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Siete meses
después de su regreso del viaje por América (1799-1804), Alejandro von Humboldt pudo
contemplar el famoso Vesubio, que desde el año anterior presentaba signos de actividad.
Su imaginación plástica debió contraponer esta visión escueta y lisa como la de una
postal, a sus recuerdos de los Andes. Al círculo de amigos de su hermano --el filósofo
Guillermo, ministro plenipotenciario de Prusia ante la Santa Sede-- les debió hablar
acerca de volcanes nevados como el del Tolima que surgen de la maraña de la naturaleza
tropical.
Desde su llegada a París
había convocado artistas para preparar las ilustraciones de la obra sobre su viaje a
América. Sin embargo, fue en Roma donde encontró un grupo de artistas que bebían la
noción de la belleza clásica, tal como lo habían hecho Goethe y David (1748-1825).
Allí se relacionó con Gotlieb Schick (1776-1812), discípulo de David, con Joseph Anton
Koch (1768-1839), quien vivía en Roma desde la década de 1790, con Guillermo Federico
Gmelin (1760-1820) y con Jean-Thomas Thibaut (1757-1826). Estos fueron los primeros
pintores de renombre en su época que transformaron las memorias y dibujos esquemáticos
de Humboldt en material precioso para ilustrar sus publicaciones.
La industria editorial
había entrado en franco desarrollo en Europa a partir de la invención del siglo XVIII:
la xilografía de pie, técnica idónea para la impresión de ilustraciones en libros. En
1829 se fundó la Revue de Paris, y Buloz fue el fundador de la Revue des deux Mondes;
esta revista junto con el Journal des Débats son, según Hauser, "los órganos
oficiales del nuevo mundo literario burgués [...] Las nuevas empresas que van surgiendo
obligan a los editores a la competencia en el contenido de sus periódicos. Han de ofrecer
a sus lectores un manjar lo más apetitoso y variado posible para incrementar el atractivo
de sus periódicos, sobre todo teniendo en cuenta el negocio de los anuncios. Cada uno en
lo sucesivo debe encontrar en su periódico lo que convenga a su gusto y a sus intereses
[...] Los periódicos publican, junto a colaboraciones de especialistas, artículos de
interés general, principalmente descripciones de viajes, historias de escándalos e
informaciones judiciales".
El prestigio de Alejandro von Humboldt originó la proliferación de las excursiones
científicas del tipo de las que habían nacido con la Ilustración. El arte y la ciencia
se hermanaban en las publicaciones. El periodismo descubrió el valor comercial de las
memorias de los viajeros. Las crónicas de viajes debían ir ilustradas. Algunas veces los
viajeros tomaban apuntes, otras contrataban un pintor local o compraban los dibujos a
otros viajeros. Hay, pues, tres tipologías de viajeros que se pueden clasificar de la
siguiente manera:
LOS PINTORES VIAJEROS
En primer lugar, algunos
viajeros recibieron instrucciones directas de Humboldt. Tal es el caso de Luis de Rieux,
activo en 1800, cuyo padre había estado desterrado con Antonio Nariño, éste por haber
asumido la empresa de traducir del francés Los derechos del hombre. Los Rieux regresaban
a Santafé de Bogotá en el mismo barco en que Humboldt venía de La Habana. En las
cercanías de Cartagena, bajo su dirección, el joven Rieux realizó la acuarela Volcanes
de lodo de Turbaco. El médico dibujante Désire Roulin sería seleccionado por Humboldt
en 1822 para que formara parte de la misión científica que llegó a fundar el Museo
Nacional de Colombia a solicitud de Simón Bolívar.
Algunos pintores
académicos viajaron por recomendación de Humboldt y recibieron instrucciones concretas
en materia artística y en cuanto los sitios, la composición y factura de las pinturas de
la naturaleza. Los más importantes entre ellos fueron Johann Moritz Rugendas (1802-1858),
Ferdinand Bellermann (1814-1889) y Albert Berg (1825-1884).
En segundo lugar, muchos
artístas emprendían sus viajes por que habían leído de las obras de Humboldt, como
sucedió con el pintor norteamericano Frederic Edwin Church (1826-1900; ver Credencial
Historia No. 35, noviembre 1992, pp. 4-6), a quien un amigo solicitó su compañía para
la búsqueda de un hermano en las selvas de Magdalena a la altura de Guaduas. Para
persuadirlo, le regaló la obra Cosmos, proyecto de una descripción física del mundo,
que acababa de salir en una versión inglesa en 1848. Church quedó tan convencido, que no
solo lo acompaño sino que se trazo como programa recorre los sitios y hospedarse en los
mismos albegues donde estuvo Humboldt. Dentro de este rango se encuentran los diplomaticos
franceses Jean-Baptiste-Louis Gros (1793-1870) y Auguste Le Moyne (ca. 1815-ca. 1880).
