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Román Gómez
Gómez
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Un cacique conservador antioqueño
«Aquí todo lo hace y deshace, lo planea
y lo fabrica el señor Román Gómez a quien hay que darle lo que solicite, lo que pida...
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LAUREANO GOMEZ
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Luis Fernando Molina
Londoño
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Historiador,
Universidad Nacional de Colombia, Medellín.
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Investigador, Programa
Historia Empresarial,
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Comfenalco -
Antioquia.
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Román Gómez.
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«El hombre de
Marinilla»
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Román Gómez es el cacique
o jefe partidista popular más destacado de Antioquia en la primera mitad del siglo XX.
Siguiendo muchas de las consignas políticas decimonónicas defendidas por los
conservadores históricos, fundó dentro del partido conservador, en los albores de su
larga hegemonía, un movimiento político propio conocido como romanismo.
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Abraham Moreno.
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Colección J.J. Herrera
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Biblioteca Luis angel
Arango, Bogotá.
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Gómez nació en Marinilla
en 1879. Fue un autodidacta, aunque estudió en el Seminario de Medellín y en el Colegio
de San Ignacio, de los jesuítas, donde se graduó de bachiller en filosofía y letras. De
allí pasó muy joven a trabajar en la finca y salinas de Las Cruces, que pertenecían a
unos parientes. Con 18 años de edad se metió a la política, presionado por amigos y
copartidarios que reconocían su don de gentes y su liderazgo entre los campesinos de
Marinilla, El Santuario, Granada y Cocorná. Sus primeros pasos los dio como concejal de
su pueblo, a nombre de la corriente que manejaban el excandidato presidencial envigadeño
Marceliano Vélez y el otro célebre cacique marinillo Abraham Moreno.
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Cuatro grandes sucesos se destacan
en su larga y agitada carrera política: su elección en 1909 como delegado por Marinilla
a la Convención Nacional Constituyente de 1910, la consolidación paulatina del romanismo
como fuerza electoral del orden regional y nacional, el decisivo aporte que hizo su
electorado al triunfo de Pedro Nel Ospina en su camino a la Presidencia de la República y
su apoyo al gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera a partir de 1930, que provocó una
de las más profundas divisiones en la historia del conservatismo.
La plataforma política de Gómez estaba
sustentada en una gran clientela electoral conseguida y mantenida por medio de favores,
"palancas" y "roscas"; una leal y copiosa burocracia --conformada por
parientes, paisanos y amigos cercanos-- colocada estratégicamente en todos los niveles
jerárquicos de la administración pública y, finalmente, una simple pero efectiva
doctrina descentralista que sustentaba el fortalecimiento fiscal de las localidades,
mediante una equitativa distribución de los recursos departamentales y nacionales entre
los pequeños municipios del país, para invertirlos prioritariamente en educación,
escuelas y carreteras.
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«La oposición
ultramontana»
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Caricatura sobre la
reforma electoral propuesta por Román Gómez.
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«Fantoches», noviembre 7
de 1931.
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«En la gran bollada»
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El directorio conservador
se retracta de la censura a Román Gómez Leal.
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«Fantoches», marzo 28 de
1931
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Su activa labor en la
Asamblea de Antioquia y en el Congreso de la República siempre fue fiel a este principio
descentralista, fundamento del romanismo. El éxito también pendía de su sagacidad,
prudencia verbal, generosidad, espíritu de servicio y paternalismo en el trato y
comunicación con pueblerinos y campesinos de las aldeas con mayorías conservadoras, a
las que visitaba asiduamente. Gracias a su prodigosa memoria podía saludar con su
respectivo nombre o apodo a miles de sus seguidores en todos los pueblos. Frente a este
recurso de don Román, que seducía poderosamente a sus seguidores, nada pudo la elocuente
y detractora oratoria antirromanista de Laureano Gómez, quien fue su principal opositor
político dentro y fuera del Congreso.
