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Territorio
Muisca. Ana María Falchetti y Clemencia Plazas,
"El territorio de los muiscas a la llegada de los españoles".
Uniandes. 1973.
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Los muiscas habitaron el altiplano que
abarca parte de los actuales departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Santander. A la
llegada de los españoles, en 1537, el territorio estaba dividido en dos grandes unidades
políticas: el zipazgo y el zacazgo, que tenían bajo su control a varios señoríos de
importancia, como por ejemplo Guatavita, sujeto al zipa, y Turmequé, al zaque. Había
además algunos territorios independientes, entre ellos los poblados situados en la
región de Vélez, cuyas autoridades no estaban subordinadas ni al zipa de Bogotá, ni al
zaque de Tunja, y centros religiosos importantes, como Iraca, que mantenía una posición
de gran autonomía. La información recogida por los cronistas sobre estas poblaciones
fue, en general, mucho más abundante que la conocida sobre otros grupos que habitaban el
actual territorio colombiano. Esto ha permitido saber de la existencia de por lo menos
tres generaciones de gobernantes y, además, obtener algunos detalles sobre héroes
míticos como Bochica. Sin embargo, conviene anotar que los cronistas proporcionaron mas
información sobre los zipas que sobre los zaques, posiblemente porque se identificaron
más con las acciones guerreras de los primeros, que con un manejo donde la política y la
conciliación tenían una función más importante, como parece ser el caso de los zaques
tunjanos.
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Bochica.
Detalle del mural "Teogonía de los dioses chibchas"
de Luis Alberto Acuña, 1957. Hotel Tequendama, Bogotá
NEMQUETEBA, BOCHICA, ZUHE
En los relatos
recogidos por los españoles sobre la historia de los muiscas antes de la invasión
europea, la figura de Bochica -también conocido como Nemqueteba o Zuhé- adquirió
perfiles míticos. Según algunas versiones, se trataba sólo de un extranjero que llegó
por el camino de los Llanos Orientales, según otras, se trataba de personas distintas que
llegaron en tiempos diferentes. La mujer que trajo consigo este extranjero también
recibió distintos nombres: Chía, Yubecayguaya y Huytháca. En la narración, mientras
que los hombres prestaron grandes beneficios a los muiscas, las mujeres de éstos habrían
hecho lo contrario. Huytháca o Chía hizo que el río Funza se saliera de cauce e
inundara la sabana, obligando a los pobladores a vivir en las partes más altas hasta la
llegada de Bochica. Este formó el salto del Tequendama, por donde salieron las aguas
represadas. Bochica murió en Sogamoso, a donde se había retirado, y dejó al cacique de
aquella provincia como su heredero en la actividad religiosa.
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Sugamuxi.
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CACICAZGO DE IRACA
En la sociedad muisca
este cacicazgo revestía una importancia especial por constituirse en el centro religioso
de mayor importancia, derivada de la decisión de Bochica de heredar sus poderes en el
cacique de iraca y en sus sucesores. Uno de estos caciques se preocupó por las continuas
guerras que había en el territorio muisca, debido a los enfrentamientos entre los
diferentes cacicazgos. Como en su calidad de autoridad religiosa no le estaba permitido el
uso de las armas, logró un acuerdo con los diferentes dirigentes muiscas para elegir un
jefe supremo que los gobernase a todos, con lo cual se logró la unidad del territorio
muisca bajo el mando de Hunzahúa, a quien denominaron zaque. Entre los caciques de Iraca
figuró Idacanzas, nombre que significa luz grande de la tierra. Este cacique tenía un
gran conocimiento de la naturaleza, lo que le permitía predecir las tempestades, los
tiempos de calma, el invierno, las heladas y otros fenómenos naturales, así como curar
enfermedades. Debidoa la veracidad de sus predicciones, era ampliamente consultado por los
indios y por los caciques y señores del reino, hasta el punto de que los zipas le
tributaban para contar con sus favores. Estos conocimientos quedaron en posesión de los
caciques que lo sucedieron en Iraca.
