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Los
países de la cordillera andina, especialmente Colombia, constituyen en la actualidad el
principal eje de la asistencia estadounidense a la seguridad en el hemisferio occidental.
Cuatro países - Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú- representaron el 90% de la
financiación militar y policiva y el 50% de los entrenados estadounidenses en 1999.
La
asistencia a estos países, los cuales constituyen la fuente de la mayoría de la heroína
y virtualmente la totalidad de la cocaína que ingresa a los Estados Unidos, continuará
multiplicándose a lo largo del 2001. De hecho, Colombia y sus vecinos están recibiendo
el mayor paquete de ayuda que se haya entregado a América Latina en la historia, cerca de
US$1.3 billones solicitados por la administración Clinton en enero del 2000 y con
aprobados por el congreso en julio 13 del mismo año.
El
paquete de ayuda del 2000 - 2001
El paquete introduce US$729.3 millones a la región en asistencia militar y policiva a la
región durante el año 2000 - 2001, ayuda que se suma a los programas existentes que se
estiman, han costado un total de más de U$$500 millones durante estos dos años
1
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Asistencia Militar y policiva
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Asistencia económica y social
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Total
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Incrementos presupuestales para las agencias antidrogas
estadounidenses
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US$ 223.5 millones
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Programa clasificado de inteligencia
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US$ 55.3 millones
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Ayuda a Colombia
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US$642.3 millones
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US$218 millones
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US$ 860.3 millones
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Ayuda a Perú
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US$32 millones
|
0
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US$32 millones
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Ayuda a Bolivia
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US$25 millones
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US$85 millones
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US$110 millones
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Ayuda a Ecuador
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US$12 millones
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US$8 millones
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US$20 millones
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Ayuda a otros países
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US$18 millones
|
0
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US$18 millones
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Total
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US$ 729.3 millones
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US$311 millones
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US$1,319.1 millones
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La
mayor parte del paquete la constituyen US$860 millones suministrados a Colombia; de esta
suma, unas tres cuartas partes están destinadas a los organismos de seguridad de este
país. De hecho, con frecuencia se le llama "Plan Colombia", apropiándose del
nombre del plan del gobierno colombiano al cual el paquete intenta apoyar. El plan
colombiano, desarrollado con un fuerte insumo estadounidense, propone emplear $7.5
billones provenientes de ayuda extranjera y fondos domésticos para solucionar los
problemas entrelazados del narcotráfico, la guerra civil, la negligencia estatal, la
crisis económica y la debilidad del estado de derecho (Gobierno de Colombia, 1999).
Esta
nueva ayuda se suma a los $330 millones, asignados a través de programas planeados
previamente (principalmente fondos provenientes del presupuesto antinarcóticos del
Departamento de Estado y el Departamento de Defensa de Estados Unidos) para Colombia en el
2000 y el 2001, casi todos destinados a la ayuda militar y policiva (White House, 2000a).
Según
el Reporte Anual de Entrenamiento Militar Extranjero, Estados Unidos planeó entrenar
5.086 miembros de la policía y el ejercito colombianos durante el 2000, más del doble de
los 2476 entrenados en 1999 (Department of State and Defense Department, 2000). Entre los
países no miembros de la OTAN, solamente Corea del Sur tendrá una cifra superior de
personal entrenado por los Estados Unidos.
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GRÁFICO 1
Distribución del Paquete de Ayuda Estadounidense a Colombia
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Batallones, helicópteros y la presión sobre el sur
La ayuda militar que suma US$416.9 millones - será usada para
"presionar sobre el sur de Colombia" (el llamado "Push into Souther
Colombia"). Esta operación del ejercito colombiano requerirá tres nuevos
batallones para establecer condiciones de seguridad propicias para las acciones
antinarcóticos de la policía en el sur de los departamentos de Putumayo y Caquetá, una
región cocalera dominada por grupos guerrilleros y paramilitares.
Estos
tres batallones, cada uno de 900 miembros, están recibiendo helicópteros, apoyo
logístico, de inteligencia, entrenamiento y otras ayudas de Estados Unidos. Estarán
acuartelados en la base de Tres Esquinas, en la frontera entre los departamentos de
Putumayo y Caquetá, al sur de Colombia. El primero de estos batallones fue conformado en
abril de 1999, aunque ya había comenzado a recibir entrenamiento unos pocos meses antes,
y está acuartelado en Tres Esquinas desde diciembre de 1999 (The White House, 2000b;
Biden, 2000; Sheridan, 2000a ; United States Southern Command, 2000a ;
McCaffrey, 2000a, 2000b, 2000c ; Wilhelm, 2000 ; Department of Defense, 2000a).
Una vez que el paquete se convirtió en ley en julio del 2000, el segundo batallón
empezó a recibir entrenamiento de las fuerzas especiales estadounidenses en la base del
ejército colombiano de Larandia, Caquetá. El segundo batallón se "graduó" en
diciembre de 2000, y el tercero será entrenado a partir de enero de 2001 (White House,
2000b; Sheridan, 2000).
El
paquete de ayuda les dá a estos batallones más de dieciséis helicópteros Blackhawk
UH-60 con un costo de $208 millones (dos Blackhawks adicionales serán destinados para la
Policía Nacional con un costo de US$26 millones). Las unidades recibirán más de treinta
helicópteros Huey UH-1, helicópteros usados en Vietnam y mejorados con la más poderosa
configuración "Super Huey"; la Policía Nacional de Colombia recibirá otros
doce Super Hueys. Los batallones también utilizarán los 33 viejos hueys UH-1N, 18 de los
cuales fueron otorgados en noviembre de 1999 y los 15 restantes serán entregados en enero
del 2001 (The White House, 2000b; Beers, 2000a).
El
"empuje hacia el sur de Colombia" comenzará en enero del 2001. Con los
batallones garantizando las condiciones de seguridad, los aviones fumigadores empezarán a
fumigar con glifosato, un herbicida soluble en agua, en aquellas partes del Putumayo con
una alta concentración de cultivos de coca (más de tres hectáreas). En diciembre de
2000, el gobierno colombiano comenzó a introducir los pactos de asistencia para el
desarrollo alternativo con pequeños cultivadores en el Putumayo. Bajo estos pactos, los
campesinos recibirán asistencia económica y técnica si acceden a erradicar sus cultivos
de coca en doce meses. Después de ese plazo, los cultivos de los pequeños productores
que no se acojan al pacto, serán fumigados por vía aérea (Beers, 2000a, 2000b).
