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EDICION 160
ABRIL DE 2003
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JULIO
CESAR ARANA Y SIR ROGER CASEMENT.
DESTINOS CRUZADOS. El caucho, un comercio infame.
Por: ROBERTO PINEDA CAMACHO
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Tomado de:
Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 160
Abril de 2003
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El 2 de agosto 1916, en
la prisión de Pentonville, un día antes de morir ahorcado acusado de alta
traición por el Gobierno de Su Majestad el antiguo y admirado Sir Roger Casement
abrió un telegrama, presumiblemente enviado desde Francia.
N
o
debió sorprenderle, pero sí debió crearle algún sentimiento de rabia y quizás de
serena melancolía, a él, el gran investigador de los derechos de los pueblos oprimidos,
sometido inexorablemente al conteo regresivo de las horas y minutos antes de abandonar la
vida de forma involuntaria. El telegrama firmado por J.C. Arana lacónicamente le pedía,
como si fuese también la última oportunidad también para Arana, que se retractase de
los cargos, para lavar su nombre de las atrocidades del Putumayo.
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Julio Cesar
Arana.
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Tres años
antes, Casement había llegado al Parlamento británico, en Londres, lleno de documentos,
papeles y mercancías provenientes del Putumayo: estas últimas las había arrojado al
estrado de los jueces, como verdaderos objetos dignos del Museo del Comercio, como muestra
del " comercio infame". El mismo año, Arana había también pisado Londres,
entre la expectativa general de la opinión londinense, para enfrentarse ante el temible
jurado del Comité de la Cámara de los Comunes encargado de estudiar la responsabilidad
de la Peruvian Amazon Company y de su honorable cuerpo directivo. Ambos, el implacable
Casement y el también implacable gerente, enfilaron sus baterías. Aunque Arana aceptaba
los cargos, no se amilanó; e incluso la opinión pública y la prensa local comenzaron a
mostrar un extraño respeto por este empresario de la selva que no encajaba del todo en
sus estereotipos sobre los "salvajes" o bárbaros modales de los suramericanos,
y que les semejaba más bien un "presidente suramericano".
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Sir Roger Casement.
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Pero Arana y sus cuñados
saben que el negocio se encuentra en la plaza de Iquitos, sede de los principales casas
comerciales y caucheras del alto Amazonas. Hasta allí ascienden los grandes vapores
ingleses que engullen el caucho hasta Europa y los Estados Unidos. La operación no es
fácil: significa abrirse paso entre los patrones poderosos que dominan el alto Amazonas:
representa luchar contra los "Fitzcarraldo" que en parte controlaban ya las
selvas del Perú y Bolivia. Pero el momento es el oportuno; el caucho sigue ascendiendo de
precio. Los otros grandes imperios del alto Amazonas por ejemplo, la Casa de los
Hermanos Suárez estaban en proceso de consolidarse.
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Arana toma una crucial
decisión, porque necesita incrementar su capital comercial. Literalmente desaparece de
Iquitos, y se traslada para el Yavarí, río lleno de caucho, de peligros, de enfermedades
y también de "indios" que resisten la penetración cauchera. Es el destino del
cauchero, vivir o vencer los raudales, las enfermedades, la soledad de la selva y, según
su parecer, dominar o ser muerto por los indios. El Yavarí es la marca de fuego. Muchos
caen víctimas de la malaria y de la fiebre amarilla. Otros sucumben con sus cargamentos
de mercancías o de caucho.
Al cabo de tres año de intenso
trabajo, Arana regresa triunfante, pero también marcado por el beriberi que dejará en
él su huella ineluctable. Entones otea el horizonte, se hace a ciertas embarcaciones y
lanchas y comienza de nuevo a navegar por el Amazonas. En 1899 asciende por primera vez el
río Putumayo, donde halla numerosas barracas colombianas y miles de indios que viven en
malocas a lo largo de sus principales afluentes. Allí vislumbra lo que será su futuro
como barón del caucho: crear un verdadero "imperio" en el Putumayo que rivalice
con la Casa Suárez, con Fitzcarraldo, con Vaca Díez, entre otros siringalistas. A
diferencia de otras zonas, aquí abunda sobre todo la mano de obra.
