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La visita de
Humboldt a Colombia fue puramente accidental. A pesar de ser el primer geógrafo e
historiador de la América española, el barón alemán no tenía entre sus planes
iniciales recorrer detenidamente la América equinoccial, y menos aún visitar el
virreinato de la Nueva Granada.
El 29 de noviembre de 1801, camino de Pasto y luego de haber atravesado el territorio
colombiano, anota en su diario: "cuando salimos de La Habana estuvimos plenamente
seguros que no tocaríamos Santa Fe, y que en busca de la expedición de Baudin
tomaríamos el camino de Panamá a Guayaquil. Quién no se estremecería de la idea de
empezar un viaje con 12 mulas y su eterno reempaquetamiento, por un camino terrestre de 4
a 5.000 millas, por Honda
Popayán. Yo personalmente pensé que mis finanzas no
serían suficientes para ese camino. En Cartagena todo me parecia suficiente".
La intención de visitar el Nuevo Mundo aparece cuando fracasan sus intensiones de unirse
al viaje alrededor del mundo que había iniciado el capitán Nicolas Baudin, o de explorar
el monte Atlas en el Africa. En 1799 se dirige a España con el fin de solicitar los
permisos necesarios para ingresar en los territorios de ultramar. En la concesión de los
pasaportes respectivos, autorizados por Carlos IV, fueron determinantes las influencias
del barón Philipe de Forell, embajador de la Sajonia en Madrid, así como el ministro
Mariano Luis de Urquijo, protegido de las reina María Luisa. Tal apoyo revertió en un
permiso amplio y generoso, que hacía posible el desplazamiento de Humboldt por el
interior de América y por las Filipinas, junto con los instrumentos necesarios para
realizar sus observaciones.
Entre tales aparatos figuraban algunos que hacían posible determinar posiciones
astronómicas, así como definir las fuerzas magenéticas, la composición química del
aire atmosférico, su humedad, su temperatura, sus cargas eléctricas, su transparencia y
su contenido en ácido carbónico.
Viajaría Humboldt en compañía del médico y naturista francés Aimé Bonpland, a quien
en los papeles oficiales se señala como secretario del barón, ayudante, copista, e
incluso como criado. Las intenciones de Humboldt no eran claras; estaba dispuesto a gastar
la fortuna heredada de su madre en aras del progreso científico, contaba con el apoyo de
algunos amigos y sus intereses giraban en rededor de la composición química de la
atmósfera y de su influjo sobre los cuerpos organizados; además, y como geólogo formado
en una escuela de orientación neptunista, le inquietaban la formación del globo, las
identidades de las capas geológicas y las grandes armonías de la naturaleza. Las
especies animales y vegetales figuran en un segundo plano. Dicho interés era más de
Bonpland y de Karl Sigismund Kunth, un botánico de Berlín que había aportado algunos
fondos para el viaje de su amigo, y que luego se ocuparía del estudio de la mayor parte
de la colección botánica americana.
El pasaporte autorizaba el ingreso a América y a las demás posesiones ultramarinas,
donde podrían realizar estudios de minas, hacer colecciones de plantas, animales,
semillas y minerales, medir la altura de los montes, examinar su naturaleza y realizar
observaciones y descubrimientos útiles al progreso de las ciencias naturales.
La fragata Pizarro tenía como destino Colón en Panamá, pero por la rotura del mástil
hizo una escala en las Canarias. Los viajeros aprovecharon esta parada forzosa para
ascender al Tayde, realizar observaciones e iniciar las colecciones científicas. Ya en
aguas americanas, una epidemia de fiebre tifoidea les obligó a desembarcar el 16 de julio
en Cumaná. El puerto caribeño sirvió de punto de encuentro entre Humboldt y el
continente que le inmortalizaría. La nueva escala permitió a los viajeros repetir la
expedición de Pedro Loefling hacia las fuentes del Orinoco y del río Negro. Durante este
recorrido bordearon la frontera acampando varias veces en la margen colombiana. Esta ha
debido ser las única región del país visitada por los exploradores, pero el destino
señala otra cosa; las inmensas llanuras con sus vistosos morichales y sus matas de monte
no iban ha ser los únicos paisajes colombianos grabados en sus pupilas.