Aunque
la estrategia del batallón antinarcóticos empezó en abril de 1999 - como resultado de
una reunión sostenida en diciembre de 1998 entre el Pentágono y el Ministro de Defensa
Colombiano - el Congreso no tuvo la oportunidad de aprobar el paquete de ayuda hasta el
2000, cuando la estrategia ya estaba desarrollándose. El entrenamiento del primer
batallón y el suministro de equipos no letales fue financiado a través de la
"Sección 1004" de Ayuda para la Lucha Antidrogas del Departamento de Defensa,
que no requiere un reporte al Congreso. La ayuda posterior incluyó en septiembre de 1999
un
drawdown
2
de armas y equipos, y los helicópteros UH-1 en noviembre de 1999 como un "préstamo
sin costo" de Estados Unidos. Ninguna transferencia de esta índole está sujeta a la
aprobación legislativa o a algún debate; la ley solamente requiere que el Congreso sea
notificado. Para el momento en que el Congreso empezó a indagar sobre los recursos para
los batallones antinarcóticos, la primera unidad ya había terminado su entrenamiento y
había sido equipado.
La
fumigación y la ayuda a la Policía
El paquete de ayuda suministra US$115.6 millones a la Policía Nacional de Colombia (PNC),
la cual ha sido la gran receptora de la ayuda estadounidense. La ayuda a la PNC apoya una
gran variedad de ítems, desde la modernización de los helicópteros y la concesión de
nueve nuevas avionetas para fumigación, hasta entrenamiento y suministro de municiones.
El ítem más grande lo constituyen dos nuevos helicópteros blackhawk UH-60, valorados en
US$26 millones. Otras fuerzas policiales, como la Policía Judicial y la Policía de
Aduanas, recibirán unos US$7.5 millones adicionales (Department of State, 2000a; Military
Construction Appropriations Bill, 2000; House-Senate Conference Committee Report, 2000;
The White House 2000a, 2000b).
La PNC,
particularmente su unidad antinarcóticos compuesta por 2.300 hombres, continuará
recibiendo por lo menos US$80 millones cada año en asistencia a través de los canales
regulares, como el Programa para el Control Internacional de Narcóticos del Departamento
de Estado (INC por sus siglas en inglés) (The White House, 2000b). Esta ayuda financia la
erradicación de los cultivos ilícitos, labores de interdicción, investigación y otras
actividades antinarcóticos.
Los
aviones y los helicópteros de ayuda estadounidense están destinados a la fumigación con
glifosato sobre los cultivos de coca y amapola en varias áreas del país. El Servicio
Aéreo de la PNC, apoyado por los Estados Unidos con más de sesenta helicópteros y
aeroplanos, se concentra en la erradicación de la amapola, mientras que Dyncorp, un
contratista privado estadounidense, se centra en la fumigación de los cultivos de coca.
Mientras
que el debate continúa en torno a los efectos ambientales y de salud del glifosato,
resulta claro que varios años de fumigación intensiva no han afectado la disponibilidad
de drogas en los Estados Unidos. "Aunque que los datos indican que el programa de
fumigación ha tenido el efecto de mover los cultivos de una región a otra", anota
el Inspector General del Departamento de Estado en el reporte del año 2000, "no es
claro si el programa actual ha disminuido el suministro de drogas proveniente de
Colombia"(The White House, 2000b).
Inteligencia
Un objetivo principal de la ayuda es mejorar la capacidad de recolección de inteligencia
del ejército colombiano. Un punto importante de dicho objetivo es el Police-military
Joint Intelligence Center (COJIC), creado con US$4.9 millones, en Tres Esquinas. Este
centro busca incrementar la cantidad de información disponible en materia de droga y
otras actividades en el sur de Colombia de la cual dispone el ejercito, e incrementar el
intercambio de la misma entre las ramas de las fuerzas armadas de Colombia que no tienen
una tradición de cooperación cercana (United States Southern Command, 2000a; Wilhelm,
1999, 2000).
Una
parte del paquete de ayuda beneficiará a las agencias estadounidenses de inteligencia que
operan en Colombia. US$30 millones de fondos provenientes del Departamento de Defensa
serán empleados para adquirir la compra de un nuevo avión de reconocimiento (Airborne
Reconnaissance Low ARL), aeronave similar al avión de detección (Signal-detecting
plane) que se estrelló en julio de 1999 cerca a la frontera entre los departamentos
de Nariño y Putumayo (Committe on Armed Services, 2000; United States Senate, 2000).
Otros
US$55.3 millones financiarán un Programa Clasificado de Inteligencia, sobre el cual este
artículo no puede ofrecer mucha información. Este programa está financiado a través
del presupuesto del Departamento de Defensa "realmente para razones de
administración". Según el informe del Director del Comando Sur de Estados Unidos
Gen. Charles Wilhelm (desde entonces jubilado) al Comité del Congreso en Marzo del 2000,
"este programa está enfocado en las actividades de dos de nuestras agencias y
comunidad de inteligencia" (Committee on Armed Services, 2000). Durante el debate en
la Cámara de Representantes sobre la ayuda, el republicano Tim Roemer (D-Indiana)
expresó públicamente su desacuerdo con este programa. En esta declaración habló
vagamente de dicho programa para no violar su juramento de confidencialidad como miembro
del Comité de Supervisión de Inteligencia de la Cámara de Representante: "Esta
propuesta de ley contiene fondos clasificados solicitados por la administración para
programas y actividades de inteligencia. Como miembro del Comité Permanente de
Inteligencia, yo apoyo en términos generales esta financiación. Sin embargo, hay
una actividad particular financiada por esta propuesta que no puedo apoyar" (Roemer,
2000).