Poco antes de la
llegada de los españoles se habían presentado enfrentamientos por el derecho a este
cacicazgo, que no se adquiría por sucesión, sino por elección, la cual correspondía
llevar a cabo a los caciques de Gámeza, Busbanzá, Pesca y Toca. EI elegido debía
pertenecer alternativamente a Tobaza y a Firavitoba y en los casos en que hubiera
desacuerdo, se debía recurrir a Tundama para dirimirlo. Luego de este conflicto de
sucesión, fue elegido cacique Nompanim, nombre que significa "vasija de león",
perteneciente a Tobazá.
Durante el
enfrentamiento entre el zipa Nemequene y el zaque Quemuenchatocha, apoyó a este último
con más de doce mil guerreros dirigidos por el mismo. Su sucesor fue Sugamuxi, que
significa "El Encubierto". Este último, al continuar las hostilidades entre el
zipa y el zaque, luego de la muerte de Nemequene, decidió que debía actuar en favor de
la paz. Se negó a entregarle tropas al zaque y medió entre los dos dirigentes, logrando
una tregua de veinte lunas (alrededor de dos años), mediante un acuerdo que establecía
que el zaque debía dar cierta cantidad de oro al zipa. A la llegada de los españoles,
esta tregua estaba cumpliéndose y Sugamuxi, quien se hallaba en posesión del cacicazgo,
fue bautizado con el nombre de Don Alonso.
Bajo el dominio
español, la importancia de este cacicazgo entró rápidamente en decadencia. Don Felipe,
quien ocupaba el cargo cuando el arzobispo Luis Zapata de Cárdenas hizo su visita en
1578, a pesar de haber sido bautizado en el catolicismo, se quejaba de que sus súbditos
ya no le tenían miedo, no obstante su poder para hacer caer sobre ellos diversas
calamidades, según declararon varios testigos.
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HUNZAHÚA
Hunzahúa, nombre del
cual se deriva Hunza o Tunja, obtuvo el mando sobre todo el territorio muisca, gracias al
acuerdo al que llegaron los diferentes caciques, bajo los auspicios del cacique de Iraca.
El y sus sucesores ejercieron el control sobre las tierras que van desde el Chicamocha
hasta los Sutagaos, y desde las vertientes de los llanos de San Juan hasta las fronteras
de los panchos y los muzos, con toda la tierra de Vélez. La unidad instaurada bajo su
mandato permitió unificar el idioma y la religión de los muiscas, y sólo fue rota en
tiempos de Michua por el zipa Saguanmachica, a raíz de las diferencias que tuvo con el
cacique de Guatavita.
SAGUANMACHICA (1470-1490)
Fue un zipa o gran
señor de Bacatá (Bogotá), que quiere decir remate de la labranza. Su antecesor le dejó
el reino rico y con buen número de guerreros. Sobre estas bases, buscó extender su
dominio hacia regiones que no significaran una ruptura de los términos de paz pactados
con otros caciques colindantes. Se dirigió contra los panches, acérrimos enemigos de los
muiscas. Con más de treinta mil guerreros se encaminó a Fusagasugá, donde trabó
batalla con el cacique de este nombre, en los llanos que corren hasta el río Subia.
Saguanmachica resultó vencedor y capturó a Uzatama, uno de los caciques más poderosos y
general de las tropas de Fusagasugá. Este último, aconsejado por el cacique Tibacuy,
aceptó el señorío de Saguanmachica, con lo cual obtuvo la restitución de su Estado. La
victoria de Saguanmachica llevó al cacique Guatavita a romper la paz con él, pero la
resistencia del zipa le obligó a pedir ayuda al zaque Michua. El apoyo de este último
fue débil y, en el último momento, decidió no enfrentar al ejército del zipa, formado
por alrededor de cuarenta mil hombres. Por este motivo, las tropas de Saguanmachica se
dirigieron contra el cacique de Ubaque, tratando de tomar por sorpresa al zaque, y
vengarse, además, de Ubaque, quien traicionó al zipa al invadir Pasca y Usme y aliarse
con el zaque de Tunja. Entre tanto, los panchos habían atacado las fronteras de Zipacón
y Tena y el cacique de Guatavita, las de Chía y Cajicá. Saguanmachica tuvo que hacer
frente a estos dos enemigos en una guerra que se prolongó durante diez y seis años.
