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R E V I S T A
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Credencial
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Historia
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EDICIÓN 88 - ABRIL 1997
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CINE COLOMBIANO
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primeras noticias, primeros años,
primeras películas
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Diego Rojas Romero
"La producción nacional
cinematográfica es tan fácil en Colombia como en cualquiera otra parte del mundo",
se escribió en la segunda de las publicaciones auspiciadas por Di Doménico Hnos. y
Cía., la revista Películas, Nº 16,
de diciembre de 1916. El aserto retrata
sin duda
el entusiasmo, rayano en el delirio, de todos aquellos que se han
empeñado en la "fabricación de películas nacionales". Y si, como lo afirmara
Hernando Salcedo Silva en sus Crónicas del cine colombiano, "toda historia
inevitablemente comienza en leyenda", a propósito de supuestas primeras filmaciones
en La Guaira (Venezuela) entre 1898 y 1899, por parte de emisarios de la Casa Lumière,
leyenda que nos permitiría especular sobre rodajes pioneros en escenarios colombianos
tanto o más exóticos que el puerto venezolano, la realidad es que el primer registro se
encuentra lejos del Caribe, en la edición de El Ferrocarril de Cali del 16 de
junio de 1899, con comentarios a la velada en el Teatro Borrero, cuyo programa incluyó
vistas locales de la ciudad ("el puente, ¿por qué no se vieron las grandes ceibas?
[...] la iglesia de San Francisco, ¿por qué no su
frontis ó su interior?"), sobre las que el cronista observó, además,
"aumentar un poco la intensidad del foco eléctrico" y "que no han sido
tomadas con bastante arte", señalamientos que para nada opacaron el alborozo
"por la naturalidad de los cuadros en movimiento".
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Alma provinciana", de Félix J. Rodríguez,
1925.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
La cruenta guerra civil de los Mil Días
(1899-1902) y la separación de Panamá (1903) marcaron un cambio de siglo tan
convulsionado, que aún hoy nos es oculto cualquier indicio de actividad fílmica durante
el período, como sí la hubo de manera abundante con la
fotográfica. La polémica presidencia de un personaje tan singular como el
general Rafael Reyes (1904-1909) dio lugar, entre muchas otras cosas, a que siempre se
mencionara, sin comprobar, la contratación de un camarógrafo francés para el cultivo de
su imagen.
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Joaquín Sem en " Como los
muertos", de Pedro Moreno Garzón, 1925.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
Nueva noticia es la que
aparece en el programa de la Compañía Cronofónica, "con licencia de L. Gaumont y
Co. de Londres", anunciando para el 19 de mayo de 1907 en el Teatro Municipal de
Bogotá una exhibición que contiene, entre otros, once títulos filmados en el país,
así: Vista del Bajo Magdalena en su confluencia con el Cauca (estreno), Subiendo
al Alto Magdalena, Puerto de Cambao, El cronófono subiendo por los Andes, La procesión
de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá, Parque del Centenario, Carreras
en el Magdalena, Panorama de San Cristóbal
(estreno), Caídas del Bogotá en su descenso hacia El Charquito, El gran salto del
Tequendama y El Excmo. Sr. Gral. Reyes en el Polo de Bogotá.
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"El amor, el deber y el
crimen", de Pedro Moreno Garzón, 1926,
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con Mara Meva y Rafael Burgos.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
Pasan los años y con ellos las menciones
de veladas en las que se vieron registros similares: La muerte de un mosquito del
Magdalena (en Medellín), La cascada del Tequendama (Barranquilla), Buenaventura
y El hidroplano para ríos de poca agua (Medellín), posiblemente filmadas por
Harry Zimmerman, Las fiestas del centenario de Cundinamarca, De Barranquilla a Girardot
y Manifestación conservadora (Barranquilla), amen de otro buen número de
"vistas" cuya exhibición no está
cabalmente
documentada, ni comprobada su naturaleza de fijas o en movimiento. Carnaval de
Barranquilla en 1914, producida por el fotógrafo italiano procedente de Argentina,
Floro Manco, podría ser el primer documental formalmente autónomo que se hizo en
Colombia.
