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Pocos países ilustran de manera tan precisa la naturaleza radicalmente
cambiante del panorama de seguridad de la postguerra fría como lo hace Colombia. Siendo
un microcosmos de la compleja situación de seguridad interna externa,
multitemática y que involucra a múltiples actores que el mundo enfrenta hoy, Colombia es
un caso de prueba para explorar las numerosas dimensiones del problema de la seguridad
global. En el contexto del orden internacional y la gobernabilidad, la crisis colombiana
pone de relieve dos de los aspectos más sobresalientes de las nuevas formas de violencia
e inseguridad global que han reemplazado la competencia de los superpoderes: los estados
débiles y la compleja interacción entre la seguridad doméstica y la internacional.
El
punto de partida analítico de este artículo es la relación causal entre las estructuras
estatales debilitadas y la creciente inseguridad. Muchos autores afirman que el común
denominador del conflicto violento del período de la post-guerra fría es una dinámica
en la cual el estado ha experimentado una crisis de gobernabilidad que fluctúa entre el
serio deterioro y el colapso total
2
.
A pesar de la tendencia a enfatizar la singularidad de la situación colombiana como ajena
a los conflictos internos generados
por factores étnicos que ha tendido a dominar
los estudios de seguridad en el Tercer Mundo, Colombia puede tener más en común con
otros países destruidos por divisiones internas violentas de lo que puede parecer a
primera vista. Mi propuesta es que la debilidad del estado colombiano es la causa
permisiva de su crisis de seguridad y que el agravamiento de la situación en Colombia se
puede atribuir al deterioro progresivo de la fortaleza del estado durante la última década
3
. Esta condición
complementa causas más aproximadas de la inseguridad colombiana, lo cual proporciona una
explicación política más completa a la persistencia del conflicto interno en Colombia
durante un período en el cual los movimientos armados asociados a las ideologías de la
guerra fría se han desacreditado y han desaparecido
4
.
Pero
esto sólo conduce a preguntar: ¿por qué las capacidades y las instituciones del
gobierno central se contrajeron tan marcadamente desde principios de los noventa? Al igual
que muchos estados, Colombia se ha debilitado cada vez más debido a los problemas
internos tales como la corrupción rampante, exacerbada por una economía distorsionada
por el narcotráfico, un sistema político excluyente, la crisis económica y altos
niveles de inequidad social y económica
5
.
Abordando a la seguridad como una dinámica global compleja, sin embargo, mi propósito es
explorar cómo los desarrollos internacionales desde el fin de la guerra fría han
contribuido a un mayor deterioro del estado colombiano. Esta perspectiva de la
"segunda imagen al revés" analiza el impacto que los cambios en los arreglos de
poder en el ámbito internacional, los nuevos referentes de seguridad, las
transformaciones en las estructuras económicas y tecnológicas globales y la política
regional han tenido en la fortaleza y la seguridad del estado colombiano
6
.
Por
supuesto, el entrelazamiento de los órdenes internacional y doméstico en la dinámica de
seguridad global en la post-guerra fría, en la cual los desarrollos en un terreno se
traspasan fácilmente al otro, sugiere la probabilidad de que la crisis de seguridad en
Colombia se internacionalice. Los conflictos domésticos violentos no sólo tienden a
desafiar las fronteras territoriales y a penetrar estados vecinos, sino que los actores
externos estatales y no estatales, así como los regionales y los de otras
regiones- generalmente tienen intereses que los conducen a tomar partido e incluso a
intervenir en este tipo de conflictos. Sin embargo, este efecto contagioso del conflicto
interno violento no está de ningún modo contrarrestado por la existencia de ciertas
estructuras regionales de seguridad, la integración económica y la construcción estatal
democrática, que pueden reforzar la seguridad interestatal inclusive en medio de guerras
internas. La tercer área de investigación en este artículo, por ende, es el efecto
internacional de la crisis de seguridad en Colombia, particularmente examinando las
estructuras regionales y hemisféricas de seguridad como posibles antídotos para la
esperada internacionalización del conflicto.
Este
artículo es un primer intento por identificar aspectos particulares de la situación de
seguridad colombiana que garanticen estudios posteriores y que sean relevantes para una
investigación más amplia sobre el orden global y la violencia. Tengo cinco propósitos
básicos. Después de revisar brevemente la naturaleza de la crisis de seguridad
colombiana, introduzco una combinación de modelos de estados débiles usados en los
estudios de seguridad internacional que se pueden utilizar para conceptualizar de manera
más precisa la debilidad/fortaleza estatal. Luego uso estos conceptos para explorar la
relativa debilidad de Colombia y para sugerir una conexión entre la degradación de la
seguridad colombiana y el debilitamiento progresivo del estado colombiano que han ocurrido
en la última década. Mi tercer objetivo es identificar factores internacionales de la
post-guerra fría que han agravado la debilidad de Colombia y la crisis de seguridad
interna. Posteriormente examino las posibles consecuencias internacionales del fracaso del
estado colombiano, las cuales comprenden por un lado la ampliación del conflicto armado
para incluir actores externos, y por otro, la contención y difusión de la crisis. En la
conclusión evalúo mi análisis preliminar, sugiero líneas de investigación
relacionadas con estos temas y hago algunas observaciones acerca de su relevancia para
direcciones futuras en los estudios de seguridad.
