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SANTANDER Y LA EDUCACION, Los colegios republicanos: una herencia perdurable.
Por: Luis
Horacio López Domínguez
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 28
Abril de 1992
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Santander en
traje de civil. Oleo de autor anónimo del siglo XIX.
Museo Nacional, Bogotá.
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Entre los signos de la contradicción política, fiscal y religiosa, se realiza la
instauración de la instrucción pública en la formación de la República, atizada en su
primera década por las divergencias ideológicas y desavenencias de sus fundadores
Santander y Bolívar.
Cuando, el 11 de
septiembre de 1819, Bolívar establece en Bogotá el gobierno provisional de las
Provincias Libres de la Nueva Granada y designa a Santander como vicepresidente, poco ha
quedado en pie del movimiento ilustrado de la Expedición Botánica, admirado por Humboldt
y otros viajeros por la América Meridional. Ya ha fallecido Mutis: buen número de sus
colaboradores han sido pasados por las armas, otros recluidos en las mazmorras españolas,
trasladados los herbarios de la Flora neogranadina a Madrid, derruido el observatorio
astronómico. Pocos letrados sobreviven entre las tropas del ejército libertador o
amparados en el apático ambiente patriota de los centros urbanos coloniales. Apenas si
subsisten por la inercia y el aislamiento algunos seminarios y escuelas parroquiales. Los
dos colegios de Bogotá y el de Popayán fueron convertidos en cuarteles realistas y en
cárceles de reos patriotas.
Para el nuevo gobierno
se trata de establecer la instrucción pública como "primera base del edificio
social y sin la cual la República no es más que un vano nombre", al decir de
Santander. Fortalecer nuevas lealtades de los ciudadanos al Estado en formación;
implantar nuevos valores civiles sobre las arruinadas instituciones educativas y
políticas del régimen colonial. Porque la instrucción pública, dice Santander,
"prepara la felicidad de los pueblos que, cuando más ilustrados, conocen mejor sus
derechos y se hacen más dignos de su libertad".
Preocupado por la
vagancia de los huérfanos de la guerra en calles y parajes de Bogotá, Bolívar les
destina por decreto uno de los edificios de los 12 conventos y 31 templos de la capital,
el convento abandonado de los capuchinos. Aunque no se conoce que hubiese podido funcionar
según su deseo, sí dio la fórmula para establecer entre 1822 y 1827 los primeros veinte
planteles de educación media, destinando los bienes, rentas y edificios de conventos de
órdenes religiosas asentadas en los centros urbanos del territorio virreinal desde el
siglo XVI.
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Colegio de
Antioquia, hoy Universidad de Antioquia, Plazuela de San Ignacio, Medellín.
Fundado por Santander el 9 de octubre de 1822.
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Entre 1819 y 1821, por
decreto, Bolívar y Santander van avanzando en el dominio y control de la educación,
promoviendo ideales (utópicos para el momento) de ofrecer educación a todos los niveles
en forma gratuita, igualitaria y unificada. Han optado por la orientación regalista y el
control del Estado sobre la instrucción pública, un proceso que incluye los colegios
seminarios. Santander elabora un croquis de las condiciones materiales que muestran las
provincias de la Nueva Granada en cuanto equipamiento religioso. Chocó, Casanare y Santa
Marta no cuentan con una tradición académica que permita "por ahora" instalar
casas de educación. El Congreso constituyente de la República legitima los
procedimientos de supresión de conventos y transferencia de bienes y edificios a los
planteles de educación media.
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Diploma otorgado
a Santander por la Sociedad de Educación Elemental Primaria de Popayán,
en octubre de 1833. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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Las leyes de instrucción pública expedidas por el Congreso de 1821 dieron fundamento a
las medidas de Santander. Se trata de una estrategia cautelosa de implantación, más que
de una revolución que derrumbe "el edificio gótico" de la educación colonial.
