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EDICION
176
AGOSTO DE 2004
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EL CANAPÉ REPUBLICANO
Y LA GENERACIÓN DEL CENTENARIO
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Tomado
de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 176
Agosto de 2004
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La última hoja del árbol republicano. Caricatura de Rendón en La
República. 1922. Biblioteca Luis Angel Arango
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El Partido Republicano, que ni fue partido, ni fue republicano, no tuvo
otra trascendencia, nada más y nada menos, que la de haber servido de plataforma a la
Generación del Centenario
La
Junta Republicana
Después
del 13 de marzo de 1909, y una vez que el presidente Rafael Reyes convocó elecciones para
el Congreso, un grupo de más de quinientos ciudadanos de los antiguos partidos
liberal, conservador y nacional escribió el 26 de marzo siguiente a los doctores
Nicolás Esguerra y Carmelo Arango, y al expresidente, general Guillermo Quintero
Calderón para encomendarles la formación de un Centro encargado de dirigir los trabajos
electorales para el próximo Congreso. Los doctores Esguerra y Arango, y el general
Quintero Calderón, aceptaron el encargo y formaron una junta que decidieron llamar
Republicana, y cuya misión era la preparar los trabajos electorales previos de la
elección de senadores y representantes; pero los miembros de la junta republicana fueran
más allá y plantearon la Unión Republicana, como un movimiento muy estrecho entre
los que ayer no más teníamos apellido político diverso y luchábamos, a veces con
insensatez y hasta el extremo de las contiendas armadas. El republicanismo venía a
ser como una depuración de los pecados que habían hundido en el desprestigio a los
partidos políticos tradicionales.
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La Junta Republicana en su circular pide
que, quienes se consideren republicanos, actúen con el mayor respeto hacia las
autoridades, observen la legalidad y contribuyan al mantenimiento del orden. El Presidente
Rafael Reyes se dirigió el 3 de abril a la Junta Republicana para felicitarla
efusivamente por su notable y patriótica Circular sobre elecciones
prueba de que
las prácticas de la República democrática, cristiana y ordenada, cuya base esencial es
el voto popular, son el fundamento de la vida nacional. La junta Republicana
respondió al Presidente, el mismo día, que la felicitación de su Excelencia es
motivo de legítimo orgullo y que afianzar la concordia nacional, uno de los
más salientes puntos del programa del Gobierno de Su Excelencia, será corolario obligado
de las libres elecciones.
La junta republicana quedó constituida por Guillermo Quintero Calderón, presidente;
Nicolás Esguerra, vicepresidente; Carmelo Arango, vocal; Adolfo León Gómez y Daniel J.
Reyes, secretarios.
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Adolfo León Gómez
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La Concordia agresiva
Sin embargo, el movimiento
republicano no atrajo a sectores importantes del liberalismo y del conservatismo, partidos
que comenzaron su reorganización. Los conservadores, dirigidos por Marco Fidel Suárez
bajo la denominación de Concentración Conservadora, y los liberales, agrupados por
Rafael Uribe Uribe en lo que se conoció como el Bloque Liberal.
La concordia de que habla la Junta Republicana en su respuesta al Presidente Rafael Reyes,
no pareció encontrar eco en las huestes republicanas, al menos no la concordia verbal. El
6 de abril los jóvenes liberales Juan J. Restrepo, Eduardo Rodríguez Piñeres y Santiago
Lleras enviaron una carta concebida en términos muy violentos contra el
dictador Reyes, contra los jefes de la concentración conservadora y contra Rafael
Uribe Uribe, a quienes acusan de maniobrar para quitarle piso al movimiento republicano.
Uribe Uribe les respondió en términos enérgicos, no descomedidos, y les dijo que sus
ideas todos los buenos caballeros, especialmente si se llaman liberales, acostumbran
combatirlas con razones, no con chismes vergonzantes, indignos de gentes que se
estimen.
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La Junta Republicana lanzó
el 8 de mayo la candidatura de Nicolás Esguerra al senado. Al aceptar, el doctor Esguerra
declaró que habría preferido candidaturas mixtas, a lo cual le replicaron los liberales
de Medellín, encabezados por Fidel Cano, que con el enemigo se puede andar juntos,
pero no revueltos. La división liberal entre liberales republicanos y liberales
uribistas, se hizo irreversible. La candidatura de Uribe Uribe al senado fue aclamada en
todo el país. En las elecciones pare Congreso, efectuadas el 1o. de junio, las listas
republicanas ganaron en Bogotá el 80% de los votos, pero las listas de Uribe Uribe
barrieron en Antioquia, en la Costa, y hubo equilibrio de votos entre republicanos,
liberales y conservadores en el resto del país.
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1909. Un panorama nacional. El Ciclón Bogotá. Primera policromía que se publica en la
prensa colombiana.
