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EDICION 169
ENERO DE 2004
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NOCHE
SANGRIENTA EN SAN VICTORINO
ASESINATO DE UN CONSUL NORTEAMERICANO EN BOGOTA,
1826
Por: PABLO RODRIGUEZ
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Tomado de:
Revista Credencial
Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 169
Enero de 2004
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La noche del 13 de julio de 1826, cuando Bogotá buscaba
la calma luego de años de guerra y devastación, ocurrió el macabro y nunca aclarado
crimen del cónsul norteamericano para Santa Marta Harris E. Fudger. El primer y, tal vez,
único diplomático americano de primer rango muerto violentamente en nuestro país. La
siguiente es la descripción de la escena del homicidio y la posición del cadáver, hecha
por el médico Dr. José Félix Merizalde, que por entonces iniciaba su brillante carrera
y prestaba sus servicios profesionales al ejército.
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Plaza de San
Victorino en Bogotá.
Acuarela de
François-Desiré
Roulin,
portada de su "Voyage pittoresque
en Colombie"',
terminado en Bogotá
el 26 de mayo de
1826.Colección Banco de la República, Bogotá.
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"
En la ciudad de Bogotá a veinte de julio de mil
ochocientos veinte y seis: Yo el alcalde parroquial por ante el presente escribano se le
recibió juramento al Dr. José Félix Merizalde como profesor de Medicina y Cirugía, el
que hizo en toda forma de derecho, bajo cuya gravedad prometió decir la verdad, y
desempeñar las funciones de tal en cuanto al reconocimiento del cadáver del Sr. Cónsul
Harris E. Fudger, y en su verdad dijo: Que antes de reconocer el cadáver del Sr. Harris
E. Fudger, reconoció un sable que estaba cerca de su cama, el que estaba lleno de sangre
desde la punta hasta la longitud de doce dedos transversos. La vaina estaba al pie del
sable con una señal de sangre cerca del lugar en que estaban envueltos los tiros. En el
taburete que tenía cerca de la cama estaba un librito abierto boca abajo cuyo título era
Peores anécdotas, y una cajita encarriada con una píldora que tiene el escribano
y que manifiesta ser de opio. Que deseando saber con qué objeto estaría esta píldora,
preguntó al médico inglés Don Luis Daversen, que estaba presenciando el reconocimiento,
quien dijo que se las había enviado para esa noche porque estaba enfermo, que sin duda
sería de disentería, pues la vacenilla contenía una evacuación de un desinterio. Que
deseando saber si el sable era del Sr.Harris, lo que preguntó a los ingleses que
presenciaban el reconocimiento y le respondió el joven Lilán que sí era de Harris,
quien le ponía siempre a la cabecera de su cama. Para investigar más si había otras
armas registró todo el cuarto y halló sobre la mesa una pistolita que no tenía señal
de haber hecho fuego con ella; y las navajas de barba que estaban en el estuche que se
hallaba abierto, y ninguna de ellas tenía vestigio de sangre. Hecho esto, descubrió el
cadáver que estaba cubierto con una capa azul y que tenía la cabeza tapada con el
almohadón, estando su cama en un rincón. Las cobijas aparecieron con una cortadura que
correspondieron a las que tenía en la camisa en el lado izquierdo del pecho, en que
tenía una herida de latitud de cuatro dedos transversos y de profundidad de doce dedos,
situada entre la tercera y cuarta costilla de las superiores verdaderas, la que le
dividió el lóbulo izquierdo del pulmón, y el siniestro ventrículo del corazón, por lo
que fue mortal en el acto. Para medir la profundidad introduje el sable de que he hablado,
el que entró hasta el sitio en que estaba manchado de sangre. Procedí a investigar la
herida que manifestaba tener en la garganta, la que hallé dividida como la de un cordero
degollado, y la igualdad de la herida acreditada que el instrumento que le causó fue muy
