Ficha bibliográfica
Titulo:
Simón Bolivar, Una sintesis del libertador
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: BUSHNELL, David

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 16 - ABRIL 1991



SIMON BOLIVAR
Una síntesis del Libertador
Por: David Bushnell

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 16
Abril de 1991

 

 

Simón Bolívar es sin duda el personaje histórico más importante que ha producido América Latina, hasta el punto que casi todos los movimientos políticos y sociales lo han reclamado como precursor o fundador. Cada época y corriente ideológica han recreado a Bolívar de acuerdo con sus propios afanes, así que han desfilado por las páginas de historia unos Bolívares masónicos o beatos, derechistas o izquierdistas, gringófilos o cerradamente antinorteamericanos... Ninguna visión encierra la verdad entera, pero todas se fundamentan, por lo menos en parte, en lo que él dijo e hizo.
El Libertador nació el 24 de julio de 1783 en Caracas, de una familia latifundista y esclavista de la llamada aristocracia "mantuana". Casi no tuvo educación formal, pero con ayuda de su maestro privado Simón Rodríguez, de su pasión por la lectura y unos viajes tempranos a Europa y Norteamérica, alcanzó un grado de instrucción general no necesariamente inferior al que hubiera significado un grado de bachiller o doctor. Se empapó del pensamiento de la Ilustración, en especial su vertiente francesa (dominaba el idioma francés casi como el español), y no faltan las descripciones de Bolívar estirado en su hamaca de campaña, leyendo a Voltaire u otro semejante. Tal predilección por los filósofos franceses no es realmente un rasgo definitorio de sus ideas, ya que la compartían muchos de sus eventuales adversarios políticos. Significa simplemente una tendencia de apertura a las "luces del siglo" y a las innovaciones políticas y sociales, aunque no a todas, ni de una sola vez.
Un rasgo que sí es definitorio de Bolívar es el que participara en la lucha de emancipación durante todas sus etapas sin excepción, y en múltipes teatros geográficos. Se diferencia del Libertador del Sur, José de San Martín, quien llegó un poco tarde a la epopeya (en 1810 estaba en España) y se autoexilió antes de la batalla final, y del angloamericano George Washington, cuya actividad se restringió a su país. En los comienzos del movimiento en Venezuela, Bolívar era una figura secundaria, un agitador de los que promovían la declaración de independencia absoluta (la primera de un país hispanoamericano, el 5 de julio de 1811) y un militar subalterno a quien, en el colapso de la Primera República de Venezuela, en 1812, le tocó perder la fortaleza estratégica de Puerto Cabello. Sin embargo, al año siguiente se convirtió en jefe indiscutido de la Segunda República, nacida de las ruinas de su antecesora. Pudo restaurar el régimen patriota venezolano y ascender a la dirección suprema, que no abandonaría nunca, gracias, no sólo a las dotes de guerrero que demostró a lo largo de la Campaña Admirable de 1813, que lo llevó de nuevo a Caracas, sino también al apoyo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, cuyo territorio le sirvió de base para reconquistar Venezuela. Así quedó sellada otra característica permanente de la carrera de Bolívar: su vinculación estrecha con la Nueva Granada, donde más de una vez encontraría asilo cuando la fortuna de la guerra le resultó adversa en Venezuela, y cuyos hombres y recursos combinó indiscriminadamente con los del país vecino hasta alcanzar la victoria final, y aun más allá.
La Segunda República venezolana también resultó efímera, por más que Bolívar recurriera a una franca dictadura militar para defenderla. Cayó en medio de rivalidades regionalistas y críticas legalistas, además de unas tensiones de clase y raciales que atizaban los jefes realistas. Los republicanos habían proclamado la igualdad jurídica de las razas desde la Primera República, pero no habían tocado la institución de la esclavitud y eran casi todos ellos miembros de la alta clase criolla, cuyos intereses económicos y sociales no siempre se identificaban con los de las masas venezolanas. A mediados de 1814, por consiguiente, Bolívar se encontraba otra vez en Nueva Granada, aunque no por mucho tiempo, ya que le incomodaban las luchas intestinas de los patriotas granadinos y preveía claramente que la desunión allanaría el camino al Pacificador Pablo Morillo.
Partió Bolívar a Antillas, donde redactó uno de sus documentos clásicos, la Carta de Jamaica de septiembre de 1815, en que con prosa de gran originalidad y lucidez analizó el pasado y futuro de la América Española y proclamó su fe inquebrantable en la victoria. En seguida hizo demostración práctica de esa fe obteniendo del gobierno de Haití el apoyo para una expedición a Venezuela, y luego para otra más cuando la primera fracasó. Hacia fines de 1816 regresó definitivamente a Sudamérica, donde se dedicó a crear una base de operaciones en la cuenca del Orinoco y también a dotar a la causa patriota de un mayor sabor popular, por no decir populista, proclamando la abolición de la esclavitud y ofreciéndoles a los veteranos de guerra una repartición de bienes de los enemigos. De mucha importancia fue la colaboración que recibió del jefe nato de los llaneros, José Antonio Paéz, quien había consolidado un reducto patriota en el Apure.