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Después de varios períodos en la
Asamblea de Antioquia (1914, 1920, 1922, 1924, 1926, 1928, 1930, 1934, 1936), de la cual
fue diez veces presidente, frecuentó el Congreso Nacional en calidad de senador y
representante --llegando a ser presidente del Senado en cinco ocasiones-- gracias a un
amplio apoyo de los pequeños municipios. En 1932 fue segundo designado a la Presidencia
durante la administración Olaya Herrera, presidente del Consejo de Estado y miembro de la
Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Rehusó todos los cargos que le ofrecieron
varios mandatarios: Concha, la gobernación de Antioquia; Suárez, el Ministerio del
Tesoro y nuevamente la gobernación; Ospina, la secretaría general de la Presidencia y
los ministerios de Obras Públicas, Gobierno y Hacienda; y Olaya Herrera, nuevamente el de
Gobierno.
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«Comisión de
enlazadores». Miguel Abadía Méndez y congresistas conservadores intentan hacer regresar
a Ramón Gónmez a las filas del partido.
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«Fantoches», agosto 1 de
1931. BLAA, Bogotá.
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El romanismo fue gestado en las toldas
del partido conservador donde Román Gómez logró organizar a casi todos los municipios
del oriente antioqueño, hasta formar un fuerte bloque que se mantuvo incluso en medio de
la crisis que vivió el partido con el triunfo de Olaya en 1930. Basta citar que en las
elecciones de 1922, votaron en Granada 1.496 conservadores y 5 liberales. El capital
electoral de don Román en Marinilla, San Luis, Santuario y San Vicente representaba el
95% de los votos depositados entre 1922 y 1940. Con frecuencia se le acusaba de ser el
mayor traficante del partido conservador. No estaba de acuerdo con la dependencia fiscal
de las tesorerías municipales en cuanto a las transferencias de las rentas
departamentales. Propuso insistentemente en la Asamblea que cada municipio antioqueño
fuera propietario de sus propias fábricas de licores para, de esta manera, asegurar unos
ingresos permanentes.
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Don Román se ve como uno de los
símbolos del ascenso de Antioquia en el contexto político nacional, marcado no sólo por
su liderazgo en la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente de 1910 --propuesta
por las principales líderes políticos desde 1904 para reformar la Constitución de 1886
y aliviar la crisis provocada por la dictadura del general Rafael Reyes--, y por su
importancia creciente en la dirección política y económica de la nación. Finalmente,
la bancada antioqueña en la Constituyente fue la gran ganadora, al lograr la elección
del conservador republicano Carlos E. Restrepo como presidente de la República
(1910-1914). Vendrían luego las administraciones de Marco Fidel Suárez (1918-1921) y
Pedro Nel Ospina (1922-1926), y el manejo de las finanzas de la nación al "estilo
antioqueño" y por antioqueños (Esteban Jaramillo, Jesús María Marulanda,
Francisco de Paula Pérez, Mariano Ospina Pérez, etc.) por cerca de veinte años a partir
del gobierno de Carlosé.
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«En la gallera
política»
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Pedro José Berrío y
Román Gómez
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enfrentados en el
Congreso.
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«Fantoches», julio 18 de
1931.
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En los años diez y veinte, Don Román,
como líder del conservatismo, navegó sobre la política colombiana hasta llegar a la
orilla sin naufragios graves, con muchos de sus proyectos hechos realidad y, por supuesto,
con muchos enemigos. El conservatismo antioqueño, particularmente, estaba acaudillado por
Román Gómez, Carlos Vásquez Latorre y Pedro José Berrío; su poder lo centralizaban en
la Asamblea Departamental los dos primeros y en la gobernación, el tercero. El éxito del
líder marinillo fue mal visto por el notablato conservador, especialmente el de
Medellín, comandado por Vásquez Latorre, que veía a Gómez como un advenedizo cuya
condición y origen no le daban derecho a ocupar los cuadros principales de la
colectividad; también se le opuso el varias veces gobernador de Antioquia, Ricardo
Jiménez Jaramillo, quien paradójicamente consiguió con don Román buena parte de sus
triunfos políticos. Berrío y Jiménez se empecinaron en sacar a todos los romanistas de
la administración departamental, incluyendo a su hermano Eugenio Gómez, superintendente
del Ferrocarril de Antioquia --en su momento un puesto quiza más importante que el de
gobernador--, hecho que provocó una aguda división del conservatismo antioqueño.