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Vegetación Cauchera
W. Hardenburg. "El Putumayo, paraíso del diablo"
Londres,1912.
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A principios de siglo ya es un hombre relativamente rico: tiene numerosas
lanchas, controla el comercio, transporta el caucho, y ha creado ya en 1903 la
Casa Arana Hermanos en el Putumayo. Tiene una buena posición en la ciudad y es un hombre
respetado. Se le llama incluso el "Abel del Amazonas", para caracterizarlo.
En 1902, al otro lado
del mundo, Roger Casement, cónsul británico en el Congo Belga, escribe un inusual
memorándum al Foreign Office, denunciando las atrocidades cometidas en la extracción del
caucho bajo el control del rey Leopoldo de Bélgica, a quien la conferencia de Berlín de
1883-84 le había concedido este territorio casi como su propio dominio personal. Los
informes del cónsul eran graves y ponían en un dilema a la política exterior
británica. El mundo se había repartido entre las potencias en Berlín y cualquier otra
jugada en el ajedrez significaba un nuevo desequilibro en las colonias. Es más: los
alemanes podían aprovecharse de la situación e incrementar su presencia en Africa. La
tosudez en la denuncia de los hechos por parte del cónsul en el Congo parecía
inexorable, hasta el punto de que el propio embajador británico en Bruselas señalaba que
el "clima tropical había afectado el juicio" de su colega en Africa tropical.
¿Quién era este
hombre que se alzaba de forma tan decidida contra el colonialismo belga y cuya actitud
desafiante prefiguraba ya su lucha contra el colonialismo?. Había nacido en Kingstown,
Irlanda, en 1864, y desde 1895 se había enrolado en el servicio consular británico en
Africa, donde estaría hasta 1904. Luego, también prestaría sus servicios al Foreign
Office en Sur América, particularmente en el Brasil y en una misión al Putumayo
(1906-1913). Hijo de una admirador de Mazzini, el gran ideólogo y defensor del
nacionalismo italiano y europeo precursor de la idea de una Comunidad Europea,
Roger Casement participó como combatiente del contigente irlandés en la guerra de los
Boer, lo que le había merecido una medalla de honor. Sin embargo, en esta guerra se
despertarían sus sentimientos antiimperialistas, que lo conducirían más tarde a la
horca. "Yo empecé dirá más tarde con el sentimiento de hacer lo correcto,
pero después sentí vergüenza de ir contra esta gente. Tengo una medalla de la guerra de
los Boer, pero nunca la he exhibido".
Las razones de Estado
no convencían del todo a Casement, para quien la justicia y la libertad primaban sobre
los supuestos intereses de los imperios. Terminada su misión consular, Casement regresó
a Inglaterra y, a través E.D. Morel y otros publicistas, colocó la cuestión del Congo
en primer plano. Esto, sin duda, le generó problemas y resistencias, dificultades
económicas y grandes enemigos.
En 1910, Casement se
encuentra rumbo al Amazonas. Como cónsul británico en Río de Janeiro se le ha
encomendado la misión de estudiar los escándalos del Putumayo; se acusa a la Peruvian
Amazon Company, o Casa Arana, de haber creado otra especie de Congo, pero esta vez
británico, en la Amazonia. En el curso del ascenso por Amazonas, Casement, de incógnito,
dialoga con algunos de los pasajeros de su barco, entre ellos un prestante comerciante y
cauchero de Iquitos. La conversación registrada en su diario es iluminadora y
en cierta forma le revela la lógica de todo el sistema. Antes de pisar el Putumayo,
Casement capta la verdad de los hechos, los resortes esclavistas de la extracción
cauchera en el Putumayo y otras regiones del Amazonas.