Bolívar tuvo poco éxito frente a la infantería de Morillo en los Andes venezolanos. Pero a mediados de 1819 abandonó su intento de liberar a Caracas y dio un vuelco estratégico de gran alcance, emprendiendo la campaña a través de los llanos hasta subir los Andes y apoderarse del centro mismo del Nuevo Reino. Para ello renovó su estrecho contacto con los patriotas granadinos, en especial con Francisco de Paula Santander, quien después de organizar una base política y militar en los llanos de Casanare comandó la división de vanguardia del ejército libertador. Por su breve duración y corto número de combatientes, la batalla de Boyacá, que coronó la campaña, no parecería sino una pequeña escaramuza. Sin embargo, en sus consecuencias directas e indirectas, fue la más decisiva de las victorias de Bolívar, porque abrió el camino de Bogotá, ocupado días después sin mayor resistencia, y aseguró el control de un territorio densamente poblado del que podía extraer reclutas y recursos materiales. Si hasta la víspera de Boyacá la suerte de la guerra había resultado incierta -habiendo perdido Bolívar casi tantas batallas como ganó-, ya no volvería a perder sino por excepción. El balance de moral e ímpetu político y militar había revertido a favor de los patriotas, quienes registrarían una victoria tras otra a medida que llevaban la lucha hasta la costa de Nueva Granada, a Venezuela otra vez, y más tarde al Ecuador y Perú hasta la victoria final de Ayacucho en diciembre de 1824.
Mientras tanto se erigía un régimen republicano en todo el territorio del antiguo virreinato de Nueva Granada, del Orinoco a Guayaquil, con el nombre de República de Colombia (Congreso de Cúcuta, 1821). Esta unión respondió al anhelo de Bolívar de crear en la América antes española, no una sola nación -que desde su carta de Jamaica reconocía como cosa inmanejable- pero sí unos Estados más grandes y fuertes que los que a la larga surgieron. Anhelaba también que los nuevos Estados establecieran por lo menos una estrecha alianza entre sí, para lo cual promovió tratados de cooperación fraternal y la reunión del Congreso de Panamá de 1826, que de acuerdo con su plan habría sido un encuentro sólo de ex colonias españolas. La cancillería colombiana invitó también al Brasil y Estados Unidos, mas en la práctica no participaron sino hispanoamericanos -y no todos ellos-, así que el Congreso tuvo significación más bien como precedente para el futuro, que como un paso real hacia la unidad latinoamericana.
Tampoco resultó viable en época de Bolívar la unión colombiana (o grancolombiana, como la bautizaron retrospectivamente los historiadores). Paradójicamente, el mayor escollo para la preservación de la unión fue la misma patria chica del Libertador, Caracas , que en última instancia no aceptaba supeditarse a la lejana y friolenta Bogotá. La desafección venezolana se hizo sentir por primera vez en la rebelión de Páez de 1826, que fue el primer reto político enfrentado por Bolívar al regresar del Perú. Llegó a un arreglo con Páez, que no duró, y a fines de 1829 éste encabezaba un nuevo movimiento autonomista que desembocó en la separación de Venezuela y en la prohibición de que Bolívar volviera a territorio venezolano.
La Nueva Granada se convirtió así en la última morada del Libertador. Murió el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, camino del exilio, que fue voluntario, por más que muchos granadinos hubiesen deseado que partiera. Sus enemigos principales eran los aliados políticos de Santander, quien había sido colaborador eficaz como vicepresidente de Colombia mientras Bolívar esta ausente de Bogotá. La ruptura posterior con Santander y los suyos se debió, entre otros, a factores de rivalidad personal, pero en el fondo existía también un desacuerdo político. Santander propugnaba un republicanismo liberal de corte convencional y además estaba identificado con la obra de su administración vicepresidencial, marcada por un moderado reformismo en política eclesiástica, hacendaria y otros campos, que le había acarreado la oposición de muchos afectados. Bolívar creía que algunas medidas, justificables en sí, habían sido prematuras, ya que el objetivo prioritario debía ser la cimentación de un orden estable; y para este efecto su "panacea" (como él mismo la denominaba) era el esquema de Constitución que redactó para Bolivia, cuyo rasgo notorio era un presidente vitalicio con facultad de nombrar sucesor. No carecía de otras disposiciones eminentemente liberales, pero la presidencia boliviana era de hecho una monarquía disfrazada y como tal no era del agrado de los santanderistas. Estos se convencieron de que Bolívar tenía en mente establecer una dictadura, y su tenaz oposición al Libertador fortaleció su convicción de que en realidad no había otra manera de afirmar el orden público. No fue una dictadura cruenta sino a partir del intento frustrado de asesinar a Bolívar en septiembre de 1828, Cuando se desató una racha de ejecuciones y exilios, incluso el destierro de Santander. Pero fue una dictadura políticamente reaccionaria, sostenida por militares, clero y sectores aristocráticos, mientras que derogaba buena parte de la legislación reformista.
Bolívar sabía diagnosticado certeramente los problemas no sólo de Colombia sino de Latinoamérica, y hacía hincapié en la necesidad de elaborar instituciones acordes con la índole de las nuevas naciones, en vez de tomarlas prestadas de modelos foráneos, a pesar de las bondades intrínsecas de éstos. Sus análisis fueron casi siempre geniales. No lo fueron, desafortunadamente, las soluciones concretas (tipo Constitución boliviana) que él propuso. Sin embargo, había creado naciones y proclamado ideales de libertad personal y solidaridad latinoamericana que serían banderas de lucha en lo venidero. Si no logró todo lo que anhelaba, tampoco lo pudieron los demás libertadores, ninguno de los cuales intentó tanto como él.