La
crisis de seguridad colombiana
Al
igual que en otras partes de Latinoamérica, los términos de la problemática de
seguridad en Colombia han cambiado dramáticamente desde el fin de la guerra fría
7
. El ensanchamiento
del constructo de la seguridad para incluir individuos y grupos transnacionales
subnacionales más grandes como referentes de seguridad, así como dimensiones no
militares de seguridad y amenazas a la misma, y establecer un contexto global para el
suministro de seguridad, ha resultado en una nueva conceptualización que es tan
significativa como compleja
8
.
El dilema actual de Colombia parece ejemplificar esta naturaleza multidimensional de la
inestabilidad y la inseguridad
9
.
En
primer lugar, como muchos estados del Tercer Mundo, el problema de la seguridad nacional
en Colombia es ante todo un problema interno. Bajo el cerco de dos movimientos
insurgentes, las FARC de raíces marxistas poco precisas y el ELN inspirado en Cuba y
fundado sobre principios de la teoría de la liberación, el estado colombiano está
amenazado por una guerra militar declarada en su territorio y sus instituciones. Al mismo
tiempo, la violencia y el comportamiento criminal relacionados con la producción y
tráfico ilegal de drogas amenazan con incapacitar las instituciones estatales y la
economía legal. Esta "mezcla volátil" de insurgencia armada y narcotráfico
plantea un reto directo para el estado y hace estragos con la estabilidad interna
10
.
De
hecho, los riesgos que acarrea para la seguridad social en Colombia son alarmantes. Las
fuerzas armadas y el estado, ambos debilitados, cada vez le dan más prioridad a la
protección del régimen y de los centros urbanos, dejando que grandes regiones del país
se defiendan por sí mismas. Esta dinámica ha generado el surgimiento de movimientos
paramilitares que se han vuelto omnipresentes y altamente nocivos. Indefensa frente a la
violencia generalizada y los abusos a los derechos humanos cometidos por todos los
participantes en el conflicto interno, la mayor parte de la sociedad rural vive en lo que
puede describirse como un estado de naturaleza Hobbesiano. En algunos casos las fuerzas
armadas del estado, y los grupos paramilitares que éstas toleran, representan una amenaza
directa a la seguridad individual en la guerra militarizada contra las drogas y en las
campañas contra la insurgencia. En otros, la incapacidad del gobierno central de proteger
a la población civil ha expuesto a los pobladores a la violencia de la guerrilla, ataques
a pueblos, reclutamientos forzados, extorsiones y secuestros, mientras que estos grupos
buscan consolidar su control territorial y financiar su guerra contra el estado. Gran
parte de la violencia extrema en las áreas rurales está asociada a la industria de los
narcóticos, en la medida en que diferentes facciones de la guerrilla y los paramilitares
luchan entre ellos mismos para ganar el rentable derecho a cobrar impuestos por el cultivo
y transporte de drogas. La extrema pobreza, las escasas alternativas económicas y la
falta de acceso a servicios básicos, salud y educación componen la problemática de los
individuos, familias y comunidades. En algunas partes del país la degradación ambiental
amenaza aún más la seguridad del ciudadano colombiano, en la medida en que los esfuerzos
de erradicación de las drogas contaminan el suelo y el agua.
El
estado y la sociedad de Colombia no son, sin embargo, los únicos afectados por la
creciente inseguridad doméstica. Aunque el problema de las drogas en Colombia ha sido
definido por largo tiempo como un asunto de seguridad internacional, especialmente por
parte de Estados Unidos, otras dimensiones del deterioro de la situación interna del
país ahora también se están extendiendo más allá del territorio colombiano, afectando
tanto la seguridad regional como la hemisférica.
Conceptualización
de la fortaleza/debilidad estatal
El
ambiente de seguridad en Colombia manifiesta muchos, si no todos, los atributos de la
crisis de seguridad que adolecen los estados del Tercer Mundo en el período de la
post-guerra fría: reducción de la seguridad y el bienestar para muchos sectores de la
población, competencia violenta entre grupos subnacionales en conflicto, menor capacidad
del gobierno central para mantener el orden interno y mayor vulnerabilidad a los procesos
y amenazas externas. Sean caracterizadas como emergencias políticas complejas o dilemas
de inseguridad, una característica central compartida por estas crisis es la presencia de
un estado débil
11
. En
efecto, la debilidad estatal y la disminución de la soberanía en el Tercer Mundo han
estado permanentemente ligadas a la mayoría de los conflictos violentos internos en la
segunda mitad del siglo veinte, especialmente desde el eclipse de las preocupaciones de
seguridad geopolítica
12
.
