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Instrumentos líticos y de metal
utilizados en la manufactura de piezas metálicas conservadas en los
museos.
PALOMA CARCEDO DE MUFARECH
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ
|Abstract: Research on the ancient metallurgical
technology of the Central Andes usually studies the difterent
stages of the metallurgical process: the extraction of ore from
mines, the use of melting furnaces and workshops, the techniques
used to transform the metal into elaborated objects. Each stage of
the process required specific instruments, but these has been the
object of few studies. A practical experience with contemporary
artisans, the analysis of toolmarks on ancient pieces, and the
experimental replication of pieces, provided the knowledge to
catalogue and understand the uses of different types of ancient
metalworking tools preservad in museums and private collections,
mainly of the Museo de Antropología y Arqueología de Lima. This
research helps us to understand the life of the pre-Columnbian
artisans.
El estudio del desarrollo de la producción metalúrgica andina
puede enfocarse desde varios puntos de vista: el estudio de la
materia prima en sí, es decir, cómo se presentan los minerales en
la naturaleza, los tipos de menas, el trabajo en las minas y en
general todo lo que conlleva el proceso de extracción; la fase de
transformación de la materia prima en metal, con el estudio de los
talleres, áreas y hornos de fundición o el estudio de los objetos
ya acabados y sus procesos de fabricación; final mente el estudio
se puede centrar en definir cómo eran los trabajos de orfebrería y
sus diferentes técnicas aplicadas a platería y joyería.
Cada uno de estos pasos forma un todo, de tal manera que
entendiendo su desarrollo podremos descifrar el desarrollo
tecnológico que alcanzó una cultura. Resulta entonces interesante
estudiar estos pasos desde la perspectiva integral de la cultura,
ver de qué manera influyeron en la sociedad, cómo la producción
metalúrgica afectó las relaciones socioeconómicas y comerciales
internas y con otros pueblos, cómo afectó la ecología y el medio
ambiente del lugar, el intercambio de materias primas de ideas y
tecnologías, a la vez que comprender en qué consistían dichas
tecnologías.
Para entender la tecnología, en este caso metalúrgica, deben
entenderse no sólo sus diferentes etapas (extracción,
transformación, elaboración) sino también las herramientas
utilizadas en cada etapa. Por ejemplo, el martillo pudo ser
utilizado tanto en la fase minera, para romper las rocas (por
ejemplo los del «copper man», encontrados en 1899 en Chile, Bird,
1975), como en la etapa de fundición del metal, a manera de "mano"
para romper las escorias de los hornos de fusión en los batanes
(Shimada, Epstein y Craig, 1982) o en los talleres de artesanos,
usado en diferentes técnicas como son el laminado o forjado
(Lothrop, 1950; Carcedo, 1992). En cada ocasión el martillo es
diferente de acuerdo con su uso. De igual manera sucede con las
toberas entre las cuales se encuentran tres tipos: unas se usan
para calentar las brasas en un horno y tienen ancho el dueto de
salida de aire (sólo se requiere mantener una temperatura que pueda
calentar piezas, moldes, en soles etc.); otras, mucho más pequeñas,
tienen como función dirigir el aire a una zona determinada del
horno (parte de ellas está dentro del horno y tienen duetos
internos más estrechos); las últimas serían las utilizadas por los
artesanos joyeros para soldar y unir piezas metálicas, siendo aún
más pequeñas que las anteriores y con un canal de salida del aire
más fino, dirigido y preciso. Así una tobera variará (le forma,
tamaño y peso según la función que vaya a desempeñar: habrá toberas
para calentar, para fundir en hornos de fusión o para soldar en
joyería. De igual manera habrá hornos de calentamiento, hornos de
fusión y fraguas de los talleres artesanales. El diseño del
instrumento es crucial para determinar su función. Este principio
se puede aplicar a la mayoría de las herramientas: cada paso
tecnológico, cada técnica requiere de un instrumental
determinado.
A pesar de que en las últimas décadas ha habido un avance
sustancial en los estudios de metalurgia andina, se ha hecho poco
énfasis en el estudio de las herramientas o instrumentos utilizados
en las diferentes etapas del desarrollo metalúrgico.
En lo que respecta a la fase extractiva, el único ejemplo
conocido es el de un minero prehistórico encontrado en 1899 en la
mina La Restauradora, al norte de Chile, bajo un derrumbe de
socavón o túnel poco profundo. Fue encontrado con todo el
instrumental que usaba en el momento del derrumbe (martillos,
canastos, cestas, etc.), lo que nos proporciona una buena idea de
la tecnología empleada por los mineros de hace 2.400 años. No
obstante, hay pocos datos acerca de minas antiguas, de su
ubicación, de cómo eran trabajadas, de quiénes las explotaban o
cómo lo hacían.