cortante. La postura en que estaba el cadáver es la misma de un hombre que duerme, pues
sus miembros estaban moderadamente doblados, teniendo las manos muy poco separadas del
pecho. La sangre derramada en la cama fue muy poca, y la cama estaba teñida en la parte
que correspondía al pecho, sin estar ni salpicada la parte que correspondía a la cara,
ni al sitio donde se coloca la almohada para dormir, ni al lugar del suelo y pared a cuyo
lado estaba recostado.Dijo que de las diligencias y observaciones medico legales que
practicó resulta que él no se asesinó, que se le mató en la situación en que lo
cogió durmiendo, que murió en el acto en que se le dio la puñalada en el pecho, que fue
la primera por las razones que va a exponer, que la herida del pecho corresponde en su
profundidad con el sable que había al lado de su cama, pero en su latitud era más ancha,
lo que acredita que el arma era más ancha, y que luego el asesino le introdujo su sable ,
pues la vaina ensangrentada anuncia que el agresor desembainó el sable estando ya con la
mano llena de sangre, y que la colocó sobre la sábana que tenía una mancha igual a
dicho sable, que con este no se degolló, ya por que su filo no corresponde a la
naturaleza de la herida, ya por que para hacerla debía habérsele dado un gran golpe con
la mitad del sable que no aparece untado de sangre, y ya finalmente por que estando
acostado de medio lado había aparecido el degüello por ese lado, y no por delante, pues
quedó igual espacio sin dividirse entre el lado derecho y el izquierdo. Que fue degollado
después de la primera herida lo comprueban lo que se acaba de exponer, y el que si se
hubiera degollado vivo las manos aparecerían dirigidas hacia arriba, y las plumas de
sangre de las arterias carótidas y yugulares se habrían levantado hasta manchar la
cabecera, la cama, la cabeza y hasta el pecho, pues así lo exige la inclinación de la
sangre, y así lo comprueban los escritos médicos y mis propias observaciones en un
soldado llamado Ardila que se degolló estando de guardia en el hospital San Juan de Dios,
y un negro cochero del Sr. José María Lozano, a quien una mujer le degolló estando
dormido, en quienes se vio que la sangre manchó no sólo todo el sitio en que estaban,
sino las paredes y el techo. Finalmente expuso que habiendo practicado el reconocimiento
delante del médico inglés Dr. Luis Daversen y siendo el caso muy arduo debe él exponer
por separado su concepto para la más segura investigación de la verdad para mejor
seguimiento del proceso y para satisfacción de los extranjeros que deben naturalmente
adherirse a la exposición de un médico de la nación a quien pertenecía el Sr. Harris.
Que esta es la verdad en fuerza del juramento que tiene prestado, le fue leída su
declaración y en ella se afirma y ratifica. Dijo ser mayor de veinte y cinco años".
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De este atroz
crimen fueron inculpados el capitán, con grado 1º de Comandante de Caballería, Pedro
Grant, de nacionalidad escocesa, de 33 años y con residencia en el país desde 1817; y el
sargento 2º del Escuadrón Albión, Rey Luis, natural de Londres y de 28 años. El
primero, según información del London Chronicle, había sido condecorado ocho
años atrás por acciones audaces contra los españoles bajo el mando del general Páez.
De acuerdo con el expediente, ambos arribaron al país con la Legión Extrajera y
permanecieron en él en condición de militares. Poco o nada se conocían antes de la
indicada noche del 13 de julio, aun así, para inquietud de los jueces, terminaron
durmiendo juntos en la misma habitación. Aunque nunca se encontraron evidencias
contundentes que permitieran condenarlos, expresiones temerarias del capitán Grant,
ciertas amenazas y algunas incoherencias en las declaraciones hicieron que los jueces los
mantuvieran en prisión bajo sospecha de homicidio. Los siguientes apartados de las
declaraciones brindadas por ellos en el proceso judicial nos ilustran del contexto de los
sucesos.
