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SANTANDER Y LOS ESTADOS UNIDOS, La opinión pública norteamericana dividida entre
Bolivarismo y Santanderismo
Por: David
Sowell y
David Bushnell
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 28
Abril de 1992
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Doble retrato de
Francisco de Paula Santander y Omaña.
Dibujo de León Cano. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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El general Santander, desterrado por su participación y conocimiento del complot para
asesinar a Bolívar en 1828, tiene sin duda la culpa de que se vuelva a mencionar este
melancólico tema... Confesamos que nos gustaría mucho más ver al general Santander
regresar a Colombia... y componer las divisiones de su país, que dedicarse aquí a
reavivar unos conflictos que en aras del patriotismo, por encima de cualquier otro motivo,
deben olvidarse". The Albion, Nueva York, enero 7 de 1832. "¿Cómo no
esperar, en las actuales circunstancias, que se le haga justicia a una víctima tan grande
y a un estadista tan puro como es el general Santander... un hombre que sabe sostenerse
por encima de consideraciones personales y de partidos y actuar en pro del bien público?
No sólo Colombia, sino América entera, tiene con él grandes obligaciones por su varonil
y desinteresado apoyo al gobierno libre y su irreductible oposición a la tiranía tanto
interna como externa". New York Daily Advertiser, diciembre 21 de 1831.
La visita de Francisco
de Paula Santander a Nueva York en 1831 desató un agrio debate entre los escritores de The
Albion y del New York Daily Advertiser sobre la política y las virtudes
cívicas de Santander y Bolívar. Aunque en esta polémica no se hacía hincapié en
cuestiones de política internacional, la actitud pronorteamericana de Santander y la
conocida anglofilia de Bolívar inevitablemente conformaban una parte del contexto general
del debate.
A Santander no lo
fascinaban los asuntos internacionales de la misma manera que a Bolívar, pero él había
comentado (igual que el Libertador) la aparente indiferencia del gobierno norteamericano
hacia la lucha de emancipación de las repúblicas hispanas. El concepto que tenía de los
Estados Unidos evolucionó perceptiblemente, y en un sentido altamente favorable, a partir
del reconocimiento formal de la independencia colombiana por parte del gobierno de
Washington en 1822. El año siguiente Santander no vaciló en proponerle al agente
norteamericano Charles S. Todd la conveniencia de que los Estados Unidos y demás naciones
americanas se uniesen (en palabras del agente) "en una confederación continental
contra Europa, de gobiernos constitucionales contra los inconstitucionales".
Poco después, en
diciembre de 1823, el presidente James Monroe proclamó su famosa Doctrina en que les
previno a las potencias europeas, y en especial a las de la llamada Santa Alianza, que su
gobierno vería con muy malos ojos cualquier intento de subvertir la independencia de las
nuevas naciones latinoamericanas. Fue una declaración estrictamente unilateral y hecha a
sabiendas de que la flota británica impediría en caso necesario semejantes aventuras.
Así y todo Santander alabó el mensaje de Monroe como un "acto eminentemente justo y
digno de la tierra clásica de la libertad", y le escribió a Bolívar que había
"hecho fuerte impresión en Europa". Santander se daba perfecta cuenta de que la
declaración norteamericana debía buena parte de su valor a una identidad de miras con la
política británica; no le escatimó elogios, sin embargo, a diferencia de Bolívar,
quien no tomó tan en serio la Doctrina.
La cordialidad de
Santander para con Estados Unidos se hizo otra vez patente, y surgió una discrepancia
mayor entre Santander y Bolívar con respecto a la convocatoria del Congreso de Panamá de
1826. Como es bien sabido, el Libertador tenía en mente no una reunión propiamente
"panamericana", sino un congreso de ex colonias españolas. Los norteamericanos
quedaron excluidos de su proyecto, en primer lugar porque eran "los únicos rivales
de los ingleses con respecto a América" y el Libertador prefería no ofenderles. Un
motivo adicional que dio Bolívar para la exclusión de los Estados Unidos (y también de
Haití y Brasil) consistía en su "heterogeneidad" histórico-cultural frente a
la América antes española. Pero el vicepresidente Santander no se dio por convencido,
así que la cancillería de Bogotá hizo extensiva la invitación al gobierno
norteamericano (y también al brasileño, pero no al haitiano). Según le explicó al
Libertador, "nuestros íntimos aliados no dejarán de ver con satisfacción el tomar
parte en sus deliberaciones de un interés común a unos amigos tan sinceros e
ilustrados".
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General
Francisco de Paula Santander.
Oleo de José María Espinosa, 1853.
