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R E V I S T A
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Credencial
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Historia
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EDICIÓN 86 - FEBRERO 1997
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EL
OBSERVATORIO
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ASTRONÓMICO DE
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SANTAFÉ DE BOGOTÁ
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Modernidad y ciencia en los últimos
años del Virreinato
David Miguel González Bernal
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Observatorio
Astronómico vista suroriental.
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Dibujo Liliana Busto y
D.M. González.
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En 1802 se puso la primera piedra de la
obra que encarnaría el modo de proyectar edificios heredado de la Ilustración. Entre el
24 de mayo de 1802 y el 20 de agosto de 1803, en el solar de la Casa de la Botánica, se
levantó el Observatorio Astronómico de Santafé de Bogotá, materializando así la
ruptura que señaló el ingreso del pensamiento ilustrado en la forma de hacer
arquitectura, no sólo por su diferencia estética con respecto a lo típicamente
colonial, sino por el modo como fue concebido, por pertenecer al primer proyecto moderno
de la Nueva Granada -la Expedición Botánica- y por su función científica. El proyecto
implicaba cambios de mentalidad desde todo punto de vista y representa un hito dentro de
las intenciones modernas de lo que luego sería la nación colombiana.
En el siglo XVIII se iniciaron las
reformas borbónicas en todas las provincias de la Corte española. Fueron un esfuerzo por
racionalizar la función estatal, modernizando el Estado con el fin de hacerlo más eficaz
y competitivo a nivel mercantil. Tuvieron como objetivo principal las colonias americanas,
ya que poseían materias primas agrícolas y minerales por explotar. El clima era
favorable para que, en nombre del progreso científico, la Corona respaldara toda
iniciativa que contribuyera al conocimiento moderno de sus territorios. Los jardines
botánicos y las expediciones científicas fueron entonces numerosos como fuente de
conocimiento de las riquezas americanas. Así nació la Expedición Botánica de la Nueva
Granada, como parte de una idea moderna que conjugaba ciencia y comercio.
En el campo de las artes, la Ilustración
tuvo como brazo racionalista a la Academia, la cual se encargaba de decidir y enseñar lo
que se debía hacer y lo que no. Sin embargo, desde sus intenciones hasta la implantación
del estilo clásico en el Nuevo Mundo hay una distancia importante. Ningún proyecto
propuesto desde la Nueva Granada fue aprobado por la Academia de San Fernando; sin embargo
se hicieron algunas obras siguiendo los patrones estilísticos del momento. El primer
proyecto científico de la Nueva Granada, acorde con el espíritu ilustrado borbón, fue
la Expedición Botánica. El arzobispo virrey Caballero y Góngora la organizó para
adelantarse a las instrucciones del rey, quien había dado licencia a algunos sabios
alemanes para explotar científicamente las regiones de ultramar, poniendo a la cabeza del
proyecto a José Celestino Mutis, quien entonces servía como médico. El sentido que se
pretendía dar a la astronomía en la Expedición quedó plasmado en la "Súplica
argumentada de la expedición", entregada el 27 de marzo de 1783 y donde Mutis, luego
de exponer su misión científica y poner a disposición sus registros y descubrimientos,
contempla la astronomía como algo adicional, no sólo porque no era el fin principal del
proyecto, sino porque Mutis no estaba preparado para afrontar todos los campos de la
ciencia.
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El Observatorio de Santafé, como
construcción permanente, fue el primero levantado en América. Le anteceden dos
observatorios de carácter provisional: el de Filadelfia y el de Montevideo (1789). Pese a
que se erigieron antes que el de Santafé, el hecho de que hayan sido construcciones
provisionales hace que el neogranadino sea el primero construido totalmente para fines
científicos y con carácter definitivo. Construir un observatorio en una latitud
ecuatorial, y a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, es un hecho
extraordinario en su momento. Para América representa un acto de independencia con
respecto al vínculo que necesariamente se tenía con Europa en términos científicos.
Este sentimiento de autonomía igualaba a la Nueva Granada en la vanguardia de la
observación; los registros hechos ahora, en el Observatorio, serían también necesarios
para el conocimiento del mundo; desde América se tendría la posibilidad concreta de
contribuir al progreso acumulativo del saber.
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Observatorio Astronómico.
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Grabado de Antonio
Rodríguez sobre dibujo de Jorge J. Crane.
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"Papel Periódico
Ilustrado", Nș 17, junio de 1882.
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Biblioteca Luis Angel
Arango, Bogotá.
El proyecto del observatorio astronómico
fue concebido por Mutis. Los hechos que desencadenaron el evento tuvieron como catalizador
a Francisco José de Caldas y se suscitaron gracias al paso del barón prusiano Alexander
Von Humboldt por Santafé. En su viaje por América, Humboldt encontró que una cierta
élite criolla ya respiraba la atmósfera científica, tan hirviente en Europa por esos
momentos. Mutis lo recibió con grandes expectativas por intercambiar información. Luego
de una breve estadía, el barón siguió su recorrido hacia el sur del continente, y
visitó la casa de Caldas en Popayán, a pesar de que el Sabio estaba en Quito. Allí
conoció parte de su trabajo gracias a sus notas, de lo cual sólo se obtuvieron elogios.