En menos de cinco
años, Arana logró convertir su Casa Cauchera Peruana en una gran compañía
internacional, radicada en Londres. Había logrado el sueño de los grandes barones del
caucho y era un hombre respetable en el Perú y en el Amazonas. En 1904 envió a su
familia a estudiar y vivir en Europa. Su inmensa casa de Iquitos de diez cuartos quedó
prácticamente desahabitada, y él mismo tenía como residencia una modesta casa en
Manaos. Sus cuñados manejaban el negocio en Iquitos y había colocado gente de su entera
confianza en el Putumayo. Ocasionalmente visitaba la región, pero su preocupación mayor
era la negociación con Londres y el funcionamiento de su por entonces ya extensa flotilla
de barcos de vapor que hacía las rutas entre La Chorrera, El Encanto y la ciudad de
Iquitos. Tiene nexos con los senadores en Lima y acceso, incluso, al presidente. En
síntesis, era cauchero, comerciante, transportador y banquero. Guardaba una relativa
austeridad y cultivaba con acierto a las autoridades. Al Putumayo nadie podía entrar a no
ser en sus lanchas y pagaba incluso hasta los militares y los jueces de paz. Allí,
realmente, podía decir: "El Estado soy yo".
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Una mujer
indígena condenada a muerte por hambre
Fotografia en W. Hardenburg,1912
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Para ese año de 1913, los
años de "gloria" para la Compañía habían sin duda pasado. El caucho perdía
valor y la competencia del caucho de plantación asiático auguraba un futuro aún más
incierto. Arana intentó vender el Predio Putumayo, pero sus intentos fracasaron. Los
grandes barcos dejaron de visitar a Iquitos y las casas comerciales europeas migraron a
otros lugares. La primera Guerra Mundial absorvió la atención de los ciudadanos ingleses
y de otras partes del mundo, y el Putumayo quedó tan solo como antes, bajo la férula de
Arana, que no modificó sus métodos.
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Arana había nacido en
1884 en Rioja, un pueblo escondido en la selva cerca de Moyobamba. Era uno de los hijos de
Martín Arana, un hombre de clase media que honestamente solventaba la vida de su familia.
A los 14 años, Arana se encuentra ya negociando sombreros de Panamá entre Chachapoyas y
Cajamarca, y pocos años después, en 1881, empieza su verdadero aprendizaje de negocios
en el Amazonas, en cuyos ríos pululaban cientos de barracas y hombres que explotaban el
caucho. Como muchos jóvenes de su generación, vendían al "regatón" sombreros
y otras mercaderías entre los caucheros, penetrando por las selvas del oriente peruano;
ascendió los temibles ríos Yurúa, Purus y Yavarí, y recorrió el territorio del Acre,
abasteciendo a los siringalistas y aprovechando ciertos instersticios para hacerse al
preciado caucho.
Quiere ser cauchero,
como todos los hombres de su tiempo en el Amazonas; y sabe que para ello es necesario
contar con su propia barraca, con su propio capital. En el año 1888 Arana se casa con
Eleonora Zumaeta y ese mismo año funda un "puesto" (barraca) con su cuñado
Pablo Zumaeta en el río Yurimaguas. Como otros caucheros y futuros barones del caucho,
estableció su empresa sobre los lazos familiares, de los cuales esperaba lealtad y
compromiso, en la vida y en la muerte, en las ganancias y en las crisis. Es un hombre
distante, medido, calculador, austero, amigo de la lectura, amante de su mujer; es culto,
de buenos modales; se cierra ante los que abusan de su confianza, pero también es astuto
como un tigre, no le teme al río ni a los raudales y está dispuesto, por sobre todo, a
ser un empresario cauchero. Esa es su pasión; así concibe, por entonces, su destino.
En los años siguientes
lo vemos descendiendo el Amazonas hasta el nordeste brasilero, para enganchar trabajadores
de Ceará que explotasen las estradas de caucho que había adquirido en el río
Yurimaguas. Es un viaje "normal", de miles de kilómetros en barcos de vapor,
que incluso volverá a repetir, para traer familias campesinas que, acosadas por la
sequía, acogen cualquier destino que se les ofrezca.
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Barraca Ultimo
Retiro de la Casa Arana
sobre el alto río Ingaraparaná.
