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EL
"QUINTAMIENTO" DE JOSE MARIA ESPINOSA
Repaso de Historia
Testimonio gráfico de la guerra de Independencia.
Por: Patricia
Londoño Vega
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 40
Abril de 1993
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José María
Espinosa Prieto. Autorretrato.
Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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En 1860 el historiador José María Quijano Otero hizo circular un álbum entre algunas
personas que en su juventud habían participado en las guerras de Independencia, y les
pidió que apuntaran en él algún evento presenciado por ellos en esa época. Joaquín
París fue el primero en responder; en enero de 1862 le tocó el turno a Tomás Cipriano
de Mosquera, el general que el año anterior había usurpado la presidencia de los Estados
Unidos de Colombia. En 1867 el álbum pasó a manos del general José Hilario López,
quien también había ejercido de presidente. Dos años más tarde respondió José María
Espinosa, el abanderado de Nariño en la campaña del Sur, más conocido en la república
como pintor y caricaturista; y, por último, en 1871 escribió Pedro Alcántara Herrán,
otro general y expresidente (Este álbum fue adquirido recientemente por la Biblioteca
Luis Angel Arango).
Los cinco personajes
tenían en común el haber sido oficiales en el Ejército del Sur a mediados de 1816, un
momento decisivo de las luchas por la emancipación. Recordemos que desde el año anterior
los españoles con sus expediciones militares habían empezado a imponer el terror para
reconquistar su dominio en la Nueva Granada. En abril de ese año lograron reestablecer el
virreinato, y en mayo Pablo Morillo entró con su ejército en Santafé. Pocos días
antes, José Fernández Madrid, presidente de las Provincias Unidas, había marchado hacia
Popayán, pues esta parte del Cauca era prácticamente el único territorio que quedaba en
poder de los patriotas. Sin embargo, su situación era bastante difícil y por todas
partes marchaban enemigos sobre ellos: Warleta procedente de Antioquia, Tolrá de Cartago,
Bayer del Valle del Cauca y Sámano del sur.
Los colaboradores del
álbum de Quijano combatieron el 29 de junio en la última gran batalla de las Provincias
Unidas: Cuchilla del Tambo. Allí, en las empinadas lomas en las afueras de la población
del Tambo, a una jornada de Popayán, se había atrincherado el brigadier español Juan
Sámano, enviado por el presidente de Quito, Toribio Montes, con cerca de 1400 hombres, en
parte reclutados entre los pastusos y respaldados por guerrilleros del Patía, ambos
obstinadamente fíeles al rey. Estaban bien dotados de artillería, fusiles y abundantes
pertrechos, cosa que no le ocurría al otro bando. Los patriotas fueron derrotados. En el
campo dejaron numerosos heridos, alrededor de 250 muertos y unos 300 de ellos fueron
tomados prisioneros. Los pocos sobrevivientes que quedaron libres huyeron a la población
de La Plata, donde libraron sin éxito otro pequeño combate el 10 de julio. Con este
episodio terminaron los enfrentamientos militares regulares en la Nueva Granada y la
reconquista se impuso en todo el territorio. En adelante, la lucha libertadora estuvo en
manos de las guerrillas, refugiadas en los llanos del Casanare.
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Escena del
"quintamiento" de Popayán, en 1816. Acuarela de José María Espinosa,
1869,
22.3 x 20.2 cm. Album de José María Quijano Otero. Biblioteca Luis Angel Arango,
Bogotá.
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El siguiente lugar de
encuentro de nuestros personajes fue la cárcel pública de Popayán, donde encerraron a
los oficiales -los prisioneros de tropa fueron conducidos a Quito-. Medio siglo más
tarde, los colaboradores del álbum, con la excepción de Herrán, en el momento de
escoger algún recuerdo para cumplir con el encargo de Quijano Otero mencionaron Cuchilla
del Tambo y su estadía en los calabozos de Popayán. Al ojear el álbum, llama la
atención la bella lámina a color en la página que antecede el texto del pintor
Espinosa. En ella, el artista representó el episodio por él narrado: "...El día 8
de agosto oímos mucha algazara por las calles, a poco rato sentimos pasos de tropa que
entraba por los corredores de la cárcel, en seguida corrieron el cerrojo de nuestro
calabozo y se presentó un capitán que decían se llamaba general Laureano Grueso y nos
dijo salgan ustedes. En efecto fuimos desfilando, al mismo tiempo que nos esculcaban a ver
si teníamos ocultas algunas armas, y al llegar al patio nos encontramos con un piquete de
cincuenta hombres frente a los cuales nos hicieron formar en ala, y pasando el general
Laureano Grueso por en medio de las dos filas algo descompuesto, empezó su arenga en
estos términos: Señores: se tiene noticias de que los insurgentes en la ciudad de La
Plata han derrotado al general don Carlos Tolrá, en consecuencia el brigadier don Juan
Sámano ha dado la orden para que a la detonación de un cañonazo, sean pasados por las
armas todos los prisioneros que existen en Popayán. La ciudad está alarmada, no hay
sacerdotes que los auxilien; de consiguiente, hagan ustedes un acto de contricción, y
prevéngase para morir..." Espinosa incluyó este incidente en sus Memorias de un
abanderado, que escribió con ayuda de su amigo el escritor José Caicedo y Rojas,
publicadas en 1876.
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El
"quintamiento" de Popayán. Aguada de José María espinosa, 1816, 14 x
22.5cm.
Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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Días más tarde, a
mediados de agosto, los 21 oficiales presos en Popayán sufrieron un quintamiento (sortear
un prisionero de cada cinco para enviarlo al patíbulo), incidente del cual también
existe otro dibujo, más conocido, en blanco y negro, de José María Espinosa, cuyo
original se conserva en la Casa Museo 20 de Julio, y que tiene esta inscripción:
"José María Espinosa Prieto en los calabozos de Popayán, cuando fue quintado para
ser fusilado en el año de 1816. Cuadro pintado por él mismo en el calabozo". La
versión histórica completa sobre el evento del quintamiento que aparece en el álbum es
la de José Hilario López, pero su texto no era inédito, sino una transcripción de
apartes de sus Memorias de mi vida pública, editadas originalmente en 1857.
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Firma autógrafo
de José María Espinosa, al pie de su testimonio sobre
Cuchilla del Tambo, en el álbum Quijano Otero.
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Lo cierto es que el 18
de agosto, un jefe realista notificó a los 21 oficiales presos que iban a ser quintados.
Un niño de ocho años sacó las boletas de una vasija; las papeletas rotuladas
"muerte" les correspondieron a José Hilario López, Rafael Cuervo, Mariano
Posse y Alejo Sabaraín, el amante de Policarpa Salavarrieta. Cuenta Joaquín París en el
álbum que "López, luego que sacó su boleta a muerte, en vez de inmutarse hizo con
ella un cigarrillo y luego entró a la capilla diciendo: me fumaré mi suerte..." Los
condenados estuvieron preparándose para morir hasta el día siguiente. Cuando los
condujeron al patíbulo, en la plazuela de San Camilo, encontraron los cadáveres de otros
patriotas fusilados poco antes. Ya estaban al pie de los banquillos, asistidos por
sacerdotes, cuando llegó el indulto del presidente de Quito, y fueron llevados de nuevo a
prisión. Así, por un segundo, se salvaron de ser ejecutados.
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