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Rafael Arredondo
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¿Un cacique liberal de
transición?
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Jorge Orlando Melo
González
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Historiador,
Universidades de North Carolina y Oxford
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Director de la
Biblioteca Luis Angel Arango y
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Jefe de Bibliotecas
del Banco de la República.
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Rafael Gerardo Arredondo
Velilla
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En las elecciones municipales de
Antioquia, el 4 de octubre de 1931, el partido liberal logró igualar la votación
conservadora y resultó triunfador por amplio margen en Medellín y su área de
influencia. Uno de los artífices del triunfo fue Rafael Arredondo V., quien se
convertiría en los años siquientes en uno de los principales dirigentes del liberalismo
antioqueño, y cuyo Plan de organización liberal municipal, editado unos años
más tarde, es una buena muestra del esfuerzo por establecer una maquinaria electoral y
partidista eficiente.
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Ya entonces Arredondo había logrado
crear una buena red de amigos a través de sus gestiones como diputado a la Asamblea
Departamental, que le había permitido superar su origen en un pueblo marginal, Ebéjico,
y convertirse en importante dirigente liberal de Antioquia. En la elección de Enrique
Olaya Herrera demostró sus calidades de organizador, y fue jefe de debate del liberalismo
en las elecciones siguientes. Combinó una gran capacidad de organización y manipulación
electoral con un lenguaje popular e izquierdista, que no le impedía las transacciones
políticas. Estos rasgos resultan evidentes en esa especie de manual de cacique urbano y
del clientelismo que es el Plan de organización, y que se inspiró en las ideas de
Rafael Uribe Uribe y en algunos esfuerzos anteriores de organización política.
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Casa Liberal de Medellín,
organizada entre las bases populares por Rafael Arredondo y publicada en su libro «Plan
de organización liberal municipal» a mediados de la década de los años treinta.
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BLAA, Bogotá
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Arredondo establecía en
todos los barrios de Medellín juntas y comités que debían hacer un censo de los
votantes liberales y conservadores de la ciudad, manzana por manzana; crear directivas en
cada zona, compuestas por un capitán, un inspector y un secretario tesorero; conformar
grupos de abogados para hacer reclamos electorales, de ingenieros para demarcar las zonas
de la ciudad y hacer los gráficos de la organización, etc.
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Un elemento curioso, y que muestra
cierta supervivencia de una visión militar de la política, es la denominación de
"batallón" que reciben los electores de cada barrio, los que, enarbolando la
bandera roja, deben salir a las 7 a.m. de los días de elecciones a reunirse con otros
batallones para organizar la asistencia a los lugares de sufragio. Para evitar posibles
fraudes y determinar quiénes no cumplieron con su deber liberal, en cada mesa un
comisionado entrega la papeleta a cada elector, hace un registro de sufragantes y recoge
la cédula del votante --que entonces era sellada por los jurados--, cédulas que se
reúnen en la dirección de debate para compararlas con el censo de cada zona y determinar
quiénes no votaron, para solicitar "las explicaciones del caso". Un censo de
todos los liberales con empleos públicos servía para controlar los ingresos financieros
del sistema, basados sobre todo en las cuotas a que éstos quedaban obligados.
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Organigrama de la Casa
Liberal de la Carrera Bolivar de Medellín.
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«Plan de organización
liberal municipal»
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Entre los servicios que se daban a
los militantes estaba la atención médica gratuita a los liberales pobres, prestada por
médicos voluntarios, el ofrecimiento de cursos para el mejoramiento laboral y la
formación política y gremial --se abrirían escuelas nocturnas y de artes y oficios-- y
el esfuerzo para ejercer "toda influencia para obtener becas en los colegios para
estudiantes pobres".
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Sobre la base de sus éxitos, Arredondo
consolidó un poder importante regional, basado en sus redes clientelistas (su grupo fue
conocido abiertamente como el de los manzanillos), en la capacidad de movilizar apoyo para
el gobierno nacional (tuvo casi siempre el respaldo de Alfonso López Pumarejo y en sus
dos gobiernos fue alcalde de Medellín, un puesto usualmente reservado para
"blancos" locales) y en el enfrentamiento con los notables liberales, con las
gentes del Club Unión, que le daba un aura popular e ideológicamente radical a su
sector. Y mantuvo ese poder entre 1930 y 1946, mientras el gobierno fue liberl, pues para
un cacique nada es más extenuante y debilitador que la oposición.