Interdicción
Aérea, Fluvial y Terrestre
US$102.3 millones en el paquete de ayuda para el 2000-2001 financiarán las
operaciones de las fuerzas armadas de interdicción aérea, fluvial y terrestre, así como
para entrenamiento militar en derechos humanos y reformas a la justicia militar. La
asistencia para la interdicción aérea incluye la modernización de los aviones OV-10 y
A-37 de la Fuerza Aérea, la modernización de los radares, y el mejoramiento de las
pistas de aterrizaje ubicadas en Tres Esquinas, Marandúa, Larandia y Apiay (Department of
State, 2000). Junto con el Programa Antinarcóticos Fluvial, "Sección 1003" del
Departamento de Estado, el paquete de ayuda financiará motores fuera de borda, municiones
y demás asistencia a los nuevos "elementos de combate fluvial", unidades
pequeñas dentro de la nueva brigada fluvial de la fuerza naval colombiana, ubicada en
Puerto Leguizamo, Putumayo (United States Southern Command, 2000a).
El
paquete de ayuda incluye US$13 millones para construir un radar terrestre (ground-based
radar GBR), en Tres Esquinas para monitorear las actividades aéreas del
narcotráfico. En la actualidad, existen tres bases terrestres (GBRs): en Leticia;
Marandúa y en San José del Guaviare. Otros dos radares, que forman parte de la Red de
Radares de la Cuenca del Caribe de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, están ubicados
en Riohacha y en la isla de San Andrés (Slocombe, 1999; Military Construction
Appropriations Bill, 2000 ; House-senate Conference Committee Report, 2000 ;
White House, 2000a).
Inquietudes
generadas por el nuevo paquete de ayuda
La estrategia de los batallones y el enfoque en torno al ejercito colombiano son
elementos que representan un cambio fundamental en la naturaleza la ayuda estadounidense
hacia Colombia. Antes de 1999, la Policía Nacional de Colombia recibía la mayoría de la
asistencia estadounidense. Sin embargo, luego de años de fumigación aérea sobre los
cultivos de coca, estos cultivos se reubicaron en el sur, en particular en el departamento
del Putumayo en la zona fronteriza de Colombia con Ecuador. Funcionarios estadounidenses y
colombianos consideran que Putumayo, departamento controlado por las FARC, es demasiado
peligroso para la continuación de una estrategia que estuvo centrada en la policía a lo
largo de los años noventa. En marzo del 2000, se afirmó en el International Narcotics
Control Strategy Report del Departamento de Estado que la fumigación aérea, no se
adentraba más allá de 30 kilómetros dentro del departamento (Department of State,
2000b).
"Nuestros
programas han sido diseñados primordialmente para aumentar las capacidades de la Policía
Nacional de Colombia", explicó el Secretario de Estado Adjunto Thomas Pickering en
noviembre de 2000. "Pero dada la amenaza militar que existe con respecto a sus
operaciones, deberemos encontrar el modo de incrementar la capacidad de las Fuerzas
Armadas Colombianas" (Department of State, 2000c).
La
lucha antinarcóticos, la contrainsurgencia y la posibilidad de éxito
El objetivo de los nuevos batallones antinarcóticos del ejército colombiano,
según un informe de la Casa Blanca de octubre del 2000, es "establecer las
condiciones de seguridad necesarias" para implementar programas antinarcóticos como
el de fumigación y desarrollo alternativo en Putumayo (The White House, 2000b). Es
razonable esperar que el "establecimiento de condiciones de seguridad" pueda
implicar las primeras confrontaciones armadas entre las unidades militares que recibieron
la ayuda estadounidense y la guerrilla de las Farc.
Los
funcionarios estadounidenses han asegurado que, aunque el "empuje hacia el sur de
Colombia" probablemente requerirá que los nuevos batallones antidrogas confronten a
las guerrillas, los Estados Unidos mantendrán la distancia del conflicto civil
colombiano. "Como parte de la política de esta administración, no vamos a apoyar
los esfuerzos colombianos contrainsurgentes", afirma el informe de la Casa Blanca de
octubre del 2000 (The White House, 2000b). En varias declaraciones suministradas de las
audiencias del congreso durante la primavera del 2000, el Secretario de Defensa Asistente
para Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad, Brian Sheridan afirmó que el
Pentágono no "cruzaría la línea" hacia una misión antiguerrilla :
Sé que
muchos están preocupados porque este paquete de ayuda representa un paso "sobre la
línea", una intromisión en el campo de la contrainsurgencia en el nombre de la
lucha antinarcóticos. No es así. El Departamento no ha cruzado, ni cruzará, dicha
línea. Aunque el tiempo no me permite profundizar todas las restricciones,
contreñimientos y revisiones que implica la aprobación del envío del personal militar
estadounidense en la misión antidrogas, en Colombia y en otra parte, basta con decir que
son comprensivos (Sheridan, 2000a, 2000b, 2000c, 2000d, 2000e).
No
obstante lo anterior, es probable la resistencia de los grupos armados. En noviembre del
2000, oficiales estadounidenses y colombianos decidieron postergar el inicio del
"empuje hacia el sur de Colombia" de diciembre del 2000 a enero del 2001, lo
cual contribuyó a la preocupación de que las condiciones de seguridad en Putumayo fueran
peores a las que los planes habían anticipado. "La presencia de unidades armadas de
las guerrillas y los paramilitares probablemente hará más difícil el inicio de algunos
proyectos piloto", advirtió el Secretario de Estado Adjunto Pickerig en noviembre.
"El gobierno (colombiano) fue entusiasta al considerar que no habría oposición
armada. Nosotros, en nuestros juicios en Estados Unidos, estabamos menos convencidos,
infortunadamente. Digo infortunadamente porque no nos ayuda el que nosotros estuviéramos
en lo cierto y ellos resultaran equivocados (Department of State, 2000c).
Los
críticos como el presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de
Representantes, el republicano Benjamin Gilman (R- New York) advirtieron que los
batallones financiados por Estados Unidos podrían resultar ineficientes al enfrentar la
resistencia de la guerrilla:
Como
muestran los recientes eventos en la región cocalera del Putumayo al sur de Colombia, es
evidente que el ejercito colombiano es incapaz de controlar cualquier parte de este
territorio guerrillero e infestado de cultivos de coca, ni ahora ni en el futuro.
