Ficha bibliográfica
Titulo:
Bailes prohibidos y estamentos sociales. Un obispo de cartagena denuncia los
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: RODRIGUEZ Pablo

 

 

Revista Credencial Historia

 

EDICION 168
DICIEMBRE DE 2003



 

 

BAILES PROHIBIDOS Y ESTAMENTOS SOCIALES
UN OBISPO DE CARTAGENA DENUNCIA LOS "BUNDES" DE NEGROS
Por: PABLO RODRIGUEZ

Durante las últimas décadas del siglo XVIII ocurrió en toda América, desde Nueva España hasta el reino de Chile, una feroz censura y condena a los bailes populares.

 

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 168

Diciembre de 2003

a nueva mentalidad de la Ilustración, presente en los gobernantes y los clérigos, encontraba irritables e inadmisibles los bailes en los que se mezclaban hombres y mujeres de todas las clases sociales y razas. Jarabes, chuchumbés, mazurcas, tapadas y bundes (de origen bantú) fueron prohibidos por su erotismo, sensualidad y provocación. Así, es explicable que en Antioquia el obispo Jerónimo Antonio de Obregón y Mena prohibiera mediante pena de excomunión los excitantes bailes "zanca de cabra" y "el costillar", que eran los de mayor gusto en los carnavales. Fue la época en que también se prohibieron los bailes de máscaras, por los juegos que permitían. Este fenómeno tiene en una carta de 1781 del obispo de Cartagena Joseph Díaz de la Madrid al rey —redescubierta recientemente por el historiador Alfonso Múnera, El fracaso de la nación. Región, clase y raza en el Caribe colombiano (Bogotá: Banco de la República, 1998)— una de sus mejores expresiones. Si corrientemente los ilustrados condenaban los bailes porque apartaban a las castas del trabajo y sus obligaciones, el obispo porque las alejaban de la fe. En todo caso, la carta del obispo Díaz, que procedía de Quito, es uno de los documentos que mejor ilustra el baile callejero en Cartagena:

Baile del bambuco en El Bordo. grabado de G. barbant, 1869.

"Igual remedio se necesita con los más estrechos encargos a las justicias reales para que celen y eviten en la víspera de fiestas, los bailes , que vulgarmente llaman bundes, a lo menos desde las nueve de la noche en adelante para que se consiga que las gentes que asisten a ellos, no dejen de oír misa en el día siguiente, como frecuentemente acontece, no sólo en los sitios y lugares, sino también en las villas y ciudades, sin exceptuar esta que es la capital de la provincia. Los que concurren son indios, mestizos, mulatos, negros, y zambos, y otras gentes de la inferior clase. Todos se congregan de montón, sin orden, ni separación de sexos, mezclados los hombres con las mujeres. Unos tocan, otros bailan, y todos cantan versos lascivos, haciendo indecentes movimientos con sus cuerpos. En los intermedios no cesan de beber aguardiente y otras bebidas fuertes, que llaman guarapo, y chicha, y duran estas funciones hasta cerca del amanecer. Ya se dejan considerar las proporciones que traen para el pecado la oscuridad de la noche, la continuación de las bebidas, lo licencioso del paraje, la mixturación de los sexos, y la agitación de los cuerpos, de todo lo cual han de resultar las fatalísimas consecuencias, que pueden inferirse. Y de aquí dimana que embriagados los unos, entorpecidos los otros, y cansados y rendidos del sueño todos, o no vayan a la misa en la mañana siguiente (que es lo más ordinario) o no puedan oírla con la competente devoción. Ningún medio de cuantos me he valido, ha sido bastante para contener estos daños".

La mentalidad ilustrada conservaba, con relación a la cultura popular, muchos elementos barrocos. Uno de ellos, muy importante, era que convenía en la reunión de todos los estamentos sociales, pero separadamente. Unidos, pero organizados. Ésta parecería ser la clave del ordenamiento social de la Ilustración y la República respecto a los festejos populares. El general Joaquín Posada Gutiérrez, atento en sus Memorias a los hechos políticos y militares, sin olvidar lo del "pueblo", recordó así las fiestas en los años posteriores a la Independencia. Una fiesta muy formal, pero que, aun así, permitía la mezcla social y racial:

"Una gran sala de baile se llenaba todas las noches, alternativamente, sin invitación nominal. Era sabido y conocido lo siguiente: Baile primero: de señoras, esto es de blancas puras, llamadas blancas de Castilla. Baile segundo: de pardas en las que se comprendían las mezclas acaneladas de las razas primitivas. Baile tercero: de negras libres. Pero se entiende que eran los hombres y las mujeres de las respectivas clases, que ocupaban cierta posición social relativa, y que podían vestirse bien, los que concurrían al baile... Los blancos, que monopolizaban el título de caballeros, como las blancas el de señoras, tenían por la costumbre el privilegio de bailar en los tres bailes; los pardos en el de su clase y en el de las negras; los negros sólo en el de éstas".