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Alexander Von
Humboldt, nacido en 1859, fue uno de los representantes máximos del Siglo de las Luces en
el campo científico. Al igual que otros prohombres de la época, marcó derroteros que
transformarían al mundo, tanto mental, como físico, del resto de la humanidad. En este
caso, a partir de sus trabajos y los de Karl Ritter, los estudios geográficos, en cuanto
teoría y método, se convirtieron en una herramienta científica de enorme utilidad.
La visión humboldtiana de la ciencia geográfica se evidencia primordialmente en dos de
sus obras: Cosmos y Cuadros de la Naturaleza. En ellas prima el sentido de totalidad,
unidad e interacción del cosmos, en cuanto universo de estudio. La geografía tendría
como objeto de estudio los fenómenos terrestres, incluyendo al hombre, buscando descubrir
el orden existente en las apariencias caóticas de la naturaleza y las conexiones que se
dan entre fenómenos, aun separados por grandes distancias pero que obedecen a una misma
causa. O, otras palabras, la constancia de los fenómenos y su distribución planetaria.
Humboldt utiliza un método empírico de observación sistemática que, por medio del
raciocinio, debe conducir a la explicación causal de los fenómenos y a su comparación
con otros similares. Pero su método no es la simple observación neutra, carente de
emociones. Para Humboldt, como para los grandes románticos prusianos, como Shchiller y
Goethe, la contemplación de la naturaleza es una fuente de placer estético y un camino
para su comprención. En tal sentido, es muy diferente del simple conocimiento
sensualista, para el cual los hechos son externos al observador y no afectan. En su libro
Cuadros de la Naturaleza enfatiza el goce que embarga al viajero cuando mira con ojos
admirativos los grandes paisajes de las cordilleras americanas, sus selvas, los ríos y
los restos de las civilizaciones antiguas. Sin embargo, ello implica, según sus propias
palabras, "el espíritu aplicado a la naturaleza", la interpretación racional y
no las construcciones ideales basadas en la especulación.
Cuando se trata de comparar la obra de Humboldt con la geografía del siglo XX nos damos
cuenta que no se puede medir bajo parámetros actuales. Él era un hombre universal,
quizás el último de ellos, capacitado para ver continentes enteros como su campo de
estudio. La vastedad de su formación, que incluía economía política, finanzas,
matemáticas, ciencias naturales, botánica, física y geología, le permitía analizar un
paisaje o cuadro de la naturaleza, en cualquier aspecto. Como dice Horacio Cepel en su
Filosofía y ciencia en la geografía contemporánea, "Humboldt no se consideraba a
sí mismo un geógráfo, sino más bien un físico, un naturalista, un químico, un
botánico. Él mismo definió el proyecto científico que lo condujo a América como una
empresa ideada con el designio de contribuir al progreso de las ciencias físicas, y
consideraba que la publicación de su trabajo podía ofrecer interés para la historia de
los pueblos y el conocimiento de la naturaleza". En los estudios donde el gran
investigador se reconoce más como geógrafo es en los trabajos cartográficos y en las
relaciones analíticas de viaje, especialmente en su Viaje a las regiones equinocciales
del Nuevo Continente, el Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España y el Ensayo
político sobre la Isla de Cuba. Por el contrario, su Geografía de las plantas se acerca
más a la botánica que propiamente a la geografía.
Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, en los años de 1799 a 1804
continúa siendo hasta hoy en día uno de los libros fundamentales para el estudio de la
Orinoquia y la Amazonia y, en menor medida, de los Andes. La parte geográfica se
complementa con el Atlas geográfico y físico y con el Atlas pintoresco. Con dicha obra
se inician los estudios sistemáticos de los trópicos cercanos a la línea del Ecuador
(equinocciales) que, por carecer de estaciones propiamente dichas, ofrecen
características de una gran complejidad en cuanto la distribución horizontal y vertical
de las plantas, los animales y el hombre. Humboldt y su compañero de viaje, el botánico
Aimé Bonpland, recogieron muestras de todo tipo y tomaron centenares de miles de notas
que luego sirvieron para que un verdadero ejército de sabios franceses y alemanes trabara
durante más de medio siglo para ordenar, catalogar y clasificar esa montaña de
materiales. Sus amigos, los físico-químicos Francois Arago y Joseph-Louis Gay-Lussac
colaboraron en discutir sus descubrimientos sobre química de aguas, presión atmosférica
y metodología de altura; los botánicos Karl S. Kunth y K. Willdenow ayudaron, junto con
Bonpland, en la clasificación de aproximadamente 60.000 especímenes de plantas, de las
cuales 6.300 resultaron nuevas para la ciencia, y los grandes biólogos Cuvier y Lamarck
discutieron sus descubrimientos sobre historia natural y zoología. Estos y otros muchos
sabios colaboraron para que este trabajo resultara un prodigio científico que sigue
ofreciendo respuestas a numerosos interrogantes americanos.
