Puesta la decisión en manos del Gran
jurado Electoral, se reiteró por el Directorio Liberal, el 28 de mayo, el respaldo
indeclinable a la candidatura del general Rafael Reyes. El 4 de julio, el Gran Jurado
Electoral proclamó a Rafael Reyes como presidente electo de Colombia para el sexenio de
1904-1910, sin que faltaran las protestas de los conservadores velistas contra un supuesto
fraude, ni dejaran de sostener los liberales que con Rafael Reyes se iniciaría en
Colombia una nueva era que estaría marcada por la consolidación de la paz y avances
colosales en el progreso material de la nación. Una de las primeras señales del talante
de su Gobierno fue el nombramiento del general Euclides de Angulo como lector de
periódicos con el propósito de rendirle al presidente cuenta diaria y detallada de
las críticas que, hechas por la prensa nacional, sirvieran para corregir errores y
mejorar de continuo la administración.
La subversión en marcha
Reyes tomó posesión de la presidencia el 7
de agosto de 1904 y nombró un gabinete paritario: Bonifacio Vélez, Ministro de Gobierno,
conservador; Diego de Castro, de Guerra, liberal; Jorge Holguín, de hacienda,
conservador; Enrique Cortés, de Relaciones Exteriores, liberal; Carlos Cuervo Márquez,
de Instrucción Pública, conservador; y Lucas caballero, del Tesoro, liberal. Como el
conservador Jorge Holguín se excusó de aceptar, pasó al ministerio de hacienda el
liberal Lucas Caballero, y se nombró en el del Tesoro al conservador Guillermo Torres.
Con independencia del bando político al que pertenecieran, Reyes había escogido a seis
de los colombianos más aptos para ayudarlo a gobernar el país en un momento en que se
desataba una crisis económica mundial y Colombia comenzaba a resentir los estragos de la
guerra de los mil días y de la pérdida de Panamá.
Había un núcleo conservador decidido a no aceptar que los liberales, derrotados en la
guerra aun cuando la Paz del Wisconsin estableció que no había vencedores ni
vencidospasaran a ocupar la mitad del poder. Reyes fue declarado traidor a su
partido. El primer aviso de cómo pensaban jugar los opositores al Gobierno del héroe de
Enciso, lo marcó el atentado a bala del 17 de agosto, a diez días de iniciada la
administración, contra el ex ministro de Gobierno, Esteban Jaramillo, conservador de los
que apoyaban a Reyes.
A finales de año, en noviembre, Rafael Uribe Uribe manifestó que, como vía para
solucionar sus graves problemas humanos, Colombia debería ensayar el socialismo,
propuesta que levantó violentas críticas tanto de los conservadores como de los
liberales anti uribistas, y mirada con simpatía por el Presidente de la República. La
negativa de Reyes a romper con el liberalismo como rechazo a las inclinaciones socialistas
de Uribe Uribe, provocó que el conservatismo declarara, el 6 de diciembre, su oposición
oficial al Gobierno, a lo cual el liberalismo respondió el 10 que apoyaba a Reyes y que
tenía completa confianza en su administración. En los días siguientes se enrareció el
ambiente con la circulación de una hoja titulada Explicación necesaria, cuyos firmantes
fueron detenidos el 22 de diciembre por considerarse que incitaban a la subversión, y se
desterró al Congreso. Acaso por no compartir esa medida, renunció el 24 el
liberal Lucas Caballero al ministerio de hacienda y fue reemplazado por el liberal Pedro
Antonio Molina. El mismo día el Presidente Reyes le escribió al arzobispo de Bogotá,
monseñor Bernardo Herrera Restrepo para explicarle la gravedad de la situación. No
obstante el 7 de enero Reyes expidió una circular en que ordenaba estricto respeto a las
garantías de los ciudadanos y el 8 anunció que estaba conjurada la subversión y que se
había conservado la paz pública.