Humboldt envió en 1801 una carta a Mutis donde le ponía al tanto de la importancia del
sabio. Fue entonces cuando Mutis vio la oportunidad de encargar la misión de astronomía
a alguien idóneo, lo que había estado esperando desde hacía veinte años.
Cuando Mutis encontró en Caldas a la
persona que esperaba --aún sin conocerlo--, empezó los preparativos para la
construcción del observatorio. Llamó al único arquitecto que se encontraba en Santafé
y que podía enfrentar la tarea: el lego capuchino fray Domingo de Petrés, quien se
llamaba a sí mismo "albañil" y a quien Mutis dio las indicaciones para
ejecutar el proyecto.
El proyecto
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Observatorio Astronómico,
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Fotografía de Henry
Duperly, 1895.
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Centro de Estudios de
Arquitectura y Medio Ambiente, Bogotá.
El observatorio de Bogotá tienen una
planta en forma octogonal, con un cuadrado adosado en uno de los lados. Consta de dos
niveles y una azotea. El más bajo, de poca altura, servía como habitación para el
astrónomo. El nivel siguiente se proyectó para hacer desde allí las observaciones, a
través de siete ventanas verticalmente alargadas. El arquitecto dispuso una torre adosada
que alberga la escalera, construida con el sistema de media bóveda catalana. La parte
superior de esta torre también remata en una azotea, la cual fue cubierta luego de
concluido el proyecto inicial.
El modo como el arquitecto solucionó en
forma distinta estilísticamente el cuerpo octagonal y el de la escalera hacen pensar que
los dos volúmenes fueron concebidos en forma distinta.. Según los indicios, para dar al
edificio su forma de prisma octogonal con escalera adosada, Mutis y Petrés se apoyaron en
los modelos de observatorios que se conocían hasta el momento en Europa, los
observatorios de Greenwich, París y Oxford, principalmente; también hay similitudes
formales con el de Mannheim (los observatorios de Gotha, Madrid y Cádiz corresponden a un
tipo formal distinto, más novedoso, más moderno). Según Jorge Arias de Greiff --actual
director del Observatorio--, fray Domingo Petrés tomó como modelo la primera
construcción del observatorio de Greenwich, la Cámara stellata, y las torres octogonales
del observatorio de París, ubicadas en los extremos norte y sur, obras de Claude
Perrault. Lo hizo siguiendo las indicaciones de Mutis, quien tuvo acceso a alguna
ilustración sobre el observatorio francés y reprodujo la imagen en Santafé. En cuanto a
la escalera, ésta se dispuso como cuerpo adosado funcionalmente eficiente, sin mayores
ornamentos, y siguiendo las instrucciones del tratado de arquitectura más empleado por
Petrés: Arte y uso de arquitectura, de fray Lorenzo de San Nicolás (1667).
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Observatorio Astronómico,
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Fotografía de Julio
Sánchez, 1938.
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Centro de Estudios de
Arquitectura y Medio Ambiente, Bogotá.
Respecto de las fuentes impresas que
pudieron inspirar el edificio, no son muchas las bibliotecas donde Petrés o Mutis
pudieron tener una idea sobre observatorios astronómicos, y menos sobre los que se
construían simultáneamente con el de Santafé: el de Madrid y el de Cádiz. Además,
entre los libros que hoy llegan a nuestras manos con la rúbrica de Petrés, no hay
señales sobre observatorios astronómicos, ni registro de plantas octogonales con este
fin. Por otro lado, en el texto de Caldas con la descripción del observatorio
santafereño --hecho años después de concluida la obra-- menciona algunos observatorios.
Aunque se refiere a sus condiciones para la observación, la única alusión a la
arquitectura que hace se refiere a lo suntuoso de los edificios europeos. Ello
da indicios para suponer que al menos conocía por grabados la imagen de algún
observatorio del viejo continente, y quizás ese mismo material estuvo al alcance de
Mutis.
En los observatorios europeos es
necesaria una gran altura en el salón principal para ver desde el interior el recorrido
este-oeste de los astros y su culminación -en las latitudes europeas inclinada al sur-. A
ello se debe el gran tamaño de las ventanas. Sin embargo, si se tomó dicho modelo de
ventana para Santafé, esto indicaría que hubo una inadecuada importación de
tecnología, porque al trasladar el modelo a la zona ecuatorial, donde los astros culminan
cerca del cenit, las ventanas alargadas sólo sirven parcialmente para la observación.
Además, la ventana que debería permitir la observación dirigida al sur fue reemplazada
por el volumen de la escalera. Si esto fue un descuido, indicaría que el proyecto nunca
contempló su función real; pero si no, entonces no tenía relevancia esta proporción;
surgió simplemente como copia del modelo y no era importante la altura de las ventanas en
relación con los instrumentos de observación.