No es extraño, pues, que los académicos especializados en seguridad hayan reorientado su
atención de las grandes potencias y la fuerza militar como fuente primordial de
inseguridad global, a las nuevas amenazas a la seguridad relacionadas con estados
fracasados e inestabilidad interna
13
.
Existe
un amplio conjunto de conceptos, términos y rótulos en la literatura de seguridad que
intentan abordar el fenómeno empírico de los estados del Tercer Mundo que no exhiben las
cualidades comúnmente asociadas con estados occidentales avanzados e industrializados, es
decir, fuertes. A pesar de haber antes diferencias en ciertas suposiciones y atributos
subyacentes, estos múltiples enfoques intentan conceptualizar varios grados de
stateness
14
en
el Sur global relacionados con sus funciones, desempeño, legitimidad y autoridad. Los
constructos del estado débil, cuasi-estado, estado fracasado y estado colapsado se pueden
considerar como posiciones a lo largo de una escala de stateness, con los ejemplos
más fuertes y más débiles en el sistema internacional situados a cada extremidad
15
. Aunque
ubicar con precisión la localización de un estado en esta escala de debilidad/fortaleza
es ciertamente problemático, mis metas en esta sección son identificar la naturaleza de
la stateness de Colombia usando ideas de varios modelos de estado débil y luego
discutir las implicaciones de la debilidad del estado colombiano para las condiciones de
seguridad interna.
No debe
sorprender el que los intentos por determinar la fortaleza relativa de los estados
comienzan con una definición del estado. A pesar de toda una diversidad de conceptos que
compiten entre sí, los politólogos e internacionalistas enfatizan generalmente en los
atributos empíricos del
statehood
16
derivados de la definición de Weber: una entidad autoritaria con monopolio en el uso
legítimo de la fuerza en el territorio, población y actividades dentro de una
jurisdicción definida
17
.
Las capacidades instrumentales del estado relacionadas con sus funciones tributarias,
reguladoras y redistributivas dominan esta visión del estado, en la cual la fortaleza del
mismo se mide en gran parte en términos de su poder coercitivo
18
. Esta interpretación, sin embargo, sufre de
varias falencias. Combina los componentes conceptualmente diferentes de estado y gobierno
central, crea una cierta separación artificial entre el estado y la sociedad y representa
erróneamente al actor estatal desde una perspectiva internacional
19
. Esta visión de facto del estado también
está limitada por no tomar en consideración la legitimidad de las bases de la autoridad
del mismo
20
.
Muchos
académicos interesados en la limitada relevancia de las definiciones tradicionales del
estado para cuestiones del statehood y seguridad en el Tercer Mundo han intentado
ampliar la visión del estado basada en el poder. El modelo de Buzan de
fortaleza/debilidad estatal ofrece una importante contribución en este sentido, al
incluir atributos tanto instrumentales como no materiales del estado
21
. Holsti amplía el constructo esencial del
estado fuerte de Buzan incluyendo dos aspectos críticos de legitimidad estatal (Holsti,
19996). Ayoob advierte, no obstante, que las capacidades coercitivas del gobierno central
deben reconocerse como cruciales para la tarea de construcción del estado, especialmente
en el Tercer Mundo contemporáneo
22
.
Esta evaluación del grado de statehood de Colombia comienza, por ende, con una
estimación más completa de cuáles son las diferentes piezas del rompecabezas estatal
como lo proponen estos autores.
Buzan
sugiere tres partes componentes del estado: la expresión institucional del estado, la
idea del estado y la base física del estado. La base física es su característica más
concreta y fácilmente determinada, la cual está compuesta por población, territorio,
recursos naturales, infraestructura y base industrial El control sobre un territorio
específico y sin conflictos es quizá la característica más tangible del estado moderno
y el reconocimiento territorial mutuo es la base del sistema internacional de estados. Sin
embargo, los estados varían ampliamente en su seguridad territorial y consolidación.
Mientras que los intentos escuetos de expansión territorial, tales como la invasión de
Irak a Kuwait en 1991, son cada vez menos comunes, la integridad territorial
frecuentemente se ve amenazada por movimientos internos secesionistas o de independencia,
al igual que por problemas territoriales con países vecinos. Los recursos y la riqueza
también varían notoriamente entre los estados, aunque la manera en que la riqueza es
distribuida y las capacidades fiscales
del estado pueden ser mejores indicadores de
fortaleza que las medidas absolutas. Las poblaciones son el elemento más fluido de la
base física del estado, con frecuentes rupturas entre las comunidades políticas y las
comunidades etno-nacionales.