Santander no se lanza a una regeneración radical, para no agitar profundamente el alma
popular, como diría Rafael Uribe Uribe. Eran profundas y arraigadas las lealtades
religiosas locales y omnímoda la presencia de la Iglesia en el territorio. Al control de
los bienes conventuales seguirá la penetración ideológica, con la difusión de obras y
autores señalados como contrarios a la ortodoxia católica romana. Querella que se
avivará por medio siglo más, desde pulpitos y hojas impresas. El gobierno es ya "el
único y exclusivo protector de las casas de educación". Trabajo parsimonioso
quizás, expresión de las desigualdades entre las provincias y de la diligencia o desidia
de los gobiernos de provincia. El sentido realista de las condiciones necesarias para
fundar las casas de educación se encuentra en el mensaje de Santander al Congreso de
1823, cuando explica por qué no se ha decretado el establecimiento del plantel en la
antigua capital de la República, Santo Tomás de Angostura: "El ejecutivo jamás
piensa que se debe engañar a los pueblos con palabras y papeles, sino que poco a poco y
del modo que lo permitan las circunstancias, se le debe ir haciendo tocar palpablemente
los bienes de su independencia y libertad. Cuantos colegios y casas de educación he
decretado, han tenido por apoyo los informes de las respectivas autoridades, el
convencimiento de que se ha podido plantear inmediatamente". Esta fue su política
fundacional de casas de educación, antes y después. No es el número el rasero de
efectividad, sino las condiciones que se reúnen en su establecimiento lo que se debe
subrayar.
Un esquema básico
identifica los decretos de creación de colegios y casas de educación en las dos
administraciones de Santander (1819-1827 y 1832-1837) y luego en la del presidente José
Ignacio de Márquez (1837-1841). Control por el gobierno de la dirección del plantel
mediante la designación de rector, vicerrector, pasante de estudios y capellán. Escuela
por el método de enseñanza mutua o lancasteriana para el nivel infantil. Un plan
provisional de estudios prestado de los colegios de la capital, y también el régimen
interno. Cátedras de gramática castellana alternando con el latín y nociones de
retórica y filosofía e instrucción política constitucional y de derechos de gentes.
Delegación en los gobiernos políticos e intendentes de los departamentos la
organización de los planteles. Designación de catedráticos por oposición. Para algunos
colegios se establecen cátedras de minerología, medicina y algunas disciplinas
prácticas, pero el plan de estudios sigue siendo altamente especulativo. La escasez de
letrados hace que se seleccione entre el clero patriota a los rectores y directivos y se
autorice a ocupar cátedras a seculares y religiosos, impartiendo también docencia los
rectores con remuneración, mientras se fortalece la educación. A los congresos
legislativos de 1823 a 1826 se pide la adopción del proyecto de código de la enseñanza
pública. La ley se expide en 1826 y Santander la reglamenta por decreto minuciosamente,
utópico y marcadamente reglamentarista, para muchos analistas. Apenas avanzado el siglo
actual pudieron irse materializando muchas de sus medidas. Pero el código da pie al
establecimiento de las universidades centrales de Quito, Caracas y Bogotá, la de Boyacá
en Tunja y la del Cauca en Popayán.
Los avances de
escolares y colegiales sirven de elemento propagandístico de las bondades de la
instrucción pública y del proyecto educativo del gobierno: exámenes públicos cada
cuatro meses y luego anuales, con asistencia de las autoridades locales, y aun
vicepresidente y sus colaboradores en la capital. En la "Gaceta de Colombia" se
hace registro social de los actos públicos. Por las reseñas, vemos que queda mucho de
especulación y de la orientación religiosa y escolástica colonial. Aunque se introducen
temas como la legitimidad del Estado y las relaciones Iglesia-Estado, la argumentación va
desplazando poco a poco a los artificios del silogismo.