Ciertamente, tres nuevos batallones con entrenamiento estadounidense antinarcóticos del
ejercito colombiano por sí solos no cambiarán este imbalance en el campo de batalla ...
Uno puede fácilmente predecir que el inicio de cualquier operación de erradicación de
cultivos con el apoyo militar será continuamente postergada, o serán reducidas en su
alcance a fin de mostrar pequeñas vitrinas de interdicción o de erradicación manual
(sin ninguna erradicación aérea real contra los cultivos de tamaño industrial de la
coca (Gilman, 2000).
Parámetros,
planificación y claridad en torno a las metas
Varios miembros del congreso han cuestionado lo que perciben como una ausencia de
objetivos claros y medibles para la nueva asistencia hacia Colombia y sus vecinos. Los
parámetros sólidos para determinar el éxito del programa aún no han sido determinados.
"Nada en el material que he visto describe específicamente las metas de la
administración, que se espera obtener después de cierto tiempo y a que costo", dijo
el Senador Patrick Leahy (D-Vermont) en febrero del 2000 (Leahy, 2000). Para Octubre, la
Casa Blanca solo pudo informar que "los objetivos específicos y cuantificables
están siendo actualmente negociados con el gobierno de Colombia. La administración
mantendrá informado al Congreso sobre el resultado de estas discusiones" (The White
House, 2000b).
Según
el GAO, el gobierno colombiano es el mayor responsable de la falta de claridad sobre las
metas.
A
comienzos del 2000, funcionarios del Departamento de Estado solicitaron información al
gobierno colombiano sobre los planes que demostraran, paso a paso, como las agencias
colombianas combatirían los cultivos ilícitos en el sur de Colombia, como establecerían
formas alternativas de sostenimiento, y como fortalecerían la presencia del gobierno en
el zona. Sin embargo, según los funcionarios estatales, el producto colombiano, entregado
en junio del 2000, esencialmente reformulaba las amplias metas del Plan Colombia sin
detallar como podría alcanzarlas. En respuesta, un grupo estadounidense de trabajo
interagencias fue a Colombia en Julio del 2000 para ayudar a los colombianos en la
elaboración del plan de implementación requerido. En septiembre del 2000, el gobierno
colombiano expuso su plan de acción, el cual respondió a algunas de las anteriores
preocupaciones (General Accounting Office, 2000).
Condiciones
en materia de Derechos Humanos y la implementación de la Ley Leahy
La ley que dio lugar a la ayuda condicionó la asistencia militar a los
organismos de seguridad colombiana al sostenimiento de los derechos humanos, aunque las
condiciones fueron debilitadas por una cláusula de escape.
Una vez
que el proyecto de se aprobó (en julio 13 del 2000), y nuevamente a comienzos del nuevo
año fiscal del 2001 (en octubre del 2000), nuevas ayudas no se podrían
"comprometer" (desembolsar para su gasto) hasta que el Secretario de Estado
certificara al Congreso el cumplimiento de las siguientes condiciones:
La expedición de una
orden escrita del presidente de Colombia pidiendo que todo el personal del ejercito
colombiano que enfrente cargos creíbles de violaciones a los derechos humanos sea juzgado
en cortes civiles
La destitución por
parte del Comandante General de las Fuerzas Armadas de Colombia, de todo el personal
militar que enfrente cargos creíbles por violaciones a los derechos humanos o por asistir
a grupos paramilitares
La plena cooperación de
las fuerzas armadas colombianas en las investigaciones y procesamientos que adelanten
cortes civiles contra el personal militar que enfrente cargos creíbles de violaciones a
los derechos humanos
El procesamiento de los
líderes y miembros paramilitares por parte del gobierno colombiano a través de sus
juzgados civiles, al igual que de cualquier miembro de las fuerzas armadas que haya
ayudado o sea cómplice de los grupos paramilitares
La adopción del
gobierno colombiano de una estrategia para eliminar toda la producción de coca y amapola
para el año 2005. Esta estrategia debe incluir programas de desarrollo alternativo,
erradicación manual, fumigación aérea con herbicidas, microherbicidas ambientalmente
seguros (fungicidas que ataquen los cultivos de droga), y la destrucción de los
laboratorios productores de narcóticos
El establecimiento de un
Cuerpo Investigativo de Jueces por parte de las fuerzas armadas de Colombia al interior de
sus brigadas de campo para investigar la mala conducta entre el personal militar
La ley
del paquete de ayuda permite que estas condiciones sean desechadas por completo para ser
aprobada si el presidente determina que el "interés en seguridad nacional" así
lo demanda. Esta autoridad de "waiver" se ejerció para todas, menos para la
primera condición, en una decisión presidencial de agosto 23 de 2000, y es probable que
una decisión similar aparezca mientras se escribe este artículo (The White House,
2000c).
Las
condiciones en materia de derechos humanos se suman a la "Ley Leahy", que
consiste en una ley que suspende la asistencia a las unidades de los militares extranjeros
cuyos miembros hayan cometido violaciones a los derechos humanos impunemente. La edición
de Just the Facts en 1999, reporta que la Policía Nacional, la Fuerza Aérea y la
Marina de Colombia recibieron la ayuda bajo la Ley Leahy, así como cinco brigadas del
ejército y los nuevos batallones antinarcóticos. En septiembre del 2000, el Departamento
de Estado de los Estados Unidos confirmó los reportes según los cuales la asistencia a
dos de esas brigadas del ejercito - la No. 12 con base en Florencia, Caquetá; y la 24,
con base en Santa Ana, a las afueras de Puerto Asís, Putumayo- había sido suspendida
siguiendo a la Ley Leahy (Brownsfield, 2000).
Según
un informe del GAO en octubre, por un período del 2000, el Departamento de Estado de los
Estados Unidos tuvo que postergar el entrenamiento del segundo batallón antinarcóticos
"hasta que un oficial sospechoso de violaciones fuera removido de la unidad, aunque
el gobierno de Colombia lo hubiera absuelto de esos cargos" (GAO, 2000).