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Rafael Arredondo.
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Foto de Melitón
Rodríguez, ca. 1930
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Rafael Arredondo nos parece hoy un clara
ejemplo del "cacique" y de los vicios de "caciquismo": dedica sus
mejores energías a la organización electoral, y desde el momento en que se convierte en
un elector importante, la distribución de favores y empleos es parte central de su
actividad. Pero al mismo tiempo es un hijo de los nuevos tiempos y del sufragio universal:
al establecerse éste en 1910, había que encontrar mecanismos para que sectores de la
población que antes no tenían derecho a participar en las elecciones porque no sabían
leer y escribir o porque no llenaban los minimos de propiedad e ingreso requeridos, se
convirtieran en ciudadanos. Por eso Arredondo aparece al mismo tiempo como un eficiente
manzanillo, como un hábil negociador político que, con lo que llamaba los
"inteligenciamientos" y "aglutinamientos", lograba el consenso para
mantener unido al liberalismo o buscar alianzas temporales con los conservadores, como un
exitoso gestor del apoyo del gobierno nacional a la administración local, y como un
promotor de la participación política de obreros, artesanos, mujeres y negros. Su libro
reconoce, con agradecidas fotografías, el apoyo de dirigentes de barrio cuyas fachas poco
concuerdan con la visión tradicional de quienes tenían derecho a hacer política en
Medellín.
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Esta ampliación de la
participación adquirió caracteres diferentes en las diversas regiones del país, y el
mundo rural y el mundo urbano respondieron en forma muy distinta a ella. En las ciudades,
los años veintes y treintas vieron la generalización de manifestaciones y los discursos
públicos, que producían entusiasmos genuinos entre liberales y conservadores y que se
fueron haciendo quizás más importantes que los banquetes y cabalgadas de las décadas
anteriores. Y como lo muestra el libro de Arredondo, se advertía que era necesario un
aparato leal al partido, si se quería movilizar, no unos cuantos centenares de votos,
sino varios miles de ellos.
En cuanto proceso de desarrollo de un
aparato partidista más sólido y como mecanismo para ampliar la participación política
--y en la medida en que el complejo de comités y organizaciones con dirigentes elegidos
localmente era un ejercicio político--, la acción de hombres como Rafael Arredondo
representaba un esfuerzo por hacer más democrática la sociedad colombiana. Y en la
medida en que, como respuesta a las condiciones locales de cultura política y a la
estructura social, apelaba a mecanismos de lealtad personalizados y a intercambios de
favores individuales, desarrollaba y daba nueva vida al caciquismo tan criticado por los
intelectuales progresistas.
Lecturas adicionales
ARNICHES, CARLOS: Los caciques.
Barcelona: Meucci, s.f.
ARREDONDO, RAFAEL: Plan de
organización liberal municipal. Medellín: Tipografía Olimpia, s.f.
DEAS, MALCOLM: "Algunas notas sobre
la historia del caciquismo en Colombia". En: Del Poder y la Gramática y otros
ensayos sobre historia, política y literatura colombiana. Bogotá: Tercer Mundo,
1993.
MELO, JORGE ORLANDO: "La política
de 1904 a 1946". En: Historia de Antioquia. Medellín: Suramericana, 1988.
OSORIO, LUIS ENRIQUE: El doctor
Manzanillo. (Bogotá: Ediciones La Idea, 1943) y Manzanillo en el poder (en: El
Teatro, Nº 1, 1944).
SAMPER, JOSE MARIA: "El triunvirato
parroquial". En: Museo de cuadros de costumbres, Vol. I. Bogotá: Banco
Popular, 1973.
VARELA ORTEGA, JOSE: Los amigos
políticos, partidos, elecciones y caciquismo de la Restauración (1875-1900). Madrid:
Alianza, 1977.
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