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MEDIO SIGLO DE
ACTUACIONES DE COLOMBIA EN LA OEA
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50 años de la Organización de Estados Americanos
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Alvaro
Tirado Mejía
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Doctor en Derecho y
Ciencias Políticas, Universidad de Antioquia.
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Doctor en Historia,
Universidad de París.
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Presidente, Comisión
Interamericana de Derechos Humanos.
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Al terminar la segunda
Guerra Mundial, los países vencedores se preocuparon por diseñar unas instituciones
internacionales que rigieran a un mundo nuevo. En el transcurso de un lustro, el mundo se
dotó de una serie de organizaciones internacionales, hasta el punto que puede decirse que
en el período se inició la época del multilateralismo. En julio de 1944, se llegó a un
acuerdo, en Bretton Woods, para la creación del Fondo Monetario Internacional. En ese
mismo mes, se creó el Banco Mundial. Entre febrero y marzo de 1945, se reunió en el
Castillo de Chapultepec la Conferencia que lleva su nombre, sobre Problemas de la Guerra y
la Paz. En ella, los países latinoamericanos acordaron una posición para que en las
Naciones Unidas se incluyeran las organizaciones regionales. Entre el 25 de abril y el 26
de junio del mismo año, tuvo lugar la Conferencia de San Francisco, en la que se aprobó
la Carta de las Naciones Unidas. En el ámbito regional, se creó, en Petrópolis, en
agosto de 1947, el Tratado de Asistencia Recíproca, TIAR. Al poco tiempo, este sirvió de
modelo a la OTAN, organización defensiva de los países del norte contra los soviéticos
y sus aliados. Y, al año siguiente, en abril de 1948, se constituyó la Organización de
Estados Americanos, OEA, en Bogotá
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Estas organizaciones han
pervivido por medio siglo y hasta época reciente su vida estuvo ligada a la
confrontación entre dos sistemas: el capitalismo, a cuya cabeza estaba Estados Unidos, y
el comunista, comandado por la Unión Soviética. Como era lógico, la OEA estuvo
condicionada por esa situación. Debido a la acción imperialista de los Estados Unidos en
Centroamérica y el Caribe, a principios del siglo, Latinoamérica era especialmente
sensible a esta situación y desarrolló el principio jurídico de la no intervención. De
otra parte, por razones de seguridad, tanto durante la segunda guerra como durante la
confrontación del mundo bipolar, los Estados Unidos necesitaban aliados en el Continente.
Así se llegó a un acuerdo implícito que está en la base del sistema interamericano:
los Estados Unidos no intervendrían y Latinoamérica sería su aliado. En palabras del ex
embajador norteamericano, Viron P. Vaky, "la substancia de la Carta y de los Tratados
que la acompañan representaba una negociación implícita: como contraprestación a la no
intervención norteamericana en sus asuntos internos, los países latinoamericanos
apoyarían a los Estados Unidos en lo internacional y aceptarían la responsabilidad
colectiva para la seguridad en el Hemisferio" (Viron P. Vaky y Heraldo Muñoz. The
Future of the Organization of American States. New York: The Twentieth Century Fun
Press, 1993).
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John Barnett director de
la Unión Panamericana, con miembros del Consejo Directivo y funcionarios de la Unión.
Fotografía de Harris Ewing, Washington, 1911.
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Participantes de la VI
Conferencia Interamericana, La Habana, 1928.
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Visita oficial del
presidente Carlos Lleras Restrepo a la OEA: Galo Plaza Lasso, secretario general, Carlos
Holguín, de Colombia, presidente del Consejo Permanente y Luis Alvarado, del Perú,
vicepresidente. Washington, junio de 1969.
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Es ese el contexto que
marcó a la OEA por cuarenta años. No obstante que la OEA es la única organización
multilateral que contempla la democracia representativa en su Carta constitutiva, lo
cierto es que durante gran parte de su existencia el mapa político de Latinoamérica se
pobló de dictadores. Durante los veinte primeros años de la OEA, se vivió el apogeo de
la guerra fría y esta se trasladó a nuestro Hemisferio. Fue la época de la
intervención en Guatemala, cuyo gobierno reformista se enfrentó a la United Fruit
Company. Este conflicto se trasladó a la OEA, en la Conferencia de Caracas, de 1954.
Allí, bajo los auspicios del dictador Pérez Jiménez, y en una conferencia en la que
más de la mitad de los delegados representaban dictaduras militares, el secretario de
Estado John Foster Dulles logró que se aprobara la célebre resolución anticomunista.
Cinco años después, el enfrentamiento era con la Cuba de Fidel Castro, cuyo gobierno fue
a la postre suspendido de la Organización. A partir de allí, volvieron en forma
esporádica las intervenciones norteamericanas en la región, las cuales habían
desaparecido desde los años treinta, a partir de la política del Buen Vecino
preconizada por Franklin D. Roosevelt. Tal fue el caso de la invasión a República
Dominicana en 1965, a Granada en 1983, o a Panamá en 1989.
Para Latinoamérica, los asuntos económicos y de
cooperación fueron siempre fundamentales, y pospuestos en la agenda con mucha frecuencia.