La
segunda característica de la definición de Buzan es la expresión institucional del
estado, la cual consiste en todas las estructuras y cuerpos del gobierno central, así
como las leyes y normas relacionadas con la función gubernamental. Este componente del
estado se asemeja más al ideal estatal Weberiano, con su énfasis en poderes
administrativos, tributarios y coercitivos. La capacidad de desempeñar las funciones
esenciales de establecer una autoridad política, crear orden, proporcionar seguridad y
otros bienes colectivos y actividades reguladoras está directamente relacionada con la
cohesión institucional, control y alcance de un gobierno. Los modelos gubernamentales y
sus respectivas instituciones pueden abarcar desde un régimen militar puramente
coercitivo en un extremo, hasta un estado ocupado cuya maquinaria institucional central
haya sido desmantelada. Aunque una tendencia común es reducir al estado a las capacidades
coercitivas del gobierno central, en este modelo las instituciones del gobierno son
conceptualmente diferentes al estado mismo.
Buzan
observa con acierto que las ideologías organizativas del estado están íntimamente
relacionadas con la organización y la estructura del gobierno. Las instituciones
estatales generalmente están estructuradas para expresar la idea del estado, siendo el
sistema comunista y el monárquico ejemplos obvios. La idea del estado puede pensarse como
un principio organizativo alrededor del cual se cohesiona la sociedad y que funciona como
el vínculo que une las mitades de lo privado y de lo público en el estado-nación. El
consenso en lo relacionado con el principio y propósito subyacente del estado es esencial
para su legitimidad, al servir como "mecanismo para persuadir a los ciudadanos a
subordinarse a la autoridad estatal" (Buzan, 19991:83). De acuerdo con Buzan, los
estados clásicamente definidos como fuertes que gobiernan a través de la represión y la
coerción son de hecho regímenes con gobiernos centrales poderosos, aunque con una idea
legitimadora del estado muy débil. La identidad nacional, los valores culturales, la
religión, la ideología política, una experiencia colectiva traumática y formativa, el
propósito nacional, la preservación racial o una combinación son las ideas
organizativas de los estados más comúnmente utilizadas. Los estados fuertes exhiben una
identidad coherente y amplio consenso en relación con el concepto básico del estado. En
contraste, los estados débiles se caracterizan por una ideología organizativa que se
sostiene muy débilmente o que está en disputa, así como por una identidad escasamente
articulada.
Hosti
expande la idea del estado de Buzan al introducir los conceptos complementarios de
legitimidad vertical y horizontal con el objetivo de identificar más precisamente lo que
puede ser el elemento más crucial y elusivo del estado. La legitimidad vertical se
refiere a aquellos principios sobre los cuales se funda el "derecho a gobernar",
los cuales abarcan desde la herencia hasta el desempeño y la ideología. Pero haciendo
caso omiso de los principios subyacentes, la pretensión de autoridad de un gobierno es
legítima sólo con el consentimiento de los gobernados. La lealtad a las ideas e
instituciones del estado está directamente correlacionada a la legitimidad del estado, en
donde "las órdenes se obedecen no sólo por miedo o interés propio, sino porque se
cree que en cierto sentido tienen autoridad moral
23
."
La
legitimidad horizontal tiene que ver con la fortaleza de la sociedad civil expresada en el
nivel de cohesión, aceptación y tolerancia entre diferentes grupos y comunidades dentro
de la comunidad política. La discriminación intrasocial, la explotación o la opresión
tienden a implicar que una comunidad política dominante excluye ciertas minorías. Ambas
dimensiones de la legitimidad están estrechamente conectadas. "La legitimidad
vertical dudosa puede crear, mantener o exacerbar la legitimidad horizontal" por
razones políticas (Holsti, 1996:88). La falta de legitimidad horizontal, a su turno,
puede conducir a sociedades fracturadas dentro de las cuales la lealtad al estado está
erosionada y la violencia reemplaza el compromiso y la negociación. El punto es que en
estados con baja legitimidad horizontal la comunidad política se puede fracturar, el
consentimiento a ser gobernado se puede erosionar y la legitimidad vertical se puede ver
disminuida.
Desagregar
al estado en sus partes componentes, a saber, las instituciones centrales, la base física
y principios organizativos y la legitimidad, nos ofrece una imagen del estado más
matizada conceptualmente y permite una determinación más precisa de la
"estatalidad" en términos analíticos. No obstante, Ayoob sugiere que la idea
de Weber en el sentido de que el poder es el centro del estado moderno es aún altamente
relevante para un análisis de la debilidad o fortaleza del estado. Aconsejando que las
diferencias en los atributos del estado entre el Primer y el Tercer Mundo no se exageren,
hace énfasis en que la concentración de poder coercitivo a manos de las instituciones
del estado central es tan crucial como el proceso de construcción y consolidación del
estado en el Tercer mundo hoy como lo fue en la Europa moderna. La consolidación del
control territorial, la eliminación de la oposición, el establecimiento del orden y la
extracción de recursos no sólo dependen de la acumulación de poder central, sino que
también apoyan las actividades básicas de guerra y de política relacionadas con la
construcción de estado y el control interno.
