|
El primer brote de protesta ocurrió en Cali el 20 de febrero de 1743.
Los criollos partidarios del alférez Nicolás de Caicedo irrumpieron en
el recinto del cabildo a los gritos de "abajo los perros chapetones",
arrancaron de las paredes los autos de los jueces e insultaron a los
alcaldes pidiendo sus cabezas, e intentando derribar con barras las
puertas de la residencia del alcalde ordinario Gaspar de Soto y
Zorrilla, principal objetivo del levantamiento. Sólo el toque a rebato
de las campanas de la iglesia parroquial y la salida en procesión del
Santísimo pudo aplacar la asonada que el partido caicedista, conformado
por los criollos y el pueblo, había adelantado contra el grupo dominante
de peninsulares, entre ellos el propio Soto y Zorrilla y don Matías
Domínguez Zamorano. A medida que el comercio caleño siguió floreciendo
en la segunda mitad del siglo XVIII, las distancias entre los dos
sectores predominantes se fueron haciendo más hondas.
En 1810, las aspiraciones de representación e independencia por parte de
los criollos cobrarían realidad. Cuando la gobernación de Popayán
solicitó de Cali el reconocimiento de las Cortes de Cádiz y de la Junta
de Regencia, el cabildo de la ciudad, por el contrario, se pronunció a
favor de la adhesión a Fernando VII y por la constitución de una junta
de gobierno local que administrara a su nombre. Un mes más tarde, José
Miguel Pey, vicepresidente de la Junta de Santafé, escribía a los del
Valle: "Cali tendrá el honor de decir a la posteridad que se anticipó a
manifestarlos (sus deseos de unidad con Santafé) y correr los riesgos a
que la exponía su declaración..."
Bajo la orientación de la Junta Suprema de Santafé, de la cual hacía
parte el caleño Ignacio de Herrera y Vergara, las ciudades del Valle se
abstuvieron de enviar delegados a la Junta que en Popayán, capital de
toda la provincia caucana, intentaba constituir a favor de la Regencia
el despótico gobernador Miguel Tacón y Rosique. En noviembre de 1810, el
prócer Joaquín de Caicedo y Cuero propuso al franciscano fray José
Joaquín de Escobar como conciliador, pero el gobernador Tacón no lo
recibió, y tampoco atendió los intentos de mediación del cabildo de Buga.
La guerra "civil" se hacía inevitable. El jueves lo. de febrero de 1811,
en la sala consistorial del cabildo de Cali, "viendo el peligro que
amenaza a las ciudades amigas y confederadas, las diferentes
disposiciones hostiles que toma el señor gobernador de Popayán (...) que
no conociendo las justas miras de estos pueblos y la necesidad de su
independencia, la de librarse del yugo francés y conservarle estos
dominios a nuestro legítimo soberano (...) acordaron de común
consentimiento y de su libre y espontánea voluntad, formalizar un
consejo con el título de Junta Provisional de Gobierno de las Ciudades
Amigas del Valle del Cauca".
Firmaron el acta Joaquín de Caicedo y Cuero por Cali, Joaquín Fernández
de Soto por Buga, José María Cuero y Caicedo por Anserma, Ignacio Mateus
Polanco y fray José Joaquín Meléndez por Cartago, y fray José Joaquín
Escobar por la ciudad de Toro, entre otros. El cabildo de Caloto adhirió
a la Confederación el 21 de febrero y eligió como su diputado en Cali al
sacerdote Juan María Céspedes. Como presidente fue designado Antonio
Baraya, enviado por Santafé a hacerle frente a Tacón. Las siete ciudades
confederadas ejercieron gobierno, solicitaron contribuciones y se
prepararon para la guerra. Obtendrían el triunfo con Baraya en la
batalla del Bajo Palacé, el 28 de marzo de 1811, que hizo que Tacón se
retirara a Pasto y que la Junta de Cali se trasladara a Popayán
presidida por Joaquín Caicedo y José María Cabal.
|