Al contrario de las otras expediciones famosas de la época, Humboldt no era el típico
"descubridor" de tierras nuevas, pues siempre viajó por territorios ya
explorados; sin embargo, ha sido reconocido como el "descubridor científico de
América", por convertir las leyendas y el exotismo en conocimientos útiles para los
países visitados, abriendo fronteras para la ciencia universal. Un ejemplo de ello fue su
estudio sobre la conexión entre el Orinoco y el río Negro por medio del brazo
Casiquiare. Desde inicios del siglo XVIII los jesuítas sabían de dicha conexión y las
comisiones de límites entre España y Portugal había recorrido el Casiquiare; sin
embargo, la falta de un estudio sistemático sobre una vía tan portentosa la había
relegado alas fábulas del Nuevo Mundo en donde la realidad se mezclaba con la fantasía.
Humboldt y Bonpland realizaron su navegación con el fin último de "fijar por
observaciones astronómicas el curso del Casiquiare, sobre todo el punto de su entrada en
el río Negro y el de la bifurcación del Orinoco". Astronomía, cartografía,
hidrografía, botánica, zoología, etnología, historia y política se conjugan en las
páginas dedicadas al análisis del Casiquiare para establecer, sin lugar a dudas, su
autenticidad, explicar las causas de dicho fenómeno y mostrar sus características
principales.
Como resultado de su viaje por el río Magdalena, entre Cartagena y Honda, Humboldt
realizó uno de sus mejores trabajos cartográficos, apoyándose, además, en los mapas
costeros del Caribe granadino elaborados por el Expedición Fidalgo y por Vicente Tallado.
Posteriormente, complementó la carta de todo el río, cuando obtuvo una copia del mapa
del alto Magdalena elaborada por Francisco José de Caldas. Esta forma de trabajar,
apoyando sus propias observaciones en mapas y estudios de calidad comprobada, aumentó
muchísimo la información obtenida por el gran prusiano. Su capacidad para obtener
materiales de archivo, mapas, informes y libros era asombrosa. Por ejemplo, después de
ingente trabajo diplomático logró entrar a los archivos de los franciscanos de Popayán,
guardados celosamente por los antiguos misioneros amazónicos, y allí obtuvo datos
valiosísimos sobre los ríos Caquetá, Putumayo y Napo que, de otra forma, nunca habría
podido tener. Algo similar realizó en Quito y Lima para obtener los viejos archivos de
misiones de alto Amazonas y la región de Mainas.
El ensayo político sobre Nueva España (México), junto con su Atlas geográfico y
físico del Reino de la Nueva España, ha sido considerado por muchos como la primera
geografía regional escrita bajo los cánones de la ciencia moderna. Esta obra monumental,
originalmente es seis libros, cubre los aspectos físicos, morfológicos, de población,
estadísticos, agrícolas, mineros, comerciales y la defensa militar esta enorme colonia
de España a principios del siglo XX. Ya para 1822 había sido traducida del francés al
español por Vicente González Arnao y acogida por el gobierno de la nueva República de
México como el libro fundamental para guiar la reorganización económica y política del
país. El Atlas, que se publicó por separado, contiene veinte mapas en folio muy
detallados, constituyéndose en sí mismo en otro trabajo básico para México y
Guatemala.
El Ensayo sobre la Nueva España tiene un enorme valor para los estudios comparados con la
Nueva Granada, por las constantes menciones sobres aspectos destacables entre las dos
regiones. Por ejemplo, las diferencias morfológicas entre los altiplanos de la Nueva
Granada, Quito y el Perú pequeños y rodeados por valles transversales profundos, y la
enorme altiplanicie mesoamericana que se prolonga "entre los 18° los 40° de latitud
boreal". Igualmente, compara las diferencias en la minería del oro, la
climatología, las vías de comunicación y los aspectos económicos, buscando la
explicación causal de los fenómenos físicos, bióticos y sociales.
Un papel similar al ensayo sobre México tuvo el libre ensayo político sobre la Isla de
Cuba, traducido al español en 1827 y publicado por la Casa Jules Renouard de París.
Durante muchos años fue la obra fundamental, tanto para el estudio de dicha isla, como
para los estudios generales de las Antillas. En él tiene una gran importancia el primer
capítulo, "Análisis raciocinado del mapa de la isla de Cuba", porque Humboldt
le dio mucha importancia a ese mapa para utilizarlo como base trigonométrica en los
cálculos revisados de la cartográfica de América.
En general, la obra geográfica de Alexander von Humboldt se conoce muy poco en Colombia,
ya que máximo se lee la relación abreviada del Viaje a las regiones equinocciales. La
recuperación de la memoria científica es de gran importancia porque no se puede plantear
el futuro sin conocer el pasado.
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