Ficha bibliográfica
Titulo:
Un caleño, rey de Honolulu. El aventurero que se convirtió en jefe de la guardia de palacio
Edición original: 2005-05-17
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-17
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Valencia Llano Alonso
Revista Credencial Historia

EDICION 169
ENERO DE 2004

 

UN CALEÑO, REY DE HONOLULÚ
EL AVENTURERO QUE SE CONVIRTIO EN JEFE DE LA GUARDIA DE PALACIO
Por: ALONSO VALENCIA LLANO

La ciudad de Cali, como tantas otras ciudades y pueblos de nuestro país, ha tenido habitantes curiosos, cuyas vidas, envueltas a menudo en un halo de leyenda, ha llegado a nosotros por diversos medios. Este es el caso del "Rey de Honolulú", un curioso personaje que nació en la parroquia de San Nicolás de Cali en 1862 y cuya fragmentada historia fue contada por Andrés J. Lenis, sin duda el más importante cronista caleño.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 169

Enero de 2004

 

l rey de Honolulú no fue un caleño de aquellas familias raizales de la ciudad que pregonaban su limpieza de sangre; tampoco un político de los que se destacaron en ésta época tan llena de héroes populares y, desde luego, nunca fue rey en parte alguna. Fue un personaje más bien anodino, si se tiene en cuenta que no se conocen otros registros de su trayectoria que los que cuenta don Andrés en sus Crónicas del Cali Viejo, quien lo retrata como un estudiante indisciplinado que no respondía a los esfuerzos hechos por su padre -un humilde labriego- que aspiraba a que su hijo no se dedicara a los ingratos oficios de la tierra.

Pues bien. Andrés Avelino Montaño, como se llamaba el díscolo estudiante, era un muchacho que asistía a la escuela de niños de Cali a comienzos de la década de 1870. Sus profesores le reconocieron inteligencia, pero también una falta de aplicación al estudio que lo llevaban a abandonar frecuentemente las aulas y a incursionar, con otros alumnos de igual condición, por los montes cercanos a la ciudad, donde los muchachos cazaban y pescaban, las más habituales actividades juveniles de la época. Sus frecuentes escapadas llevaron a que su padre le propinara uno de los castigos de moda en aquellos tiempos, consistente en algunos azotes, los que fueron considerados excesivos por Andrés Avelino, quien tomó la decisión de huir de la casa paterna.

En efecto, en 1872, tomó el camino de Buenaventura donde, haciéndose pasar por huérfano y con nombre supuesto, logró embarcarse como ayudante de cocinero en uno de los barcos que con cierta frecuencia llegaban al puerto atraídos por el auge de las exportaciones quineras, tabacaleras y añileras. Esto lo llevó en un viaje por las repúblicas de Suramérica, para desembarcar, tiempo después, en la isla de Cuba, entonces colonia española, donde trabajó como dependiente de un español en una casa distribuidora de vinos radicada en La Habana, que fue liquidada a la muerte del propietario. Ante la dificultad para encontrar nuevo empleo, decidió embarcarse como "polizón" en un barco mercante que viajaba hacia los Estados Unidos; descubierto y amarrado a la baranda del buque, fue beneficiado con la caridad de algún viajero, quien le cubrió el costo del pasaje hasta Nueva York. Allí escuchó hablar de las maravillosas islas Hawai, con sus inmensas riquezas y la facilidad para encontrar empleo. Esto lo llevó a trasladarse a Oahu, en cuya capital, Honolulú, se ocupó en diversos oficios.

 

Por esta época Hawai avanzaba en un proceso de modernización acelerado por la pesca de ballenas, el comercio de licor y la producción de azúcar, que llevaron a que muchos ingleses y norteamericanos se radicaran en Honolulú. El poder político estaba en manos del rey David Kalakaua, quien reinó entre 1874 a 1891 en medio de la inestabilidad que producía el permanente enfrentamiento con los señores del azúcar, quienes formaron una liga hawaiana en 1887 y habían preparado sus propios ejércitos para derrocarlo y tomar el poder.