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"
Garras de oro", de P.P. Jambrina, 1928.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
La fiesta del Corpus y de San Antonio
se estrena en Bogotá como "la primera película nacional", en junio de 1915.
Responsable de su producción y exhibición es Di Doménico Hermanos & Co., SICLA, un
nombre clave durante estos primeros años. Al frente de la empresa estaba Francesco Di
Doménico, "el italiano de la máquina", quien, cuando maldijo por última vez
los viñedos de su región natal de Castelnuovo di Conza, provincia de Salerno, nunca
sospechó que años más tarde manejaría desde las alturas de Bogotá, con la ayuda de
su hermano Vincenzo, de sus cuñados Giuseppe y
Erminio Di Ruggiero, de sus primos Donato y Giovanni Di Doménico Mazzoli y de una extensa
red de otros parientes, amigos y paisanos, un pequeño imperio cinematográfico, que se
expandió por Centro y Sur América.
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"Manizales City", de Felix R.
Restrepo, 1925.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
Tras un largo y accidentado periplo, como
el de todos los exhibidores ambulantes, recorriendo buena parte de las islas del Caribe,
Venezuela y las costas colombianas, remonta el río Magdalena para llegar en 1911 a
Bogotá, "que imaginaba como la tierra prometida". Presenta el espectáculo de
su Gran Cinema "Olympia" en los pocos "teatrinos" de la ciudad, asume
el manejo del recién inaugurado Salón Olympia (diciembre de 1912), el primero construido
para exhibición cinematográfica en el país, funda la Sociedad Industrial
Cinematográfica Latinoamericana, SICLA (1913), e incursiona en la producción de
películas locales, como arma contra la competencia (1915). Años para nada
desperdiciados, en los que la mayoría de los parientes, en tanto socios de la firma,
juegan distintos roles y se encuentran ya estratégicamente ubicados a lo largo y ancho
del territorio.
Los Di Doménico "toman y
componen" películas sobre hechos cotidianos, pero también ofrecen
"cintas" más elaboradas: "ya están listas" Una notabilidad rural
(cómica), La hija del Tequendama (4 actos, drama) y "en ensayo" Dos
nobles corazones (drama) y Ricaurte en San Mateo. El anuncio fue de octubre de
1915, aunque luego no aparece registro de la exhibición de ninguno de estos títulos. La
explicación puede ser El drama del 15 de octubre, estrenada a finales de 1915. Su
existencia está ampliamente documentada por la tormenta que desató la presentación de
esta película sobre el asesinato y los funerales del líder liberal Rafael Uribe Uribe,
iniciativa de los italianos a un año de ocurrido el magnicidio. "Film inmoral"
que "exhibe la efigie del General [...] ni más ni menos que si fuera la de un torero
o de un cómico célebre" y en el que "aparecen gordos y satisfechos, en una
glorificación
criminal y repugnante, los
miserables asesinos". Ante tal histeria, todos los proyectos se cancelaron o
pospusieron, noticieros incluidos, máxime cuando la escasez de película virgen era cada
vez mayor por la primera gran guerra.
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"Nido de cóndores", de
Alfonso Mejía Robledo, 1926,
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con Inés Rendón y Fernando Jaramillo.
De Floro Manco se exhiben en 1916 De
Barranquilla a Santa Marta y De Barranquilla a Cartagena, y en julio de 1918 se
estrena en el Teatro Cisneros de Barranquilla su obra más conocida y extensa, El
triunfo de la Fe, producida por el dueño de la fábrica de cigarrillos
La Fe. En 1919, los
Di Doménico reinician su
noticiero con el Primer Congreso Mariano Nacional (y de homenaje a la Virgen de
Chiquinquirá), aprestándose todos para iniciar el decenio quizás más prolífico de
la historia del cine colombiano.
