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Juan Evangelista
Conde
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Un gamonal caucano
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"El pueblo está
conmigo y él llena mis deseos"
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Alonso Valencia Llano
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Licenciado en
Historia, Universidad del Valle
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Maestría en Historia
Andina, Facultad Latinoamericana de
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Ciencias Sociales,
FLACSO, Quito.
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Profesor Titular,
Departamento de Historia, Universidad del Valle
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Colombia expulsa a los
miembros del «sapismo»: Jacobo Sánchez, Manuel Murillo Toro, el Sapo Gómez y Nicolás
Esguerra.
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Caricatura de Rafael
Urdaneta, ca. 1880.
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Biblioteca Nacional,
Bogotá.
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Juan Evangelista Conde, un
liberal radical de Palmira, dominó la vida política de esta ciudad caucana durante la
década del setenta del siglo pasado: era de Chalará, Estado de Santander; llegó al
Cauca durante la guerra de 1860 como sargento mayor en el ejército de Tomás Cipriano de
Mosquera y en 1868 presidió la Sociedad Democrática de Palmira. Su vida política se
hizo notoria el 1° de enero de 1870, cuando a la cabeza de un numeroso grupo de
palmiranos atacó al general Manuel María Victoria, durante una asamblea de la logia
masónica Luz de Palmira. Esta notoriedad se incrementó en 1872 cuando, siendo jefe
municipal, se vio envuelto en el secuestro de una joven que después apareció viviendo en
su casa con la complicidad de otras autoridades.
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Tuvo un merecido reconocimiento como
gamonal por su capacidad de discutir las decisiones de los políticos caucanos, en
contravía de los acontecimientos que se estaban desarrollando. En efecto, 1872 fue un
año de profundas transformaciones políticas: Mosquera, al regresar de su exilio en el
Perú, había sido elevado a la condición de presidente del Estado, lo que produjo la
división de los liberales entre radicales y mosqueristas; éstos, siendo mayoritarios, se
dedicaron a excluir del poder a sus contrarios, quienes no representaban intereses propios
de los caucanos, sino los de la oligarquía radical bogotana. Conde era consciente de
estos cambios, pero también lo era de su poder y de su capacidad de perturbación. Por
eso inició acciones que obligaron al envío de tropas a Palmira en apoyo del jefe
político Cerbeleón Núñez. La forma en que solicitó que el presidente Mosquera
destituyera al jefe local muestra claramente el conocimiento arrogante que tenía de su
poder: "Si es que os falta valor para destituirlo o tenéis entre ceja y ceja una de
esas combinaciones políticas que vuestro elástico intelecto ha venido
desarrollando..."
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Tenía una gran capacidad
para convocar a las masas populares, como lo pudo demostrar el 6 febrero de 1873, cuando
Aníbal Vásquez, un mosquerista, entró a Palmira acompañado de veinte hombres con el
fin de asesinarlo. Conde marchó de inmediato a la cercana población del Bolo, donde
rápidamente reunió 300 hombres con los que hizo huir a sus enemigos. Ellos no estaban
únicamente del lado liberal, pues no menos aguerrida fue la oposición que le hicieron
los conservadores en 1875, cuando luchaban contra la educación laica que los liberales
implementaban. En Palmira eran liderados por el padre Pedro Holguín --calificado por
Conde de "monigote" y de "cura corrompido y altanero"--, quien el 5 de
abril, durante la celebración de los comicios electorales, aconsejó a sus feligreses en
el púlpito "que no votaran por liberales, porque eran excomulgados y el diablo
cargaría con ellos", palabras que provocaron gritos sectarios como "viva la
religión", "viva la Iglesia", "viva el cura y el obispo" y
"mueran los herejes impíos, masones, protestantes, anticatólicos", y
condujeron a un atentado contra el gamonal perpetrado por unos cien hombres. Conde logró
desarmar a sus atacantes, para lo que contó con el apoyo de sus seguidores, quienes
gritaban: "!Bueno, bueno! ˇdonde muera don Juan, allí moriremos! ˇViva el amigo
del pueblo!, ˇLa cuestión no es religiosa!!" Esto le permitió acuñar una frase
que habla a las claras de su gamonalismo: "Para mí no hay constituciones ni leyes,
sino únicamente el pueblo [...] El pueblo está conmigo y él llena mis deseos".
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El apoyo popular lo señaló como el
único liberal con capacidad para frenar el avance conservador en Palmira y como el
candidato para desempeñar el cargo de jefe político. Esto produjo la unión de los
liberales independientes y los conservadores, con el fin de impedir su nombramiento. Para
el efecto, el 18 de abril se reunieron en la plaza más de 400 hombres bajo el grito
"ˇViva la religión! ˇViva el cura!" y cometieron atentados contra algunos
liberales radicales. Para preservar su vida, Conde se hizo fuerte en su propia casa:
"Me limité por algunos días a defenderme en mi casa, a cuyo efecto dormía en mi
domicilio un número suficiente de boleños y amaimeños".
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żA qué se debían estos
intentos de asesinato? Los de los conservadores se pueden entender en la coyuntura de
1875; los de los liberales independientes eran explicados por Conde en carta escrita a
Mosquera: "...Nada más que porque no acepté de candidato, ni trabajé por los que
quisieron imponerme, como si yo fuera máquina eleccionaria que puede moverla cualquier
estúpido que lo tenga a bien y se le ocurra buscarme de peldaño. No, señor General,
trabajo y trabajaré siempre por quien se me antoje y crea capaz de ocupar ciertos puestos
en la política liberal y militante del país".
