|
|
|
|
|
EDICION
180
DICIEMBRE DE 2004
|
|
|
|
|
|
|
QUIÉNES FUERON
|
Tomado
de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 180
Diciembre de 2004
|
|
|
Jesús Carvajal de pie responde a una de las preguntas que le dirige el juez sobre el
tratamiento que recibía en la policía. El Diario Nacional, 1918. Biblioteca Nacional de
Colombia
Cámara ardiente de Uribe Uribe. El Gráfico, 1914
|
al general Uribe se le
asesinó por ser el jefe del liberalismo, y los matadores lo hicieron halagados por el
lucro. Marco Tulio Anzola Samper (Asesinato del general Uribe
Uribe. ¿Quiénes son? Bogotá, 1917)
El
juicio público contra los asesinos materiales de Rafael Uribe Uribe comenzó en mayo de
1918. Venía precedido de una gran tensión por las denuncias escalofriantes hechas en el
libro Asesinato del general Uribe Uribe. ¿Quiénes son?, de Marco Tulio Anzola Samper,
publicado en noviembre del año anterior y en el que ese abogado y antiguo funcionario de
obras públicas había estado trabajando desde diciembre de 1914 por encargo del hermano y
del yerno del general Uribe Uribe --Julián Uribe Uribe y el periodista Carlos Adolfo
Urueta-- insatisfechos con la forma como se estaba llevando por parte del Gobierno la
instrucción del sumario y por el extraño empecinamiento del Director de la Policía y
del Fiscal de la causa en no tomarles declaración a los testigos que pudieran conducir la
investigación por un camino distinto al que señalaba a Leovigildo Galarza y a Jesús
Carvajal como autores solitarios, únicos y exclusivos del crimen cometido el 15 de
octubre de 1914 contra el Jefe del Partido Liberal.
Nombres
al canto
Si bien los partidarios de esa teoría de
la impremeditación trataron de desacreditar por todos los medios posibles el libro de
Anzola Samper, al que catalogaron de novelón fruto de una imaginación enfermiza,
¿Quiénes son? Constituye una de las obras investigativas de carácter científico más
serias y meritorias que se hayan escrito en Colombia, en la que no tiene cabida un ápice
de elemento especulativo. Anzola Samper no sólo se leyó varias veces el expediente, de
más de tres mil folios, sino que interrogó a cuanta persona podía tener alguna
vinculación o relación con los asesinos y hubiera presenciado el crimen o escuchado de
él antes y después del 15 de octubre.
|
Incluso se hizo emplear
como funcionario del panóptico para poder observar de cerca a Galarza y a Carvajal, tarea
en la cual fue interrumpido porque, de repente, lo sacaron del panóptico, por orden del
Ministro de Obras Públicas, y lo trasladaron a otra dependencia mejor
remunerada, pero lejos de Galarza y Carvajal. En el curso de su investigación
Anzola Samper recibió constantes amenazas de muerte, y era seguido día y noche por
individuos, una veces de civil, otras en uniforme de la policía, que trataban de
amedrentarlo.
Anzola Samper va develando en su libro la farsa que se montó desde el primer día, por
parte del Gobierno, y en concreto del Director de la Policía, general Salomón Correal,
en torno a la investigación sobre el asesinato del Director del Liberalismo, Rafael Uribe
Uribe. A esta farsa se unió el Fiscal de la causa, doctor Alejandro Rodríguez forero.
Entre el general Correal, que asumió la instrucción sin tener atribuciones para ello, y
alegando una supuesta orden del Presidente José Vicente Concha, y los fiscales José
Antonio Montalvo y Rodríguez Forero, enderezaron las pruebas de modo que no quedara
ninguna duda de que los únicos responsables del crimen eran Leovigildo Galarza y Jesús
Carvajal; pero quedaron muchas dudas y Anzola Samper las sacó a luz en su libro, en el
que no deja ninguna en el sentido de que Galarza y Carvajal no fueron sino dos sicarios a
sueldo que ejecutaron un asesinato por el cual se les pagó una suma sustanciosa. Además
el doctor Anzola Samper dio los nombres de los autores operativos de la conspiración para
acabar con la vida de Uribe Uribe: El general Pedro León Acosta, que organizó en 1906 el
atentado contra el presidente Rafael Reyes; el general Salomón Correal, Director Nacional
de la Policía; los sacerdotes jesuitas Rufino Bereinstein, Marco A. Restrepo, Rafael
Tenorio y Fernando Araújo; y el general Melesio Gómez R., Jefe de la División Central
de la Policía, entre las cabezas de una lista de más de quince cómplices, miembros de
la sociedad recreativa José María Córdoba, a la que pertenecían Galarza y Carvajal. Da
a entender Anzola Samper que más arriba están los fraguadores intelectuales del crimen,
a quienes señala como pertenecientes a la oligarquía liberal conservadora, aunque se
abstiene de dar nombres, y a los que se limita a señalar como muy poderosos.