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Colegio de
Boyacá en Tunja, decano de los Colegios Santanderinos,
Fundado el 17 de mayo de 1822
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La autorización de Santander a algunos colegios de impartir docencia en español, rompe
el monopolio tricentenario del latín como lengua académica. Las rentas y bienes de los
colegios, administrados por los rectores, se adicionan con los aportes de vecinos, los
cuales trata el régimen de fomentar con la institucionalización o restablecimiento de
fundaciones como la de don Pedro Pinillos en Mompox y con los aportes de becarios que
deben pagar por la alimentación como internos (entre 60 y 120 pesos mensuales, según la
región). La instrucción política se alterna con la religiosa. Así se difunden los
catecismos políticos con la estructura de preguntas y respuestas, aliado de catecismos
religiosos de Astete y Fleury. El ritmo de estudios se sincroniza con el año litúrgico y
más de 79 "Fiestas de guardar". Sólo en la década del 30 se reducirán, por
decisión papal y del congreso, los días de fiesta religiosa.
Haciendo frente a la
escasez de catedráticos y letrados se suceden en la dirección de rectorías y cátedras
los ex alumnos de los colegios de la capital y se produce migración desde provincia a los
colegios en funcionamiento. Desde 1823 se han ampliado las importaciones de libros y
acrecentado el número y variedad de cátedras. Pero desde 1826 se enrarece el ambiente
político con las corrientes disolventes del proyecto integracionista del Libertador. El
alzamiento en 1826 en Valencia distancia a Bolívar y Santander y agudiza el progreso de
sus desavenencias. La instrucción pública será puesta en la picota.
Ante el fracaso de la
Convención de Ocaña, Bolívar asume el poder absoluto, suprime la vicepresidencia y
designa a Santander como embajador ante los Estados Unidos. Se identifica como factor de
perturbación en la conjuración contra su vida, la influencia de los autores que se
estudian en colegios y universidades colombianos. El Libertador Presidente expide en 1828
y 1829 decretos de contrarreforma que suspenden el código de 1826, suprimiendo las
cátedras de ciencias políticas, restableciendo los conventos no ocupados por colegios,
fijando el período de los rectores en tres años y restableciendo el latín como
exigencia para cursar cátedras en las facultades superiores. Entre 1828 y 1832 desaparece
del escenario político Santander, exiliado en Europa, muere el Libertador y se disuelve
la República, separándose del control político de Bogotá los colegios provinciales de
Ecuador y Venezuela.
Retorna Santander al
mando constitucional de la Nueva Granada en 1832, cuando se hace notoria la deserción
estudiantil en los colegios y el estancamiento en las universidades, producto de las
mutaciones del lustro anterior. No emprende nuevas aventuras fundacionales. Busca
restablecer las instituciones culturales y las casas de educación. De ahí que se avance
en la reforma de planes de estudios, ampliación de cátedras y formulación de un nuevo
código que supere la fragmentación reglamentarista de la legislación educativa, que
ayudó a producir en la pasada administración. Restaura la Academia Nacional de Artes y
Ciencias y dota de una cátedra de física experimental al Museo Nacional. Favorece el
progreso de colegios con iniciativas, que adoptara el Congreso hacia 1835. La ley de
reforma del plan general de instrucción pública restablece "en toda su fuerza y
vigor" el plan de enseñanza de 1826. Reglamenta las cátedras y contenidos de los
planes de estudios de medicina, jurisprudencia y teología y autoriza a los estudiantes de
estas disciplinas para que "según su talento y aplicación puedan matricularse en
diferentes clases y ganar dos o más cursos a un tiempo".
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Colegio de
Cartagena de Colombia, hoy Universidad de Cartagena,
fundado por Santander el 8 de noviembre de 1824.
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Otras medidas
innovadoras para ampliar la oferta educativa de los colegios, son la validación de cursos
adelantados en colegios de provincia para optar a títulos universitarios y la apertura de
nuevos cursos por iniciativa privada, que el poder ejecutivo legitimará. La bondad
académica de estas medidas será cuestionada posteriormente en las memorias del ejecutivo
al Congreso, y en 1843 se adoptará un nuevo código de instrucción pública. Santander
apoya las iniciativas de las provincias y de los letrados locales. Con fondos reunidos por
vecinos de Pamplona se reorganiza y se da estatus de colegio público al antiguo colegio
seminario que Santander fundara con el obispo de Mérida en su primera administración. No
logra, sin embargo, dar estabilidad al colegio de San Simón, de Ibagué, donde los
vecinos han insistido durante diez años que se clausure y se abran escuelas públicas.