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Marco Fidel Suárez en 1945. Foto de Mirós.- Gil Blas. Biblioteca Nacional
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El Barranquillazo
Cuando se conoció la noticia
de que el Presidente Rafael Reyes había renunciado a su cargo, y asumido el Poder
Ejecutivo, el 14 de junio, el primer designado Jorge Holguín, el vicepresidente (que ya
había renunciado en 1905) Ramón González Valencia, reclamó sus derechos
constitucionales para reemplazar al presidente en sus ausencias temporales o definitivas.
Don Jorge Holguín rechazó las pretensiones del general González Valencia que
dejó de ser vicepresidente desde 1905 por su propia voluntad. Los partidarios de
González Valencia trataron de provocar una guerra civil para sacar del gobierno a Jorge
Holguín y colocar a su lugar a González Valencia. La asonada bélica tuvo lugar en
Barranquilla. Un movimiento revolucionario encabezado por el general Daniel Ortiz provocó
el 4 de julio un alzamiento al tomarse el cuartel de Barranquilla gracias a un acuerdo
secreto entre los comandantes del batallón Modelo y del medio batallón de Infantería
con los conservadores históricos, miembros de la Junta Republicana de Barranquilla.
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A continuación los
revolucionarios se apoderaron del vapor Hércules, de propiedad del Gobierno, y desde el
vapor La Alicia, surto en Sitionuevo, el general Ortiz conminó a Holguín a entregarle el
mando al general González Valencia o atenerse a las consecuencias, las cuales fueron que
liberales, republicanos y conservadores se unieron para respaldar al presidente Holguín y
rechazar la intentona subversiva de Barranquilla, dominada en seis días. Ramón González
Valencia juró que en ningún momento supo de las intenciones de los revolucionarios de
Barranquilla, hasta que los hechos se produjeron; pero insistió en que a él le
correspondía ejercer la Presidencia y no al usurpador Holguín.
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Barranquilla, Plaza de San Nicolás. 1913
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żEs o no es partido la Unión Republicana?
El golpe fracasado de
Barranquilla puso en jaque la Unión Republicana, que estuvo en un tris de disolverse.
Corrieron bolas por todo el país de que los conservadores republicanos se habían
separado de la Unión para integrarse a la concentración conservadora, y que a su turno
los liberales republicanos promovían un acercamiento con los bloquistas, lo que obligó a
Nicolás Esguerra a emplearse a fondo en una circular aclaratoria: No hay tal
deslealtad conservadora. Unión Republicana trabaja cámaras patrióticamente. No he
escrito carta ni documento alguno sobre unificación liberales. Limitome a aconsejarles
conservación orden público a todo trance. A todos recomiéndoles consolidación Unión
republicana. Los republicanos consolidaron su Unión en torno al general González
Valencia, cuya candidatura presentaron para completar el período presidencial de Rafael
Reyes, que concluiría el 7 de agosto de 1910. Ramón González Valencia, elegido por el
Congreso, tomó posesión de la presidencia a las dos de la tarde del 4 de agosto de 1909.
González Valencia arrancó con el apoyo de los republicanos, la neutralidad de la
concentración conservadora, y la oposición de los liberales. La luna de miel con los
republicanos no duró mucho. González Valencia prefería a sus viejos copartidarios
conservadores y pronto comenzó a notarse su afinidad con la concentración. Los liberales
republicanos y bloquistas que ocupaban cargos en el gobierno fueron despedidos y
reemplazados por conservadores concentristas, de modo que el terminar 1909 republicanos y
uribistas se encontraban unidos en la oposición y atacando las medidas dictatoriales de
Alta Policía, de represión a la oposición, y los proyectos para censurar la prensa no
afecta al Gobierno, que el general González Valencia quiso, sin éxito, convertir en
leyes. No encontró apoyo ni en los propios conservadores, que en el Congreso votaron en
contra y que se abstuvieron de hacer el menor esfuerzo en favor de la aspiración que
alentaba el general González Valencia de ser reelegido para el período 1910-1914, en lo
cual coincidieron con la tesis liberal, expuesta por Uribe Uribe, de que los
presidentes colombianos no se reeligen.
