José Manuel Restrepo ha sido sin
duda alguna el más influyente historiador colombiano: su versión de las guerras de
independencia, escrita cuando éstas apenas terminaban, sigue determinando la forma como
vemos esos años conflictivos en los que surgió Colombia. Por eso, José Manuel
Marroquín pudo llamarlo "el primer historiador de Colombia".
Restrepo nació en 1781 en Envigado,
Antioquia, en una familia acomodada y tradicionalista. Educado por un tío, el presbítero
Alberto María Calle, fue enviado luego a Bogotá a hacer estudios de derecho, los que
concluyó con su inscripción como abogado de la Real Audiencia en 1809. Formado en una
época en la que algunos profesores avanzados comenzaban a criticar las formas de
enseñanza y la filosofía tradicionales, Restrepo hizo parte de los grupos innovadores
que querían conocer el país y reemplazar la escolástica con la ciencia. De esto da
testimonio su primer trabajo publicado: una detallada descripción geográfica de
Antioquia aparecida en 1809 en el Semanario que dirigía Francisco José de Caldas. Para
ello hizo también un mapa, el primer esfuerzo cuidadoso de representar la agreste
geografía de su región natal.
Entre 1810 y 1816 Restrepo colaboró con
los gobiernos patriotas de su provincia, fue secretario de la Junta de Antioquia y del
dictador Juan del Corral (cuando aconsejó reprimir a los españoles "a fuego y
sangre" y firmó la declaración de independencia de Antioquia), representante al
Congreso Federalista de 1811 y al de Mariquita de 1812, triunviro elegido en septiembre de
1814, aunque no se posesionó del cargo, y redactorpoco originalde la
constitución Antioqueña de 1815. A la caída de los gobiernos independientes huyó hacia
el Cauca, pero decidió devolverse y entregarse al gobierno español. Condenado a trabajos
forzados, dirigió la construcción del camino entre Sonsón y Mariquita: el gobierno de
la reconquista fue en Antioquia relativamente benévolo con criollos moderados y bien
relacionados, sobre todo al comienzo. Restrepo, que temía persecuciones peores, se fugó
a fines de 1816 y fue a Kingston, donde tenía parientes y amigos dedicados al comercio.
Aprendió allí el inglés y el francés, e hizo un viaje a los Estados Unidos, pues
quería estudiar lo relativo a la industria textil.
Indultado por los españoles, regresó a
Antioquia, donde lo sorprendió el triunfo de Boyacá dedicado a los negocios. Conocido ya
por su moderación, ponderación y buen saber jurídico, Bolívar lo nombró como
gobernador político, en parte para que frenara en algo al gobernador militar, el joven
general José María Cordova. Fue uno de sus pocos momentos radicales: apoyó el destierro
de su propio tío, el presbítero Calle, por realista, y escribió elogiando uno que otro
fusilamiento de civiles españoles.
En 1821ya tenía 40 años, en un
país gobernado por un presidente de 28fue al Congreso de Cúcuta, el cual presidió
y en el que defendió vigorosamente el sistema centralista, y luego, como secretario del
Interior, se radicó en Bogotá: entre 1821 y 1830 ocupó este cargo, que ejerció con
competencia y prudencia, primero al lado de Santander y luego de Bolívar. A Santander le
criticó sus innovaciones educativas, a Bolívar sus apasionamiento ocasionales y, a
Nariño casi todo. Pero se iba haciendo más tradicionalista: apoyó en 1829 los esfuerzos
del gabinete pare traer un príncipe europeo a reinar en el país, como sucesor de un
gobierno vitalicio de Bolívar. Le aterraban el gobierno del pueblo, las agitaciones
raciales, los movimientos de negros o mulatos.
Desde diciembre de 1828 fue director de
la Casa de Moneda, cargo que no se atrevieron a quitarle ni los liberales, a quienes
chocaba su actitud aristocrática, aunque respetaban su honestidad y sus virtudes
patriarcales: lo conservó hasta 1860, cuando tenía 79 años de edad. Ocupó muchos
cargos más, a veces al mismo tiempo: director de la Renta del Tabaco, director de
Instrucción, director de Crédito Nacional, representante ante los gobiernos de Ecuador y
Venezuela en breves pero importantes misiones diplomáticas. Dos gobiernos lo
persiguieron: cuando el general Melo, en 1854, tuvo que asilarse en la Legación
venezolana; cuando Mosquera se tomó a Bogotá, en 1861, tuvo que pagar una contribución
de 1000 pesos. Dos años después, en 1863, el año de la Constitución que le habría
parecido un engendro monstruoso, y en la que participó como representante su yerno
Bernardo Herrera, acompañado, como secretario, por su nieto, el futuro arzobispo Bernardo
Herrera Restrepo, falleció en Bogotá.
Restrepo llevó un diario en el que
anotaba los principales sucesos políticos entre 1819 y 1854: esta obra, que ha sido
publicada, le sirvió como estructura pare sus dos libros fundamentales: la Historia del
la Revolución de las Repúblicas Colombianas, publicada en 1827 y 1858, y la Historia de
la Nueva Granada, que permaneció inédita hasta este siglo. Esas narraciones que cubren
la historia de Colombia entre 1819 y 1854nuestro primer historiador sólo escribió
de una época vivida por él y en la que fue actor importante, se apoyaron además
en el acceso que tuvo, como ministro, a los archivos oficiales.
La historia de las guerras de
independencia de Restrepo nos dejó los retratos heroicos de Bolívar y sus colaboradores,
empeñados en una lucha justa contra España. El recuento de los años veinte, aunque
reconoce la capacidad administrativa de Santander y la grandeza de objetivos de Bolívar,
es el relato de cómo las males pasionesla ambición de mando, la venalidad, la
demagogia, las envidias y la inmoralidad, aunque recubiertas por el lenguaje de la
libertad y la democracia, destruyeron la naciente república, que acabó en el desorden
social, el militarismo y la arrogancia del pueblo. Como defensor de una democracia
moderada, dirigida por la gente de bien, que controlara a la plebe e impusiera una fuerte
autoridad sobre la población, como enemigo del militarismo, como amigo de la Iglesia y
partidario de que ésta tuviera un fuerte influjo en la política y en la vida de los
colombianos, incluso como defensor ocasional de una monarquía constitucional, Restrepo
ayudó a crear el pensamiento, las actitudes y hasta los gestos sociales de las élites
civiles conservadoras.
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Bibliografía recomendada:
-
Juan Botero Restrepo, Pbro.
-
El prócer historiador.
-
Medellín, Granamérica, 1982