Los
estados muestran niveles de debilidad y fortaleza en todas estas categorías, con muy
pocos tipos ideales, y la mayoría se ubican en algún punto en la mitad. Los estados no
son sólo fuertes o débiles en relación con otros estados, sino que la fuerza también
es relativa a sí misma en otros momentos históricos. Algunos estados por momentos se
mueven a lo largo de este continuo.
Un
estado fuerte sería uno en el cual el control sobre el territorio y la población está
altamente consolidado; las instituciones del gobierno relacionadas con el suministro de
servicios básicos tales como seguridad, ley, orden y justicia son funcionales y
efectivas; el poder coercitivo del estado es suficiente para repeler las amenazas a su
autoridad; hay un amplio consenso dentro de la comunidad política con respecto al
significado y propósito del estado; la autoridad y la fuerza ejercida en nombre del
estado es considerada como legítima; y la sociedad civil cumple un papel significativo en
la función de gobernar. Los estados débiles no controlan ni el territorio ni la
población dentro de su jurisdicción jurídica; la capacidad política del aparato de
gobierno central es limitada, incapaz de suministrar seguridad o de cumplir con funciones
reguladoras básicas; el poder del estado es insuficiente para responder adecuadamente a
las amenazas a su soberanía; la idea de estado es violentamente desafiada por grupos
subnacionales; la autoridad del estado no se acepta de manera generalizada; el uso de la
fuerza por parte del estado se considera ilegítimo; y la comunidad civil es fragmentada y
marginada. Una de las paradojas de los estados débiles es que en la medida en que su
coherencia y legitimidad institucional disminuyen, recurren frecuentemente a la represión
militar como instrumento para mantener la fortaleza del régimen y el control interno.
En el
extremo del estado fracasado se encuentran Somalia y Liberia, entidades políticas sin
autoridad centralizada, aunque sus fronteras aún se reconocen internacionalmente.
Afganistán, Zaire, Nigeria y Haití probablemente se localizarían en el cuadrante más
débil más cerca del extremo del estado fracasado. En el polo opuesto se encuentran
Islandia y Noruega, y cerca de este flanco se localizarían Japón, Francia y Nueva
Zelandia. La mayoría de los estados se ubican en alguna parte en la mitad, con países
como Malasia y Chile tendiendo hacia el lado fuerte e Israel e Indonesia tendiendo hacia
el débil.
Colombia:
un estado en vía del fracaso
¿Dónde
se ubica Colombia en este continuo de stateness?, y ¿Ha cambiado su posición
o su relativa fortaleza/debilidad en años recientes? La debilidad de
Colombia no es nueva
24
.
Al igual que muchos estados en el Tercer Mundo cuyo proceso de construcción estatal
estuvo lleno de altibajos
y fue "tardío", Colombia ha sido por mucho
tiempo débil en relación con actores políticos del Norte desarrollado. Reviste mayor
interés el debilitamiento progresivo aparente de Colombia, particularmente en la última
década. Los observadores de la escena política colombiana usualmente se refieren a las
condiciones de deterioro del país, el derrumbe de las instituciones gubernamentales y la
creciente incapacidad estatal para garantizar la seguridad
25
.
Colombia
tiende claramente hacia el lado más débil del constructo de fortaleza/debilidad. Aún
está lejos del extremo del estado totalmente colapsado y es significativamente más
fuerte que países como Yugoslavia y Nigeria, estados débiles cuyos conflictos internos
han desembocado en intervenciones militares por parte de actores externos
26
. Aún así, Colombia probablemente se
encuentra más cerca del polo más débil de lo que estaba hace veinte años, y continúa
avanzando hacia esa dirección aún cuando otros estados latinoamericanos amenazados por
conflictos internos e insurgencias armadas han revertido exitosamente la misma tendencia.
Todos
los componentes del estado colombiano exhiben debilidades significativas. La autoridad,
reciprocidad y responsabilidad que constituyen la legitimidad vertical han sido
erosionadas por la corrupción, la acumulación de las diferencias económicas, el
clientelismo, el regionalismo y la gran ineficacia del sistema. Dentro de la sociedad hay
un escaso consenso sobre la idea unificadora de Colombia y muchos sectores de la misma
combaten activamente, y en muchos casos violentamente, la legitimidad y principios
organizativos fundamentales del estado. Las instituciones gubernamentales son corruptas,
ineficientes y excluyentes. El sistema político democrático no funciona en muchas
jurisdicciones debido a amenazas y terrorismo por parte de insurgentes y paramilitares, y
en el nivel nacional es entorpecido por el clientelismo, la corrupción y la precaria
responsabilidad pública. El sistema legal colombiano no suministra justicia
sistemáticamente ni ha logrado contener la reciente explosión de ilegalidad (Pardo,
2000:76). La policía y las instituciones militares son incapaces de mantener el orden
público y de ofrecer seguridad para la población civil. El suministro de servicios
públicos básicos ha sido seriamente deteriorado por la devastadora recesión económica.