Concluida ésta, el zaque Michua decidió hacerle frente al zipa y, en las cercanías de
Chocontá, se encontraron los cincuenta mil hombres del zipa y los sesenta mil del zaque,
en un enfrentamiento que se prolongó por tres horas y en el cual, aunque triunfaron los
bogotanos, murieron el zipa y el zaque.
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NEMEQUENE (1490-1514)
Nemequene, que quiere
decir "hueso de león", heredó de Saguanmachica el zipazgo de Bogotá. Luego
del duro enfrentamiento con el zaque, en tiempos de su antecesor, las condiciones no se
prestaban para continuar la guerra con el señor de Tunja, a pesar de los deseos del nuevo
mandatario. Sobre este punto los uzaques. "caballeros más nobles del reino",
conceptuaron que se debía disciplinar a los guerreros en las fronteras de los panches,
para recuperar los territorios rebelados. Este objetivo se logró mediante la designación
de Tisquesusa, sobrino y heredero de Nemequene, como general de un ejército de más de
cuarenta mil hombres que derrotó a Fusagasugá. En general, durante el gobierno de este
mandatario se expandió el territorio del zipazgo mediante la sujeción definitiva del
cacicazgo de Guatavita, cuyo cacique fue muerto, y el sometimiento de los cacicazgos de
Ubaque, Ubaté, Susa y Fúquene. Pero además de las acciones guerreras, durante el
gobierno de Nemequene se promulgaron una serie de disposiciones que castigaban el
homicidio, el hurto y otros delitos y que limitaban los privilegios de los señores y
caciques. La vigencia de algunas de estas normas en los territorios controlados por el
zipazgo se mantuvo incluso después de la conquista española. A finales del gobierno de
Nemequene tuvo lugar una nueva confrontación con el zaque tunjano, en el curso de la cual
murió el zipa y fue sucedido por Tisquesusa.
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MICHUA
(1470-1490)
Fue zaque de Tunja
cuando Saguanmachica ocupaba el zipazgo. Guatavita le pidió auxilio al romper la paz con
Saguanmachica. Para defenderlo, Michua envió a un heraldo con el fin de que el zipa se
presentara en su corte y respondiera las quejas de Guatavita. Saguanmachica menospreció
su autoridad y maltrató a su enviado. Ante esto, Michua se dirigió con un ejército de
cuarenta mil hombres a los territorios del zipa. Sin embargo, al enterarse de la fortaleza
militar de este, se abstuvo de iniciar hostilidades. Tal actitud le permitió al zipa
dirigir sus tropas contra el Ubaque, aliado del zaque, y defenderse de los ataques de
Guatavita y de los panches. Sin embargo, diez y seis años después se reiniciaron las
hostilidades entre el zaque tunjano y el zipa de Bacatá. Aproximadamente en 1490 los
ejércitos de ambos mandatarios se enfrentaron en Chocontá, y aunque las tropas del
Bacatá obtuvieron la victoria, ambos dirigentes murieron en la contienda.
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QUEMUENCHATOCHA (1490-1538 ca.)
Cuando tenía diez y
ocho años, sucedió a Michua en el zacazgo. Luego del enfrentamiento entre su antecesor y
el zipa Saguanmachica, en el que ambos mandatarios murieron, se suspendieron las
hostilidades entre los dos reinos; sin embargo, poco antes de Finalizar el gobierno del
zipa Nemequene, alrededor de 1514, Quemuenchatocha se enteró de que este proyectaba
atacarlo nuevamente. Buscó, entonces, el apoyo de los caciques de Gámeza, Sogamoso,
Duitama y Sáchica, a quienes índico el peligro que corrían debido a los proyectos
expansionistas del zipa. Cuando los ejércitos de ambos bandos estaban próximos a
enfrentarse, Quemuenchatocha le propuso a Nemequene que, para evitar el derramamiento de
sangre, ambos lucharan cuerpo a cuerpo y el que fuera vencido reconociera la victoria del
contrario. La iniciativa no fue acogida y en la batalla Nemequene resultó gravemente
herido, por lo cual sus tropas se retiraron. A la muerte del zipa, su sucesor Tisquesusa
continuó las hostilidades contra el zaque, quien no contó en esta oportunidad con el
apoyo del Iraca, que prefirió servir de intermediario entre los dos mandatarios, para
acordar una tregua cuyos términos estaban por cumplirse a la llegada de los españoles.