Gros, hijo del pintor de Napoleón, recorrió México, Venezuela y Colombia con la mirada
dirigida por las publicaciones de Humboldt; en Colombia pintó óleos "que desde
distintas distancias, representan de frente el salto de Tequendama. Deploro --dice Le
Moyne-- que no se hayan reproducido para el público esos cuadros que dan de la cascada
una idea más completa que el dibujo de Humboldt que ilustra su obra Vistas de las
cordilleras". Le Moyne, entomólogo, dibujante y escritor, partió de obras tan
importantes como Panorama de la naturaleza y Vistas de las cordilleras de Humboldt y
realizó láminas sobre temas de costumbres.
En tercer lugar, estaban los artistas que fueron contratados por los periódicos para
hacer crónicas, por el gran prestigio que Humboldt le había dado a esta literatura
ilustrada. Cuando uno de estos artistas no podía visitar un país, entraba en contacto
con otros viajeros que sí lo habían visitado y adquirían sus dibujos.
También existían los
viajeros que no tenían un gran interés científico, sino que sus empresas eran de
carácter comercial y político. Se sabe de mineros, como Joseph Brown, o se rumora que
algunos viajeros eran espías, como Isaac Holton, y otros más eran mercaderes, agiotistas
y hasta "cazadores" de especies naturales y de orquídeas (ver Credencial
Historia Nº 1, enero 1990, pp. 4-7, y Nº 22, octubre 1991, pp. 8-11). Todos ellos, en
una u otra forma, se apoyaban en la trayectoria del sabio alemán.
CORRIENTES ESTETICAS EN LA
ESCUELA DE HUMBOLDT
La estética humboldtiana
de paisaje es un lenguaje aparte. Parece un tema reservado e inédito de la historia
europea del arte. Humboldt le dedicó en Cosmos su obra de madurez, un capítulo titulado
"Influencia de la pintura de paisajes en el estudio de la naturaleza", pero su
nombre no figura en las historias de arte. Una excepción es el libro Subjetividad, del
filósofo Joachim Ritter (1963), donde es mencionado en el tema dedicado al paisaje.
¿Por qué no figura
Humboldt en las historias del arte? Según Hanno Beck: "Sus propuestas sirvieron de
orientación a los naturalistas y a los artistas viajeros hasta bien entrada la segunda
mitad del siglo XIX. Estos últimos crearon imágenes de gran claridad científica y
considerable calidad artística. Sin embargo, la crítica de arte alemana, muy
conservadora, que rechazaba la pintura al aire libre y la técnica de bocetos al óleo,
apenas las tuvo en cuenta. En contra de las esperanzas de Humboldt, pocos motivos
tropicales se incorporaron a la pintura paisajística europea". Si su nombre no
figura en la historia del arte europeo, en la de América debería ser un capítulo
imprescindible.
Las corrientes en las que
apoyó Humboldt su escuela de paisaje son las que se daban en el arte europeo del momento:
el "paisaje heroico" procede de una actitud neoclásica en la que, según Koch,
el pintor mira "un área de terreno como él imagina que es Grecia". Para
Goethe, el paisaje heroico es aquel "en el cual una raza de hombres de pocas
necesidades y nobles principios parece vivir"; en él aparecen "campos
alternados, rocas y bosques, colinas interrumpidas y altas montañas; viviendas sin
comodidades pero respetables; torres y fortalezas [...] ningún trazo de campo o jardín
cultivado, aquí y allá un rebaño de ovejas que indica la más antigua y básica
explotación del suelo". Al leer estos conceptos se comprende cómo Koch, autor de
paisajes heroicos, interpretó en grabado El Paso del Quindío. En éste se observan unos
viajeros primitivos en primer plano y a lo lejos colinas interrumpidas, campos lisos sin
mucho follaje y una población con torres--seguramente Ibagué--; se puede pensar más en
la Arcadia que en el territorio colombiano.