Por actos tanto de omisión la inhabilidad de proteger sus ciudadanos de las
masacres de criminales, la guerrilla y los paramilitares- y comisión las
violaciones a los derechos humanos cometidas por el ejército colombiano-, Colombia ha
perdido el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Extensas áreas del país no cuentan
con presencia del gobierno central ni con protección policial, mientras que los
productores de drogas, las fuerzas guerrilleras y los paramilitares compiten violentamente
por el control de regiones estratégicas. La pérdida de derechos soberanos por parte del
estado en 1997 sobre una zona desmilitarizada del tamaño de Nueva Jersey como una
supuesta concesión para futuras negociaciones de paz con las FARC fue de hecho un
reconocimiento de la jurisdicción de facto de la organización guerrillera. En las
negociaciones que se están llevando a cabo en relación con el retiro de la presencia del
estado de otra zona de distensión con el ELN, se ha tratado de mantener la apariencia de
control por parte del gobierno sobre lo que legalmente se considera territorio colombiano.
Dentro de este vacío de autoridad, legitimidad, ley y orden y presencia física del
estado, han prosperado grupos para- institucionales que compiten directa y violentamente
con el estado por la autoridad política (Orejuela, 1998). Las estrategias de las
organizaciones guerrilleras, paramilitares y grupos de autodefensa y narco-mafias que
buscan esencialmente reemplazar al estado y controlar el territorio, los mercados y las
estructuras políticas cada vez se parece más a la política de warlord, en donde
la violencia política y la resolución violenta de los conflictos han reemplazado
efectivamente el estado de derecho (Reno, 1999). En resumen, la cohesión social es
precaria, las funciones básicas del estado se realizan mediocre y esporádicamente y la
autoridad del gobierno central es inexistente en muchas jurisdicciones.
Causas
internacionales de la debilidad del estado colombiano
Gran
parte del trabajo académico sobre estados débiles ha estado relacionado no tanto con la
generación de una tipología de la debilidad, sino más bien con la identificación de
determinantes de estos estados fracasados. En las reflexiones sobre las crisis políticas
del mundo de la post-guerra fría, dos tendencias han dominado esta literatura. La primera
identifica un proceso incompleto de construcción estatal como parte de la herencia
colonial que sería la principal causa del dilema de seguridad del Tercer Mundo, como lo
ejemplifica el colapso total del gobierno en Somalia y Liberia. La supervivencia de muchos
estados recientemente independizados, con poco que mostrar empíricamente acerca de su statehood
se atribuyó en gran parte al apoyo a la juridical statehood en África por parte
de la comunidad internacional (Jacson, 1987; 1990). El colapso de las estructuras de la
guerra fría reveló la fragilidad interna e inseguridad de muchos de estos
"cuasi-estados", a las cuales, por primera vez, se les permitió hundirse o
nadar por su propia cuenta. Otro tema relevante ha sido la dimensión etnonacional de los
estado débiles y el conflicto interno. La fragmentación de Yugoslavia es tal vez el caso
más ilustrativo de la debilidad inherente a los estados multinacionales incapaces de
reconciliar o suprimir las demandas políticas, económicas y culturales de sus grupos
minoritarios (Zartman, 1995; Gurr, 1996; Brown, 1996). El retiro de la presencia y el
apoyo de las superpotencias resultó en la transformación de muchos estados débiles en
estados fallidos o totalmente fracasados en la medida en que borbotaban los antagonismos
étnicos y nacionalistas. Esta dinámica es particularmente evidente en Asia Central, el
Cáucaso y los Balcanes, o en lo que Mohamed Ayoob denomina el nuevo Tercer Mundo (Ayoob,
1996).
El
hecho de que la limitada capacidad del estado colombiano y el deterioro de las condiciones
de seguridad que la acompañan no coincidan claramente con ninguna de estas explicaciones
históricas de debilidad estatal sugiere la necesidad de expandir el mecanismo causal del
marco existente del estado débil. Aunque Colombia nunca ha sido un estado fuerte de
acuerdo con las definiciones discutidas anteriormente, varias dimensiones de la fortaleza
del estado instituciones, territorio, poder, autoridad y legitimidad- han
experimentado un severo deterioro desde principios de la década del noventa. ¿Por qué?
