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LA CASA DE RAFAEL NUÑEZ
Una visita a este evocador lugar de Cartagena.
Por: Nicolás
del Castillo Mathieu
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 40
Abril de 1993
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Para hablar de esta
célebre residencia, situada en las afueras de Cartagena en el antiguo barrio de
pescadores de El Cabrero, debemos referimos a su constructor don Manuel Román y Picón,
padre de doña Soledad Román y por lo tanto suegro del doctor Rafael Núñez. Don Manuel
llegó desde España a Cartagena, después de haber naufragado en Galerazamba, en el año
de 1834. Según cuenta su hija, "sólo traía lo encapillado y una suma de treinta
pesos". Aprovechando sus estudios de farmacia y quizá de medicina, montó una botica
y se aseguró la estabilidad económica necesaria para contraer matrimonio el 12 de enero
de 1835 con doña Rafaela Polanco. Casi nueve meses después, el 6 de octubre de 1835,
nacía su hija primogénita Soledad, la mayor de una familia de diecisiete hijos, de los
cuales sólo diez alcanzaron la edad adulta.
La fecunda matrona
murió en 1864, lo que determinó que doña Soledad se hiciera cargo del manejo de la casa
y de la educación de sus hermanos menores. Todo ello influyó para que don Manuel la
favoreciera especialmente al momento de redactar su testamento (Julio de 1873) dejándole,
entre otras cosas, "la casa baja del Cabrero que era de palma [...] la levanté de
piedra, madera y azotea". Doña Soledad contrajo matrimonio civil con el doctor
Rafael Núñez, presidente del Estado Soberano de Bolívar, el 14 de junio de 1877. Es muy
probable que desde entonces la pareja se instalara allí y que se hubiera construido en
esa época el segundo piso, enteramente de madera. En todo caso, ésa fue la última
morada de Núñez, en donde moriría el 18 de septiembre de 1894.
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Casa de Rafael
Núñez en El Cabrero, Cartagena.
Grabado de Julio E. Flórez, Papel Periódico Ilustrado, 1885.
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Comedor de la
casa de Núñez.
Fotografía de Elizabeth Lugeon.
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La casa de Núñez es
un magnífico ejemplo de adaptación al medio y de acomodo a las circunstancias
ambientales, para sacar de ellas el mejor partido. Esa sencilla y amplia casa de madera es
una de las pocas en Cartagena que resuelven favorablemente los problemas planteados por un
clima riguroso. En ella no se emplean, como en la Alhambra de Granada, mármoles, ni
fuentes para atenuar los rigores de un intenso verano, ni, como en las mansiones patricias
de Pompeya, pérgolas y acequias para sitios umbríos y agradables, sino que se utilizan
medios simples y variados para aminorar el calor y aprovechar hasta el máximo las brisas.
Ellos son: la situación cercana al mar, el ancho y prolongado balcón, el uso de
materiales frescos como la teja y la madera, el mobiliario ligero y las frágiles
persianas que crean sombra sin impedir el paso del aire, como se aprecia en el
originalísimo comedor octogonal, completamente aislado de la casa, casi en el centro del
patio, cubierto con una curiosa techumbre de pagoda china. ĄCuan grato debió ser el
yantar y la sobremesa en ese ambiente penumbroso y ventilado, en las horas del medio día,
cuando la atmósfera circundante reverberaba encendida y las chicharras entonaban su canto
monocorde!
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Terraza, y
jardín de la Casa de Núñez
Fotografía de Elisabeth Lugeon.
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La casa de Núñez es
Núñez mismo: sencilla y sin pretensiones, pero llena de espíritu auténtico de
distinción, de verdadero sentido de la elegancia, de orden y claridad. El visitante se
sorprenderá sin duda, y se decepcionará tal vez un poco, al comprobar que nada hay allí
que pueda llamarse lujoso, ni suntuario. El ajuar, limitado a lo indispensable, es sin
embargo de óptima calidad, discreto y fino. En él prevalecen como en la casa toda, el
sentido de la verdadera comodidad que es adaptación a las necesidades y a los gustos del
hombre sin ostentación ni epicureismo. Buena prueba de ello es la cama de hierro en que
murió Núñez (original), con su fresco bastidor de lienzo (reconstruido); las sillas del
comedor, con asientos y respaldo de paja (todas originales pero algunas con asiento
reconstruido), el sólido escritorio (original) en donde todo ocupa su sitio sin dejar,
por ello, de estar al alcance de la mano.
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Sala de estar y,
al fondo, estudio de Rafael Núñez,
Foto de Elizabeth Lugeon
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Dormitorio,
Foto de Elizabeth Lugeon
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La planta baja de la casa es de menor interés histórico. Ella y el ala trasera del piso
superior estuvieron ocupados por los numerosos ahijados y protegidos de doña Sola. El
segundo piso fue añadido, por don Antonio Román Polanco, por órdenes de doña Soledad,
tal vez bajo sus indicaciones y las del propio doctor Núñez. Al subir por la escalera
(reconstruida), lo primero que aparece ante la vista es el alvéolo del comedor, unido al
resto de la casa por dos galerías voladas. El reloj de pared, a la derecha de la puerta
que da entrada al salón, es original y ocupa el mismo sitio en donde lo colocó doña
Sola, para observar las horas mientras cosía a su lado.
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Mausoleo de
Rafael Núñez en la ermita del Cabrero.
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El salón poseía finos
y ligeros sillones y mecedoras de "bejuco", o vienesas, hoy desaparecidas. En
seguida está el cuarto de estudio de Núñez con su escritorio personal, gentilmente
obsequiado por don Federico Angel, y los bustos de Núñez, doña Sola y don Manuel
Román. En la fotografía tomada el día de la muerte de Núñez, puede apreciarse el
estado original de la pieza. En el pequeño cuarto que sigue a éste, Núñez guardaba las
golosinas a que fue tan aficionado en los últimos años de su vida: pasas, frutas,
conservas de toda suerte, galletas inglesas...
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La casa del
Cabrero y la ermita en fotografía publicada
en el libro "Colombia 1893", de Clímaco Calderón.
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A la izquierda del
salón, se encuentra la alcoba de Núñez con su cama (original) cuyos toldos, bastidor y
sobrecama son reconstruidos; el armario de fina madera (original) y el oratorio, con base
original y urna reconstruida. En la habitación de doña Sola, la silla, el reclinatorio y
el armario son originales, y el lecho y sus accesorios, reconstruidos.
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Rafael Núñez.
Dibujo de Alberto Urdaneta, 1885.
Biblioteca Nacional, Bogotá
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Ultimamente la casa se
ha convertido en un verdadero museo y ha sido reparada en su totalidad, así como la
ermita vecina, gracias a la labor tesonera de Eduardo Lemaitre; allí se encuentra el
monumento funerario de quien fuera cuatro veces presidente de Colombia. El parque situado
al frente está en pleno proceso de remodelación que, al concluirse, hará de éste uno
de los conjuntos urbanos más hermosos de Cartagena.
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