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"Bajo el cielo antioqueño"
de Arturo Acevedo,
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producida por Gónzalo Mejía (atrás,
con sombrero negro).
Europa, convaleciente de la guerra, ha
cedido cada vez más terreno al dominio estadounidense en materia de exportación
cinematográfica. Los países del área latinoamericana acusan este cambio, aunque se
empeñan, con denodado esfuerzo, en vencer lo que Paulo Antonio Paranagua llama el
"desfase productivo", con la idea de cautivar sus mercados y a la vez exportar,
a través de expedientes nacionalistas y melodramáticos. Para ello, nada mejor que los
clásicos de la literatura local, las piezas teatrales y los folletines de la época, de
los que se nutrieron los argumentos del momento. Con María (1921), basada en la
novela homónima de Jorge Isaacs, el sacerdote franciscano Antonio José Posada y los
españoles Alfredo Del Diestro (actor y director teatral) y Máximo Calvo (fotógrafo y
técnico), dan un primer y decisivo paso. Filmada en los escenarios donde ocurre la
novela,
con un reparto conformado por
señoritas de ascendencia extranjera --puesto que para las colombianas era mal visto
involucrarse con eso del cine-- y declarados artistas regionales, alcanzó el que parece
ser el mayor éxito del cine colombiano en todos los tiempos.
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Matilde Palau en el papel de Blanca en
"Como los muertos",
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de Pedro Moreno Garzón.
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Portada de "Cromos", abril 18
de 1925.
Los Di Doménico no se podían quedar
atrás. Vincenzo --más inclinado por el arte y la técnica que su hermano el empresario--
y Pedro Moreno Garzón se encargaron de fotografía y cámara y dirección de actores, en
cada caso, de Aura o Las violetas (1924), según la también popular novela de
José María Vargas Vila. La Casa Cinematográfica Colombia se unió a esta cadena de
éxitos con La tragedia del silencio (1924), melodrama de historia original.
Responsables: un conocido dentista apasionado por el teatro y las bellas artes, exhibidor
de cine por varios años, don Arturo Acevedo, y sus hijos, Alvaro y Gonzalo, quienes
durante más de treinta años ocuparían un lugar preeminente en la cinematografía
nacional. La competencia continuó: el mismo equipo de Aura, que contaba con
estudios en la trastienda del Salón Olympia, realizó Como los muertos (1925),
basada en la pieza teatral del mismo nombre de Antonio Alvarez Lleras, el más exitoso
dramaturgo del momento. Ciertos comentaristas, al observar que tanto La tragedia del
silencio como esta cinta abordaban la temática de la lepra, expresaron su
preocupación porque ello repercutiera negativamente en la imagen del país, hasta el
punto de que podría causar la baja en el precio
internacional del café. Tamaña insensatez no afectó, por fortuna, a Di
Doménico y su grupo, quienes en ese mismo año de 1925 realizaron El amor, el deber y
el crimen, de "fuertes contrastes dramáticos de tendencia socialista", y Conquistadores
de almas.
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Gran Salón Olympia de Bogotá, 1914,
para cinco mil espectadores.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano, Bogotá.