El 24 de noviembre de 1800, diez meses después de su desembarco, y ya aliviado Bonpland
de un ataque de fiebres, los viajeros partieron hacia Cuba, tras 25 días llegaron a La
Habana. Allí se encontraron de que la expedición de Baudin había partido de Francia y
que en el lapso de un año era posible que tocara El Callao; el 14 de marzo de 1801
dejaron Cuba con rumbo a Panamá para atravesar el istmo y seguir hasta Guayaquil. A mitad
del trayecto, una tempestad afectó el barco desviándolo de su curso hacia el oriente. A
manera de temporal, la Nueva Granada les llamaba. Pasados veinte días, la nave llegó a
la bahía de Cispatá en el extremo este del golfo de Morrosquillo; superados el susto y
los riesgos de un naufragio, el barco se dirigió hacia Cartagena bordeando el
archipiélago de San Bernardo. Al puerto amurallado llegaron el 30 de marzo.
La estancia en Cartagena sirvió para replantear la ruta. José Ignacio de Pombo les
convenció de las ventajas que presentaba el viaje por tierra. La ruta habitual les
permitiría no sólo remontar el curso del Magdalena y conocer la selva tropical, sino
cruzar los Andes, una cordillera extraordinaria, llena de acertijos biogeográficos y
abundante en especies desconocidas. Un atractivo adicional se les presentaba: en Santafé
residía José Celestino Mutis, reputado como amigo de Carlos Linneo, el padre de la
nomenclatura científica y a la vez el máximo naturista de su época; Mutis gozaba de
gran prestigio como médico y catedrático; era además un hombre poderoso e influyente
que había ganado fama por haber sido el promotor de la Expedición Botánica del Nuevo
Reino de Granada, empresa que aún dirigía.
A través de Pombo, Humboldt se entera de su influencia, y aunque le informan que se trata
de un anciano reservado y de mal humor, decide enviarle desde Turbaco una carta
artificiosa en la que se presenta ante el gaditano y en forma zalamera le comunica que
desde hace una década arde en deseos de conocerle y de apreciar la gran obra que prepara
para la porteridad; por tal motivo ha decidido visitar Santafé. Mutis se siente halagado
y le responde ofreciendo toda clase de colaboración, como efectivamente comenzó a
suceder a partir de Honda.
Los argumentos de Pombo y la ventaja de viajar al lado del comisionado de Quinas, Luis de
Rieux, decidieron el nuevo itinerario. Remontar el Magdalena era penoso por la acción de
los mosquitos, por el calor sofocante y por la permanente humedad. Ascender los Andes era
difícil, pero implicaba varias ventajas; su vegetación podría ser comparada con la de
los Alpes y con la del Teyde. La comparación de las cordilleras haría posible verificar
varias hipótesis sobre la geografía de las plantas; además, una flora y una fauna
novedosas se descubrirían ante sus ojos. La política española había mantenido las
riquezas naturales de America ocultas al resto del mundo por trescientos años; ésta era
una buena oportunidad de penetrar en tales arcanos.
El recorrido hacia el interior de Nueva Granada se inició con una visita a los volcanes
de lodo de Turbaco, para seguir hacia Barrancas Nuevas y tomar el curso del Magdalena. Las
principales etapas fueron Zambrano, Mompox, El Banco, Tamalameque, Bdillo, Cimitarra,
Barranca Bermeja, Garrapata, Nare y Guarumo.