La Reforma Constitucional y la Junta de Gobernadores
Desde enero de 1904 se principió a reclamar
en todo el país la reforma de la Constitución para adaptarla a las nuevas exigencias de
la República y enmendar algunos defectos que hacían inadecuada la carta del 86. Uno de
los partidarios de esa reforma lo era el presidente Reyes, y la razón principal que tuvo
para cerrar el Congreso fue la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, finalidad
que cumplió el 1o. de febrero de 1905. La Constituyente inició sus sesiones el 15 de
marzo. En nombre de la patria dijo el Presidente Reyesdeclaro abiertas
las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente y Legislativa, en la que
participaban delegados de los ocho departamentos. La Asamblea sesionó entre el 16 de
marzo y el 30 de abril, y en ese mes y medio renovó la legislación, para dotar al
Gobierno de mecanismos económicos y jurídicos ágiles, y efectuó una reforma profunda a
la Constitución, sobre todo en materia de descentralización administrativa y creación
de nuevos departamentos y el estatus de Distrito Capital para Bogotá.
A la par con la Asamblea nacional Constituyente el presidente Reyes reunió en Bogotá,
por primera vez en la historia del país, una Junta de Gobernadores, que se instaló el 10
de marzo en el palacio de San Carlos. Ante ella rindió el Jefe del Estado un informe
pormenorizado de su gestión administrativa y encomendó a los gobernadores que se
desplazaran por las distintas regiones de sus departamentos para conocer de primera mano
las necesidades de las provincias y proceder a adoptar las soluciones adecuadas, en cuya
gestión tendrían pleno respaldo del Gobierno nacional. De 1905 a 1908 los gobernadores
permanecieron pocos días en sus despachos y recorrieron sus departamentos palmo a palmo,
lo que redundó en un extraordinario renacimiento de la provincia colombiana.
El atentado
Las medidas contra los subversivos de 1904 no amilanaron a los partidarios de derrocar al
gobierno de Reyes a como diera lugar. Los liberales librecambistas, ardidos por las
medidas proteccionistas de Reyes, se unieron a los conservadores para actuar de manera
ilegal contra Reyes. Antonio José Restrepo, revolucionario de oficio cuando no tenía
chanfa en que ocuparse, y otros seis ciudadanos, fueron detenidos y confinados en Orocué
por dos meses. Ante la posibilidad de que los liberales de la frontera con Venezuela
sintieran tentaciones subversivas, Reyes nombró jefe militar de la frontera en el
Táchira al general Benjamín Herrera, que marchó a Cúcuta a encargarse de la
situación, Entre tanto, en Bogotá, los magistrados Carmelo Arango y Gabriel Rosas fueron
declarados insubsistentes por estar en connivencia con los jefes de la subversión. El 19
de diciembre, la red de conspiradores, que tramaba un golpe sangriento para deponer a
Reyes antes de la Navidad, fue descubierta por la policía, comandada por el Comisario
Marcelino Gilibert, y hubo más de veinte capturas. El 21 de diciembre una multitud de
cinco mil personas, entre liberales y conservadores, marchó por la carrera séptima hasta
la plaza de Bolívar para proclamar su respaldo irrestricto al Presidente Reyes y su
rechazo a los intentos de perturbar la legalidad y la tranquilidad.
Una corte marcial se instaló el 12 de enero para juzgar a los conspiradores del 19 de
diciembre. El Gobierno rodeó de garantías a los defensores de los acusados y vigiló que
se cumpliera el debido proceso. La Corte marcial declaró culpables de la conspiración
del 19 de diciembre a los doctores Felipe Angulo, Luis Martínez Silva, y a los generales
Jorge Moya, Manuel María Valdivieso y Eutimio Sánchez, y los condenó a confinamiento en
la colonia militar de Mocoa
Los conservadores hicieron circular en el exterior versiones de que una feroz
dictadura se ejercía en Colombia. Dichas versiones fueron refutadas por el liberal
Nemesio Camacho, quien invitó a los corresponsales de la prensa extranjera a que vinieran
a Colombia a comprobar si aquí había vestigios de dictadura alguna.