Por otro lado, al analizar con cuidado
los proyectos de los observatorios de Madrid y de Cádiz, construidos casi al tiempo con
el santafereño, se concluye que, aunque ambos son de mayor tamaño, ninguno contempla la
forma octogonal para su sala ecuatorial: el de Madrid corona con un templete circular,
rodeado por 16 columnas (es el modelo más visionario); para el Observatorio de San
Fernando se presentaron dos proyectos en 1791: el de Vicente Tofiño y el de Gaspar de
Molina y Saldiva, marqués de Ureña. El primero era de planta rectangular, con tres pisos
de altura, el segundo de planta cruciforme con la misma altura, pero rematando en una
cúpula sin ventanas. En ambos casos se consideraba que la sala superior almacenaba los
instrumentos, porque las observaciones se hacían desde las terrazas a las cuales se
tenía acceso a través de dicha sala. Sólo algunas pocas observaciones se efectuaban
bajo techo. La altura de las ventanas no era relevante como problema formal sino como
composición estilística. Así, pues, lo que hoy se reprocharía como un descuido en el
edificio santafereño parece ser un juicio hecho desde la astronomía actual, sin
considerar las necesidades del siglo XVIII en su relación con la arquitectura, dadas
principalmente por los instrumentos que se manejaban.
En conclusión, el cuerpo octogonal fue
copiado del modelo de París; a éste se le adicionó una torre que albergaba la escalera,
siguiendo las instrucciones del tratado de fray Lorenzo de San Nicolás. Mutis dirigió el
proyecto en compañía de Petrés, pensando en un edificio en el cual se pudieran ejercer
las funciones de la astronomía, pero sin detallar el uso de los instrumentos, porque
estos permanecieron empacados hasta la llegada de Caldas. En otras palabras, la forma fue
independiente de la función del edificio; la previsión de sus proyectadores fue ingenua.
Ubicación del edificio
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Observatorio Astronómico,
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Guida von Jeney, ca.
1950.
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Centro de Estudios de
Arquitectura y Medio Ambiente, Bogotá.
Hacer una construcción separada de la
Casa de la Botánica -y no una adecuación- denota la dimensión del proyecto, además del
hecho de recurrir a un arquitecto. Sin embargo, si se hubiera pretendido construir el
edificio con fines de observación profunda del espacio, teniendo en cuenta la latitud y
altitud bogotanas, no se hubieran desperdiciado tales condiciones en un sitio con un
amplio horizonte sólo hacia el poniente: el levante se oculta tras el cerro de
Monserrate. Si la función se hubiera proyectado con fines y conocimientos concordantes,
quizás la construcción se hubiese ubicado en la cumbre del cerro tutelar, en forma
similar a como se hizo en Greenwich, Madrid o Cádiz.
Así, pues, Mutis no tenía claro el
propósito real de un observatorio astronómico. A partir de sus limitados conocimientos
sobre astronomía, la obra le debió parecer suficiente para registrar las observaciones
que él haría, y seguramente lo creyó también suficiente para Caldas. Un estudio sobre
los instrumentos utilizados por ellos, más los donados al observatorio, permitiría
establecer las dificultades ante las cuales tropezó el edificio por desconocer con
precisión lo que en su interior se haría.
Se puede concluir, entonces, que los
objetivos iniciales del observatorio fueron suplir una astronomía de observación más
que una investigación a cielo profundo. Mutis quizá requería de la primera y Caldas
estaba capacitado para la segunda. Las observaciones de Mutis no requerían de un edificio
especializado y, cuando pensó en crear uno dentro del programa de la Expedición,
recurrió a un modelo "universalmente aceptado" (científicamente avalado) sin
pensar en las necesidades específicas del sitio y de los instrumentos.
La geometría
Para trazar los dibujos, el arquitecto
recurrió a la geometría como base, tal y como le indicaban los tratados. Círculos,
cuadrados y triángulos, más las proporciones adecuadas fueron rectores en la
delineación. Prácticamente sin restricciones en cuanto al tamaño del edificio, con la
única convicción de hacerlo según el encargo y de forma "moderna", fray
Domingo dirigió las obras y en casi un año estuvo concluido el templo a la diosa
Urania, como luego lo calificaría Caldas.
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Observatorio Astronómico.
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Grabado de Adriana
Espinosa, 1986.
Si se juega con las figuras geométricas
en abstracto que conforman la planta del edificio, es posible observar cómo entre ellas
hay relaciones especiales: el punto de unión entre el octógono y el cuadrado en la
planta del edificio, punto clave en la traza, es el indicado por la intersección entre el
círculo que circunscribe al octógono, el triángulo equilátero que tiene como base el
diámetro del círculo y un cuadrado, cuyo lado superior coincide con el vértice del
triángulo.
Lo curioso es que, de todas las formas
posibles para acomodar un cuadrado y un círculo, la que emplea para ello como vínculo al
triángulo equilátero es la que marca más precisamente la proporción de ambas figuras y
la magnitud de su intersección con respecto de lo construido. Pero hay que recordar que
en Petrés la geometría siempre estará subordinada a las exigencias del sistema
constructivo.
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