Por otra parte tenemos una visión bastante completa de la fase
de transformación del mineral en metal, gracias a los trabajos del
doctor Izumi Shimada y su equipo en la costa norte peruana, en el
Cerro de los Cementerios (Shimada, Epstein y Craig, 1982). Sabemos
cómo serían los talleres de fundición y forja, la forma de los
hornos de fusión, el manejo de los recursos, de las materias
primas, el comercio, la distribución del trabajo, etc. Quizás de la
etapa de la que poseemos menos información es justamente la del
trabajo de los artesanos desde el punto de vista de las
herramientas y del desarrollo del trabajo mismo, aunque conocemos
bastante bien acerca de las técnicas corno ei dorado, plateado,
uniones, etc. Es decir que a pesar de conocer bien las técnicas del
trabajo metalúrgico, no sabemos en realidad cómo se organizaba
éste, cómo se distribuía el trabajo entre los artesanos, cómo se
asociaban entre ellos en los talleres, dónde se ubicaban éstos, si
existían diferentes rangos entre los artesanos (por ejemplo,
¿joyeros vs. plateros?), si existía entre los artesanos algún tipo
de especialización profesional (por ejemplo entre laminadores,
bruñidores, cinceladores, etc.) pues ya en las crónicas se menciona
con cierta regularidad las claras diferencias que había entre los
plateros, los joyeros, los trabajadores del "hierro", del cobre,
etc.
En realidad es poca la información que tenemos acerca de los
talleres artesanales de joyeros y plateros, salvo algunos trabajos
de excavación en los que se han encontrado y documentado (Shimada,
1994; Topic, 1990). Lo mismo ocurre con la literatura referente a
los instrumentos o herramientas utilizadas por los orfebres y
plateros precolombinos y la forma de usarlas (Nordenskiöld, 1921;
Lothrop, l950; Bird, 1968; Bray, 1971; Grossman, 1972).
El presente artículo pretende de alguna manera poner los ojos en
los artesa nos precolombinos a través del estudio de las
herramientas y otros materia les arqueológicos que se encuentran en
diferentes museos y colecciones privadas, y así descifrar cómo
frieron llevadas a cabo algunas de las técnicas más utilizadas en
la antigüedad por los artesanos orfebres de los Andes Centrales.
Sólo nos fijaremos en algunos de los materiales líticos y metálicos
estudiados por la autora y veremos así de qué manera frieron usados
en técnicas como el laminado, el martillado, embutido, repujado,
recortado, cincelado, bruñido y satinado.
Durante varias temporadas y como miembro del proyecto Sicán, la
autora trabajó en el taller de un artesano joyero de Ferrafañe, en
el norte del Perú, miembro de una conocida familia de artesanos que
se distinguen por su habilidad en el trabajo de joyería. Lo más
importante es que este artesano utiliza instrumental y técnicas
antiguas, aprendidas o heredadas de sus antepasados. Este trabajo
permitió reconocer instrumentos que había en los museos y cuyo uso
se desconocía hasta el momento, como era el caso de embutideras,
cinceles, punzones, tases, etc. Uno de los aspectos más
interesantes de la investigación fue ver cómo las herramientas se
parecían a las que se siguen utilizando en la costa norte por los
artesanos, de tal manera que la forma de algunas no había cambiado
a través de los siglos.
Martillado y laminado
En los Andes Centrales la técnica que primó sobre todas fue el
laminado, alcanzado los artesanos un altísimo nivel técnico. El
laminado implica no solamente un manejo extraordinario de los
martillos, yunques o tases, sino también de las aleaciones. Es tan
importante saber qué martillo se debe usar para dar un determinado
grosor a la lámina, como saber qué tan dúctil es la aleación y
cuánto me permite estirarla, a la vez que le dé a la lámina un
determinado color en la superficie, el cual está vinculada al uso
final de la pieza. La aleación que se trabaja y el laminado están
íntimamente unidos, de tal forma que los orfebres debían calcular
muy bien las cantidades y peso de cada uno de los metales en la
aleación, imaginar cuán grande podía llegar a ser el objeto y hasta
qué grosor podía alcanzar la lámina. Esto se relacionaba además con
el movimiento que el objeto pudiera tener, con su color, con si
debía o no soportar algún peso adicional como piedras, plumas,
otras piezas metálicas, etc. Como ejemplo extraordinario de esto
tenemos un tocado Sicán hecho de una tira continua de dos metros
forjada con un ancho igual de 4.5 cm y un grosor de 0.15 milímetros
(Shimada y Griffin, 1994).