La
presencia de militares estadounidenses y el "tope de tropas"
La financiación contenida en la ayuda no se puede utilizar para asignar a personal del
ejercito estadounidense o a contratistas civiles para trabajar en Colombia si su
asignación puede causar la presencia en Colombia de más de 500 tropas o 300 contratistas
al mismo tiempo. Esta "tope de tropas" se puede exceder por noventa días si el
personal militar estadounidense está envuelto en hostilidades, o si su inminente
envolvimiento en hostilidades "es indicado claramente por las circunstancias"
(Military Constructions Appropriations Bill, 2001).
El tope
obedece primordialmente a las preocupaciones en torno a la "protección de las
fuerzas" - la garantía de la seguridad del personal estadounidense en caso de un
medio ambiente hostil en el sur de Colombia- así como las preocupaciones sobre las
implicaciones políticas ocasionadas por la proximidad de Estados Unidos con el conflicto
colombiano.
El
personal militar estadounidense está en Colombia y en otros países de la región, con el
fin de desarrollar misiones de entrenamiento, recolección de inteligencia, y asistencia
técnica. En 1999, el General Wilhelm informó al Comité del Congreso, "Nuestro
promedio mensual de fuerzas de tropa era solamente de 209" (Committee on Armed
Services, 2000). Probablemente este número sea mayor al final del 2000 y lo será al
inicio del 2001, dado el contínuo esfuerzo de entrenamiento de los batallones
antinarcóticos y la implementación de otras iniciativas preventivas del paquete de
ayuda. De 119 entrenamientos antinarcóticos planeados para el hemisferio en el 2000,
noventa tomaron lugar en los países de la región andina. "En adición", según
la Declaración de Postura del Comando Sur en el 2000, "siete de nuestros
diecinueve Equipos de Análisis Táctico (TATs por sus siglas en inglés) están ubicados
en cinco países de la región andina, y más de cien Equipos de Planeación y Asistencia
Conjuntos
(Joint Planning and Assitence Teams - JPATs) se desplazan a la
región anualmente, con el fin de suministrar entrenamiento antinarcóticos y asesoría
para los organismos de seguridad de los países receptores (United States Southern
Command, 2000a).
Funcionarios
de los Estados Unidos afirman que existen reglas estrictas para proteger al personal
militar estadounidense de la violencia en Colombia. "Hemos prohibido expresamente a
todos nuestros entrenadores involucrarse o permanecer cerca de unidades del ejercito
colombiano u otras fuerzas de seguridad, involucrados en operaciones de campo"
afirmó el Gen. Wilhelm en marzo del 2000. Wilhelm dijo además que la base en Larandia,
Caquetá, donde se realiza la mayoría del entrenamiento antinarcóticos, "jamás ha
sido atacada por las FARC u otro grupo insurgente" (United States Southern Command,
2000a).
Contratistas
De hecho, puede que la presencia de militares estadounidenses no aumente
drásticamente con el paquete de ayuda, dado que los contratistas civiles que trabajan
para corporaciones estadounidenses privadas están realizando una buena parte de las
tareas de cooperación con los organismos de seguridad colombianos financiados por la
ayuda estadounidense. En adición a los pilotos y mecánicos de los aeroplanos fumigadores
de Dyncorp mencionados anteriormente, los contratistas están entrenando personal
colombiano, ayudando a reformar las fuerzas militares y hasta piloteando los helicópteros
que transportan los batallones antinarcóticos. La magnitud de este "outsourcing"-
incluyendo los nombres de las corporaciones involucradas y el rango de los papeles que
éstas desempeñan - no es clara, ya que la ley no requiere que los Departamentos de
Estado o de Defensa informen públicamente de este fenómeno (relativamente) nuevo.
Los
pilotos contratistas de Dyncorp, uno de los ejemplos más visibles de esta tendencia,
vuelan aproximadamente 23 helicópteros y aeroplanos del Departamento de Estado. Dyncorp
mantiene 44 operarios permanentes y 65 temporales en Colombia - incluyendo los pilotos,
mecánicos y el equipo de soporte (Inspector General Department of State, 2000). El General
Accounting Office (GAO) del Congreso de Estados Unidos informó que los costos
directos de apoyo a las actividades de Dyncorp en Colombia ascendieron de US$6.6 millones
en 1996 a US$36.8 millones en 1999 (GAO, 2000). Los pilotos de fumigación vuelan sobre el
territorio donde las FARC ocasionalmente disparan a las avionetas con armas pequeñas.
Tres pilotos contratistas han muerto en dos accidentes aéreos: el primer accidente
ocasionado por una falla del piloto en 1997 y el segundo en 1998, cuyas causas aún no han
sido esclarecidas (Inspector-General Department of State, 2000).
Otro
ejemplo frecuentemente citado es el contrato por varios años con Military Professional
Resources International (MPRI), una compañía con base en Virginia constituida
principalmente por oficiales retirados del ejército de los Estados Unidos. El
Departamento de Defensa contrató al MPRI para llevar a cabo una evaluación completa de
las fuerzas armadas colombianas, ofreciendo recomendaciones comprehensivas para
convertirlo en una institución más efectiva. El gen. Wilhelm explicó el contrato del
MPRI a el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes:
Hemos
contratado los servicios del Military Professional Resources (MPRI). Seleccionada
cuidadosamente y con una amplia experiencia, los analistas del MPRI evaluarán los
requirimientos de los organismos de seguridad colombianos más allá de los batallones
antinarcóticos y sus organizaciones de apoyo. El contrato que el equipo de (El
Subsecretario de Defensa, Bryan) Sheridan ha desarrollado y negociado con MPRI los obliga
a desarrollar un concepto operacional para las fuerzas armadas, al mismo tiempo que a
desarrollar una estructura de fuerza para implementar ese concepto, y elaborar la doctrina
requerida para entrenar y equipar las fuerzas (Committee on Armed Forces Services, 2000).
"El
contrato con el MPRI costó US$3 millones", afirmó el funcionario del Pentágono
Brian Sheridan en la misma audiencia, explicando la decisión de emplear al contratista.
