Revista Credencial Historia


FEBRERO 2000.



VIAJE DE HUMBOLDT 200 AÑOS
La escuela de Humboldt
Los pintores viajeros y la nueva concepción del paisaje.

Por: Beatriz González.

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Febrero 2000. No. 122


Siete meses después de su regreso del viaje por América (1799-1804), Alejandro von Humboldt pudo contemplar el famoso Vesubio, que desde el año anterior presentaba signos de actividad. Su imaginación plástica debió contraponer esta visión escueta y lisa como la de una postal, a sus recuerdos de los Andes. Al círculo de amigos de su hermano --el filósofo Guillermo, ministro plenipotenciario de Prusia ante la Santa Sede-- les debió hablar acerca de volcanes nevados como el del Tolima que surgen de la maraña de la naturaleza tropical.

Desde su llegada a París había convocado artistas para preparar las ilustraciones de la obra sobre su viaje a América. Sin embargo, fue en Roma donde encontró un grupo de artistas que bebían la noción de la belleza clásica, tal como lo habían hecho Goethe y David (1748-1825). Allí se relacionó con Gotlieb Schick (1776-1812), discípulo de David, con Joseph Anton Koch (1768-1839), quien vivía en Roma desde la década de 1790, con Guillermo Federico Gmelin (1760-1820) y con Jean-Thomas Thibaut (1757-1826). Estos fueron los primeros pintores de renombre en su época que transformaron las memorias y dibujos esquemáticos de Humboldt en material precioso para ilustrar sus publicaciones.

La industria editorial había entrado en franco desarrollo en Europa a partir de la invención del siglo XVIII: la xilografía de pie, técnica idónea para la impresión de ilustraciones en libros. En 1829 se fundó la Revue de Paris, y Buloz fue el fundador de la Revue des deux Mondes; esta revista junto con el Journal des Débats son, según Hauser, "los órganos oficiales del nuevo mundo literario burgués [...] Las nuevas empresas que van surgiendo obligan a los editores a la competencia en el contenido de sus periódicos. Han de ofrecer a sus lectores un manjar lo más apetitoso y variado posible para incrementar el atractivo de sus periódicos, sobre todo teniendo en cuenta el negocio de los anuncios. Cada uno en lo sucesivo debe encontrar en su periódico lo que convenga a su gusto y a sus intereses [...] Los periódicos publican, junto a colaboraciones de especialistas, artículos de interés general, principalmente descripciones de viajes, historias de escándalos e informaciones judiciales".

El prestigio de Alejandro von Humboldt originó la proliferación de las excursiones científicas del tipo de las que habían nacido con la Ilustración. El arte y la ciencia se hermanaban en las publicaciones. El periodismo descubrió el valor comercial de las memorias de los viajeros. Las crónicas de viajes debían ir ilustradas. Algunas veces los viajeros tomaban apuntes, otras contrataban un pintor local o compraban los dibujos a otros viajeros. Hay, pues, tres tipologías de viajeros que se pueden clasificar de la siguiente manera:

LOS PINTORES VIAJEROS

En primer lugar, algunos viajeros recibieron instrucciones directas de Humboldt. Tal es el caso de Luis de Rieux, activo en 1800, cuyo padre había estado desterrado con Antonio Nariño, éste por haber asumido la empresa de traducir del francés Los derechos del hombre. Los Rieux regresaban a Santafé de Bogotá en el mismo barco en que Humboldt venía de La Habana. En las cercanías de Cartagena, bajo su dirección, el joven Rieux realizó la acuarela Volcanes de lodo de Turbaco. El médico dibujante Désire Roulin sería seleccionado por Humboldt en 1822 para que formara parte de la misión científica que llegó a fundar el Museo Nacional de Colombia a solicitud de Simón Bolívar.

Algunos pintores académicos viajaron por recomendación de Humboldt y recibieron instrucciones concretas en materia artística y en cuanto los sitios, la composición y factura de las pinturas de la naturaleza. Los más importantes entre ellos fueron Johann Moritz Rugendas (1802-1858), Ferdinand Bellermann (1814-1889) y Albert Berg (1825-1884).

