Como la mayoría de los colombianos
destacados del siglo XIX, Jorge Isaacs participó desde muy joven en la política
partidista colombiana, influenciado por el hecho de que su padre había participado en
política desde 1840, ocupando el cargo de gobernador de la Provincia, de jefe político
del cantón de Palmira y de cabildante de la ciudad. Así, en 1854 se vio actuar al poeta
como ayudante de campo del coronel conservador Manuel Tejada y como abanderado de la
famosa Columna Torres, con la que los caucanos combatieron la dictadura de Meló.
Al lado de Tejada vivió su primera experiencia militar en Palmira el 31 de agosto.
Uno de los hechos más
trascendentales en la vida de Isaacs fue su participación en la guerra de 1860, apoyando
al presidente conservador Mariano Ospina Rodríguez contra el general Tomás Cipriano de
Mosquera, quien se había aliado con los caudillos liberales José María Obando y José
Hilario López. Durante esta contienda Isaacs estuvo bajo las órdenes del general Braulio
Henao y combatió en el puente de Cali y en la batalla de Manizales el 28 de agosto de
1860. Muchos años después, en 1893, Isaacs explicaba su intervención al lado de los
conservadores en los siguientes términos: «Instintivamente comprendí que Mosquera
trabajaba en servicio de su desmedida y temible ambición. Hoy en igual caso haría yo,
aunque me costara la vida, lo que entonces hice»
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Jorge Isaacs.
Fotografía de Demetrio Paredes Colección José Joaquín Herrera,
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá
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Entre 1864 y 65
Mosquera lo nombró supervisor del Camino de Buenaventura. En 1867, cuando ya gozaba de
reconocimiento como poeta y literato por haberle publicado un libro de poemas los miembros
de El Mosaico y haber publicado María, aparece como redactor del semanario
conservador La República, en Bogotá, para sostener la candidatura presidencial de
Pedro Justo Berrío. Fue electo representante a la Cámara en 1866,68 y 69 por el partido
conservador. En 1870 fue elegido nuevamente, pero esta vez como miembro del sector radical
del liberalismo, pues desde 1867, cuando se dio el golpe de estado contra Mosquera, había
mostrado afinidades con este sector político.
Entre 1871 y
1872 estuvo como cónsul en Chile. Cuando regresó en 1873 se dedico a labores agrícolas
en su hacienda Guayabonegro, las que terminaron en sonoros fracasos que le
obligaron a escribir «A mis amigos y a los comerciantes del Cauca» (Cali, 20 de junio de
1875) para enfrentar los pleitos que le ocasionó su segunda ruina económica. Debido al
fracaso de sus empresas, Isaacs se dedicó en adelante únicamente a actividades
políticas, al lado del sector radical del liberalismo que era liderado por Manuel Murillo
Toro. Esto lo llevó a participar en la política caucana con un grupo minoritario
dirigido por su primo César Contó, quien fue nombrado presidente del Estado en 1875, por
una coalición entre radicales y mosqueristas que pretendían frenar el ascenso del
partido conservador. Gracias a esto, Isaacs ocupó el cargo de subdirector de Instrucción
Pública del Cauca y, luego, el de secretario del ramo, que desempeñó hasta 1877.
El ejercicio
político del grupo radical no fue el mejor. Sabiéndose minoritarios. Contó, Isaacs,
Modesto Garcés y Manuel Sarria iniciaron una serie de maniobras para perpetuarse en el
poder. Para lograrlo, persiguieron al partido conservador, exasperaron al clero e
intentaron aplicar el sistema de educación laica que desde 1870 venia desarrollando el
gobierno radical de la Unión y que había encontrado en los cancanos en general una
fuerte oposición, porque consideraban que se quería imponer la «educación atea». En
apoyo de su proyecto. Contó e Isaacs redactaban en Popayán El Programa Liberal,
desde el cual no sólo fustigaban a los conservadores, sino también al sector mayoritario
de los liberales caucanos, el mosquerista, que empezaba a vivir un proceso de
recomposición interna que permitía cierta tolerancia frente al conservatismo y estaba
dando origen al liberalismo independiente. Esto llevó a enfrentamientos internos con los
independientes, cuyos principales líderes eran los generales Julián Trujillo y Elíseo
Payan. Los métodos utilizados fueron los conocidos como «sapistas» -en referencia a
Ramón Gómez, político radical cundinamarqués mejor conocido como «el Sapo», experto
en violar las garantías individuales, especialmente las electorales- y que se resumían
en la frase «el que escruta elige».