Qué
estamos haciendo con MPRI que no pueda hacer el Comando Sur o alguien más? En teoría,
nada. Si el Gen. Wilhelm tuviera una disponibilidad ilimitada de personal, estaría en
condiciones de enviar 15 personas permanentes para trabajar en el Ministerio de Defensa
Colombiano para ayudarlos a organizar una nueva estructura, enviar equipos de seis hombres
de forma temporal para ayudar en áreas problemáticas y ayudarlos a reformar el ejercito
colombiano. Pero cuando se considera la realidad del personal del grupo del Comando Sur de
Estados Unidos en Colombia, sabemos que no tenemos el personal disponible para hacer esto
(Committee on Armed Services, 2000).
Los
críticos están preocupados por que, como no son representantes oficiales del gobierno de
los Estados Unidos en Colombia, los contratistas no están sujetos a la misma rendición
de cuentas del personal militar uniformado. Como resultado, existe preocupación por que
los contratistas pueden llegar a desempeñar papeles que vayan más allá de la estricta
misión antidrogas, y tal vez puedan realizar tareas y operar en zonas que - debido a la
preocupación sobre las potenciales bajas estadounidenses- serían prohibidas para los
funcionarios del gobierno regular o los militares oficiales. Sin embargo, estas
preocupaciones basadas necesariamente en especulaciones, son causadas debido a la falta de
transparencia que rodea las actividades de los contratistas.
Problemas
con la entrega de la asistencia
Aunque ha estado activo en Tres Esquinas desde diciembre de 1999, el primer
batallón antinarcóticos del ejercito colombiano ha estado limitado por más de un año
debido a la carencia de pilotos entrenados para volar los dieciocho helicópteros Huey
UH-1 recibidos a finales de 1999. A comienzos del 2000, un contratista estadounidenses
entrenó 24 pilotos civiles contratados y 28 copilotos del ejercito colombiano, el plan
original era tener los aviones listos para ser usados en mayo del 2000 (GAO, 2000).
El GAO
informó, sin embargo, que el Departamento de Estado "no incluyó los fondos
necesarios para procurar remodelar y apoyar" los Hueys en su presupuesto, y se vio
obligado a esperar la aprobación el paquete de ayuda del "Plan Colombia" en el
congreso, lo que no ocurrió hasta julio. "Debido a la carencia de fondos",
declara el GAO, "diecisiete de los veinticuatro pilotos contratistas entrenados para
volar los dieciocho UH-1Ns fueron despedidos a principios de mayo del 2000. En agosto del
2000, el Departamento de Estado reprogramó US$2.2. billones del programa antinarcóticos
de Estados Unidos en México para contratar y entrenar personal adicional (GAO, 2000). En
octubre del 2000, la Casa Blanca informó que "en la actualidad hay 47 oficiales del
ejercito colombiano en varias etapas del entrenamiento para pilotos en los Estados Unidos
y Colombia", aunque el primer batallón seguía restringido a operaciones en tierra
debido a la carencia de pilotos (The White House, 2000b).
También
se espera que los siguientes batallones se activen mucho antes que sus helicópteros.
Mientras que el segundo batallón finalizó su entrenamiento en diciembre del 2000 y el
tercero estará listo en abril del 2001, las unidades estarán limitadas a los viejos Huey
al menos hasta la mitad del 2001, momento para el que se espera la llegada de los primeros
Blackhawks y "Super Hueys" (The White House, 2000b). De hecho, oficiales de los
Estados Unidos originalmente presagiaron que los primeros Blackhawk no llegarían hasta
finales del 2002; sin embargo enfrentados por la dura crítica del congreso, anunciaron
una revisión del cronograma de entrega en octubre del 2000 (Beers, 2000a).
Miembros
del congreso y auditores han cuestionado otros aspectos de la ayuda estadounidense
realizada en el pasado a Colombia. Entre 1996 y 1999, por ejemplo, el Departamento de
Estado anunció cuatro drawdowns de armas por un total de US$148 millones; sin
embargo, para septiembre 1 del 2000, el GAO encontró que el Departamento de Defensa
solamente había entregado unos US$58.5 millones (GAO, 2000). Adicionalmente, una
auditoria del Departamento del Estado citado por el GAO encontró que "la policía
(colombiana) no pudo explicar el uso de 469.000 de los 2.76 millones de galones de
combustible suministrados para la lucha antinarcóticos en 1999. Los auditores concluyeron
que el combustible pudo haber sido mal empleado (GAO, 2000).
Efectos
colaterales del conflicto (spillover)
Los vecinos colombianos y otros observadores están preocupados ya que la
"presión sobre el sur de Colombia" puede enviar violencia, refugiados y
cultivos ilícitos a través de las fronteras de Colombia hacia Brasil, Ecuador, Panamá,
Perú y Venezuela. El paquete de ayuda estadounidense incluye US$180 millones para los
vecinos de Colombia, principalmente Bolivia, Ecuador y Perú. De este dinero, un poco más
de la mitad -US$93 millones- financiarán programas de desarrollo de cultivos alternativos
que alejen a los cultivadores de droga del comercio de narcóticos. El resto, se dedicará
a la asistencia militar y policiva (Department of State, 2000a; Military Constructions
Appropriations Bill, 2000; House Senate Conference Committee Report, 2000; The White
House, 2000a, 2000b).
El
Secretario de Estado Adjunto Pickering reconoció el riesgo del desbordamiento del
conflicto en noviembre, indicando que los incrementos en la ayuda posteriores al 2000, se
centrarían en la región y no solo en Colombia:
Es
claro que en la medida en que incrementamos nuestros esfuerzos en Colombia, existe una
tendencia a encontrar nuevas áreas, ya sea en Colombia o fuera de ella, hacia las cuales
se mueven los cultivadores y productores de cocaína y heroína. Es por esto que ahora
estamos pensando con más claridad sobr un programa regional.... como el núcleo de
nuestros esfuerzos para apoyar la región andina en el próximo año (Department of State,
2000c).