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Preguntado el capitán
Grant sobre qué pasó la noche del trece al catorce de julio, respondió: "que
aquella noche estuvo desde las siete poco más o menos en la fonda de San Victorino y que
estuvo allí hasta las diez y media poco más o menos y que los sujetos que estuvieron
allí fueron el teniente coronel Godoy, teniente coronel Hand, el ciudadano Antoni Serna y
otros sujetos que ahora no se acuerda; que habiendo salido de dicha fonda a la hora que
tiene referida se fue con el sargento Rey Luis a dormir a su casa; que habiendo llegado a
la puerta tocó muy fuerte para que abrieran, que bajó a abrirles el muchacho del mayor
Solis cuyo muchacho después de haber cerrado la puerta se llevó las llaves a su cuarto;
que el exponente se acostó a dormir y no volvió a saber más hasta el otro día a las
siete y media que despertó [...] Preguntado si alguna vez el cónsul le dijo podía tener
sospecha de que lo acechasen dijo que el único que se recelaba el cónsul era de un
fraile mozo de la Pachita, y que esto se lo indicó al exponente delante de los tenientes
coroneles Ancleto Clemente y Godoy. Preguntado a qué horas despertó el día catorce
pasado y quién lo despertó, dijo que ese día por la mañana aclarando oyó golpear la
puerta, se levantó en camisa y salió al balcón sin zapatos ni medias y preguntó al
hombre que qué quería y le contestó: Sr. Coronel vengo a avisarle que han matado al
Cónsul, entonces le contestó el exponente que se fuese a su hora mala y volvió a
entrarse y se acostó hasta que lo despertó Rey Luis a las siete y media, a cuya hora se
levantó y salió para donde el comisario, y que en la esquina de Capuchina se encontró
Rey Luis con el carpintero Clark, cuyo individuo no conocía el exponente, que el
declarante iba un poco adelante y Rey Luis como treinta pies atrás el que se quedó
conversando con dicho Clark y llamó al exponente diciéndole que habían matado al
cónsul a lo que se volvió el exponente y le dijo, no hay tal cosa, esas son chispas, a
mí también me lo han ido a decir esta mañana y yo no he hecho alto. Preguntado por qué
miró con tanta impavidez la muerte del cónsul siendo su amigo dijo que como era conocido
andaban las chispas que querían matar a los extranjeros y mandaba no hacer caso porque
eran mentiras".
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El indicio
decisivo que llevó a los jueces a dirigir su atención hacia el capitán Grant fue la
pregunta pública que hizo en la misma fonda esa noche: ¿quiénes son dos hombres de
valor que me acompañen a una empresa?. Aunque en sus declaraciones explicó que se
trataba de escoltar un envío de oro, nunca logró despejar la inquietud sobre su extraña
pretensión. El capitán Grant era una de las personas de reconocidas y frecuentes visitas
al cónsul en su habitación de la Posada Boyacá, como también lo eran su médico
inglés, el coronel Tam y una señora llamada Pachita y su madre. Éstas últimas, según
se sabía, pasaban hasta altas horas de la noche. Era evidente que en el asesinato no hubo
intenciones de robo, pues se sabía que el cónsul era de gastos modestos. Sin embargo,
quien o quienes realizaron el homicidio sí conocían bien su habitación. También se
dijo que el capitán Grant y el cónsul tenían mucha familiaridad, mas que a causa de la
pérdida de distintos objetos, el cónsul dejó de hablarle, e incluso, que cuando el
capitán pasaba frente a su cuarto el cónsul cerraba la puerta. Otra razón para implicar
al capitán Grant fue el mensaje que, según Felipe Griffith, envió al dueño de la
fonda: "Diga ud. que estuvimos hasta las ocho y media de la noche, si no, es hombre
perdido". Esta tenaz aseveración no fue confirmada ni desvirtuada, aun por el mismo
propietario de la fonda.
La fonda
de San Victorino adquirió relevancia en este histórico suceso. Era lugar donde cenaban y
departían ginebra los muchos militares de la Legión Inglesa que quedaron en la capital.