|
-
Marco Tulio Anzola Samper. El Diario Nacional, Biblioteca Nacional de Colombia
General Salomón Correal, director de la policía. El Diario Nacional, Biblioteca Nacional
de Colombia
Pedro León Acosta. El 10 de febrero, Biblioteca Nacional de Colombia
General Melesio Gómez R.. El Diario Nacional, Biblioteca Nacional de Colombia
Francisco Sánchez, testigo, reveló que había otro plan para matar a Uribe Uribe, caso
de que fallaran Galarza y Carvajal. El Diario Nacional, Biblioteca Nacional de Colombia
Julio C. Garzón, Juez 2o. Superior. El Diario Nacional
Carlos Melguizo, defensor de Leovigildo Galarza
|
-
El general Hachuela
Las irregularidades de la instrucción
comenzaron desde el momento en que Salomón Correal sacó de en medio al Inspector 1o., a
quien le correspondía adelantar la instrucción, y nombró, por supuesto mandato del
presidente Concha, al Jefe de Investigaciones de la Policía, general Lubín Bonilla, a
quien a su vez destituyó a los dos días y contra quien inició una persecución
implacable debido a que Bonilla no quiso someterse a las disposiciones indicadas por
Correal para el manejo de la Instrucción, y denunció que el máximo jerarca de la
Policía estaba implicado en el asesinato del general Uribe Uribe. (véanse recuadros)
Anzola Samper resume así las actuaciones del general Correal en el proceso:
Era tiempo de que la conciencia pública diera una muestra de lo que se piensa con
respecto al señor Correal, cuya participación en el crimen del general Uribe la indica
el calificativo popular que consagró su nombre con el distintivo de General Hachuela. La
voz del pueblo es la voz de Dios, que dicen los latinos. Agréguese a esa intuición la
síntesis de los cargos que gravitan contra Correal y se encontrará justificada. La
lógica y el sentido común buscarán el por qué de todos los actos ejecutados por ese
hombre mucho tiempo antes y después de la consumación del crimen. Los oficiales de su
mando concurren a paseos y piquetes con los criminales; un agente de policía asiste a las
reuniones [anteriores al crimen] habidas en la carpintería de los chacales [Galarza y
Carvajal]; los guardaespaldas [de Salomón Correal] observan impasibles la perpetración
del crimen; los Hernández que capturan como particulares a los asesinos son los mismos
que habían celebrado conferencias en el despacho de la Dirección [de la Policía] con el
padre Berenstein, el diabólico Rasputín de la Policía Nacional; Correal deja sin
vigilancia la cuadra donde se comete el delito; el mismo le usurpa la jurisdicción en el
conocimiento del proceso al Inspector 1o. Municipal, y para tal atropello inventa una
orden del Presidente de la República, que resulta transmitida antes del asesinato; con su
conocimiento, como Jefe de la investigación, se cambian los vestidos de los asesinos
inmediatamente después de cometido el delito; sus empleados les facilitan a los reos los
medios de fuga; el procura que los asesinos se puedan entender libremente, reuniéndolos
en un mismo sitio o colocándolos en los calabozos que se prestan a tal efecto; el hace
una seña de silencio, poniéndose un dedo en la boca, cuando Lubín Bonilla los interroga
sobre los cómplices del crimen; el destituye a Bonilla porque éste sospecha su
responsabilidad en el delito; el designa funcionarios de su confianza; el hace caso omiso
del memorándum del doctor Julián Uribe [hermano de Rafael] contra Pedro León Acosta,
los Hernández y otros; el rehusa la famosa declaración de Alfredo García; con su
autorización se pone en libertad a un compañero de los asesinos, el que asiste a las
reuniones habidas la víspera del crimen; el impide la averiguación por otro presunto
responsable denunciado por los conocidos detectives [Eduardo de] Toro [Pereira] y
[Aníbal] López; él finge vigilar la vivienda de Galarza mientras en presencia de la
policía un hombre saca algo que hace exclamar a la concubina de aquél [María Arrubla]:
Ahora sí estoy tranquila; él busca entre los papeles que se le cogen a los
asesinos los que más le convengan; el consiente que la memoria del General Uribe sea
vilmente vilipendiada en las pláticas políticas dictadas por el padre Berenstein y hace
que concurran a ellas todos los miembros de la Policía; el mantiene en el panóptico a
Francisco Pedraza como conductor secreto de las comunicaciones de Galarza y Carvajal, y
él visita a los criminales en altas horas de la noche con sus hombres de confianza. ¿Se
requiere un cuadro de mayor luz siniestra proyectada en las sombras del crimen? Que venga
entonces la prueba directa de la señorita Adela Garavito (véase recuadro). Ella cierra
ese enorme círculo que recorre de etapa en etapa la responsabilidad de Salomón
Correal.