Ecuador
El paquete de ayuda representa aproximadamente el doble de los programas existentes en
Ecuador a través de la contribución de US$20 millones: US$12 millones para labores de
interdicción de drogas y US$8 millones para programas de desarrollo alternativo. Los
US$12 millones para los organismos de seguridad del Ecuador serán gastados como se
detalla a continuación, según el informe del Departamento de Estado de los Estados
Unidos de julio del 2000:
El
Departamento planea usar US$12 millones en la creación y el mejoramiento de puntos
fronterizos de revisión a lo largo de la frontera con Colombia, al igual que para mejorar
las comunicaciones, movilidad, inter-operabilidad y recolección e intercambio de
inteligencia entre las unidades de la policía y las fuerzas armadas en las regiones de la
frontera norte. Adicionalmente, la financiación se empleará en el mejoramiento de
puertos de seguridad y servicios de inspección a lo largo de la costa (Department of
State, 2000a).
Según
el Informe Anual de Entrenamiento Militar Extranjero (Annual Foreing Military Training
Report), los Estados Unidos entrenó 681 miembros de las fuerzas militares y policivas
ecuatorianas en 1999 (Department of State and Defense Department, 2000a). Durante 1999,
unidades de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos se desplazaron al Ecuador por lo
menos en dieciséis oportunidades, casi siempre para entrenamiento antinarcóticos
(Department of State and Defense Department, 1999:3-4 ; 2000a). Otras doce
operaciones de entrenamiento antinarcóticos de las Fuerzas Especiales fueron previstas
para el 2000 (Department of State and Defense Department, 2000).
Ecuador
solo alberga una "Forward Operating Location" (FOL)
3
antinarcóticos en Manta, en la Costa
Pacífica, casi a 300 kilómetros al sur de la frontera con Colombia. Bajo este acuerdo,
los aviones estadounidenses que se encuentran en misiones de detención y monitoreo tienen
acceso a instalaciones aeroportuarias. Un pequeño número de militares, personal militar
de la DEA, guardacostas y personal de aduana está localizado en Manta para apoyar a los
aviones estadounidenses y coordinar labores de comunicación e inteligencia. El paquete de
ayuda suministra US$61.3 millones para las instalaciones de Manta, que serán utilizados
para pavimentación, los hangares y las instalaciones de mantenimiento (United States
Southern Command, 2000b; The White House, 2000b).
Bolivia
El paquete de ayuda también dobla drásticamente los programas existentes en Bolivia,
otorgando US$110 millones: US$25 millones destinados a labores de interdicción de drogas
y US$85 millones para programas de desarrollo alternativo (Esta cifra excede los US$68.5
millones que ofrece el paquete para los programas de desarrollo alternativo en Colombia).
Los US$25 millones para los organismos de seguridad de Bolivia apoyarán la campaña
militar de erradicación de coca del Presidente Hugo Bánzer en el Chapare, una región
selvática al oriente de Bolivia, según un informe del Departamento de Estado de julio
del 2000.
El
Departamento planea usar US$25 millones para apoyar los esfuerzos de interdicción y
erradicación en las regiones cocaleras del Chapare y Yungas. La financiación también
ayudará al control fronterizo e inspección en las fronteras Paraguaya, Argentina y
Brasileña; al mejoramiento de los puntos de inspección en el Chapare; la recolección de
inteligencia; el entrenamiento para pilotos de helicópteros, al igual que para pilotos y
mecánicos de los aviones C-130; los repuestos de los aviones C-130, helicópteros y
botes; vehículos; entrenamiento para policías y los fiscales antidrogas; y para las
reformas a la justicia (Department of State, 2000a).
En el
2000, Estados Unidos planeó utilizar los fondos del Presupuesto Antinarcóticos
"Sección 1004" del Departamento de Defensa para construir tres bases para las
fuerzas de erradicación de coca del ejército boliviano en el Chapare (La Sección
1004(b)(4) del Acta de Autorización de la Defensa Nacional permite al Pentágono usar
este presupuesto antidrogas para el "establecimiento y la operación de bases de
operaciones o la instalación de una brigada de entrenamiento"). Con un costo de
US$6.4 millones, el Comando Sur planeaba construir un cuartel general y tres instalaciones
para 520 hombres en Chimore, Fonadal e Ichoa. Estas instalaciones, según un documento del
Comando Central, permitirán al ejercito boliviano "mantener su presencia e impedir
que los traficantes tomen el control de la zona una vez que la fuerte presencia del
gobierno se halla retirado" (United States Southern Command, 2000c).
A
finales de septiembre y comienzos de octubre, Bolivia fue convulsionada por protestas
masivas de campesinos de Chapare afectados por la campaña de erradicación. Una de las
exigencias principales de los manifestantes era el que Bolivia abandonara su plan de
construcción de los tres nuevos cuarteles. El gobierno boliviano accedió a esta demanda,
dejando los fondos de construcción estadounidenses intactos. Actualmente, no es claro
como se utilizarán estos fondos, una alternativa posible es el mejoramiento de las
instalaciones existentes.
Según
el Informe Anual de Entrenamiento Militar Extranjero, los Estados Unidos entrenaron 2.152
militares y policías bolivianos en 1999 (Department of State and Defense Department,
2000). Este estudio pudo identificar 19 desplazamientos de entrenamiento de las Fuerzas
Especiales en Bolivia en 1999, entre los programas JCET y entrenamiento antinarcóticos
(Department of Defense, 2000b; Department of State and Defense Department, 1999, 2000).
Perú
El paquete de ayuda suministra US$32 millones para la compra de hasta cinco helicópteros
KMAX para la Policía Nacional Peruana (PNP). Según un Informe del Departamento de
Estado, los helicópteros remplazarían los "operacionalmente caros y poco confiables
helicópteros rusos M-17"de la fuerza armada peruana. La ayuda cubre el entrenamiento
de pilotos y mecánicos, al igual que el suministro durante cuatro años de repuestos,
apoyo logístico y técnico (Department of Sate, 2000a).
La Declaración
de Postura del Comando Sur en el 2000, cita "progresos firmes" en la ayuda
al Programa Fluvial Antinarcóticos de los Estados Unidos para la Policía y la Armada
Peruana, progreso que se hizo posible debido a la autorización presupuestal de la
"Sección 1033"
4
del
Departamento de Estado.