Aunque fueron
muchos los abusos, el que más exasperó a los caucanos fue declarar «en blanco» el voto
del Estado, cuando la voluntad electoral mayoritaria había estado por el candidato
presidencial Rafael Núñez. Esto llevó a que los independientes consideraran seriamente
realizar un levantamiento para bajar a los sapistas del poder, lo que no se logró debido
a que las presiones realizadas por Contó sobre los conservadores los obligó a lanzarse a
la guerra en 1876. Durante la contienda, Isaacs actuó como jefe del batallón Palmira
y como visitador fiscal de las municipalidades del Estado.
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Jorge Isaacs. Fotografía
de Demetrio Paredes Colección José Joaquín Herrera,
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá
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En 1877, en
medio de unas elecciones en las cuales no podía participar la mayoría de los cancanos
por estar en la guerra, Contó logró hacer elegir a todos sus amigos a la Legislatura
cancana y a su secretario de Gobierno, Modesto Garcés, como presidente del Estado, quien,
a su vez, en 1878, nombró a Isaacs secretario de Gobierno, cargo que desempeñó entre
febrero y diciembre. A pesar de que mostró un particular interés por el desarrollo de la
Secretaria a su cargo, que llevó a que propusiera y lograra la aprobación de la Ley 32
Orgánica del Ramo de Instrucción Pública y a establecer un claro control sobre el culto
católico, su desempeño fue muy criticado por los liberales independientes y por los
conservadores, quienes lo acusaron a él y a la Legislatura cancana de haber invadido las
esferas del gobierno nacional con el único fin de establecer un cuarto poder que debía
ejercer influencias decisivas en aspectos eleccionarios.
Para los
caucanos era claro que los radicales habían dejado sentadas las bases para establecer la
ruptura de relaciones con el gobierno nacional, en manos del independiente Julián
Trujillo, el verdadero triunfador de la guerra del 76. Para sustentar esto decían los
independientes: «Véanse si no, las significativas frases estampadas por el Señor Isaacs
en su renuncia del Cargo de Secretario de Gobierno, las cuales revelan por sí solas cuál
había sido el pensamiento dominante de la Administración Ejecutiva del Sr. Garcés en
punto a relaciones con el Poder Ejecutivo Federal [...]»
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Portada de «La
revolución radical en Antioquia», de Jorge Isaacs.
Bogotá, Imprenta de Gaitán, 1880. Fondo Arciniegas, Biblioteca Nacional, Bogotá
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La situación
nacional después de la guerra se había puesto demasiado tirante, debido a que una de sus
consecuencias fue que los radicales perdieran el poder nacional que habían controlado
desde 1867 cuando derrocaron a Mosquera, resultando electo el general Julián Trujillo
como presidente de la Unión. Esto hizo que la oposición se concentrara en las cámaras,
donde los radicales mantenían una representación importante. El primer movimiento en
contra del gobierno regenerador se efectuó cuando el Senado rechazó las listas de
secretarios de despacho presentadas por Trujillo y cuando propuso dar garantías al clero.
Pero lo más bochornoso se presentó en la Cámara el 6 de mayo de 1879, cuando Jorge
Isaacs insultó al caucano Andrés Cerón, secretario de Guerra, su enemigo personal y
político. Esto suscitó la airada reacción del pueblo bogotano (manipulada por el
presidente), que atacó el hotel donde se alojaba Isaacs, junto con otros representantes.