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La principal obra en que se
comprometió con todo su electorado del oriente antioqueño fue el Tranvía de Oriente
que, partiendo del barrio Manrique en Medellín, llegaría hasta su natal Marinilla, y de
allí a todos los municipios fundadores de la sociedad constructora de la vía: La Ceja,
El Santuario, San Carlos, Cocorná, El Peñol, Granada, El Carmen, Guarne y San Vicente,
por cuya unión Gómez luchó largamente para lograr, que aportaran recursos al tranvía.
Para lograrlo consiguió la aprobación de la ley 66 de 1923, por medio de la cual el
gobierno nacional y departamental debían auxiliar con un 70% de su costo, cualquier
proyecto férreo que se construyera en un municipio colombiano. Por medio de una
financiación belga contratada en 1924, el tranvía llegó a Marinilla en 1927, pero la
pendiente excesiva de la línea y los problemas técnicos a lo largo de los 50 kilómetros
de tendido, lo fueron debilitando hasta su parálisis total. El trazado sirvió, sin
embargo, para construir después la "autopista" Medellín-Bogotá.
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«El nuevo reglamento de
la escuela
conservadora» (Román Gómez arrodillado)
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Caricatura de Mar en «El
Bateo», de Medellín
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«En el banco de los
acusados.»
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Don Román y sus
compañeros mártires.
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«Fantoches»,agosto 29 de
1931.
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Gómez se fue ganando, como en
Antioquia, toda la antipatía de las altas jerarquías centrales del conservatismo por su
posición populachera y clientelista. Su apoyo decidido al presidente y a los pocos
congresistas liberales triunfantes en 1930 (la abrumadora mayoría era conservadora) se
interpretaba como una forma de legitimar una dictadura administrativa del ejecutivo a
cambio de nuevos puestos y de la protección a toda la burocracia romanista instalada en
el gobierno. Sus opositores no veían en el pacto los fines altruistas de buscar una
"salida para librar a la nación del caos y de una guerra civil"; tampoco para
evitar el sectarismo partidista, el irrespeto al clero, a la Iglesia y al Concordato de
1887. Los ataque fueron confirmados cuando Olaya lo nombró como designado a la
Presidencia. El "Gran pacto de solidaridad patriótica" colaboracionista de
1931, sellado con los liberales antioqueños y llamado Unión Patriótica Nacional fue, en
sus contenidos, precursor del Frente Nacional firmado en 1957 por Laureano Gómez y
Alberto Lleras Camargo. Mientras los conservadores se desgastaban en sus peleas internas y
haciendo una oposición radical a Olaya, el romanismo fue el gran beneficiado durante la
hegemonía liberal, aunque en las filas conservadoras el "gran pacto" le
granjeó el título de traidor, de paria y de hombre en quien el partido no podía
confiar.
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No obstante los insistentes ataques a su
nepotismo, maquinaria clientelista y burocrática, manejo sectarista de los recursos
públicos para los pueblos donde estaba su electorado y para beneficio propio y de su
familia, don Román murió en Bogotá en 1951, aparentemente muy pobre.
Lecturas recomendadas
DUQUE GOMEZ, LUIS. Román Gómez:
municipalismo y concordia nacional. Bogotá: Cámara de Representantes, 1985.
GIRALDO, JUAN B. Román Gómez,
Centenario 1879-1979, Medellín, 1979.
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