FEBRERO 2001.



Caldas y Humboldt
Transferencia de saberes y prácticas a Europa.

Por: Jorge Arias de Greiff.

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Febrero 2001. No. 134

Alexander von Humboldt.
Oleo de Friedrich Georg Weitsch, 1806.
Galería Nacional, Berlín .

Alejandro de Humboldt en Quito.
Copia de Siegmund von Sallwürck (1944)
sobre el óleo original de José Cortés de Madariaga.
Instituto Iberoamericano, Berlín.

Nivelación barométrica del terreno desde Cartagena a Santafé.
Dibujo de Alexander von Humboldt, 1801.
Servicio Geográfico del Ejército, Madrid.

Alexander von Humboldt.
Dibujo de Fraçois Gérard, 1795.

Termómetro con medidas barométricas
publicado en "Memoria sobre un nuevo método
de medir las montañas", de Caldas.

Portada de "Ensayo de una memoria sobre un nuevo método de medir las montañas", de Francisco José de Caldas,
Edición póstuma, Burdeos: Lawalle, 1819.
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.

Francisco José de Caldas.
Grabado de autor no identificado del siglo XIX.
31.5 x 21.5 cm.
Casa Museo del 20 de Julio, Bogotá.


Es frecuente escuchar y leer lo que la cultura del lugar común dice y escribe: Humboldt se apropió del descubrimiento de Caldas. No hubo tal descubrimiento, ya que la fórmula era conocida en Europa. Humboldt elogió en forma superlativa a Caldas, pero por pacato el americano fue dejado a un lado para continuar el viaje con un amiguito.

No entrando en detalles de la relación de Caldas y Humboldt en lo que respecta a la confrontación de sus trabajos referentes a la astronomía geográfica, actividad en la que ambos eran hábiles practicantes y en la que ninguno estaba innovando y por lo tanto no había lugar a rivalidad, y dejando también a un lado su trabajo simultáneo y sus ideas coincidentes referentes a la distribución de las plantas en las diferentes altitudes de los Andes, en el que sí hubo rivalidad, voy a concentrar estas páginas en la confrontación entre ambos personajes en lo referente a la medida de la altitud de las montañas por medio de la medida de la temperatura de ebullición del agua en las cumbres andinas. La reconstrucción de un diálogo entre ellos es ilustrativo en grado sumo de lo que ocurrió realmente entre ambos personajes.

Caldas rompió un termómetro durante una excursión al volcán Puracé, cerca de Popayán. A su regreso a la ciudad intentó reconstruirlo. Para la graduación del cero disponía del hielo del volcán, de que los indígenas llevaban a la ciudad. Al hervir el agua cayó en cuenta de que la temperatura de ebullición del agua a la altitud de la ciudad no le llevaría la columna de mercurio hasta el extremo superior de la escala. La temperatura de ebullición depende de la presión barométrica del lugar, y la altura de la columna de mercurio es una medida de esa presión; así, la temperatura de ebullición podrá servir para remplazar el barómetro en la medida de la altitud de las montañas. Este fue su raciocinio.

Inicio excursiones a las montañas vecinas para medir en sus cimas tanto la altura de la columna del barómetro como la temperatura de ebullición en ellas. Buscó en los libros. Sólo encontró en Sigaud de la Fond una fórmula que ligaba las dos cantidades y que no le gustó; no encontró enunciado ningún método para medir montañas. Sintió la pobreza del americano cuando no encuentra en sus libros lo que busca. ¡Feliz el americano cuando eso le ocurre! Puede comenzar a usar su cabeza y a lo mejor, dejar la escolástica.

Con los datos obtenidos en los cerros vecinos y en Popayán calculó el coeficiente numérico de su fórmula lineal, la que comprobó con otras medidas en ese entorno. ¡Tiene ya un método! Ya por esos días el barón de Humboldt se acercaba a Santafé. Caldas le pide a su corresponsal de confianza en Santafé que repita las experiencias de calibración del termómetro, que use granizo, que Santafé no tiene hielo, que no diga nada del "pequeño descubrimiento" y, días más tarde, con los viajeros que ya estaban en Santafé, que los vigile y lo mantenga informado de todo lo que hagan. Nada de eso le dijo, es seguro, el amigo Santiago Arroyo a Humboldt, pero algo pudo captar el viajero sobre un extraño interés en Santafé por el agua hirviendo, pues allí redactó una pequeña memoria en francés sobre el tema e inicio en esa capital, en las cumbres de Guadalupe y Monserrate, una serie de medias de la temperatura de ebullición del agua en las montañas, práctica que no había hecho antes, con excepción de Cumaná, al nivel del mar, y a lo mejor una en el ascenso al pico de Teide. Al continuar el viaje las hizo en Contreras, Pueblo de Puracé, Quito. Algo notó el barón en Santafé, de la que además dijo que "nunca había visto una ciudad con tantos barómetros". Cuando pasó por Popayán, los amigos de Caldas poco sabían de ese secreto, así que Humboldt no se enteró allí de nada al respecto.

