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"Igual
remedio se necesita con los más estrechos encargos a las
justicias reales para que celen y eviten en la víspera de
fiestas, los bailes , que vulgarmente llaman bundes, a lo menos
desde las nueve de la noche en adelante para que se consiga que
las gentes que asisten a ellos, no dejen de oír misa en el
día siguiente, como frecuentemente acontece, no sólo
en los sitios y lugares, sino también en las villas y ciudades,
sin exceptuar esta que es la capital de la provincia. Los que concurren
son indios, mestizos, mulatos, negros, y zambos, y otras gentes
de la inferior clase. Todos se congregan de montón, sin orden,
ni separación de sexos, mezclados los hombres con las mujeres.
Unos tocan, otros bailan, y todos cantan versos lascivos, haciendo
indecentes movimientos con sus cuerpos. En los intermedios no cesan
de beber aguardiente y otras bebidas fuertes, que llaman guarapo,
y chicha, y duran estas funciones hasta cerca del amanecer. Ya se
dejan considerar las proporciones que traen para el pecado la oscuridad
de la noche, la continuación de las bebidas, lo licencioso
del paraje, la mixturación de los sexos, y la agitación
de los cuerpos, de todo lo cual han de resultar las fatalísimas
consecuencias, que pueden inferirse. Y de aquí dimana que
embriagados los unos, entorpecidos los otros, y cansados y rendidos
del sueño todos, o no vayan a la misa en la mañana
siguiente (que es lo más ordinario) o no puedan oírla
con la competente devoción. Ningún medio de cuantos
me he valido, ha sido bastante para contener estos daños".
La
mentalidad ilustrada conservaba, con relación a la cultura
popular, muchos elementos barrocos. Uno de ellos, muy importante,
era que convenía en la reunión de todos los estamentos
sociales, pero separadamente. Unidos, pero organizados. Ésta
parecería ser la clave del ordenamiento social de la Ilustración
y la República respecto a los festejos populares. El general
Joaquín Posada Gutiérrez, atento en sus Memorias
a los hechos políticos y militares, sin olvidar lo del "pueblo",
recordó así las fiestas en los años posteriores
a la Independencia. Una fiesta muy formal, pero que, aun así,
permitía la mezcla social y racial:
"Una
gran sala de baile se llenaba todas las noches, alternativamente,
sin invitación nominal. Era sabido y conocido lo siguiente:
Baile primero: de señoras, esto es de blancas puras, llamadas
blancas de Castilla. Baile segundo: de pardas en las que se comprendían
las mezclas acaneladas de las razas primitivas. Baile tercero: de
negras libres. Pero se entiende que eran los hombres y las mujeres
de las respectivas clases, que ocupaban cierta posición social
relativa, y que podían vestirse bien, los que concurrían
al baile... Los blancos, que monopolizaban el título de caballeros,
como las blancas el de señoras, tenían por la costumbre
el privilegio de bailar en los tres bailes; los pardos en el de
su clase y en el de las negras; los negros sólo en el de
éstas".
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