Sin descartar la importancia de explicaciones domésticas tales como reformas
institucionales implementadas a medias, la persistencia de instituciones discriminatorias
y la próspera industria ilegal de las drogas, me interesa cómo los desarrollos
internacionales desde el fin de la guerra fría también pudieron haber contribuido a la
fragmentación estatal y la crisis de seguridad interna en Colombia
27
. El desvanecimiento de las líneas entre los
órdenes doméstico y externo que ha acompañado las transformaciones de la post-guerra
fría sugiere la creciente vulnerabilidad de los estados a los procesos internacionales y globales
28
. Yo
identifico tres características del orden internacional de post-guerra fría que han
contribuido a la debilidad del estado y al aumento de la inseguridad en Colombia:
reestructuración política global, cambios en las definiciones y referentes de seguridad
y la globalización económica.
Reestructuración
política global
El
fin de la bipolaridad eliminó la incidencia de la pugna entre superpotencias sobre muchos
conflictos del Tercer Mundo, con consecuencias que van desde permitir soluciones
negociadas exitosamente como en Camboya y El Salvador, hasta causar anarquía generalizada
en Afganistán después de la retirada soviética. Paradójicamente, las insurgencias
colombianas marxistas se han fortalecido desde el fin de la guerra fría, lo cual ha
llevado a una deterioro relativo de la fortaleza del estado colombiano comparado
con la guerrilla, al igual que a un dramático incremento en la inestabilidad doméstica.
Mientras que la dependencia económica de la guerrilla colombiana en Cuba nunca fue
substancial, el fortalecimiento de sus lazos políticos a principios de los noventa, sin
embargo, eliminó todas las restricciones a la libertad de acción de los insurgentes, lo
cual incentivó un drástico aumento en sus actividades criminales y
"depredadoras" tales como la extorsión, el secuestro y el narcotráfico
(Rangel, 2000; Chernick, 1996:300).
Uno de
los elementos más significativos de la reestructuración política global de la
post-guerra fría es la reubicación de la autoridad (Rosenau, 1998:23). Las estructuras
domésticas de autoridad basadas en el estado en los países del Tercer Mundo han sido
afectadas de manera particular por este desarrollo, en donde los criterios de desempeño
relacionados con las necesidades básicas, el desarrollo económico y la seguridad
reemplazan de manera creciente a las fuentes tradicionales de autoridad. No parece haber
escasez de elementos que evidencien que las relaciones de autoridad en Colombia también
se están desgastando. Los insurgentes, paramilitares y narcotraficantes que funcionan a
margen del estado y la sociedad desafían directa y violentamente a la autoridad estatal.
Además, la inhabilidad del gobierno central de suministrar servicios fundamentales,
protección y oportunidades a varios sectores de la sociedad disminuye su influencia
moral, con lo cual se crea una dinámica en la cual la comunidad política reorienta sus
"sentimientos de legitimidad" a entes más autoritarios (Rosenau, 1998:24). En
algunos casos la autoridad política en Colombia ha sido reubicada hacia abajo en grupos
subnacionales tales como paramilitares, grupos de autodefensa y la guerrilla. En otros, ha
sido redirigida hacia arriba a organizaciones internacionales y ONG que se perciben como
portadoras de mayor legitimidad que el estado. La población desplazada y las víctimas de
la violencia política actualmente suelen ignorar al gobierno nacional e intentan llevar
sus demandas directamente a la Comisión para los Derechos Humanos de la ONU y a Amnistía
Internacional. Otros ejercen su opción de "salida" abandonando a Colombia del
todo, en respuesta al pobre desempeño del gobierno colombiano. La disminución de la
autoridad moral del estado colombiano que ha ocasionado un debilitamiento constante de la
lealtad de la sociedad civil en los años recientes, es un elemento clave tanto del
desgaste de la fortaleza del estado en general, como del fortalecimiento de otros actores
en relación con el estado.
El fin
del conflicto Este-Oeste también trajo como resultado un cambio importante en las
prioridades de seguridad de Estados Unidos, en la medida en que la atención a asuntos
tradicionales de alta política relativos a la Unión Soviética le dieron paso a una
nueva agenda de seguridad nacional que incluía drogas y derechos humanos. Dado que las
drogas ilegales se convirtieron en una nueva amenaza para la seguridad nacional
estadounidense, Colombia figuró más notablemente en la política exterior de E.U, por lo
cual recibió durante la administración Bush incrementos significativos en los fondos
para financiar la guerra contra las drogas. Sin embargo, este aumento en la ayuda militar
y en la atención hacia Colombia, sin embargo, ni detuvo el flujo de las drogas ni
fortaleció al gobierno central. Por el contrario, los analistas observan que la
militarización de los esfuerzos contra las drogas tuvo el efecto múltiple de aumentar
los abusos a los derechos humanos, empeorar las relaciones cívico-militares y profundizar
la crisis económica de las poblaciones rurales pobres en Colombia (Tokatlian, 1994).