Tanto el capitán Grant, el sargento Rey Luis y otros muchos militares que estaban allí
aquella noche se comunicaban en inglés. De tal forma, es comprensible que la explicación
del capitán, de que aun sin conocer al teniente lo hubiera invitado a' dormir a su
habitación por el temor a los rumores que había contra los extranjeros tenía algún
sentido. Lamentable y extrañamente el expediente en que nos apoyamos no incluye el
Consejo de Guerra contra el capitán Grant, mas sabemos que fue condenado a diez años de
prisión. El expediente se concentra en la inculpación de cómplice contra el sargento
Rey Luis. Observemos algunos apartados de sus declaraciones: "Que la citada noche
habiendo tenido incomodidad en su casa se propuso ir a dormir al cuartel, pero que antes
de verificarlo se dirigió a la fonda de San Victorino, a donde llegó como a las nueve,
poco más o menos, y habiendo entrado encontró al teniente Ross quien le brindó un vaso
de ginebra, la que tomaron enseguida. Que habiendo entrado el sargento Infante con un
soldado, el confesante le brindó las noches, que también tomaron. Que también estaba el
capitán Pedro Grant conversando con el comandante Godoy. Que luego que se fueron Godoy,
Infante y el soldado, el comandante Grant lo convidó a que fuese a dormir a su cuarto,
diciendo que no le gustaba quedarse solo. Que en seguida se fueron juntos, habiendo
accedido el confesante a la suplica del comandante por no irse solo al cuartel, pues
aunque había convidado al teniente Ross, éste estaba en estado de no poder caminar por
el mucho licor que había tomado, por lo que se quedó allí dormido".
No contento con las
respuestas del sargento, el juez le insistió: "¿Durmió en una misma cama con
Grant, o lo hicieron separados?". A lo que respondió: "Grant durmió en su cuja
y yo dormí abajo". "¿Qué hicieron después de que llegaron a la casa?" Y
dijo: "No hicimos otra cosa que acostarnos". "¿Qué conversación tuvo esa
noche con Grant y si le dijo alguna cosa respecto al cónsul?". Y respondió:
"No tuve conversación esa noche con Grant, ni me dijo cosa alguna respecto al
cónsul". Luego le preguntó cómo vestían los dos esa noche, a lo que comentó:
"Que el traje con el que andaba el Sr. Grant la noche del suceso fue el de cachucha y
levita larga, y que él llevaba una casaca de uniforme de su cuerpo y viriví".
El funeral del cónsul
Fudger contó con la presencia de todos los cuerpos militares, especialmente los de la
Legión Británica. El cortejo partió, a las doce del día del 15 de julio, desde el Nº
5 de la Calle de San Juan de Dios. La ciudad entró en un sensible estado de pesar,
mientras el capitán Grant y el teniente Rey Luis fueron detenidos y encarcelados. Este
último pasó dos años en prisión antes de que se efectuara su Consejo de Guerra. En
estos meses Rey Luis escribió cartas en las que se dolía del triste final de alguien que
había ofrecido su vida por la libertad. En ellas denunciaba la miseria de los calabozos
donde se lo había confinado; también que había sido golpeado por sus carceleros;
incluso, que cambiaba su ración de alimentos por papel y tinta para escribir sus
reclamos. Uno de los pocos defensores que aceptó asistirlo argumentó que debía ser
procesado por la justicia civil, toda vez que el sargento ya no estaba formalmente
afiliado a un cuerpo. Sin embargo, el fiscal señaló que desde su llegada al país había
actuado y vivido como militar. El cual era el caso de muchos ingleses, escoceses,
irlandeses y norteamericanos que habían arribado con la Legión Británica, habían
prestado sus servicios en las confrontaciones, y una vez establecida la República
continuaron viviendo en el país en condición de militares. Tal vez este fue un triste
episodio final del decisivo y heroico papel jugado por los miles de combatientes
anglosajones en la lucha por la Independencia. El Consejo de Guerra llevado a cabo contra
el sargento Rey Luis lo encontró culpable de complicidad en el homicidio y lo condenó a
dos años de prisión. Pero, tanto el juez como todo el Tribunal eran conscientes, y así
lo dejaron constar en el expediente, de que no había pruebas suficientes para condenarlo.
Aunque, como lo expresó el fiscal, "un crimen horroroso como este bien convenía que
no quedara impune, así las pruebas fueran tan dudosas".
FUENTE
Este escrito se basa
fielmente en el expediente: "Causa seguida contra el Sargento 2º. Rey Luis, por
complicidad en el homicidio del Cónsul de los Estados Unidos en Santa Marta, señor
Harris E. Fudger". Sección República, Fondo Criminales, Legajo 86, 2879, 1826-1828,
fols. 120-240. El autor agradece a los funcionarios de la sala de consulta del Archivo
General de la Nación por su generosa colaboración para el estudio de este documento.
También, al señor Jacky Paul Benksinger, quien me informó de la nota periodística del London
Chronicle.
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