Al enterarse de que los
europeos merodeaban por sus tierras, Quemuenchatocha no se movió de su cercado, ni
adelantó actos de agresión contra los invasores. Prohibió bajo graves penas que se les
indicara el camino a su cercado y cuando se enteró de que se aproximaban, les envió
regalos y emisarios de paz, buscando detenerlos mientras guardaba sus tesoros y se ponía
a salvo. La estrategia no surtió efecto. El 2 de agosto de 1537 los españoles lograron
tomarlo preso y saquearon su población. Descrito por Juan de Castellanos como varón
anciano, de gruesa y espantable corpulencia, sagaz, astuto y cruel, Quemuenchatocha fue
llevado hasta Suesca, con la esperanza de que revelara el sitio donde había ocultado
parte de sus tesoros. Debido al trato afrentoso dado al zaque por los españoles, durante
su ausencia se designó como heredero suyo a su sobrino Aquiminzaque. Quemuenchatocha se
retiró entonces a Ramiquirí, donde al poco tiempo murió.
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AQUIMINZAQUE (1537-1540 ca.)
Fue sobrino de
Quemuenchatocha y asumió el zacazgo cuando su tío fue llevado a Suesca como prisionero.
El nuevo zaque no se mostró belicoso frente a los españoles, e incluso se convirtió al
catolicismo. Sin embargo, las continuas y numerosas exigencias que hacían los españoles
a los indígenas generaron gran inconformidad, razón por la cual varios señores muiscas
trataron de rebelarse. La conspiración fue descubierta y Hernán Pérez de Quesada, en un
acto público que tuvo lugar en Tunja, apresó a Aquiminzaque y a otros señores
principales y los hizo decapitar. Su muerte marcó el fin de la dinastía de los zaques
tunjanos.
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TISQUESUSA (1514-1538)
Este mandatario era
sobrino de Nemequene, a quien sucedió en el zipazgo. Había sido cacique de Chía y
dirigió los enfrentamientos del zipa con los panchos, al comienzo del gobierno de su
antecesor. Estuvo a cargo del gobierno mientras el zipa dirigió la guerra contra el zaque
Quemuenchatocha, en la cual murió. Al igual que su tío, mantuvo como general de su
ejército a su hermano Saquezazipa, quien continuó las agresiones contra Tunja, mientras
se llevaban a cabo las ceremonias de sucesión en el zipazgo. Concluidas éstas, el zipa
Tisquesusa, con acuerdo de los uzaques, decidió continuar la guerra contra el zaque,
luego de que sus guerreros, al mando de Saquezazipa, sometieron al Ubaque, que se había
rebelado. El zipa y su hermano se dirigieron con más de cuarenta mil hombres contra el
zaque Quemuenchatocha, quien, aunque también contaba con un poderoso ejército, se
hallaba debilitado por las guerras pasadas. En esta oportunidad, el zaque no recibió el
apoyo del iraca Sugamuxi, quien decidió trabajar en favor de la paz, interponiéndose
entre los dos ejércitos. Su mediación logró una tregua que estaba por finalizar a la
llegada de los españoles al altiplano.
Popón, un famoso
mohán del pueblo de Ubaque, le había pronosticado al zipa que moriría "nadando en
su propia sangre", que le habrían de sacar unos extranjeros que vendrían a su
reino. Este presagio le hizo mirar con temor la proximidad de los españoles y evitar su
contacto, Cuando se enteró del avance español por su territorio, envió espías a
Suesca, para que le informasen sobre los extranjeros, sus armas, prevenciones de guerra,
número de soldados y con cuántos podría expulsarlos de su tierra. Mientras los espías
estaban en Suesca, tuvo lugar la muerte de un caballo, lo que les permitió darse cuenta
de que caballo y caballero no formaban una unidad, como hasta el momento habían creído.