Un juicio que prueba lo que se desea probar
Para quienes habían leído en La Patria avances del libro de Anzola Samper, y para el
propio Anzola Samper, fue una sorpresa mayúscula el nombramiento de acusador particular
por parte de la familia de Rafael Uribe Uribe. Ese nombramiento recayó en el doctor Pedro
Alejo Rodríguez, hijo del fiscal Alejandro Rodríguez Forero. Es incuestionable
dice Anzola Samperque quien lea este libro se convencerá de que el Fiscal
Rodríguez Forero obró con malicia en su vista, pues las conclusiones a que llegó son
contrarias a la verdad. Galarza y Carvajal no fueron los únicos autores de la muerte del
general Uribe. Fueron cómplices de todos los que hemos señalado en estas páginas. De
aquí que consideremos que la más extraordinaria culminación de este proceso haya sido
el nombramiento de acusador particular, en el hijo del Fiscal, señor Pedro Alejo
Rodríguez, obtenido por modo de asalto a la buena fe y sencillez de la ilustre familia
del general Uribe.
Tanto el Fiscal Rodríguez Forero, como su hijo el acusador particular, hicieron correr la
versión de que el nombramiento de Pedro Alejo Rodríguez era una muestra clara de que la
familia del general Uribe Uribe desaprobaba las investigaciones de Anzola Samper y
rechazaba las conclusiones a que este había llegado en su libro; pero ni Julián Uribe
Uribe ni Carlos Adolfo Urueta estuvieron de acuerdo con la designación de Pedro Alejo
Rodríguez, y más adelante, cuando el juicio estaba candente, Julián Uribe Uribe
destituyó a Pedro Alejo Rodríguez y nombró en su lugar a Marco Tulio Anzola Samper. Sin
embargo el juez del caso le rehusó a al hermano de la víctima el derecho de nombrar
acusador particular. Ya antes el juez, doctor Garzón, había intentado meter preso a
Anzola Samper y le había prohibido asistir a las sesiones.
Al comenzar el juicio en el histórico salón de grados (Museo Colonial), Pedro Alejo
Rodríguez, de acuerdo con su padre, declaró que allí no se iba a juzgar a nadie
distinto a Leovigildo Galarza y a Jesús Carvajal y pidió que no se permitiera intervenir
a Marco Tulio Anzola Samper, quien había ofrecido llevar cincuenta y seis testigos que
aportarían detalles inéditos sobre el asesinato de Rafael Uribe, por ser
improcedente. Aunque el intento de acallar a Anzola Samper fue acogido por el juzgado,
provocó tal indignación en el público y en la prensa que fue preciso admitir el ingreso
de Anzola Samper y recibir las declaraciones de los testigos llamados por él, entre las
cuales causaron inmensa sensación las insospechables de la señorita Adela Garavito y del
agente Epifanio Prieto, que comprometían de manera directa en el crimen al general
Salomón Correal. Ello provocó una tempestad mediática y los principales diarios, con
excepción de El Nuevo Tiempo cuyo redactor judicial era hijo del general Salomón
Correalpidieron la destitución del Director de la Policía; pero el Presidente
Concha, en lugar de destituirlo, le reiteró su confianza, y luego, apoyado por la
Compañía de Jesús, le pidió al Presidente electo, Marco Fidel Suárez, que conservara
al general Salomón Correal como Director Nacional de la Policía. Don Marco, apenas
asumió el mando, el 7 de agosto de 1918, lo primero que hizo fue destituir a Correal y
nombró en su lugar al general Roberto Urdaneta.
Durante el proceso Leovigildo Galarza declaró que el y Jesús Carvajal eran los únicos
responsables del crimen. Carvajal no aceptó ni negó el dicho de su compañero. El 19 de
junio el jurado los encontró culpables del asesinato del general Rafael Uribe Uribe y el
25 de junio de 1918 se les dictó sentencia y fueron condenados a veinte años de
presidio, privación de los derechos políticos, y a pagar ochenta mil pesos oro y los
gastos procesales. De este modo quedaba probada la teoría del general Correal, y de los
fiscales Montalvo y Rodríguez Forero, de la impremeditación del crimen, que había sido
una ocurrencia repentina de los obreros Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, quienes, la
noche anterior al asesinato, de buenas a primeras se pusieron de acuerdo para
castigar al general Uribe Uribe por creerlo el culpable de habérseles negado
un empleo en el Ministerio de Obras públicas.
No se necesita dice Anzola Samperponer en tormento la imaginación para
comprender que Galarza y Carvajal, dos infelices obreros, ni tenían medios ni
inteligencia para tramar un crimen
Para dos obreros de tan baja extracción y de tan
rudimentaria mentalidad el cambio de régimen que podría implicar la preponderancia del
general Uribe en nada mejoraría sus condiciones de vida si el atentado lo hicieran por su
propia cuenta. De ahí la indispensable conclusión, que está arraigada en el alma del
pueblo colombiano, de que Galarza y Carvajal no son sino meros instrumentos de un crimen
del cual fueron autores otros individuos suficientemente poderosos y bien poseídos de la
trascendencia de la muerte del general Uribe, hombre de genio, inevitablemente destinado a
realizar la bella necesidad de gobernar el país con las ideas liberales.
|
-
Pedro Alejo Rodríguez. El Diario Nacional. Biblioteca Nacional de Colombia
|
-
Testigo Ana Rosa Beltrán. El Diario Nacional, BibliotecaNacional de Colombia
|
-
Los jurados, Pablo lorenzana, Pedro Gómez
Correa y Manuel Rueda. El Diario Nacional
|
|
|
|
|
|