Ya en Quito y en las primeras conversaciones, Caldas le trató sobre la materia en forma abierta. El barón fue sorprendido y colocado fuera de base; aturdido, le dijo: "Saussure imaginó medir las montañas por medio del termómetro sumergido en el agua hirviendo --¡bello principio!-- y halló que 640 pies correspondían a un grado de Reaumur; siendo así que la ley de las densidades del aire es en progresión logarítmica o geométrica... se ha abandonado del todo el método de este físico por su inexactitud". Habiendo hecho esta declaración equivocada, hay dos opciones: o el barón estaba desinformado o estaba desinformando. Por el tono de autoridad, esas palabras desilusionaron a Caldas. Pronto Humboldt se arrepintió de haber dicho eso; luego de consultar sus libros y sus papeles y de hacer un poco de aritmética, le manifestó: "Saussure no ha pensado como usted en agua hirviendo; sus trabajos se han limitado al temple de la atmósfera; asigna 640 pies de altura por un grado en el termómetro y yo he observado en el pico de Teide que da muy bien este coeficiente cuando el día es sereno y no se obra en lugares elevados".

Menos mal que enmendó sus palabras, pues él, que había medido la altura de ese pico y la temperatura del aire de la cima no podía ignorar que lo que había hecho Saussure no tenía nada que ver con el bello principio de Caldas. Por su medición trigonométrica de la altitud del pico Teide, por su medida de temperatura ambiente en esa altura y por el dato de la temperatura al nivel del mar tomado por otro viajero anterior en esas vecindades, obtuvo 94 toesas por grado Reaumur, valor algo menor que los 640 pies mencionados por el barón en ambas ocasiones. Pero en las dos ocasiones Humboldt mencionó el coeficiente de Saussure; desde el primer momento sabía de qué hablaba, ¡luego sí lo desinformó! Y el cálculo de Humboldt de la aplicación del método de Saussure que implicaba el uso de un dato ajeno, que haberlo tomado no le hubiera significado problema alguno, indica que cualquier interés de Humboldt por la relación entre altitudes y alguna medida de temperatura se inició en él con el encuentro con Caldas. No queda tampoco duda de que para Humboldt el bello principio era el de Caldas; con ello el americano se entusiasmó. Su método no lo practican en Europa. Entra en posesión de su pequeño descubrimiento; asume una posición firme y clara frente a Humboldt y al asunto, y declara: "Mi método, absolutamente diferente al de Saussure, es tan exacto, que las mayores diferencias en los resultados de cálculo no dan más de 1½ líneas... He dado un grado de perfección al método no conseguido en Europa". Critica al de Saussure y defiende con claridad y lógica el que ha ideado. Humboldt le manifestó dudas de que a iguales presiones el agua hierve a igual temperatura: "Creyó que mi coeficiente tenía los mismos defectos que el de Saussure; pero meditando el caso convino en esta propiedad de mi coeficiente, que lo distingue de todos [...] Yo habría suscrito con el mayor gusto a una autoridad tan respetable, si hubiera autoridad contra la experiencia", dice Caldas.

Los papeles de centro y periferia están invertidos: Humboldt comienza a entender, a alejarse de Caldas y hacerlo a un lado. ¡No había viajado a la América a toparse con rivales, y menos en la física del globo! Lo que ni Caldas ni Humboldt y los europeos sabían, no tenían por qué saber, es que por esas latitudes de Europa es imposible que puedan llegar a usar un método como el de Caldas. En la zona tórrida la presión atmosférica tiene una estabilidad que no la tiene la de Europa, en donde los fenómenos de tipo ciclónico producen variaciones locales súbitas de presión que hacen que el barómetro sea útil para predecir esas alteraciones meteorológicas. Podrán tener fórmulas, un caos de fórmulas, de pulgadas, de escalas termométricas y de maneras de graduarlas, pero no un método para medir las montañas a partir de la presión barométrica. Esto lo aprendieron Humboldt y Europa de la América tropical: el saber local potencial de una realidad concreta diferente se pone de presente cuando es estudiado y trabajado. Resultó de ello una transferencia de saberes y prácticas en el sentido no esperado.

Estas páginas esperan haber profundizado algo en el interesante encuentro de Humboldt y Caldas, que las beaterías tanto caldasianas como humboldtianas en sus delirios suelen deformar: "Humboldt, el verdadero descubridor de América. Humboldt, que trajo a América la ciencia europea". Dándole la vuelta al asunto, se puede llamar al viaje de Humboldt un viaje de aprendizaje. Si no fue así, ¿para qué se gastó la herencia materna en visitar lo que ya sabía? El trabajo del español americano, realizado en un entorno concreto diferente de aquel de donde venía el europeo, queda resaltado al no desprenderlo de la realidad concreta del virreinato español en donde actuó.