Con base en la información de los espías, Tisquesusa abandonó su corte de Bogotá, y en
sus andas de oro se dirigió a Nemocón. Esto motivó que los españoles fueran hacia ese
poblado. Durante el viaje, la retaguardia de Gonzalo Jiménez de Quesada fue atacada por
seiscientos guerreros de Bogotá, que fueron repelidos. Los informes obtenidos por el zipa
sobre la capacidad militar de los españoles y, en especial, sobre los desconocidos
"truenos" de los arcabuces, le indujeron a retirarse a su casa fuerte de
Cajicá, donde dijo a sus guerreros: "No hay resistencia, ni le hallo poder contra
estos hijos del Sol, porque como cosa del cielo tienen truenos y disparan rayos. Esta mi
casa fuerte, aunque llena de armas, no es suficiente defensa para gente tan poderosa.
Y sin detenerse,
volvió con toda prisa a su palacio de Bogotá".
Una vez allí, ordenó
la evacuación del poblado, de tal suerte que cuando los españoles llegaron en su
búsqueda, lo encontraron abandonado. Ante la imposibilidad de encontrar al zipa, los
españoles partieron nuevamente hacia el norte, y luego de someter al zaque retomaron a
buscar a Tisquesusa. Este se había retirado a la casa de monte, en las cercanías de
Facatativá. Los españoles, mediante la aplicación de tormentos o por la delación del
subazaque, quien se había ofendido por los castigos a los que lo sometió el zipa por
ayudar a los invasores, lograron establecer el sitio donde se había ocultado el zipa y lo
atacaron de noche. Para escapar de la emboscada, Tisquesusa salió por un postigo falso y
dos soldados españoles, sin saber de quién se trataba, le dieron una estocada y lo
dejaron ir después de quitarle la rica manta que llevaba. Así, herido, el cacique se fue
al monte donde murió, y sólo fue descubierto después por los indios debido a que vieron
sobrevolar a los gallinazos. El secreto de su muerte se mantuvo durante casi un año.
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SAGIPA
(1538-1539)
Asumió el mando luego
de la muerte de su hermano Tisquesusa, habiendo comandado durante su mandato las tropas
del zipazgo. Se mostró tan beligerante como su antecesor, y sus continuos ataques, si
bien no ocasionaron bajas en el ejército invasor, se constituyeron en un elemento de
sobresalto que impedía la total sujeción de los indígenas. El cacique de Chía, quien
se había aliado con los españoles, alegó que Sagipa había usurpado el mando, el cual
le correspondía a él, de acuerdo con las leyes de sucesión de los indígenas.
Finalmente Sagipa, al verse acorralado por los españoles, entabló conversaciones de paz
con Jiménez de Quesada y luego pidió y recibió su ayuda en la guerra que sostenían los
muiscas contra los panches. La expedición contra estos últimos tuvo éxito y la ocasión
fue aprovechada por los españoles para pedir a Sagipa el tesoro de Tisquesusa. El
dirigente alegó que el zipa lo había escondido, pero ante la insistencia, convino en
entregarlo llenando un bohío con oro. Al no cumplir con su promesa, fue encadenado y se
entabló un proceso formal en su contra. Sagipa fue sentenciado y sometido a varias
torturas, a consecuencia de las cuales murió en los primeros meses de 1539. Fue el
último zipa de Bogotá.
BAGANIQUE
Según algunos
cronistas, cuando los españoles recorrían las tierras del zaque de Tunja, los guías
indígenas evitaban llevarlos hacia donde se asentaban Sugamuxi, el cacique de Iraca, y el
zaque Quemuenchatocha. Sin embargo, cuando saqueaban el valle de Baganique Turquira, cerca
de Jenesano, su gobernante, quien se hallaba enemistado con el zaque por haber éste dado
muerte a su padre, se ofreció a mostrarles el camino a la sede del zacazgo. Se hizo
cortar el cabello y se vistió como otros indígenas que llevaban consigo los españoles y
les indicó no sólo el camino hacia Tunja, sino a Iraca. Posteriormente, durante los
enfrentamientos con el Duitama, los indígenas que luchaban junto a las huestes españolas
se colocaron coronas verdes en la cabeza, para ser diferenciados de los contrarios. A
pesar de ello, durante la lucha Baganique se colocó una corona de oro y plumas de uno de
los guerreros de las tropas del Tundama caído en la contienda, razón por la cual fue
muerto por los españoles.
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