Mientras que de por sí estos desarrollos pueden ser indicativos del debilitamiento de las
estructuras estatales, también tuvieron los efectos involuntarios de alienar aún más a
la población rural pobre y desprovista de derechos políticos, incrementar su dependencia
en la protección y las actividades económicas ilegales y apoyar la fuerza de la
guerrilla.
Nuevos
marcos de seguridad
Si
los estado débiles son el centro de la problemática de seguridad del Tercer Mundo,
¿qué impacto, si lo hay, tiene el marco general de seguridad de la post-guerra fría
sobre las estructuras estatales del Tercer Mundo? En el caso de Colombia, dos desarrollos
en la última década relacionados con la nueva agenda global de seguridad parecen tener
implicaciones para la relativa fortaleza del estado: las condiciones de países en
conflicto que ahora son consideradas como preocupaciones legítimas de seguridad para la
comunidad internacional; y el cambio en las normas relacionadas con la responsabilidad del
suministro de seguridad que ahora incluyen representantes de la sociedad civil global.
El
cambio en la dinámica de seguridad ha internacionalizado dos de los problemas más
apremiantes de Colombia el tráfico de drogas y los derechos humanos. Si bien esto
indudablemente trae beneficios tanto desde la perspectiva global como la local, ha
erosionado, sin embargo, la autonomía colombiana para manejar estos temas internamente.
Tanto la política antidrogas militarizada de Estados Unidos como los estándares
aplicados por ONG internacionales y organizaciones intergubernamentales hacia Colombia con
respecto a los derechos humanos han restringido la actuación libre del estado. Aunque no
soy de ninguna manera una apologista de los abusos a los derechos humanos, no soy la
única en observar que las nuevas normas de corte liberal aplicadas a nivel global en lo
atinente al tratamiento humano de los individuos pueden contradecir, y aún socavar, la
norma de soberanía jurídica
29
.
Esto es claramente observable en estados del Tercer Mundo como Colombia, en donde los
actores subnacionales no se consideran tan accountable como el Estado para la
comunidad internacional y en donde el cumplimiento de la norma puede impedir la
consolidación y control del estado.
Un
asunto relacionado surgido en el período de post-guerra fría es el traslado de la
responsabilidad de brindar seguridad del nivel doméstico hacia el global. Junto al
desvanecimiento de las líneas entre la seguridad externa y la interna, y entre la
seguridad humana y la seguridad política, también se ha generado un nuevo pensamiento
con respecto al papel que debe jugar la comunidad internacional en la protección de las
poblaciones civiles y el establecimiento del orden dentro de las jurisdicciones estatales
(Walter y Zinder, 1999). Las organizaciones de seguridad a nivel regional y las misiones
de mantenimiento de paz (peacekeeping) de la ONU proporcionan cada vez más la
función de seguridad global (Conteh-Morgan, 2000). En Colombia ya se puede ver el impacto
de la globalización de la seguridad en la autoridad del estado. La ONU está cumpliendo
un papel creciente en los asuntos humanitarios relacionados con el conflicto interno y las
solicitudes de la sociedad civil por una mediación internacional. Si las negociaciones
fracasan, si la trampa de inseguridad colombiana se ensancha y si el estado es incapaz de
imponer orden, dados los importantes precedentes de la década de los noventa, no es
descabellado especular en la posibilidad de que la comunidad internacional al menos
discutirá sobre los méritos de la intervención por encima de la anarquía.
La
economía globalizada
La
consolidación de una economía capitalista global después del colapso del bloque
soviético también fue una fuerza significativa para la reestructuración económica en
Colombia, con importantes consecuencias para la capacidad estatal y la autonomía del
gobierno. El cambio en las condiciones tecnológicas y económicas globales tuvo un papel
central en la decisión tomada en 1990 en el sentido de descartar el modelo de
industrialización por sustitución de importaciones adoptado en el país después de la
II Guerra Mundial, a favor de la modernización, la apertura económica, la integración
regional y la inserción en la economía global. Tal como ha sido discutido ampliamente en
otras partes, esta liberalización económica involucró una reestructuración radical del
sector público, atendiendo a la necesidad de la competitividad global
30
. Las políticas de racionalización del
gasto, privatización y descentralización resultaron en una reducción significativa de
la capacidad reguladora y administrativa del gobierno central. La correspondiente
contracción del gasto público causó disparidades generalizadas entre la sociedad más
pobre y vulnerable de Colombia, con lo cual se crearon de nuevo espacios que fueron
llenados por grupos tales como la guerrilla. En Colombia, el cambio de poder del estado
hacia los mercados también generó la distensión de los lazos entre los actores
económicos y el estado, una reducción en el control sobre las actividades económicas y
una menor capacidad para protegerse o responder a los efectos negativos de una economía
internacionalizada. Mientas que los economistas son amigos de aplazar para obtener
beneficios a largo plazo, en el corto plazo la liberalización económica de Colombia ha
generado altos costos para la autonomía y la capacidad del estado.
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