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El 8 de
abril de 1913 cuando Arana se enfrentó al Comité de la Cámara de los Comunes, obtiene
la concesión de declarar en castellano y la promesa de que podría revisar la versión
inglesa del testimonio, acotando las frases respectivas del documento en castellano. En
medio de un auditorio cuya lengua desconocía, trata de explicar lo que de todos modos era
un mundo ajeno y desconocido para sus acusadores. En vano trató de presentarse como un
"civilizador", algo que presumiblemente él mismo creía, y sostuvo para
justificarse que los indios del Putumayo eran como había resaltado de forma
pública también en el homenaje que se le hiciera el año anterior en Iquitos
"tribus salvajes" y "antropófagos". El resultado ante el Comité le
fue adverso y se procedió a la liquidación de la Compañía. Los miembros del Parlamento
no pudieron dejar de verlo como un nuevo Cortés o Pizarro, como un nuevo Conquistador del
Amazonas, con sus métodos e imaginarios.
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Indios
caucheros encadenados.
Fotografia en W. Hardenburg,1912
Por eso, esta
oportunidad de zaherir profundamente al Casement aprisionado, mas no acorralado, no podía
pasarla, aún a costa de evocar nuevamente los hechos del Putumayo. Casement había sido
capturado en una playa, cuando desembarcaba de un submarino alemán. Había al parecer
pactado con los alemanes la conformación de un contingente irlandés formado por
prisioneros de guerra de los alemanes, que desembarcaría en Irlanda para apoyar la lucha
nacional contra los británicos o, en su defecto, para apoyar la lucha de los
nacionalistas egipcios. El veterano investigador de las atrocidades coloniales, elevado
por sus servicios a la categoría de Sir en 1912, moría ahorcado el día 6 de agosto de
1912, a pesar de las peticiones de sus amigos y de prestantes intelectuales. En los años
subsiguientes, los servicios británicos falsificarían sus diarios del Putumayo,
destacando su condición homosexual. Traidor y homosexual eran, sin duda, dos
calificativos suficientemente fuertes para sepultar, aparentemente, su honra y estima.
Entre tanto, Arana
recompuso su empresa y, a finales del veinte, fue investido en dos ocasiones con el cargo
de senador por el departamento de Loreto en el Congreso en Lima, y uniría su firma a las
de algunos de sus principales acusadores y contraventores para protestar contra el Tratado
SalomónLozano (1924) que confería la banda norte del Putumayo a la República de
Colombia, y para acusar de alta traición al presidente Leguía.
Arana sobrevivió por
largos años a Casement. Nunca cambió su actitud frente al Putumayo, y a última hora,
cuando la ratificación del Tratado era inminente, jugó su última carta: el traslado
masivo de la población indígena al costado peruano. Hasta el final de sus días quizás
siguió creyéndose a sí mismo su propia historia, percibiéndose como un
"civilizador de tribus salvajes y antropófagas".
Quizás sea atrevido
decir que Arana era un hombre malo; malo era sin duda el sistema que atrapó a unos y
otros en una verdadera Vorágine y que dividió el campo entre victimarios y víctimas,
incluso en un momento más allá de las intenciones de los hombres.
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PRODUCCIÓN DE CAUCHO
ÁREA
PUTUMAYO
ARANA,
HERMANOS Y CÍA.
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AÑOS
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KILOS
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1900
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15.883
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1901
|
54.180
|
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1902
|
123.210
|
|
1903
|
201.858
|
|
1904
|
343.488
|
|
1905
|
470.692
|
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1906
|
844.897
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TOTAL
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1.853.897
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POBLACIONES INDÍGENAS
DEL
ÁREA UITOTO (1900)
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Etnia
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Población, Estimada
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Uitoto
|
30.000
|
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Miraña
|
15.000
|
|
Ocaina
|
2.000
|
|
Andoque
|
10.000
|
|
Nonuya Uitoto
|
1.000
|
|
Muinane de Sabana
|
10.000
|
|
Bora
|
3.000
|
|
Resigero
|
1.000
|
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