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Germán
Colmenares.
"Historia económica y social
de Colombia, 1537-1719", 1975.
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Colmenares
(1938-1990) tuvo una vida corta y prolífica. Murió a sus 51 años de edad, dejando una
obra amplia, sólida y brillante la cual ha sido conocida y discutida en este país y
fuera de él en exclusivos medios universitarios y está apenas llegando al público
general. Publicó transcripciones documentales, libros y artículos, traducciones y
reseñas críticas, especialmente en el campo de la historia, con cortas y sugestivas
irrupciones en la crítica literaria, de cine y de arte. Sus trabajos significaron
avances, marcaron rupturas y señalaron nuevos rumbos para la historiografía en los
ámbitos regional, nacional y latinoamericano. Podemos decir, sin lugar a dudas, que
Colmenares transformó en diversos sentidos la forma de concebir la historia de Colombia.
Su tesis de grado fue la
base de su primer libro, Partidos políticos y clases sociales, en el que se presentó un
tratamiento novedoso de esa relación histórica en el siglo XIX; sus trabajos se
dedicaron a la comprensión de la estructura económica y social de la Nueva Granada en el
período colonial, campo de estudio en el que ya había incidido significativamente su
maestro Jaime Jaramillo Uribe. Colmenares renueva la forma de aproximarse a las fuentes
documentales, insistiendo en la necesidad de construirlas desde nuevas preguntas,
inspiradas en los debates que se daban en Latinoamérica y en Europa, y produce unas
historias donde se hacen visibles los sistemas regionales con sus propios problemas y
conflictos. En su mayor parte, los trabajos de Colmenares, sobre todo en esta larga etapa,
son de estudio sobre historias regionales. Primero el oriente: Encomienda y población en
la provincia de Pamplona, La provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada; y después,
desde la Universidad del Valle, el occidente: Cali, terratenientes, mineros y comerciantes
en el siglo XVIII y Popayán, una sociedad esclavista. En 1973, en su Historia económica
y social de Colombia, ofrece un panorama bastante completo y complejo de los siglos XVI y
XVII. En 1979 presenta una segunda parte que, aunque no encuentra una completa continuidad
con el primer tomo, pues corresponde al estudio sobre Popayán en el siglo XVIII,
constituye otro significativo aporte en el campo de las estructuras económicas y sociales
de la colonia.
En los ochenta retomó el
camino iniciado tempranamente en el campo de la historia de las ideas, centrando sus
reflexiones en lo que gustaba llamar el oficio del historiador y alimentándose de
trabajos teórico-metodológicos de las escuelas francesas e inglesas, algunos de los
cuales tradujo o reseñó, y de la moderna crítica literaria. En esta nueva etapa sus
preguntas sobre los modelos y los lenguajes fueron afrontados con un visible dominio de
procesos y contextos históricos y una formidable formación conceptual. En Convenciones
contra la cultura, su último libro, afrontó decididamente la crítica de las
convenciones que encadenaban a arqueotipos literarios el lenguaje de los historiadores
decimonónicos, que enrarecieron las representaciones del pasado. Es un ensayo denso y
sugestivo, en el cual descubre cómo las representaciones del pasado elaboradas por los
historiadores de las nuevas repúblicas hispanoamericanas estaban divorciadas de la red de
significaciones originales de su propia cultura. Ellos escondían mal su hostilidad hacia
lo autóctono, e interpretaban los eventos de acuerdo con un imaginario heroico y un marco
nacional prestado a la historiografía europea, que buscaba disimular los conflictos y dar
fundamento a las jóvenes naciones.
En su artículo "Sobre
fuentes, temporalidad y escritura de la historia" propuso desplazamientos
fundamentales, partiendo de una reflexión sobre la relación de la historia con las
ciencias sociales y las humanidades, que lo llevó al planteamiento de las preguntas al
pasado desde la cultura, entendida como "campo total de las significaciones
históricas", y lo que ello implicaba para el uso de las fuentes y la escritura de la
historia. En sus últimos trabajos -"La economía política de las indias",
"La ley y el orden social: fundamento profano, fundamento divino", y su
continuación en "El manejo ideológico de la ley en un período de
transición"- los préstamos a la antropología, la sociología, la lingüística y a
la filosofía, hechos con prevención de ahistoricidad y anacronismo, permitieron que las
preguntas sobre el entramado social básico se fueran desplazando desde la economía hacia
la cultura, hacia la naturaleza íntima de la sociedad y sus aspectos simbólicos,
logrando un excelente balance entre la narrativa y la coherencia analítica.
Germán Colmenares dedicó
su vida a investigar, a escribir y a enseñar la historia de nuestro país. Fue un hombre
de universidad e hizo escuela. Su obra se distingue por su originalidad y la amplitud de
sus horizontes de interpretación, por la transparencia en la construcción y en el uso de
las fuentes, por sus debates sobre el método, por el diálogo interdisciplinario al que
incitó abiertamente, por su rigor académico y su carácter polémico. Sus trabajos son
hoy referente obligado de quienes quieren comprender el pasado de nuestras sociedades.
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