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General Ramón González Valencia
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Pedro Nel Ospina
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Miguel Abadía Méndez
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Antonio José Cadavid
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Carlos E. Restrepo
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Pedro Nel Ospina era uno de los miembros
más prominentes del conservatismo en la Unión Republicana. Había firmado y apoyado los
comunicados de la Junta Republicana y respaldaba las enmiendas constitucionales que en
nombre del republicanismo presentaron Antonio José Cadavid, Esteban Jaramillo, Miguel
Abadía Méndez y Carlos E. Restrepo, y fue electo representante por las listas
republicanas. En noviembre de 1909, el general Ospina pronunció en la Cámara un
discurso, desconcertante para sus compañeros republicanos, en el que dijo que la
unión republicana era una liga pasajera y artificial de intereses políticos, mera
coalición de circunstancias, sin vida propia y sin programa, que no era un partido
político, ni aspiraba a serlo, que era un simple acercamiento de voluntades, listas a
disgregarse de un día para otro, volviendo a sus antiguos campamentos para sacar a luz
las divisas que cubría el polvo y para llevar a los colombianos a la lucha encarnizada
por los principios que han formado el credo, el dogma, el sancta sanctorum de los antiguos
partidos. A ello respondió Enrique Olaya Herrera con un vibrante ataque a los
partidos tradicionales a los que acusó de todos los desastres que han abrumado a la
patria hasta reducirla a la triste situación actual, y agregó que si la Unión
Republicana era, como decía el general Ospina, una cosa transitoria y ligera, no valía
la pena haberse comprometido en ella; pero que para los hombres nuevos que iban a redimir
a Colombia, los republicanos, el compromiso era serio, y el republicanismo un movimiento
salvador que se abre paso contra todas las resistencias y acabará por ganar la
victoria. Hay hombres y partidos que quieren ahogarlo en su cuna. Hay otros que no tienen
de él clara visión. Ellos desconocen el momento histórico que les ha tocado
vivir.
Ospina le respondió a Olaya Herrera en una carta política, en la que puntualiza que los
acuerdos suscritos por los republicanos en ningún momento buscaron formar un partido sino
promover las reformas constitucionales que habían tomado cuerpo en el proyecto de los
distinguidos conservadores Miguel Abadía Méndez, Carlos E. Restrepo y
Antonio José Cadavid, avalados por ilustres Liberales como Nicolás Esguerra,
Benjamín Herrera y Lucas Caballero. Hasta ahí tenía razón el representante Ospina en
afirmar que la Unión Republicana no era un partido político.
El Partido Canapé
Los republicanos y el bloque liberal se trenzaron a principios de 1910 en
una polémica enconada sobre si debería convocarse una Asamblea Constituyente o someter
las reformas constitucionales al Congreso de la República. El Presidente González
Valencia quería la Asamblea convencido de que en ella le sería más fácil maniobrar
para ganar su reelección; los republicanos y los conservadores respaldaron la
convocatoria de la Asamblea porque esperaban que agilizaría los trámites de las reformas
constitucionales; y los liberales se opusieron a la Asamblea y defendieron la prevalencia
democrática del Congreso. El presidente González Valencia convocó la Asamblea
Constituyente, elegida con una fuerte mayoría republicano conservadora y una minoría
liberal. Las reformas constitucionales fueron aprobadas, se reversaron las conquistas
logradas por Reyes en la reforma de 1905 descentralización administrativa,
fortalecimiento de las regiones y de los municipios, el Distrito Capital de Bogotá
a cambio de las cuales se exhibió como los grandes logros la abolición de la pena de
muerte y la reducción del período presidencial de seis a cuatro años. La Asamblea
Constituyente cumplió los propósitos para los que fue convocada, menos uno: la
reelección del presidente González Valencia, que ni siquiera tomaron en consideración
los convencionistas. Los republicanos utilizaron su excelente capacidad de maniobra e
impusieron la candidatura del doctor Carlos E, Restrepo, elegido en julio para ejercer la
Presidencia de la República en el cuatrienio de 1910 a 1914.
Entonces los republicanos consideraron llegado el momento de constituirse en partido
político y en partido de gobierno. Confiaban en que el republicanismo se impondría en
Colombia por varias décadas, las suficientes para realizar el programa salvador con que
lo habían concebido en los días siguientes al 13 de marzo. Alfonso Villegas Restrepo
fundó El Tiempo como vocero del republicanismo y defensor acerado de los actos del
gobierno republicano que presidía Carlos E. Restrepo; mas, como lo previó el
representante Pedro Nel Ospina, el republicanismo no era un partido, ni tenía otros votos
que los contados que podían poner sus inteligentes, aunque reducidos miembros, tan
reducidos que en un momento dado el periodista Luis del Corral aseguró que el Partido
Republicano cabía entero en un canapé.
Al culminar el Gobierno de Carlos E. Restrepo, los republicanos propusieron la candidatura
del doctor Nicolás Esguerra, derrotada por abrumadora mayoría frente a la del
conservador José Vicente Concha uno de los fundadores de la Unión
Republicana que tuvo el apoyo decisivo de los liberales de Uribe Uribe. En adelante
el partido republicano se convirtió en un fantasma del que nadie se espantaba y en 1921
desapareció del panorama, cuando su penúltimo paladín, Eduardo Santos, director
propietario de El Tiempo, proclamó su retorno a las filas del liberalismo. En el canapé
republicano permaneció solitario Alfonso Villegas Restrepo.