Con anterioridad el vicepresidente de la República, el conservador Ramón González
Valencia, renunció a su cargo de repente, por estar en desacuerdo con el Presidente, y el
10 de febrero fue nombrado primer designado el expresidente Clímaco Calderón. Tras el
nombramiento del designado, el Presidente, y su hija Sofía, emprendieron su pase diario
en coche hacia Chapinero. En el sitio que denominaban Barro Colorado, a la altura de la
calle 45 con carrera 7a, el coche del Presidente fue atacado por tres jinetes, que
dispararon con la intención de asesinar al mandatario y a su hija, quienes salieron
ilesos por milagro, o porque el nerviosismo de los asesinos dañó su puntería. El
escolta del presidente, capitán Faustino Pomar, espantó a los agresores, que lograron
evadir el cerco y escaparon en una fuga cinematográfica. Fueron capturados por la
policía en Bogotá el 2 de marzo. (ver recuadro del relato de Reyes).
Reyes regresó a la capital y difundió un mensaje sereno, en el que pidió calma y
aseguró que, aparte de la tristeza por el acto criminal, no albergaba hacia sus agresores
sentimientos de venganza, ni de amargura. El habilidoso comisario Gilibert se movió con
rapidez. El 13 de febrero fueron detenidos varios sospechosos de haber fraguado el
atentado, entre ellos el exministro y poeta José Joaquín Casas, el exministro Arístides
Fernández, los doctores Benjamín Uribe, Joaquín Uribe y Pantaleón Camacho. Se ofreció
una recompensa de cien mil pesos por informes que permitieran la captura de los fugitivos
Roberto González, Marco Arturo Salgar y Fernando Aguilar, y doscientos mil pesos por
Pedro León Acosta. Los autores materiales del atentado fueron condenados a muerte y
ejecutados el 5 de marzo en el mismo sitio donde lo perpetraron. Hubo voces que pidieron
igual patíbulo para los autores intelectuales. Reyes se negó.
Giras
Presidenciales
Los liberales condenaron el atentado a Reyes y pidieron la unión nacional en torno al
Presidente. El 3 de marzo de 1906 Reyes reunió a los diputados de la Asamblea Nacional y
citó a elecciones para Congreso, y el 20 de julio, fiesta de la patria, el Presidente
otorgó un indulto para los presos político. Quedaron en libertad los conspiradores del
19 de diciembre y del 10 de febrero.
A comienzos de 1907 el Presidente Reyes puso en práctica su teoría de que un gobernante
de escritorio es lo mismo que nada y emprendió el 7 de enero una gira de inspección por
las provincias, que en su primera fase se prolongó hasta el 17 de enero. Entre abril y
mayo de 1908, hizo una nueva gira que llegó hasta Santa Marta y que le permitió formular
a la Asamblea Nacional importantes recomendaciones para complementar las reformas de 1905
y de 1907.
Al regresar de su primera gira, Reyes convocó el 28 de febrero de 1907 a sesiones
extraordinarias de la Asamblea Nacional, que se iniciaron el 1o. de abril, con un mensaje
presidencial de paz y esperanza. La Asamblea abordó el estudio del reordenamiento
territorial del país que, dada su complejidad, no pudo completarse sino en las sesiones
de 1908, que alcanzaron a incluir las observaciones del presidente Reyes motivadas en su
gira por las provincias. El presidente instaló la Asamblea Nacional el 20 de julio, con
un suntuoso banquete a los diputados en el Palacio de San Carlos, y adoptó la
subdivisión territorial por el decreto 916 del 31 de agosto de 1908, que organizó al
país en 29 departamentos, divididos a su vez en poblaciones y provincias autónomas para
el manejo de su economía. Acogida con entusiasmo en todos los pueblos y regiones, la
nueva división territorial impulsó en pocos meses una reactivación económica inusitada
que favoreció a los campesinos y sacó a las provincias del abandono en que se
encontraban. Al mismo tiempo las ciudades despertaron de su letargo.