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En el caso de sus propios candidatos, la
opinión de Juan Evangelista Conde fue decisiva: "...Son liberales recalcitrantes,
entusiastas sostenedores de los principios republicanos democráticos e incapaces de cejar
ante el mayor de los conflictos. Por eso trabajamos por ellos y el pueblo de Palmira
depositó toda su confianza". No sobra mencionar que entre sus métodos electorales
estaba el de hacer votar a niños de doce años con cédulas de conocidos personajes que
habían sido alejados de las urnas; ante la denuncia del fraude, respondió que lo había
hecho para que los niños "vayan aprendiendo".
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En la correspondencia que mantuvo con
Mosquera se puede ver cómo construyó y mantuvo su influjo sobre las masas liberales en
un municipio que no era el suyo: "Es necesario que sepan mis copartidarios que a mí
no me dirige el interés [...] Todo en bien del pueblo; nací de él y todas mis acciones
tienden a su bienestar: los habitantes del Bolo son testigos de lo que he hecho en bien de
esa importantísima sección, ya construyendo puentes sobre el río, ya abriendo trochas o
banqueando caminos, ya canalizando zanjones, ya dando tierras para labranza (a los
liberales incongruos). Todo, todo de mi bolsillo y sin ser autoridad, ni tener
parte en el erario público".
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En 1876 el poder de don
Juan Evangelista era incuestionable. Nombrado jefe municipal durante el gobierno de César
Conto, se dedicó a prepararse para la guerra, con la oposición de los liberales
independientes, quienes lo enfrentaban desde el periódico El Telégrafo, en el que
señalaban que "el gamonal platudo y el gamonal bandido son odiados, pero se les
teme". Este enfrentamiento cesó con la guerra que llevó a que los liberales
radicales e independientes se unieran para enfrentar la reacción conservadora.
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Contrario a lo que pudiera esperarse por
la situación de guerra, Conde no realizó un gobierno sectario frente a los
conservadores, sino que les dio todas las garantías del caso. Rafael Reyes, quien visitó
Palmira con el objeto de buscar garantías políticas y personales, relata así su
encuentro: "... Fuimos a la casa de Conde [...] Este me respondió que el responsable
del odio que se nos tenía a mi hermano y a mí era el señor N..., el que también era
enemigo suyo, y que si yo quería, con los mismos negros que estaban preparados para
atacarnos a nosotros, podíamos hacerle dar una paliza, lo que yo no acepté [...] Conde
me ofreció garantías".
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Los contemporáneos recuerdan su gobierno
como uno de los más progresistas que tuvo Palmira, pues a pesar de la guerra fundó
escuelas, construyó la casa municipal y la cárcel, abrió nuevas calles, construyó
puentes y mantuvo inalterado el orden público; debido a esto, luego del triunfo liberal,
su poder se consolidó sin mayores contradicciones.
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Sus actos se desarrollaron en calma hasta
1882, cuando la consolidación del liberalismo independiente señalaba el ocaso del
radicalismo. En esta coyuntura, volvió a sus andadas para tratar de ganar las elecciones
que se realizaron en el mes de noviembre; para ello invadió Palmira con una partida de
gente armada y se apoderó de la mesa de calificación, pretendiendo hacer expedir
cédulas a sus acompañantes. En esta ocasión pronunció unas palabras que no dejan
ninguna duda de que deseaba ganar las elecciones: "Si para triunfar es necesario
degollar, estamos dispuestos a degollar", sustentado en que "no hay más ley que
la voluntad del pueblo y de su fuerza".
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Esta acción coincidió con
levantamientos en otros lugares del Cauca. La gravedad de la situación se hizo evidente
porque Conde contaba con unos 230 hombres, fuera de los que concurrían de noche a prestar
sus servicios en forma voluntaria. Para resolver la situación, se organizó una
conferencia en la cercana población de Amaime entre los jefes municipales de Palmira y
Buga y en presencia de "testigos honorables", de Juan Evangelista Conde y de
Braulio Arana; se concluyó que se debían deponer las armas sin que ninguno de los
insurgentes fuera castigado.
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No se sabe que ocurrió con Juan
Evangelista Conde a partir de este momento. Es de presumir que la derrota definitiva del
radicalismo luego de la aventura revolucionaria de 1885 lo condujeron a retirarse del
ámbito político, de la ciudad de Palmira y de sus prácticas gamonales, y que se haya
dedicado a la administración y manejo de su hacienda en el cercano pueblo de El Cerrito.
BIBLIOGRAFÍA
Archivo Central del Cauca. Fondo
Mosquera, varias signaturas.
El Telégrafo, Palmira, varios
números, 1875.
La Juventud Católica , Cali,
varios números, 1872.
RAFFO, TULIO. Palmira histórica.
Cali: Biblioteca de Autores Vallecaucanos, 1956.
REYES, RAFAEL. Memorias. 1850-1885.
Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1986.
VALENCIA LL., ALONSO. de la República,
1988.Estado Soberano del Cauca. Federalismo y Regeneración. Bogotá: Banco
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