Estos acontecimientos habrían de afectar la vida de Andrés Avelino, quien logró ocuparse como palafrenero del Palacio Real de Kalakaua en momentos en que sobrevino una insurrección de soldados del ejército contra el mandatario. Lo que sigue bordea lo fantástico: Andrés Avelino, en lugar de amilanarse ante el ataque de los insurrectos los enfrentó armado de un garrote, desarmó a algunos de los oficiales y encabezó la resistencia, con tan buena fortuna que los conspiradores fueron vencidos dejando un gran número de bajas mientras que muchos otros se daban a la huida. Esto convirtió a Andrés Avelino en un hombre de confianza del gobierno y en el jefe de las tropas de Palacio, cargo de gran importancia que le permitió ópoco tiempo despuésó contraer matrimonio con una distinguida señorita de la nobleza local, lo que consolidó su posición.

Esto ocurría en medio de una gran inestabilidad política en el archipiélago, pues en enero de 1893, la hermana y sucesora de Kalakaua, la reina Liliuokalani, se preparó para proclamar una nueva Constitución consolidando el trono, cuando un grupo de negociantes norteamericanos armados ocupó el Tribunal Supremo y declaró abolida la monarquía, mientras imponía un gobierno provisional en manos Sanford Dole (hijo de un misionero pionero) y solicitaba la anexión a Washington, que fue rechazada por el presidente Grover Cleveland. De esta manera, la reina conservó su trono hasta 1900, cuando el archipiélago fue anexado por la potencia norteamericana. Todos estos conflictos consolidaron aún más la posición de Andrés Avelino, pero también llevaron a que perdiera su mano izquierda por una herida con arma de fuego. Durante todos estos años, su familia en Cali ignoró su existencia, hasta el día en que recibieron un retrato en el que Andrés Avelino aparecía de pie luciendo un vistoso uniforme militar que incluía alamares, casco y espada, imagen que sirvió para que algún sobrino suyo, en una pelea de colegiales, demostrara que tenía un tío que era el "rey de Honolulú".

De él no se supo más, hasta cerca de treinta y cinco años después, cuando llegó al Hotel América de la ciudad de Cali un extraño personaje, el señor Monteno: "Era un hombre alto, fornido; de anchas espaldas, bastante moreno, chato; los cabellos negros y lacios; los ojos oscuros, de mirada dura y tenaz. La barba y el bigote un poco ralos, pero cuidados con esmero y recortados muy correctamente. El vestido era elegante de pies a cabeza, y lucía un hongo gris, finísimo, del mismo color de las ropas. En síntesis, podría presumirse que se trataba de un malayo de pura raza, quizás muy barajado con las costumbres norteamericanas". No solo llamaba la atención su aspecto así descrito, sino también el hecho de que poseía una mano postiza que movía mediante finos resortes.

Cierto día estaba el forastero en el hotel conversando con el ciudadano norteamericano Mr. Enrique Shearer, cuando se presentó delante de ellos una viejecita quien increpó a Monteno: "Te he reconocido Andrés Avelino. Te fuites cuando apenas contabas diez años; pero allí está la mesma cara de tu taita; sos idéntico. Pobre tu madrecita. No te suponés cómo sufrió por tu escapatoria. Pobres viejos, que anhelaban tanto volver a verte; y se murieron sin saber nada de vos en los últimos años, después de que mandastes ese retrato lleno de perifollos... øNo me conocés?... No, imposible... Yo cuando te fuites estaba mocita y vos eras un mocito saltón... øPor qué ponés esa cara de herrero mal pagado?... Ya ves, soy una miserable mujer, nada tengo; en cambio, vos estás rico y feliz. Pero no importa que no me reconozcás. Yo estoy dichosa con haberte visto... Adiós".

Monteno negó conocer a la anciana, pero Shearer contó después que, en un arrebato de sincera confianza, admitió que todo lo dicho por la anciana era cierto y que él era Andrés Avelino quien, dada su alta posición social, se avergonzaba de su humilde familia y que sólo había regresado a visitar las ruinas del hogar de sus padres.

Después de esto se marchó y jamás regresó a Cali, el sitio donde alguna vez se le tuvo por "Rey de Honolulú".

 

Palacio Real de Tolani, en Honolulú

 

 

El Rey Kalakua con sus ministros y oficiales