La
gestión económica
Reyes tuvo que enfrentar una situación
económica difícil en lo local y en lo internacional. Los efectos de la guerra de los mil
días y de la pérdida de Panamá, la insistencia de los librecambistas en amortizar el
papel moneda, el intenso verano de 1905, la acción incesante de los especuladores, que
jugaban al alza de cambio en detrimento de la estabilidad del papel moneda, y otros
factores internos; las quiebras financieras en Europa y Asia, las pugnas de las potencias
por apoderarse de los mercados, entre otros factores externos, le causaron más de una
angustia a la administración del Quinquenio; pero Reyes fue superior a las contingencias.
Había llegado a la presidencia con la meta de modernizar el país, y aun sin haber
completado su sexenio, cumplió con las expectativas que le había creado al país.
Dictó reglas de juego claras para la inversión extranjera, que debía someterse a las
leyes colombianas, y los capitales extranjeros fluyeron hacia Colombia, como lo hace
constar Enrique Cortés; rescató de su postración la economía de las provincias,
efectuó el censo agraria, creo campos de ensayo agrícola, adoptó medidas para evitar el
agotamiento de los suelos, e impulsó la avicultura científica. Reordenó el gasto
público, incrementó la exportación de café a Europa, ordenó el tipo de cambio, evitó
la quiebra del comercio, acorraló a los especuladores, fomentó las exportaciones, que
tuvieron gran influencia en la estabilidad cambiaria, y a finales de 1908, por primera vez
en nuestra historia económica, las exportaciones colombianas superaron las importaciones.
Así también instaló la Agencia Fiscal de la República en Londres, sentó las bases de
la que, según su criterio, era la clave de una economía sana: producir más y gastar
menos, y tomó medidas para rebajar y eliminar impuestos. Hizo grandes economías en el
servicio consular y diplomático sin disminuir su eficiencia, y a mediados de 1908
consiguió el superávit fiscal. El impulso de la administración Reyes a la
industrialización de Colombia fue fundamental. Durante el Quinquenio se instaló la
industria de refrigeración de carnes, se incremento la fabricación de bebidas gaseosas,
lideradas por Posada & Tobón, y se montó en Bogotá una fábrica de ladrillos de
engranaje para construcción de todo tipo de edificios. La industria manufacturera hizo
grandes progresos y el desempleo cayó en un setenta por ciento en relación con el que
había cuando Reyes asumió el mando. En materia de transportes fueron mejoradas las
carreteras para uso del incipiente medio automotor, se incrementaron los ferrocarriles, se
concluyó el de Girardot, se colocaron los primeros rieles del de Puerto Wilches y se
ampliaron y modernizaron las vías férreas. En materia de combustibles se hicieron
importantes concesiones para la explotación del petróleo, con la Atlantic Oil Company,
del carbón y de las minas de oro. El diario El Comercio de Nueva York habló del
renacimiento económico de Colombia como de un milagro ejemplar y se
reconoció que el gobierno de Reyes había sacado a Colombia de la servidumbre que le
impuso el librecambio. Tales eran los milagros alcanzados por un buen gobierno: aumento de
la producción, estabilidad del cambio, crecimiento del empleo y del poder adquisitivo de
los ciudadanos, y como consecuencia de ello, el reinado del orden.
La felicidad hubiera sido completa si las fuerzas poderosas del librecambio no hubiesen
estado resueltas a perturbarla y a ponerle fin a la dictadura que les impedía
obrar a su antojo y capricho.
El 13 de marzo
Es creencia que la dictadura del general Rafael Reyes fue derrocada el 13 de marzo de 1909
por un movimiento civilista y libertario. La verdad es otra. Ni Reyes fue derrocado el 13
de marzo, ni hubo dictadura en su Gobierno, ni el movimiento del 13 de marzo fue civilista
y libertario.
El presunto dictador Rafael Reyes era el mismo presidente demócrata que el 14 de abril de
1908 les había pedido a los periódicos que en lugar de elogiarlo tanto, mejor se
ocuparan de asuntos de interés público, y que el 3 de diciembre siguiente rechazó con
énfasis el culto a la personalidad y pidió que no se utilizara su nombre para bautizar
ninguna población, edificio, buque, obra, ni lugar público, y que no se colocaran
retratos suyos en las oficinas públicas.