Con la
asistencia estadounidense, los peruanos han establecido el Centro Conjunto de
entrenamiento Fluvial (Joint Perú Riverine Training Center) cerca a Iquitos en la
región Amazónica... Durante el año pasado, cuatro de los doce aviones destinados a las
Unidades para la Interdicción Fluvial (RIU) fueron puestos en servicio. Con la actual
aprobación de fondos, nuestra ayuda expandirá sus capacidades y les suministrará 20
botes de patrulla de 25 pies, 6 naves de patrulla de 40 pies, repuestos, dispositivos para
visión nocturna y partes esenciales para equipo individual (United States Southern
Command, 2000a).
Según
el Informe Anual de Entrenamiento Militar Extranjero, Estados Unidos entrenó a 983
militares y policías peruanos en 1999. Perú albergó un U.S.
Special Forces
Joint Combined Exchange Training (JCET) en 1999. Sin embargo, de acuerdo al mismo
informe, las Fuerzas Especiales no dirigieron entrenamientos Antinarcóticos en Perú en
1999. El informe programaba dos operaciones de las Fuerzas Especiales Antidrogas y un
entrenamiento fluvial antinarcóticos de los Cuerpos de la Marina en el 2000 (Department
of Defense, 2000b; Department of State and Department of Defense, 2000a).
La
preocupación por la conducta antidemocrática del pasado gobierno del expresidente
Fujimori, se reflejó en la Sección 530 del 2001 del Acta de Apropiaciones para
Operativos en el Extranjero, Financiación de las Exportaciones y Programas Relacionados
(H.R. 5526, Public Law 106-429). Según esta medida, el Secretario de Estado deberá
emitir un reporte cada noventa días durante el 2001 determinando "si el gobierno
peruano ha realizado progresos substanciales para crear las condiciones que garanticen
elecciones libres y justas, así como el respeto al Estado de derecho, a la ley, la
independencia y el papel constitucional del poder judicial y del congreso nacional, y la
libertad de expresión e independencia de los medios de información". Si el informe
señala que el avance no ha sido significativo, la Sección 530 prohibe la futura
asistencia al gobierno central del Perú (Foreing opertations, Export Financing and
Related Programs Appropriations Act, 2000).
Otros
países
El paquete de ayuda para Colombia y sus vecinos suministra pequeñas cantidades para otros
países de la región. Brasil obtendrá US$3.5 millones para el mejoramiento de
operaciones de recolección de inteligencia en la cuenca amazónica, para la construcción
de su red de radares (conocida como SIVAM), y para pequeños botes para la interdicción
fluvial de drogas. Panamá recibirá US$4 millones para crear la Fuerza de Apoyo del Grupo
de Trabajo de la Policía Técnica Judicial (Technical Judicial Police, PTJ) de 25
miembros, para apoyar los botes de patrulla del Servicio de la Marina Nacional, y para
apoyar programas de control fronterizo. US$3.5 millones se destinarán a la ayuda a la
policía Técnica Judicial (PTJ) de Venezuela y a la Guardia Nacional en la realización
de labores de interdicción terrestre y fluvial, así como también al apoyo de la reforma
judicial, la coordinación de la política antinarcóticos y programas domésticos de
reducción de consumo de drogas (Department of State, 2000a).
Desde
junio de 1999, el gobierno del Presidente Hugo Chávez ha negado consistentemente las
solicitudes de Estados Unidos para permitir que sus aviones antinarcóticos entren al
espacio aéreo venezolano para desarrollar labores de inteligencia y persecución de
aeronaves narcotraficantes. Según declaraciones del jefe del Comando Sur, Gen. Wilhelm al
senado en una reunión en febrero del 2000, "desde mayo 27 de 1999, el gobierno de
Venezuela ha negado 34 de las 37 solicitudes estadounidenses para realizar sobrevuelos
para la persecución de aviones sospechosos" (Wilhelm, 2000b). Según el Informe de
la Estrategia Internacional para el Control de Narcóticos del Departamento de Estado de
marzo del 2000, la decisión de Venezuela "de implementar en junio de 1999 una
política unilateral de interdicción aérea no produjo resultados positivos. A finales de
1999, se tomaron los pasos iniciales para corregir las deficiencias de esta política, y
el gobierno de los Estados Unidos continuará trabajando con el gobierno de Venezuela para
buscar mutuamente una resolución favorable en torno a este problema (Department of State,
2000d).
Perspectivas
de largo plazo
El paquete de ayuda aprobado en julio del 2000 suministra financiación
únicamente para el 2000 y el 2001. A mediados del 2001, mientras los batallones
antinarcóticos colombianos reciben los helicópteros y llevan a cabo la "presión
sobre el sur", el Congreso considerará una solicitud de ayuda de la nueva
administración Bush para apoyar programas en la región andina durante el 2002. Ya que la
mayoría de las iniciativas del paquete de ayuda aprobado en el 2000 escasamente estarán
entrando en funcionamiento, esta solicitud probablemente apuntará más al mantenimiento
de los esfuerzos actuales que al inicio de nuevos proyectos - aunque la ayuda a los
vecinos de Colombia se incrementará significativamente.
Los
planes para un futuro más distante son menos claros. Según el informe del mes de octubre
de la Casa Blanca sobre sus objetivos en Colombia, el plan "se extenderá hasta
cubrir la totalidad del país a lo largo de un período de seis años" (The White
House, 2000b). El Gen. Wilhelm, jefe del Comando Sur, discutió más específicamente
sobre este plan de ayuda a Colombia por seis años durante una audiencia en la Casa
Blanca: "los primeros dos años se dedicarán al sur, los segundos dos años se
dedicarán al oriente a través de las provincias del Meta y Guaviare, y durante los años
quinto y sexto nos moveremos al norte de Santander y otras provincias donde los cultivos
de droga están creciendo" (Committee on Armed Services, 2000).
En
conclusión, existen muchas variables y dudas, entre ellas las generadas por el cambio del
ejecutivo en Estados Unidos, para predecir a donde se orientará la ayuda estadounidense a
los países de la región andina en los próximos años. Sin embargo, se puede asegurar
que la intervención de las fuerzas militares estadounidenses en ellos será muy cercana.
Puede preverse que en el futuro, los países de la región continuarán recibiendo más de
nueve de cada diez dólares de la asistencia de Estados Unidos a la seguridad del
hemisferio.
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