Carlos E. Restrepo presidió un gobierno republicano que debe ser recordado por la
honradez acrisolada de quienes participaron en él, y realizaron una administración
progresista que trabajó con el mayor empeño por el bienestar y la prosperidad del país
y consolidó la libertad de expresión y el respeto a los derechos y garantías de los
ciudadanos; pero el mayor mérito del republicanismo fue el de haberle servido de cuna
política a la generación más importante que tuvo el siglo XX colombiano: la Generación
del Centenario. ESM
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Origen de la Junta Republicana
Bogotá, 26 de marzo de
1909
Señor doctor Nicolás
Esguerra, General Guillermo Quintero Calderón, y doctor Carmelo Arango.
Los infrascritos,
ciudadanos colombianos, miembros de los diversos partidos, deseosos de conservar an todo
trance la paz y la concordia en la Nación mediante el establecimiento de sus
instituciones republicanas, hemos acordado nombrar a ustedes para que formen el centro
encargado de dirigir los trabajos eleccionarios del próximo congreso; de recabar del
Gobierno las medidas indispensables para que el derecho del sufragio sea efectivo, y de
hacer todo lo que juzguen conveniente, en la difícil situación actual, por el bien y la
integridad de la patria.
Al dar, como damos a ustedes, plenos poderes para aquellos altos fines, y al ofrecerles
nuestro decidido apoyo, no dudamos que, visto su probado patriotismo, aceptarán aquel
difícil cargo.
De ustedes muy atentos seguros servidores y compatriotas,
José Vicente Concha, Adolfo León Gómez, Luis Rubio Sáiz, Juan B. Quintero, Miguel
Abadía Méndez, José A. Llorente, Daniel J. Reyes, Ricardo Jaramillo, Luis Suárez
Castillo, Santiago Lleras, Gabriel Díaz Guerra, Lisandro Leyva Pereira, Emilio Ruíz
Barreto, Aníbal Currea, Benjamín Martínez R., Rafael Ortiz Baraya, Luis Soto L., Luis
Morales Berti, José Benito Gaitán, Antonio Izquierdo, Ramón Vanegas Mora, Angel María
Céspedes, Pompilio Beltrán, Alfredo Gómez Jaime, José Ignacio Escobar, Eladio C.
Gutiérrez, César Sánchez Núñez, Amadeo Abello, Carlos Esguerra. (Siguen poco más de
600 firmas).
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Nicolás Esguerra
Guillermo Quintero C.
Carmelo Arango
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Pro
y contra del Republicanismo
La extraña
hibridación bautizada con el pomposo y obligante nombre de Unión republicana, ha sido y
continúa siendo un elemento pernicioso en nuestra política, ya por el desconcierto que
mantiene entre los partidos tradicionales, de programas conocidos y de indiscutibles
servicios al país, ya por la crasa ineptitud que exhibe en la gestión de las negocios
públicos, ya, en fin, por la perseverante inconsecuencia entre sus ofertas y sus actos.
Encontró la unión rentas organizadas y las ha reducido casi a cero; encontró al
corriente el servicio de la tesorería, y hoy a nadie se le paga puntualmente, y el
informe del Ministro del tesoro es un pavoroso grito de Ħsálvese quien
pueda!, es una confesión paladina de que los republicanos resultan incapaces para
la Administración nacional. Censuró los empréstitos del quinquenio y en ocho meses de
gobierno no ha hecho otra cosa que tomar dineros prestados y comprometer en esas
operaciones hasta rentas nunca antes por nadie hipotecadas, como las de los
Consulados. (Benjamín Palacio Uribe, en Gil Blas, julio de 1910)
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Nos haríamos
interminables si quisiéramos detallar toda la obra de la Administración Restrepo, su
interés por las Intendencias y Comisarías, la prolongación y mejora de los telégrafos,
los esfuerzos para perseguir el contrabando, mil cosas más que el público conoce y cuyos
efectos benéficos se hacen sentir todos los días. Ella realizó una magna obra moral de
incalculable trascendencia, dio a las libertades públicas cimientos perdurables, y a la
paz un glorioso carácter libre y republicano, y llevó a cabo obras nacionales de la más
grande importancia.
Vivió difícilmente; el Congreso, las Asambleas, los grandes partidos tradicionales la
combatieron tenazmente y estorbaron su obra en cuanto pudieron; lo que hizo fue a despecho
de sus innumerables enemigos; pero ni ellos, ni nadie, podrán negar ya que esta
administración honrada, republicana, inspirada en el más alto patriotismo, ha sido
fuente de grandes bienes para Colombia y pasará a la historia como la mejor que hayamos
tenido en cuarenta años (Eduardo Santos, en El Tiempo, agosto de 1914)
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