A comienzos de 1909 el presidente Reyes partió para su última gira por provincias. El 3
de febrero se encontró en Puerto Berrío con el general Jorge Holguín y con el regresó
a Bogotá el 7. Instaló la Asamblea Nacional el 22, y al concluir su mensaje dijo que ese
sería el último que hacía como mandatario. ¿Podría creerse que estaba pensando en
perpetuar su mandato? El 1o. de marzo la Asamblea señalo el 1o. de febrero de 1910 para
que el congreso, elegido por elecciones populares, se reuniera por derecho propio y Reyes
presentó de inmediato un proyecto de Ley para convocar a elecciones parlamentarias.
Esto no bastó para desanimar a los que se empecinaban en hacer que Reyes abandonara el
poder a las malas. Con motivo de unos tratados que se firmaron con los Estados Unidos y
Panamá, por los cuales Colombia reconocía la república de Panamá, los enemigos de la
administración hundieron el dedo en la herida todavía viva y desde el 10 de marzo se
produjeron manifestaciones hostiles al Gobierno por parte de los estudiantes de la
Universidad Nacional. Enrique Olaya Herrera estrenó sus dotes de orador y no le fue
difícil, con su verbo encendido, mover a los estudiantes revoltosos. El 11 de marzo Reyes
reorganizó el gabinete. Nombró a Jorge Holguín ministro de hacienda y tesoro y lo
designó para ejercer el Poder Ejecutivo. La policía prohibió en Bogotá la reunión de
más de cinco personas, lo que no hizo sino exacerbar los ánimos. El 13 de marzo las
calles se llenaron de gente que vociferaba contra Reyes y que, enardecida por los
discursos de Olaya Herrera, apedreó la casa arzobispal y otros edificios públicos.
Pensando que él era el motivo de los disturbios, y que su renuncia contribuiría a la
restauración ipso facto del orden público, Reyes dimitió su cargo y nombró a Jorge
Holguín para ejercer el poder ejecutivo mientras el Congreso procedía a la elección del
mandatario que debería concluir el sexenio; pero los disturbios no pararon con la
renuncia de Reyes. A las ocho de la noche Jorge Holguín declaró la ciudad en estado de
sitio, ante la magnitud de las manifestaciones callejeras encabezadas por los estudiantes
de la Universidad Nacional. A las cinco de la mañana del día 14, El Presidente Reyes y
el encargado Jorge Holguín resolvieron que aquel reasumiera el mando, y a las diez de la
mañana Reyes ejercía. Declaró en interinidad a los empleados públicos, irreeligibles a
los que hubiesen tomado parte en los motines del 12 y 13 de marzo, y el 15 dio parte de
que el movimiento subversivo había sido militarmente dominado. El 16 fueron condenados a
5 años de prisión los dirigentes del 13 de marzo, Felipe S. Escobar y Enrique Olaya
Herrera, a los que, dos meses después, el 19 de mayo, el dictador Rafael
Reyes concedió amnistía y dejó en libertad. El 16 de marzo una multitud regresó a las
calles, esta vez para expresar su respaldo a Reyes y pedir a la Asamblea Nacional que no
le aceptara la renuncia, en efecto rechazada por la Asamblea. Al agradecer a la
Constituyente y a los ciudadanos esa muestra de confianza, Reyes dijo que seguiría
gobernando sólo en la medida que no se le considerara un dictador, ni un tirano. Sin
embargo ya había tomado la resolución de abandonar la presidencia antes del 7 de agosto
de 1910, en que concluiría su período.
La despedida
Reyes dirigió a la Asamblea, el 20 de marzo, un mensaje trascendental por el cual llamó
a elecciones inmediatas de Congreso y fijó el 1o. de abril para los comicios populares,
aunque, por dificultades de organización, no pudieron efectuarse hasta el 30 de mayo. Ese
día el presidente Reyes votó por la lista de Unión Republicana que encabezaban sus
opositores el ex liberal Nicolás Esguerra y el ex conservador Ramón González Valencia,
y expresó que daba su voto por la concordia y por el gobierno de todos. Las
elecciones del 30 de mayo fueron calificadas como una lección de paz, concordia y
serenidad.
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