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Capilla del
Colegio Santa Librada, en Cali,
fundado por Santander el 29 de enero de 1823.
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La inclinación del
letrado Santander por el mundo editorial se plasma en iniciativas de ley orientadas a
fomentar el desarrollo del medio impreso. Los talleres impresores que funcionaban en
número de 14 hacia 1820, se triplican en 1840. Por iniciativa privada o de juntas de
vecinos se dota de una imprenta a la Universidad del Cauca y se instalan imprentas en
Quibdó, Cali, Pasto, Medellín, Rionegro y Popayán. Se introduce la litografía y se
abre en la Casa de Moneda la primera escuela de grabado. Se concede privilegio a una
empresa de fabricación de papel, de corta vida, que alcanza a imprimir periódicos y
obras de autores nacionales. Le corresponderá sancionar una ley que protege a los
editores y a las obras de autores nacionales, traducciones y documentos oficiales. Otra
ley complementaria impone a los editores e impresores la obligación de depositar en la
Biblioteca Nacional todo texto que se imprima en el país, salvo tarjetas y carteles.
Las casas de educación
que se fundan al término de su mandato y en el de Márquez serán fruto de los esfuerzos
de las comunidades locales. Se incrementa la importación de materiales, instrumentos,
libros y otros elementos de enseñanza. La aventura que comenzó con la intervención de
conventos se cerrará con la presencia del ex presidente Santander en el Congreso, desde
1838 hasta su muerte en 1841. Elegido diputado por Pamplona, le corresponderá revisar el
proyecto de transferencia de bienes del convento de los dominicos en Chiquinquirá a los
colegios de Vélez y Boyacá. Algunos de los colegios fundados por el Hombre de las Leyes,
que hoy denominamos "Santanderinos", alcanzaron el rango de universidades, como
el Colegio de Antioquia, el de Cartagena de Colombia o como la Universidad Central,
restablecida en 1867. Otros volvieron a su condición de colegios de secundaria, sin poder
recuperar su carácter universitario.
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COLEGIOS
REPUBLICANOS 1822-1840
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1822
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Colegio Boyacá
Colegio de Antioquia
Colegio de San Simón
Colegio de Loja
Universidad de Mérida
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Tunja
Medellín
Ibagué
Ecuador
Venezuela
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1823
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Colegio de Santa Librada
Casa de Educación
Casa de Educación de Valencia
Casa de Educación de Trujillo
Casa de Educación de Tocuyo
Colegio del Istmo
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Cali
Pamplona
Venezuela
Venezuela
Venezuela
Panamá
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1824
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Colegio de San José de
Guanentá
Casa de Estudios
Colegio de Santa Marta
Casa de Educación
Colegio de Cumaná
Colegio de Guayana en Angostura
Colegio de Cartagena de Colombia
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San Gil
Ocaña
Santa Marta
Vélez
Venezuela
Venezuela
Cartagena
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1825
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Casa de Educación
Casa de Educación de Guanare
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Mompox
Venezuela
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1826
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Colegio del Socorro
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Socorro
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1827
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Colegio Provincial
Casa de Estudios de Jesús, María y José
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Pasto
Chiquinquirá
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1828
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Colegio de Imbabura
(por el Libertador)
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Ibarra (Ecuador)
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1832
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Casa de Estudios
Colegio Santa Librada
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San José de Cúcuta Neiva
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1835
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Colegio de Floridablanca
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Cantón de Girón
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1837
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Casa de Educación
Secundaria
Casa de Educación Secundaria
Casa de Educación Secundaria
Colegio de Salazar
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Marinilla
Barichara
Ipiales
Salazar de las Palmas (N. de Santander)
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1839
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Casa de Educación
Secundaria
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Cartago
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