De esta manera, la técnica de martillado y laminado tal como se
efectuó en los Andes Centrales requería de una destreza singular.
La mayoría de los objetos fueron hechos a partir de una lámina de
grosor y tamaño diferentes de acuerdo con su uso posterior y con la
técnica de deformación plástica utilizada. Por ejemplo, si se va a
hacer una lamina lisa que tenga que soportar el peso y decoración
de una máscara Sicán (Carcedo, 1990) o una lámina que se vaya a
transformar en un vaso alto Chimú con caras y tocados en alto
relieve y narices muy pronunciadas, o bien láminas decorativas en
forma de lentejuelas livianas como aquellas que hacen parte de un
tocado Moche. También hay que tener en cuenta la utilización de
láminas en las uniones o ensamblajes mecánicos con lengüetas,
alambre o grapas, técnica también muy común en el Perú. Finalmente
tenemos los tratamientos electroquímicos como son el dorado y
plateado de superficies laminadas. Esta técnica se desarrolló dada
la importancia que las culturas andinas daban al color del metal,
puesto que este tipo de piezas transmitía una simbología religiosa.
Se encuentran entonces desde objetos minúsculos como cuentas o
chapas hechas de láminas delgadas, hasta coronas, máscaras o
tocados que fueron hechos con láminas gruesas y de más de un metro,
con el fin de soportar algún adorno (lentejuelas, narigueras,
plumas, pedrería). Así, el peso, la decoración, la deformación
plástica y el color final eran aspectos muy importantes en el
momento de decidir qué tipo de lámina se iba a hacer.
El laminado y martillado es una técnica que alcanzó un alto
grado técnico en los Andes Centrales (Carcedo, 1992). Pocas
culturas han logrado alcanzar tal tamaño y grosor de las láminas
golpeando un lingote o trozo de metal con martillos de piedra sin
mango.
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Foto 2.
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Figura 1. Lámina martillada con
martillo de extremo liso y lámina martillada entre cuero.
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Esta técnica consiste en ir golpeado un nódulo o pepita de metal
sobre un tas o yunque de piedra con un martillo o percutor también
de piedra. En la Edad de Piedra la transformación de un nódulo
lítico en una herramienta empezaba a hacerse por los bordes, y
después se trabajaba la superficie. Se retocaban los bordes y luego
de un golpe salía la lasca del núcleo. Esta técnica usada por
siglos debió ser la que primero se empleó al trabajar el metal,
pero al golpearlo éste se deformó y estiró en vez de romperse. El
metal se estira golpeando la masa metálica por los bordes, se
aplasta paulatinamente del exterior hacia el interior, de la
periferia al centro, obteniendo un alarga miento del metal. Esto no
sería posible desde el centro hacia afuera pues así solo se
conseguiría dejar marcado el golpe sobre la superficie sin lograr
su deformación correcta. De esta manera el artesano (Foto 1) va
batiendo o martillando la masa metálica y la va extendiendo o
estirando a base de golpes con un martillo de lados convexos
inicialmente. El peso y tamaño del martillo están en estrecha
relación con el volumen, aleación, peso y tamaño de la masa a batir
(Figura 1). Esta acción va seguida por intervalos de calentamiento
necesarios cada vez que el metal pierde maleabilidad. Al martillar
o batir las piezas su microestructura sufre transformaciones
cambiando de dureza y ductilidad, por lo que el recocido se hace
necesario uno o varias veces para evitar que se quiebre la lámina.
A partir de ahí empieza la fase de aplanar y estirar el metal
usando la parte plana del martillo contra la superficie plana del
yunque. Primero se hace un alargamiento longitudinal de la masa
metálica mediante el aplastamiento iniciado por uno de los bordes y
produciendo luego una doble deformación longitudinal y
transversalmente, ensanchan do el metal conforme se va adelgazando
su espesor, hasta alcanzar el deseado (Figura 2 y Foto 2). En este
punto es interesante analizar que antes de saber calentar el metal,
éste fue utilizado en estado nativo, por lo que el artesano estaba
condicionado a deformarlo en frío.
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Figura 2. Alargamiento y
estiramiento de la lámina metálica con diferentes tipos de
martillos y efecto del golpe en la lámina
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