Sin embargo, en ciertos momentos de crisis, éstos tuvieron alguna importancia, como en el
caso de la Alianza para el Progreso, ideada por John F. Kennedy como una manera de mejorar
las relaciones de Estados Unidos con la región, en momentos en que surgía la revolución
cubana. Pero con la caída del Muro de Berlín, al desaparecer el sistema soviético,
terminó también la confrontación del mundo bipolar y la política internacional
comenzó a regirse por otros parámetros. Como es lógico, esta circunstancia ha tenido
una profunda incidencia en el Hemisferio, y por supuesto en la OEA. El concepto de
seguridad varió. Ya no se trata de prevenir una agresión extracontinental, sino de tener
en cuenta otros elementos que conspiran contra ella, tales como el narcotráfico, el
crimen organizado, el comercio internacional de armas, el lavado de dinero. Estos temas,
unidos a otros como los de democracia, derechos humanos, integración, crecimiento del
comercio, forman lo que se conoce como la nueva agenda. Por otra parte, tras las
tenebrosas dictaduras que azotaron al Continente en los años setenta y ochenta,
Latinoamérica ha venido a regirse por gobiernos civiles, producto de elecciones. En la
primera y la segunda Cumbre de Presidentes, celebradas en Panamá, en 1956, y en Punta del
Este, en 1967, más de la mitad de los gobernantes eran dictadores. Por el contrario,
durante la tercera, que fue la Cumbre de Miami, en 1994, todos los jefes de estado
representaban democracias.
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Fachada
posterior y jardines de la sede principal
de la organización de Estados Americanos en Washington
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Durante cincuenta años,
Colombia ha tenido una fuerte participación en los asuntos de la OEA. Desde 1936, el
presidente Alfonso López Pumarejo dio instrucciones a la delegación colombiana
participante en la Conferencia Panamericana de Buenos Aires para presentar una propuesta
de creación de una organización regional semejante a la que quedó plasmada en Bogotá
en 1948. Eduardo Santos, en sus conversaciones con el presidente Roosevelt, influyó
bastante en el temario de la conferencia de Chapultepec y para que se consagrara la no
intervención, no sólo de países extracontinentales sino también de los hemisféricos.
Colombia participó activamente en las Conferencias internacionales de la posguerra y en
la gestación de las instituciones internacionales que surgieron de ellas, por lo cual es
preciso mencionar a un grupo de diplomáticos que participaron en su elaboración y en el
diseño de la política exterior del país en ese período determinante: López Pumarejo
quien, como presidente, dio sus instrucciones para las Conferencias y quien, como
embajador en la ONU, presidió con brillo el Consejo de Seguridad. Alberto Lleras
presidió en Capultepec y en San Francisco la Comisión en que se discutió y consagró la
existencia de las Organizaciones Regionales en la Carta de la ONU. Luego, en la OEA,
participó activamente en la creación del TIAR y de la Carta de la OEA. Antonio Rocha
quien, desde el Consejo de la Unión Panamericana, fue uno de los artífices de la
propuesta de Carta Constitutiva de la OEA, y Carlos Lleras, quien participó especialmente
en las reuniones económicas. En suma, se dio toda una generación de colombianos que
actuaron en forma brillante en esas conferencias, como es el caso de Eduardo Zuleta Angel,
firmante de las Cartas de la ONU y de la OEA, Roberto Urdaneta Arbeláez, Jorge Soto del
Corral, Alberto González Fernández, Silvio Villegas, Luis López de Mesa, Augusto
Ramírez Moreno, Jesús María Yepes, José Joaquín Gori, entre otros.
En los inicios de los años sesenta,
Colombia jugó un papel central dentro de la OEA en acontecimientos relacionados con Cuba,
especialmente a través de los cancilleres Julio César Turbay Ayala y José Joaquín
Caicedo Castilla. Colombia también fue la "vitrina" de la Alianza Para el
Progreso y Carlos Sanz de Santamaría la presidió. Más tarde, el canciller Alfredo
Vázquez Carrizosa propuso el pluralismo dentro de la organización y durante el gobierno
de Alfonso López Michelsen se gestó, dentro de la OEA, la autorización para que los
países miembros pudieran tener relaciones con Cuba. Durante la invasión norteamericana a
República Dominicana, el gobierno del presidente Guillermo León Valencia propuso, a
través del embajador Alfredo Vázquez, la creación de la fuerza interamericana que
reemplazó la actuación individual de los marines norteamericanos, lo cual fue
visto por la opinión como una legalización de la ocupación. Durante el gobierno de
Belisario Betancur, la Carta de la Organización fue reformada en cuestiones esenciales,
mediante el Protocolo de Cartagena, de 1985. El canciller Julio Londoño Paredes jugó un
importante papel de mediación en la OEA, antes de que se produjera la invasión
norteamericana a Panamá, en 1989. Y Colombia ha sido el único país que ha tenido dos
secretarios generales de la OEA: Alberto Lleras y César Gaviria.
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César Gaviria Trujillo, secretario general de la OEA, durante
la firma de un acuerdo ecológico para el continente americano, en 1997.
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En la vida de estos dos
estadistas hay ciertas similitudes: ambos pertenecen al partido liberal, ambos han sido
los presidentes más jóvenes de Colombia en el siglo XX y los secretarios más jóvenes
de la OEA. Pero los dos han actuado en momentos muy diferentes, lo que nos permite
observar la evolución y el cambio en la problemática de la institución. Lleras es el
fundador. Fue el primer secretario de la Organización y su nombre está ligado a su
creación, así como a la de las instituciones de la posguerra. Gaviria es el secretario
que llega después de la caída del Muro de Berlín. Al primero le tocó aclimatar las
instituciones multilaterales y consolidar la OEA. Al segundo le toca transformarla para
adaptarla a la nueva problemática y a su nueva agenda.
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