Paisajes impensados van surgiendo a cada paso y los diarios de los viajeros se van
llenando de notas y de esquemas que luego servirán para levantar mapas y redactar
memorias científicas; en su equipaje abundan muestras de plantas, animales disecados,
muestras minerales, dibujos y otras curiosidades de la naturaleza. El recorrido por el
río toma algo más de dos meses y les proporciona una visión diferente de los paisajes
apreciados en Cumaná, Caracas, San Fernando, Atures y Maypures. En Honda se detienen
mientras Bonpland se recupera de un ataque recurrente de fiebres, lapso que Humboldt
aprovecha para recorrer los alrededores, hacer observaciones astronómicas, fijar
posiciones geográficas, recortar plantas y enriquecer sus observaciones.
LA REVELACION DE LOS ANDES
Por fin los viajeros
inician el ascenso a Santafé; el mismo les permite observar claramente los cambios de la
vegetación en la medida en que van ascendiendo. Se va dejando atrás la selva tropical
inferior, plena de árboles enormes afianzados en raíces tabloides, poblados de lianas y
bejucos y rodeados de hierbas gigantes, para entrar en la selva sub andina, pletórica de
colorido y con un sotobosque rico en hierbas como las begonias, los anturios, las
gesnerias, las piperáceas y los helechos. Aparecen las guaduas y las palmas de cera,
especies nuevas y con una arquitectura sorprendente para los europeos, que no dejan de
admirarse con lo que ven sus ojos; en la medida en que se va ascendiendo los árboles
disminuyen de talla, sus hojas se hacen menores y las ramas se van poblando de musgos,
quiches y orquídeas. Finalmente atraviesan el bosque nublado, lleno de helechos
arborescentes y dominado por los robles, pero en el que se encuentran innumerables
sietecueros, tunos, cucharos, cafetillos y no pocas quinas entre las que distingue la roja
y la amarilla.
Durante el ascenso, Humboldt empieza a comprender con claridad meridiana lo que
aparentemente nadie había compendido antes que él: la organización de los seres
vivientes responde en buena medida al clima y, algo más importante, ese clima en las
zonas equinocciales está condicionado en gran medida por la altitud sobre el nivel del
mar. Las especies vegetales son más abundantes entre los mil y los dos mil metros de
altitud y están dominadas por algunas familias propias del trópico. El hecho de
atravesar la cordillera Central por el paso del Quindío, y el posterior ascenso al
volcán Puracé van a servir para complementar tales observaciones y confirmar sus
hipótesis. En los Andes de Quito simplemente reafirmará sus convicciones y verificará
sus asertos.
Culminando el ascenso se presenta ante ellos la enorme planicie de Bogotá rodeada de
montes y abundante en pantanos. Se trata de un paisaje nuevo en el que todo llama la
atención. Son recibidos cordialmente. Su llegada se convierte en un acontecimiento social
para la tranquila capital del virreinato, que entonces no superaba los 30.000 habitantes.
A Fontibón, donde llegan el 15 de julio, acude a recibirlos una comitiva encabezada por
el asesor del virrey Mendinueta, el secretario del arzobispo, el rector del Colegio del
Rosario, Fernando Caycedo y Flérez, el marques de San Jorge y su hermano Jorge Tadeo
Lozano, quienes le acompañan en el ingreso a la ciudad. Mutis les ha preparado una casa
para que se alojen y les recibe con extraordinaria cordialidad. Una estancia de pocos
días se convierte en dos largos meses. Las fiebres recurrentes que sufre Bonpland
nuevamente obran a favor del conocimiento de la naturaleza colombiana.
El virrey Mendinueta solicita a los viajeros visitar las salinas de Zipaquirá y elaborar
un informe en relación con su forma de explotación; paralelamente encarga a varias
personaspara que sigan los pasos de los exploradores y suministren datos pormenorizados
sobre sus actividades. Los viajeros quieren conocer el páramo y ver en vivo las plantas
que Mutis les ha mostrado a través de bellas ilustraciones; asciendes a Monserrate,
Guadalupe y llegan hasta el páramo de Chingaza; igualmente visitan la laguna de Guatavita
y el salto de Tequendama, lugares entonces de gran atractivo. Deben alternar sus trabajos
de naturalistas con los compromisos sociales. Humboldt encuentra personas ilustradas; se
sorprende de las inquietudes intelectuales de los capitalinos y admira la biblioteca
formada por Mutis, en la que encuentra numerosas obras de historia natural y de
astronomía, acompañadas por cerca de diez mil libros teológicos y de literatura
diversa.