También fue atacada la casa de Manuel Murillo Toro, por lo que se esperaba un
levantamiento general del radicalismo. De hecho Isaacs había sido el detonante de una
crisis que estaba siendo impulsada por los radicales apoyados en su mayoría en el
Congreso. La prensa independiente dibujaba así la situación: «Los sapos canta aún, i
la oligarquía intenta quemar sus últimos cartuchos desde las Cámaras lejislativas».
Después de algunos muertos y muchos contusos, el presidente se vio obligado a declarar
turbado el orden público.
En esos
momentos, Isaacs era consciente de que se había convertido en el principal opositor al
gobierno, pero con un mal cálculo político consideró que era llegado el momento de
iniciar una revolución que permitiera a los radicales retomar el poder. Para ejecutar sus
planes marchó a Manizales, ya que algunos radicales se estaban atrincherando en San
Francisco (Chinchina), lo que obligó a que el gobierno del Cauca movilizara la Guardia
Nacional. La situación se caldeó tanto, que el periódico cancano El 21 de Abril
publicó un artículo remitido desde Manizales y titulado «Avisos de ruina», en el que
se decía que en esa ciudad Isaacs había pintado con colores exagerados lo ocurrido en
Bogotá inculpando al presidente de la República y acusándolo de haber «celebrado un
compromiso con los conservadores para entregarles los Estados de Antioquia i Tolima. Dicho
Isaacs partió para Medellín llamado por el general Rengifo; i ya podrán considerar
cuánto hará para prevenir los ánimos i lanzar el Estado a la guerra. Estamos preparados
contra toda aventura. A ustedes toca calificar las infamias de su paisano Jorge; por
fortuna es hombre mal querido i despreciado». Los temores de los caucanos no fueron
infundados, pues a pesar de que Isaacs se dedicó a redactar en Medellín La Nueva Era,
ese mismo año encabezó una revolución que derrocó al presidente de Antioquia Pedro
Restrepo Uribe. Su participación en dicho movimiento la explicó en el libro titulado La
revolución radical en Antioquia (Bogotá, 1880).
El movimiento
revolucionario fue otra de las desafortunadas jugadas políticas de Isaacs, pues a pesar
de que tomó el poder el 28 de enero de 1880, no contó con el apoyo de los principales
líderes antioqueños, quienes en telegramas dirigidos al presidente de la Unión le
solicitaron no reconocer su gobierno usurpador. En igual sentido se pronunció el general
Valentín Deaza, comandante del Batallón Zapadores de Manizales, quien no aceptó
el nombramiento de jefe del estado mayor general que le hiciera Isaacs, pues a nadie se
ocultaba que el movimiento se había iniciado como una revolución contra el Gobierno
Nacional. El movimiento de tropas nacionales desde Manizales y el Cauca logró que Isaacs
fuera depuesto y que Pedro Restrepo recuperara en poder. Como consecuencia de ello Isaacs
fue expulsado del Congreso, finalizando su vida política, aunque en 1884 fue nombrado
director de Insutrucción Pública en el Tolima y en 1885 tuvo una no muy destacada
participación en la guerra que los radicales le declararon a Rafael Núñez.
Literatura y política
La participación política de Isaacs se rozó con la literatura cuando escribió algunos
poemas narrativos cuyo tema central eran las guerras civiles en las que se vio envuelto.
Las tragedias que encerraban las contiendas militares fueron recogidas en «La
montañera», «La vuelta del recluta», «El cabo Muñoz», «La muerte del sargento» y
«Soneto a mi Patria», escritos entre 1860 y 1864. Esta temática fue retomada en 1874
cuando escribió «La agonía del héroe» y «La tumba del soldado», que parecen
reflejar experiencias personales. El que sí corresponde de una manera más directa a las
experiencias del autor fue «Después de la victoria», escrito luego de su actuación en
la batalla de Los Chancos, ocurrida el 23 de agosto de 1876.