Museo Nacional, Bogotá
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El gobierno
norteamericano aceptó la invitación para concurrir a Panamá, pero demasiado tarde para
que su delegado llegara a tiempo. Y por aquella época Santander seguía siendo un
personaje casi desconocido para el público norteamericano, que si sabía de Bolívar, ese
"Washington del sur", pero que apenas se daba cuenta de los demás prohombres de
la emancipación latinoamericana. (Bolívar sólo le ha dado su nombre a una ciudad
norteamericana, aunque en el estado de Nueva Jersey hay una población que ostenta el
nombre de Bogotá, escrito sin acento y bastante mal pronunciado por cierto). Santander
adquirió por fin cierto renombre en Estados Unidos únicamente a fuerza de oponerse al
esquema político de Bolívar, cristalizado en su Constitución para Bolivia, que él
también proponía implícitamente como modelo para la reforma de las instituciones
colombianas. Si el Código Boliviano constituía para muchos liberales colombianos una
forma de monarquía disfrazada, despertaba sospechas muy parecidas entre los observadores
norteamericanos, cuyo país presumía en todo el continente de ser defensor nato de las
doctrinas republicanas, de la igualdad ante la ley, de las libertades ciudadanas (por lo
menos para los varones blancos) y del gobierno con limitaciones. El aparente abandono del
republicanismo teórico por parte del Libertador, así como la tentación que sentía por
las facultades dictatoriales, necesariamente le enajenaban cada vez más hacia Finales de
la década de 1820 las simpatías del público y del gobierno norteamericano.
No renegarían todos,
claro está, de su admiración por Bolívar. El encargado de negocios en Bogotá, Beaufort
T. Watts, le aseguró al Departamento de Estado en marzo de 1827 que a pesar de
"todas las calumnias" arrojadas contra el Libertador, poseía éste "una
fuerza intrínseca moral" que inspiraba confianza; y en un gesto poco acorde con las
normas diplomáticas, Watts le escribió a Bolívar instándole a volver desde Caracas a
Bogotá para "salvar la república". Mas esta intervención en política interna
fue mal vista en el Departamento de Estado, no sólo por su falta de discreción, sino
porque el secretario Henry Clay, quien había sido quizás el político norteamericano
más identificado con el apoyo a la independencia de América Latina, comenzaba a concebir
sus propias sospechas respecto a Bolívar. Antes del fin de año, Clay se entremetió en
política colombiana con otra carta a Bolívar, esta vez para rogarle salvaguardar las
instituciones libres y evitar la tiranía. Bastante más lejos, por supuesto, fue el nuevo
ministro norteamericano en Bogotá, William H. Harrison, nombrado por Clay, cuyas
relaciones con enemigos de la dictadura de Bolívar le habrían causado la expulsión de
Colombia, si no hubiera sido reemplazado antes gracias a un cambio de administración en
Washington.
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Francisco de
Paula Santander.
Oleo de Oscar Rodríguez Naranjo.
Academia Colombiana de Historia, Bogotá.
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Ya antes del
"affaire" Harrison, Santander había caído en desgracia por su oposición a la
política bolivariana y supuesta participación en la conjura contra la vida del
Libertador. Ya que la opinión norteamericana en general se volvía cada vez más
escéptica sobre las intenciones de Bolívar, no resultó difícil aceptar la imagen de un
Santander injustamente perseguido por su fidelidad al republicanismo. Por supuesto,
seguía habiendo excepciones. Cuando Santander, en mayo de 1829, dirigió al presidente
Andrew Jackson desde las bóvedas de Cartagena una misiva implorando su intercesión para
que el gobierno de Bolívar le dejara salir al exilio en vez de mantenerlo encerrado en
contravención de su misma existencia, ni siquiera recibió contestación. Además, fue
Jackson quien sacó a Harrison de Bogotá, reemplazándolo con un agente que nuevamente se
expresaba en términos elogiosos sobre Bolívar.
La falta de respuesta
de Jackson a Santander pudo tener otros motivos, pero simboliza quizás la relativa
frialdad del presidente y sus adeptos hacia el Hombre de las Leyes durante su estadía de
1831-1832 en Estados Unidos. Jackson, por otra parte, representaba en política
norteamericana una tendencia popular democrática en contraposición a los intereses
oligárquicos de la banca y el comercio de las principales ciudades norteñas. Su
democratismo no tuvo en cuenta a la población esclava (él mismo era esclavista sureño)
sino que se tradujo en un estilo político campechano y en una oposición sistemática a
cualquier medida que tuviera el apoyo de la odiada "oligarquía". Cuando el
mismo Santander pudo visitarlo en 1832, apuntó en su diario que Jackson lo había
recibido muy amigablemente pero que era un hombre "sin etiqueta ninguna". Es de
notar además la identificación de Jackson con la política norteamericana de
expansionismo continental, habiendo dirigido (por ejemplo) una incursión en la Florida
española aun antes de su traspaso diplomático a Estados Unidos. Así y todo, si había
alguna falta de simpatía entre Jackson y Santander se debió principalmente no a
cuestiones de política exterior sino al hecho de que los admiradores más entusiastas de
Santander en Norteamérica, entre ellos el ex secretario Clay, pertenecían precisamente a
su oposición doméstica.