En segundo lugar, muchos artístas emprendían sus viajes por que habían leído de las obras de Humboldt, como sucedió con el pintor norteamericano Frederic Edwin Church (1826-1900; ver Credencial Historia No. 35, noviembre 1992, pp. 4-6), a quien un amigo solicitó su compañía para la búsqueda de un hermano en las selvas de Magdalena a la altura de Guaduas. Para persuadirlo, le regaló la obra Cosmos, proyecto de una descripción física del mundo, que acababa de salir en una versión inglesa en 1848. Church quedó tan convencido, que no solo lo acompaño sino que se trazo como programa recorre los sitios y hospedarse en los mismos albegues donde estuvo Humboldt. Dentro de este rango se encuentran los diplomaticos franceses Jean-Baptiste-Louis Gros (1793-1870) y Auguste Le Moyne (ca. 1815-ca. 1880). Gros, hijo del pintor de Napoleón, recorrió México, Venezuela y Colombia con la mirada dirigida por las publicaciones de Humboldt; en Colombia pintó óleos "que desde distintas distancias, representan de frente el salto de Tequendama. Deploro --dice Le Moyne-- que no se hayan reproducido para el público esos cuadros que dan de la cascada una idea más completa que el dibujo de Humboldt que ilustra su obra Vistas de las cordilleras". Le Moyne, entomólogo, dibujante y escritor, partió de obras tan importantes como Panorama de la naturaleza y Vistas de las cordilleras de Humboldt y realizó láminas sobre temas de costumbres.

En tercer lugar, estaban los artistas que fueron contratados por los periódicos para hacer crónicas, por el gran prestigio que Humboldt le había dado a esta literatura ilustrada. Cuando uno de estos artistas no podía visitar un país, entraba en contacto con otros viajeros que sí lo habían visitado y adquirían sus dibujos.

También existían los viajeros que no tenían un gran interés científico, sino que sus empresas eran de carácter comercial y político. Se sabe de mineros, como Joseph Brown, o se rumora que algunos viajeros eran espías, como Isaac Holton, y otros más eran mercaderes, agiotistas y hasta "cazadores" de especies naturales y de orquídeas (ver Credencial Historia Nº 1, enero 1990, pp. 4-7, y Nº 22, octubre 1991, pp. 8-11). Todos ellos, en una u otra forma, se apoyaban en la trayectoria del sabio alemán.

CORRIENTES ESTETICAS EN LA ESCUELA DE HUMBOLDT

La estética humboldtiana de paisaje es un lenguaje aparte. Parece un tema reservado e inédito de la historia europea del arte. Humboldt le dedicó en Cosmos su obra de madurez, un capítulo titulado "Influencia de la pintura de paisajes en el estudio de la naturaleza", pero su nombre no figura en las historias de arte. Una excepción es el libro Subjetividad, del filósofo Joachim Ritter (1963), donde es mencionado en el tema dedicado al paisaje.

¿Por qué no figura Humboldt en las historias del arte? Según Hanno Beck: "Sus propuestas sirvieron de orientación a los naturalistas y a los artistas viajeros hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Estos últimos crearon imágenes de gran claridad científica y considerable calidad artística. Sin embargo, la crítica de arte alemana, muy conservadora, que rechazaba la pintura al aire libre y la técnica de bocetos al óleo, apenas las tuvo en cuenta. En contra de las esperanzas de Humboldt, pocos motivos tropicales se incorporaron a la pintura paisajística europea". Si su nombre no figura en la historia del arte europeo, en la de América debería ser un capítulo imprescindible.

Las corrientes en las que apoyó Humboldt su escuela de paisaje son las que se daban en el arte europeo del momento: el "paisaje heroico" procede de una actitud neoclásica en la que, según Koch, el pintor mira "un área de terreno como él imagina que es Grecia". Para Goethe, el paisaje heroico es aquel "en el cual una raza de hombres de pocas necesidades y nobles principios parece vivir"; en él aparecen "campos alternados, rocas y bosques, colinas interrumpidas y altas montañas; viviendas sin comodidades pero respetables; torres y fortalezas [...] ningún trazo de campo o jardín cultivado, aquí y allá un rebaño de ovejas que indica la más antigua y básica explotación del suelo". Al leer estos conceptos se comprende cómo Koch, autor de paisajes heroicos, interpretó en grabado El Paso del Quindío. En éste se observan unos viajeros primitivos en primer plano y a lo lejos colinas interrumpidas, campos lisos sin mucho follaje y una población con torres--seguramente Ibagué--; se puede pensar más en la Arcadia que en el territorio colombiano.