Humboldt sostiene prolongadas charlas con Mutis; esperaba encontrar un viejo retraído y
cascarrabias, y le sorprende un anciano desdentado, bonachón, magnánimo, rico y
poderoso, que de lo que menos quiere hablar es de botánica. El gaditano no sólo les
atiende, sino que pone a su disposición toda la infraestructura de la Expedición;
además les regala más de cien láminas ilustradas a todo color y que representan las
especies más llamativas de su Flora de Bogotá. La colección de pinturas va acompañada
de notas y apuntes relativos a dichas plantas. Igualmente les obsequia una hermosa y
completa colección de quinas, con ejemplares en flor y en fruto, cortezas seleccionadas y
láminas en folio mayor representativas de las especies. Estos materiales serán
destinados por Humboldt al instituto de Francia como prueba de adhesión. Además, mutis
costea una enorme recua de bestias, que finalmente no utilizan los europeos; Humboldt no
de ja de comparar este boato con las dos sencillas petacas que constituían su equipaje
durante el viaje al Orinoco. En su magnanimidad, el anciano ha enviado tres mulas cargadas
de viandas, que se unen a otras ocho en las que van cuidadosamente empacados los
instrumentos, los apuntes de viaje, los materiales acopiados, la mesa de campo, las camas
portátiles y la obligatoria bacinilla.
En testimonio de agradecimiento por las atenciones recibidas y por los sentimientos de
amistad expresados, Humboldt publicará una síntesis biográfica de Mutis en la
Biographie universalle de Michaud; además, con Bonpland, le dedicará su primera gran
obra botánica, las Plantes aequinoctiales. La dedicatoria del libro aparecido en 1809
dice: "A Don José Celestino Mutis, Director en Jefe de la Expedición Botánica del
Reino de la Nueva Granada, Astrónomo Real de Santa Fe de Bogotá, como una fiel marca de
admiración y reconocimiento". Esta dedicatoria va acompañada de un alegórico
retrato de Mutis sobre el cual aparece una corona de doce estrellas; a izquierda y derecha
lucen dos rama floridas y entrelazadas: una representa la Mutisia clematis, planta
emblemática de la Expedición y con la cual Linneo homenajeó a Mutis, la otra ilustra la
Linnaea borealis. Mutis y Lineo son quizás los únicos naturalistas cuyas efigies,
después de dos siglos, han aparecido en billetes de curso legal en Colombia, España y
Suecia. Además, en 1805 Humboldt describió para la ciencia el capitán, pez carente de
escamas y propio del altiplano de Bogotá, el cual fue dedicado a Mutis bajo el nombre
Eremophilus mutusii.
Las muestras de reconocimiento de Humboldt y Bonpland se hacía no sólo a la generosidad
del anciano, en cuanto a la colaboración y ayuda deparadas, sino a su prodigalidad y
desprendimiento. Además de poner a su disposición todas la infraestructura de la
expedición, les abrió su herbario, facilitó sus notas y manuscritos y les cedió
descripciones, láminas especímenes, lo cual tenía un mayor valor que la misma amistad y
que las atenciones dispensadas. De las 148 especies tratadas en los dos tomos de las
Plantas equinoxiales, una tercera parte corresponde a la flora de Colombia; de ellas, un
tercio ya estaban registradas en el herbario de la Casa de la Botánica y habían sido
ilustradas en la iconografía de la expedición mutisiana.
