había profesorado. La mayoría
de los pilotos que podrían dedicarse a esa actividad educativa
estaban en la guerra europea; pero aceptó lo del vuelo y
algo más: se comprometió a efectuar un raid Bogotá-Cartagena,
para lo cual el Club obtuvo en agosto el permiso del Ministerio
de Gobierno a fin de que el aviador Wilson pudiera realizar vuelos
en el territorio de la República. Sin embargo, a finales
de agosto, Wilson fue llamado al servicio. Los Estados Unidos se
preparaban para entrar en la I Guerra Mundial.
Terminado en 1918 el conflicto gigantesco que consumió en
llamas a Europa, el Club Colombiano de Aviación contrató
una misión de aviadores franceses, encabezada por el coronel
Guichard, para fundar y organizar la Escuela de Aviación
de Colombia. Guichard y los aviadores franceses de la misión
fueron objeto de numerosas críticas por parte de los expertos
nacionales que, como el piloto Manuel A. Montoya Angel, condenaron
la Escuela al fracaso antes de que se hubiera abierto. Con todo,
el 13 de noviembre de 1920 llegó una flotilla de 6 aeroplanos
para el ejército colombiano y para las prácticas de
la Escuela de Aviación, que comenzó a funcionar en
Flandes, Tolima, el 1. De abril de 1921. Los aeroplanos militares
hicieron de Girardot a Bogotá numerosos viajes de práctica
para los estudiantes desde el 21 de abril, día en que voló
sobre Bogotá el primer avión militar. Como las críticas
en los periódicos contra la Escuela de Aviación persistieran,
el coronel Guichard se armó de cólera y amenazó
a un periodista con darle plomo si continuaba empeñado en
verle a la Escuela deficiencias que no tenía. El personal
docente para la Escuela de Aviación, proveniente de Francia,
llegó a Flandes el 16 de julio de 1921. Ese día el
coronel Guichard anunció que, para celebrar el aniversario
de la Independencia de Colombia, el 20 de julio, la cuadrilla de
aeroplanos militares efectuaría sobre Bogotá un vuelo
en formación y se harían algunas pruebas de acrobacia
con pilotos colombianos, entre los que figuraba el joven Camilo
Daza. No obstante que el 18 de julio al salir de Flandes el coronel
Guichard sufrió un accidente que por poco le cuesta la vida,
y se pensó que tal eventualidad la dejaría sin efecto,
la prueba se adelantó con éxito clamoroso.
Continuaron las críticas malévolas contra la Escuela
de Aviación de Flandes. Se publicaron insinuaciones insidiosas
de que se la había utilizado de pantalla para llenar los
bolsillos de algunos y que la tal Escuela era un engaño;
pero al comenzar 1922 la Escuela exhibía progresos notables
y ya tenía un primer grupo de pilotos colombianos muy bien
capacitados. La Escuela de Flandes continuó formando a nuestros
aviadores durante más de treinta años.
La Ccna y la Scadta
Uno de los
aciertos mayores del Club Colombiano de Aviación fue la traída
del piloto estadounidense Knox Martin, que prendió el entusiasmo
de Bogotá cuando los capitalinos, boquiabiertos, contemplaron
las proezas aéreas de Martin y sus increíbles looping
the loop.
Los antioqueños, que habían visto el vuelo de un avión
seis años antes que los bogotanos, quisieron ser los primeros
en tener una empresa de aviación. El 26 de septiembre de
1919 se constituyó en la notaría primera del distrito
de Medellín la sociedad Compañía Colombiana
de Navegación Aérea (CCNA), con los siguientes socios:
Pablo Echavarría Misas, Guillermo Echavarría Misas,
Carlos Mejía, Pedro Vásquez U, Pedro Vásquez
V., Samuel Moreno O., Julián Vásquez U., Gonzalo Mejía,
Martín Rodríguez, Ernesto Arango, Pedro Nel Ospina
Vásquez y Gustavo Uribe E. El 5 de noviembre la Sociedad
de Embellecimiento de Bogotá envió una expresiva felicitación
a Gonzalo Mejía y a Pablo Echavarría por la organización
de la CCNA. Los primeros aeroplanos para la compañía
antioqueña llegaron a Cartagena el 7 de enero de 1920 y sus
hangares en Barranquilla y Medellín fueron inaugurados el
18 de febrero siguiente. El 22 de febrero la CCNA efectuó
su primer vuelo de Cartagena a Barranquilla.