Por otra parte, el concepto de lo "pintoresco" --del italiano pittoresco, que parezca una pintura-- plantea que la naturaleza, representada en jardines, paisajes y pinturas, semejen cuadros; fue formulado en 1792 por el pintor inglés William Gilpin (1724-1804). Su ensayo sobre la belleza pintoresca, el viaje pintoresco y el dibujo de paisaje, de ese año, se considera su obra principal. Desde su punto de vista, la diferencia entre lo Bello --objeto en su estado natural-- y lo pintoresco --el objeto ilustrado por la pintura-- es que lo primero se caracteriza por la idea de claridad y lisura y lo pintoresco por la rudeza. Hay en Gilpin una búsqueda de una iconografía paisajística de lo pintoresco que se traduce en su alabanza de los objetos rudos, imperfectos, inacabados, y que son los que aportan interés a la obra. Los objetos rudos son apropiados para lo pintoresco, que busca también el efecto de luz y sombra. La riqueza de la luz depende de las hendiduras, pequeños huecos que se encuentran en las superficies de los cuerpos.

Las teorías de Gilpin no sólo determinaron el nombre de su ensayo, Cuadros de la naturaleza, sino toda una serie de indicaciones para que una obra tenga cualidades artísticas. Humboldt propuso, tal vez basándose en procesos fotográficos --los cuales había defendido junto con Arago ante la Academia Francesa de Ciencias--, colocar plantas tan contrastadas por la luz que parecieran una silueta. El óleo El volcán del Tolima, de Albert Berg, no sólo presenta la visión solicitada por Humboldt en una carta al pintor, sino que éste rodea el volcán con una corona de follaje rugoso y pleno de hendiduras de luz para seguir los planteamientos trazados por Gilpin.

Anticipábase a Enrique Federico Amiel que en 1852 afirmó que "el paisaje es un estado de ánimo". La idea de Cosmos es que "gracias a la acción de la naturaleza exterior que lo rodea, sobre la naturaleza corpórea sensible del hombre, se desarrolla la naturaleza interior del hombre, la cual, a su vez, logra captar lo interior de la naturaleza exterior que lo rodea". Humboldt propuso: "A la naturaleza hay que sentirla; quien sólo ve y abstrae puede pasar una vida en medio de la vorágine tropical, analizando plantas y animales y creyendo describir la naturaleza, que sin embargo le será eternamente ajena".

Los pintores románticos ingleses y alemanes experimentaban un sentimiento de la naturaleza que la relacionaba con Dios. Soñaban y pintaban precipicios insondables, abismos, costumbres primitivas, sin saber que Humboldt ya los había contemplado, pues eran realidad en los Andes, en las selvas colombianas y en las ruinas prehispánicas. En tales vistas de la naturaleza, el hombre aparece casi siempre pequeño, de espaldas, dispuesto a contemplar la grandiosidad de la naturaleza. Las obras de Caspar David Friedrich (1774-1840) fueron la inspiración de la teoría del paisaje alemán de Carl Gustav Carus (1798-1840) y de la reflexión sobre el contemplar. Ante los cuadros de Friedrich, un espectador contempla el contemplar.

Humboldt combina la verdad científica de la naturaleza con el espíritu. Sin embargo, "se vuelve hacia la naturaleza en presencia del peligro de que el espíritu pueda ser derrotado. Habla de las inquietudes sobre la pérdida de un goce libre de la naturaleza bajo el influjo de la comprensión pensante o del conocimiento científico", según Ritter. Estaba convencido, y así lo manifiesta a su hermano Guillermo, que "todo cuanto tiende a reproducir la verdad de la naturaleza da nueva vida al lenguaje". En su texto sobre el paisaje llegó a la conclusión de que "sólo los grandes artistas pueden dar la naturaleza en su inmensidad y su verdad". Su vida a partir del viaje a América fue un gran recuerdo que se concretó, gracias a los artistas, en la memoria de América.

La escuela de Humboldt es una escuela de paisajistas que está soportada, como las verdaderas escuelas, en sus planteamientos filosóficos. Sus seguidores fueron los pintores viajeros y sus difusores, los grabadores europeos. A la lista de pintores viajeros han de añadirse los pintores de paisaje y costumbres de los países por donde transito. En Colombia, Jose Maria espinosa con su salto del tequendama, Jose manuel Groot con el Paisaje de Choachi, Ramon Torres Méndez con el Mulero Antioqueño enmarcado en una corona de follaje, Luis Gracia Hevia con sus cuadros de peces, Manuel Dositeo Carvajal con sus paisajes, José Maria Dominguez Roche con sus cuadros de constumbres y los pintores de la comision corográfica Carmelo Fernández, Enrique Price Y Manuel María Paz se pueden adscribir a esa escuela de paisaje. En el siglo XIX, la escuela de Humboldt significó en el país una alternativa a la actitud científica inspirada por la Expedición Botánica y una negación de la pintura de la época colonial.