Por otra parte, el concepto
de lo "pintoresco" --del italiano pittoresco, que parezca una pintura-- plantea
que la naturaleza, representada en jardines, paisajes y pinturas, semejen cuadros; fue
formulado en 1792 por el pintor inglés William Gilpin (1724-1804). Su ensayo sobre la
belleza pintoresca, el viaje pintoresco y el dibujo de paisaje, de ese año, se considera
su obra principal. Desde su punto de vista, la diferencia entre lo Bello --objeto en su
estado natural-- y lo pintoresco --el objeto ilustrado por la pintura-- es que lo primero
se caracteriza por la idea de claridad y lisura y lo pintoresco por la rudeza. Hay en
Gilpin una búsqueda de una iconografía paisajística de lo pintoresco que se traduce en
su alabanza de los objetos rudos, imperfectos, inacabados, y que son los que aportan
interés a la obra. Los objetos rudos son apropiados para lo pintoresco, que busca
también el efecto de luz y sombra. La riqueza de la luz depende de las hendiduras,
pequeños huecos que se encuentran en las superficies de los cuerpos.
Las teorías de Gilpin no
sólo determinaron el nombre de su ensayo, Cuadros de la naturaleza, sino toda una serie
de indicaciones para que una obra tenga cualidades artísticas. Humboldt propuso, tal vez
basándose en procesos fotográficos --los cuales había defendido junto con Arago ante la
Academia Francesa de Ciencias--, colocar plantas tan contrastadas por la luz que
parecieran una silueta. El óleo El volcán del Tolima, de Albert Berg, no sólo presenta
la visión solicitada por Humboldt en una carta al pintor, sino que éste rodea el volcán
con una corona de follaje rugoso y pleno de hendiduras de luz para seguir los
planteamientos trazados por Gilpin.
Anticipábase a Enrique
Federico Amiel que en 1852 afirmó que "el paisaje es un estado de ánimo". La
idea de Cosmos es que "gracias a la acción de la naturaleza exterior que lo rodea,
sobre la naturaleza corpórea sensible del hombre, se desarrolla la naturaleza interior
del hombre, la cual, a su vez, logra captar lo interior de la naturaleza exterior que lo
rodea". Humboldt propuso: "A la naturaleza hay que sentirla; quien sólo ve y
abstrae puede pasar una vida en medio de la vorágine tropical, analizando plantas y
animales y creyendo describir la naturaleza, que sin embargo le será eternamente
ajena".
Los pintores románticos
ingleses y alemanes experimentaban un sentimiento de la naturaleza que la relacionaba con
Dios. Soñaban y pintaban precipicios insondables, abismos, costumbres primitivas, sin
saber que Humboldt ya los había contemplado, pues eran realidad en los Andes, en las
selvas colombianas y en las ruinas prehispánicas. En tales vistas de la naturaleza, el
hombre aparece casi siempre pequeño, de espaldas, dispuesto a contemplar la grandiosidad
de la naturaleza. Las obras de Caspar David Friedrich (1774-1840) fueron la inspiración
de la teoría del paisaje alemán de Carl Gustav Carus (1798-1840) y de la reflexión
sobre el contemplar. Ante los cuadros de Friedrich, un espectador contempla el contemplar.
Humboldt combina la verdad
científica de la naturaleza con el espíritu. Sin embargo, "se vuelve hacia la
naturaleza en presencia del peligro de que el espíritu pueda ser derrotado. Habla de las
inquietudes sobre la pérdida de un goce libre de la naturaleza bajo el influjo de la
comprensión pensante o del conocimiento científico", según Ritter. Estaba
convencido, y así lo manifiesta a su hermano Guillermo, que "todo cuanto tiende a
reproducir la verdad de la naturaleza da nueva vida al lenguaje". En su texto sobre
el paisaje llegó a la conclusión de que "sólo los grandes artistas pueden dar la
naturaleza en su inmensidad y su verdad". Su vida a partir del viaje a América fue
un gran recuerdo que se concretó, gracias a los artistas, en la memoria de América.
La escuela de Humboldt es
una escuela de paisajistas que está soportada, como las verdaderas escuelas, en sus
planteamientos filosóficos. Sus seguidores fueron los pintores viajeros y sus difusores,
los grabadores europeos. A la lista de pintores viajeros han de añadirse los pintores de
paisaje y costumbres de los países por donde transito. En Colombia, Jose Maria espinosa
con su salto del tequendama, Jose manuel Groot con el Paisaje de Choachi, Ramon Torres
Méndez con el Mulero Antioqueño enmarcado en una corona de follaje, Luis Gracia Hevia
con sus cuadros de peces, Manuel Dositeo Carvajal con sus paisajes, José Maria Dominguez
Roche con sus cuadros de constumbres y los pintores de la comision corográfica Carmelo
Fernández, Enrique Price Y Manuel María Paz se pueden adscribir a esa escuela de
paisaje. En el siglo XIX, la escuela de Humboldt significó en el país una alternativa a
la actitud científica inspirada por la Expedición Botánica y una negación de la
pintura de la época colonial.
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