La empresa rival de la CCNA no tardó en aparecer. El 10 de
diciembre de 1919, tres meses después de creada la compañía
antioqueña. Se constituyó en Barranquilla la Sociedad
Colombo Alemana de Transportes Aéreos, SCADTA, que se proponía
prestar el servicio aéreo entre Bogotá y Barranquilla.
El primer vuelo del hidroavión alemán Colombia de
la SCADTA salió de Barranquilla el 8 de septiembre de 1820
y aterrizó en Puerto Berrío.
La conformación de los aviadores de la CCNA y los de la SCADTA
fue una especie de confrontación pacífica de posguerra
entre los ases franceses y los ases alemanes de la Primera Guerra
Mundial. La CCNA trajo un equipo de franceses dirigido por los comandantes
René Bazin, Pierre Frattoni y Jacques Jourdanet. La SCADTA
trajo a un grupo de alemanes comandados por el legendario Hellmut
von Krohn, cuyas hazañas en la guerra se equiparaban a las
del Barón Rojo.
La Compañía Colombiana de Navegación Aérea
fue la primera en prestar el servicio de correo aéreo y en
emitir unas hermosas estampillas para el porte de las cartas. El
3 de diciembre la CCNA firmó un contrato con el Gobierno
para el transporte del correo aéreo, que ya a comienzos de
1920 prestaba con regularidad y eficiencia. Por desgracia la vida
de la CCNA fue corta. La empresa antioqueña se disolvió
a mediados de 1922, “por razones de tipo primordialmente técnico”,
según uno de sus fundadores, don Guillermo Echavarría.
“El éxito de las que se fundaron posteriormente [a
la CCNA] se basó primordialmente en aviones metálicos
construidos en Alemania. La Scadta en Colombia, fundada pocos meses
después de la nuestra, pudo disponer de estos nuevos aviones
y logró sobrevivir exitosamente transformándose luego
en Avianca”. (Guillermo Echavarría Misas: De la mula
al avión, 1989, segunda edición)
Al desaparecer la CCNA la SCADTA asumió el servicio del correo
aéreo. Las hazañas del piloto von Krohn, además
de los aviones alemanes, fueron decisivas en el éxito de
la SCADTA. También el genio financiero de los empresarios
alemanes, que en septiembre 8 de 1921 pusieron en venta 2.000 acciones,
que le suministraron a la empresa una liquidez abundante. Von Krohn
batió todas las marcas nacionales de velocidad. El 17 de
octubre de 1921 realizó en un sólo día el viaje
de ida y vuelta entre Girardot y Barranquilla. El 30 de marzo de
1922 rompió el récord mundial de larga distancia al
volar más de 1.000 kilómetros sin escalas entre Girardot
y Barranquilla, y el 6 de abril de ese año voló de
Barranquilla a Cali, sin escalas, en seis horas.
Hacia
el futuro
Para 1924
los vuelos de la SCADTA cubrían la mayor parte del territorio
nacional y el transporte de pasajeros funcionaba con regularidad
desde 1923, año en que se construyó el aeródromo
de Madrid. En 1928 aterrizó allí Charles Lindbergh,
en visita a Colombia. El mismo año el aviador colombiano
Benjamín Méndez efectuó su histórico
vuelo de Nueva York a Bogotá, en el avión Ricaurte,
con escala en La Habana y Cartagena. En 1939 el capitán Enrique
Concha Venegas fue el primer piloto colombiano que cumplió
medio millón de kilómetros en el aire. En 1940 el
capitán Concha Venegas inauguró los vuelos sin escalas
entre Bogotá y Lima. El 8 de noviembre de 1939, a un mes
de haber estallado la Segunda Guerra Mundial, se fusionaron las
empresas SCADTA y SACO y de ese matrimonio nació Avianca,
Aerovías nacionales de Colombia, considerada la empresa de
aviación más antigua de América. ESM.
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