PASO DEL QUINDIO
Los viajeros abandonan
Santafé para continuar el viaje por Pasca a Icononzo; allí se detienen para observar el
puente natural; sobre el mismo, el 14 de septiembre, Humboldt celebra su trigésimo primer
cumpleaños; luego continúan hacía Melgar y Cunday para caer al valle del Magdalena
cerca del espinal. Entonces, en lugar de tomar la ruta tradicional a Popayán por Neiva y
La Plata, deciden seguir a Ibagué y atravesar el paso del Quindío por el camino de
Toche. Son Humboldt y Bonpland los primeros naturistas en acometer tan difícil ruta; a lo
largo de ella descubren la real magnitud de los Andes del trópico. Allí se descorren los
velos que les impedían comprender la geografía de las plantas, allí se enriquece
notablemente su conocimiento sobre las plantas. Esta travesía resulta decisiva para
aclarar varios conceptos que luego serán ratificados en Ecuador, donde los viajeros van a
demorar más de un año y donde van a escalar varios nevados para complementar su visión
integral de la naturaleza tropical. Entre los sitios visitados durante el viaje americano,
el Quindío fue quizás el lugar más rico en plantas; de allí fueron descritas multitud
de especies, entre ellas la palma de cera y la Mutisia grandiflora.
La del Quindío era la ruta más penosa y difícil que tenía la cordillera. Entonces era
un bosque espeso, completamente deshabitado y que sólo permitía el paso en verano,
debido a los numerosos torrentes que descendían de las nieves perpetuas. El estrecho
camino alcanzaba los 3.500 metros de altitud y abundaba en barro, lo que hacía más
penoso su trayecto. Para la carga se utilizaban bueyes; también se empleaban cargueros
que llevaban a cuestas los fardos o los viajeros, valiéndose de una silleta de guadua
sostenida con una jáquima similar a las empleadas con las bestias. Al caer la noche los
cargueros construían una armazón que cubrían con hojas de bijao, de tal forma que los
viajeros pudiesen pasar la noche resguardados de la lluvia. Humboldt y Bonpland cruzaron
la cordillera en octubre, valiéndose de doce bueyes para llevar sus instrumentos,
pertenencias y colecciones científicas. El trayecto entre Ibagué y Cartago normalmente
tomaba quince días, que bien podía irse a treinta.
Al salir de Cartago los viajeros siguieron la margen oriental del Cauca por el pie de la
cordillera Central hasta llegar a Popayán. El 22 de noviembre iniciaron el ascenso al
Puracé, entonces el sitio más elevado visitado por Humboldt, donde continuaron sus
observaciones y recolecciones, pero no alcanzaron a llegar al nivel de las nieves a causa
del mal tiempo. Al dejar a Popayán optaron por el camino de Almaguer, que aunque más
escarpado, seguía más de cerca las cordillera, donde las observaciones geológicas eran
más interesantes y la flora más rica. El viaje siguió hacia Pasto para llegar a Ibarra
y continuar a Quito. En Ibarra les esperaba Francisco José de Caldas.
Durante el viaje los europeos recolectaron alrededor de 60.000 muestras de plantas que
corresponden a cerca de 6.200 especies; muchas de ellas correspondían a nuevos géneros y
especies; buen número de las mismas procedían de Colombia. En su momento habían visto y
estudiado mayor número de plantas que ningún otro explorador: por ello enriquecieron la
botánica y el conocimiento de la flora tropical americana en gran medida. En el tratado
Nova genera et species plantarum se recopila la labor botánica del viaje el trabajo
sistemático fue realizado casi en si totalidad por Karl Sigismund Kunth. En el campo de
la Zoología también hicieron importantes aportes, dando a conocer diversas especies. Sus
apuntes geográficos fueron básicos para el conocimiento de América. Los diarios de
viaje y el Cosmos se convirtieron en lecturas obligadas para atender ese nuevo continente
que había permanecido oculto a los ojos del mundo.
Humboldt mantuvo excelentes relaciones con no pocos personajes colombianos y apoyó
ideológicamente la causa independentista. Además sirvió de asesor en la selección de
los investigadores de la Misión Zea, cuando en 1923 el general Santander quiso recrear la
Expedición Botánica mediante la organización de un Museo de Ciencias Naturales y de una
escuela de Minas con sus respectivas cátedras.
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