Todas estas cintas, con excepción de María,
se produjeron en Bogotá, pero otras tantas surgieron fuera del ámbito capitalino. Entre
1924 y 1926 se conocieron Tuya es la culpa y Suerte y azar, producidas por
la Colombia Film Company, inversionistas caleños que importaron todo (actrices,
camarógrafo, equipos y director, Camilo Cantinazzi) de Italia. Alfonso Mejía Robledo y
Máximo Calvo codirigen Nido de cóndores, auspiciada por la Sociedad de Mejoras
Públicas de Pereira, para mostrar el desarrollo de la ciudad desde una historia de amores
del momento. Samuel Velásquez adapta su novela homónima para el largometraje Madre,
en Manizales, y Félix R. Restrepo dirige el documental Manizales City. El
entusiasmo cinematográfico de esos años llega hasta el empresario antioqueño Gonzalo
Mejía, quien impulsa la Compañía Filmadora de Medellín para producir y protagonizar Bajo
el cielo antioqueño, cuadro de las mejores y más variadas costumbres de la alta
sociedad del Medellín de la época, cuyo argumento y dirección estuvieron a cargo de
Arturo Acevedo, mientras que la cámara corrió por cuenta de su hijo Gonzalo. El abogado
santandereano Félix J. Rodríguez, quien de muy joven trabajó en Hollywood y pasó
varios años como exhibidor en su provincia natal, adaptó uno de sus relatos para
realizar Alma provinciana, drama de contrastes entre el campo y la gran ciudad,
cuya fluidez narrativa es posible admirar en la copia casi completa que hoy sobrevive, a
la espera de apoyo para su definitiva preservación.
Para finales del decenio (1928) se
registran, entre otras curiosidades, Garras de oro, cuyos apartes recuperados hace
unos años la salvaron del ostracismo a que fue condenada en su momento, pues dejan ver la
ironía con que se abordó el tema de la separación de Panamá, misteriosamente producida
por una empresa identificada como Cali Films, con créditos de realización tanto o más
desconocidos. El cuentista antioqueño Efe Gómez, junto con el actor español Pedro
Vásquez, realiza Rafael Uribe Uribe (o el fin de las guerras civiles en Colombia),
que no provocó mayor reacción en el público, y existe el indicio muy poco documentado
de un drama indigenista que Arturo Sanín dirigiera en Líbano, Tolima, titulado Los
amores de Kelif.
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Francisco y Donato Di Domenico con Peppino Di
Ruggiero,
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Barranquilla, ca. 1917.
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Fundación Patrimonio Fílmico
Colombiano.
Y bien, las noticias cambian. Muchos de
los que protagonizaron estas historias, desaparecen. La empresa Di Doménico es adquirida
por un nuevo grupo empresarial, conocido desde entonces como Cine Colombia. Los Acevedo
abandonan para siempre la ficción, dedicándose a sus noticieros. El público se
desinteresa paulatinamente de su cine frente a la novedad extranjera, fenómeno que se
agudiza con el advenimiento del sonoro, tecnología en la que Colombia ensayará tan sólo
once años después. Las noticias cambian... Estas fueron algunas de las primeras
producidas en torno a un cine que, como reclamaba el cronista del periódico Ecos de la
Montaña, en Carmen de Bolívar en 1914, debe venir "para disipar el tedio y su
influjo preocupativo".
Bibliografía
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colombiano: mudo y parlante". En: Gran Enciclopedia de Colombia, Vol. VI.
Bogotá: Círculo de Lectores, 1993.
DUQUE, EDDA PILAR. La aventura del
Cine en Medellín. Bogotá: El Ancora, Universidad Nacional de Colombia, 1992.
HENNEBELLE, GUY ET AL. Les
cinémas de l'Amérique latine. París: Lherminier, 1981.
MARTINEZ PARDO, HERNANDO. Historia del
cine colombiano. Bogotá: América Latina, 1978.
NIETO, JORGE. "Colombia, cronología
1897-1937". En: Cine Latinoamericano (1896- 1930). Caracas: Fundación del
Nuevo Cine Latinoamericano, 1992.
NIETO JORGE Y DIEGO ROJAS. Tiempos del
Olympia. Bogotá: Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, 1992.
PARANAGUA, PAULO ANTONIO. "El cine
silente latinoamericano: primeras imágenes de un centenario". La gran ilusión,
Nº 6. (Lima: 1996).
SALCEDO SILVA, HERNANDO. Crónicas del
cine colombiano (1897-1950). Bogotá: Carlos Valencia, 1981.