Pero más
importante, por las consecuencias políticas que tuvo, fue la persecución que sufrió
Isaacs debido a sus desafortunadas actuaciones públicas. Un buen ejemplo se tiene en la
publicación que realizó en Cali de «Los Motilones», un panfleto cargado de veneno
contra los conservadores, que llevó a que Primitivo Sinisterra escribiera una burlona
receta para el menudeo de drogas, que fue famosa y que habría de herir profundamente a
Isaacs, ya que era repetida en todos los tertuliaderos: «Cortezas de Guayabonegro, 4
onzas. Flores de ilusión pecuniaria, 1 onza. Conserva añeja de motilones, 2 dracmas.
Extracto alcohólico de vanidad, 1 onza. Agua del Fraile, 2 litros. Hágase hervir al
baño «mana», déjese reposar y fíltrese».
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«Atila»,
autógrafo de Jorge Isaacs, 1861. Biblioteca Nacional, Bogotá.
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Más graves
fueron los ataques que se orientaron a tender sombras de duda sobre la autoría de María,
su obra maestra. Luciano Rivera y Garrido describe así estos ataques: «Pero ¡ay! era
preciso que se cumplieran una vez más las tremendas palabras de Jesús: 'ninguno es
profeta en su país El Cauca, que tan orgulloso y complacido debiera haberse
mostrado con un hijo como Isaacs, que tanta honra le ha procurado y tanto brillo ha dado a
su fama [...] El Cauca, repito con pesar, fue el primero en llevar a los labios del poeta
la copa de acíbar con que la ingratitud humana recompensa los generosos esfuerzos de los
buenos [...] Pero, seamos justos, aunque nos mostremos de una severidad implacable con
nosotros mismos: ¿no fue, por desgracia, en el Cauca, donde surgió primero la miserable
y odiosa especie de que Isaacs era un impostor vulgar al hacer pasar como obra suya a María,
supuesto de que esta no es sino el lamento póstumo, el gemido postrero del mayor de sus
hermanos. Lisímaco, muerto en la flor de la vida? [...] Ya que fue imposible desgarrar
las inmortales glorias de esa corona diciendo que el libro no servia de nada, se gritó
¡que era ajeno!».
Los comentarios
se hicieron especialmente frecuentes en 1879, cuando Isaacs encabezó la oposición al
presidente Trujillo. Los liberales independientes y en especial los del Cauca no
desaprovecharon ninguna oportunidad para burlarse del poeta, recordándole no sólo su
oficio de escritor, sino también sus fracasos económicos. Un buen ejemplo de la
utilización política de estos dos elementos los trae el periódico El 21 de Abril,
que en su edición del 1° de junio de 1879 publicó una hoja suelta con el «proyecto de
ley» que se copia textualmente: «CONGRESO NACIONAL DE 1879, PROYECTO DE LEÍ PRESENTADO
A LA CAMARA POR EL H. I. CUCARRON. El Congreso de los Estados Unidos de Colombia,
CONSIDERANDO: 1°. Que no es posible, según el radicalismo, permitir que a los literatos
que pertenecen a la comunidad se les critiquen sus obras. 2°. Que teniendo conocimiento
de que La Lid trae una crítica suscrita por un tal Régulo por la cual se quiere
arrebatar las glorias i coronas al eminente publicista contemporáneo Jorge Isaacs i aun
se tiene la osadía de dudar de que él sea autor de La María, DECRETA: Art. 1 °.
Desde la publicación déla presente leí, se borrará de la lista electoral al
señor Régulo, no se le dará boleta de entrada a las Cámaras i se le obligará al pago
de los daños i perjuicios causados al señor Isaacs, los cuales si no pudiere abonar en
metálico los arreglará en trabajo personal en la hacienda de Guayabonegro. Art. 2°. Se
declara virihus et amis, pésele a quien le pesare, que el autor de La María
es el señor Jorge Isaacs i el que se resistiere al espíritu de esta leí pagará una
multa de $100 a favor del señor Isaacs. Presentado, &a, &a., I. Cucarrón. Se le
dio primer debate i pasó en comisión al Representante Tiberio Sánchez [...].
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