A fines de 1831, el
líder colombiano pisaba tierra norteamericana. Desembarcó en Nueva York, donde fue
presentado a los personajes más distinguidos de la sociedad local. Durante unas semanas
asistió afanosamente al teatro y visitó escuelas e instituciones de bien público,
exactamente como antes había hecho en Europa. Viajó después a Filadelfia y a
Washington, donde pudo conocer no sólo al presidente Jackson sino al estadista Clay, al
senador Daniel Webster (famoso orador, aliado de Clay y también opositor de Jackson) y a
muchos otros. De regreso hacia Nueva York hizo escala en Bordentown, New Jersey, donde
residía en el destierro el ex rey de España José Bonaparte, hermano de Napoleón.
Santander hizo constar en su diario sus opiniones personales sobre esos personajes y sus
observaciones sobre el país, cuyas instituciones republicanas y pujanza económica le
causaron honda impresión: era, en efecto, "donde se ve más difundida la libertad de
la imprenta, la educación pública y el amor al trabajo." Probablemente el
norteamericano raso no se dio cuenta siquiera de la presencia del distinguido
suramericano. Pero entre personas de un más alto nivel de educación y de cultura
general, no era fácil que pasara desapercibida, sobre todo cuando dos de los principales
periódicos neoyorquinos entablaron la polémica que dio origen a las citas que inician
este artículo.
Punto culminante de la
estadía de Santander fue el banquete organizado en honor suyo en Nueva York, en febrero
de 1832. Según el reportaje del Daily Advertiser, asistieron "cerca de ciento
cincuenta de nuestros más respetables ciudadanos", entre ellos figuras conocidas de
la política norteamericana (en su gran mayoría antijacksonianos), de los negocios, del
clero protestante y de la colectividad colombiana.
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Santander en
uniforme de húsar. Grabado de S. W. Reynolds, Londres, 1824,
encargado por Francisco Antonio Zea. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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El tono de la reunión
se reflejó en múltiples brindis, tales como: "Por el pueblo, la unión y la
obediencia a la ley, única prueba cierta del gran experimento de autogobierno".
"Por nuestro distinguido huésped, el patriota y estadista republicano, defensor leal
y sin miedo de las libertades constitucionales de su país". "Por las
constituciones escritas, inventadas por los pueblos del nuevo mundo para gobernar a sus
gobernantes". "Por la educación, base del buen gobierno y ornamento de la
libertad". "A la mujer: nos inclinamos ante su cetro y reconocemos su
poder". "Por las relaciones comerciales con nuestra hermana república del sur,
para que los beneficios recíprocos que de ellas resulten nos unan más estrechamente,
como el eslabón natural de Panamá lo hace físicamente". "A la memoria del
general Miranda, primero en encender la antorcha de la libertad en Colombia y una de las
primeras víctimas de la tiranía y la traición". "Por la urna electoral,
crisol en que los hombres libres prueban la pureza de sus servidores públicos". La
mención de Miranda sirvió para traer a cuento otra víctima del poder arbitrario de
Bolívar, y Santander, en su intervención, no dejó de mencionar una vez más "los
sufrimientos que he padecido".
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Ejemplar de la
Constitución de 1832 que perteneció a Santander,
obsequio de Pablo Crespo. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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A Santander le quedaba
un sufrimiento más, o mejor dicho, un desaire, en Estados Unidos. Cuando se recibió la
noticia de su elección como presidente de la Nueva Granada, Jackson le ofreció el
transporte de regreso a su patria en un buque de la armada norteamericana. Pero el buque
zarparía de Pensacola, en el extremo oeste de Florida, accesible sólo por carreteras
incómodas o por un viaje de cabotaje casi tan largo como la distancia entre Nueva York y
Santa Marta. Fue, en palabras de Santander, un "mezquino ofrecimiento", que él
declinó. Mas a pesar de eso, y de los ataques del Albion, al salir finalmente
para Colombia en junio de 1832 Santander se despidió del país con una carta a sus amigos
del Daily Advertiser en que hizo profesión sincera de su "honda gratitud por la
amable acogida de que fui objeto". Reiteró a la vez su confianza en que "el
pueblo americano conservase una estrecha simpatía por la causa de la Libertad en
Colombia".
BIBLIOGRAFIA
GARCIA SAMUDIO,
NICOLAS. "Santander y los Estados Unidos". En: Escritos sobre Santander, Vol. I.
Bogotá: Fundación Francisco de Paula Santander, 1988. La Gran Colombia y los Estados
Unidos, 2 Vols. Bogotá: Fundación Francisco de Paula Santander, 1990.
MORENO DE ANGEL, PILAR,
Santander. Bogotá: Planeta. 1989.
RODRIGUEZ PLATA,
HORACIO. Santander en el exilio. Bogotá: Academia Colombiana de Historia. 1976.
SANTANDER. Diario del
general Francisco de Paula Santander en Europa y los EE. UU. 1829-1832. Bogotá: Banco de
la República. 1963.
SOWELL, DAVID,
compilador. Santander y la opinión agloamericana: visión de viajeros y periódicos.
1821-1830. Bogotá: Fundación Francisco de Paula Santander, 1991.
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